martes, septiembre 03, 2013

En este país sólo importa el fútbol


Dicen hoy los medios que ayer tuvo lugar en un campo de fútbol muy cercano a mi oficina, que puedo divisar desde la misma, la presentación de un nuevo jugador que ha costado decena, puede que cientos de millones de euros, y que decenas de miles de personas abarrotaban las gradas sólo para oír como ese millonario saludaba y dedicaba unas sonrisas a la directiva que de una manera tan generosa le va a pagar en los próximos años, haga mucho o poco. Sinceramente nunca entenderé esa pleitesía de la masa empobrecida ante un millonario que alardea de su poder y dinero, obtenido de algo tan improductivo e inútil como pegar patadas a un balón.

Como no me gusta el fútbol estos espectáculos me dan la ocasión de criticar ese obsceno negocio que algunos llaman deporte pero que, si alguna vez lo fue, hace tiempo que se convirtió en otra cosa muy distinta. Los que siguen con pasión el mundo del balón, creyentes de lo que una vez Vázquez Montalbán denomino, con acierto, una religión en busca de un Dios, me rebaten mi postura con muchos argumentos, y uno de ellos, muy cierto, es que esto de la pasión balompédica se da en muchos otros países. En Italia, Francia, Alemania.. incontables naciones siguen como locas los devenires de sus equipos de toda clase y condición, y muestran un fanatismo idéntico al de los merengues, culés o los de la selección nacional, rebautizada como “la roja”. Sí, es verdad, nosotros no somos los únicos locos, lo que no nos exime de locura, pero contemplar ciertos acontecimientos de estos días me hace pensar que en el resto de países TAMBIÉN hay otras cosas que son importantes, además del fútbol, mientras que en España parece que SÓLO el fútbol lo es. Y voy a poner dos ejemplos de regiones españolas, las que más defienden su independencia, pero que demuestran día a día que cumplen con todos los tópicos hispánicos. La semana pasada hubo un partido en Barcelona entre semana, de la final de no se que tontería, que empezaba a las 11 de la noche, una hora infame para que lo vean los críos en casa y criminal para ir y volver al campo. Para solucionarlo, el Barcelona acordó con el Ayuntamiento ampliar el horario del metro y correr con los cargos extra de funcionamiento de la instalación más allá de la hora habitual. Grandioso. La solución es muy buena, de acuerdo, pero ¿se imaginan qué otro acontecimiento, social, cultural o de cualquier otro tipo hubiera conseguido modificar el horario del metro de una ciudad?. A simple vista no se me ocurre ninguno. Pero el fútbol todo lo puede, y contra él nada es posible. Otro ejemplo, aún más sangrante. Hace un par de Domingos volví a la termibús de Bilbao a coger el autobús rumbo a Madrid, en una de las estaciones de autobuses más cutres del mundo, que por no tener no tiene ni paredes. La cuestión es que muy cerca se está edificando el nuevo San Mamés, ejemplo sumario de bilbainada consistente en trasladar el estadio antiguo un par de cientos de metros respecto a su emplazamiento original. Bien, esas obras avanzan a todo trapo, día y noche, sin descanso, a turnos de ocho horas, como las plantas de coches y fábricas de alta capacidad, y van a cumplir sus plazos a rajatabla, sin un solo día de retraso. De mientras, a lo largo de Vizcaya, varias son las obras públicas paradas, o que se encuentran al ralentí, por falta de presupuesto. Variantes de pueblos, carreteras locales deterioradas, o proyectos que siguen sólo en el papel, como el muy necesario túnel de Campázar entre Elorrio y Mondragón, por ejemplo, mientras que parece que para el San Mamés Barria no falta un euro, proveniente del dinero privado y, como no, de todas las instituciones públicas habidas y por haber, y que el riego de millones que allí se destina sólo es comparable al del agua que se destinará a que se asiente el césped, recién plantado. Curioso y lamentable, pero cierto.

Esto sólo ya sería sangrante, pero es que además la construcción de lo que un titular de periódico llamó, de manera pomposa y absurda “la casa de nuestros padres” se desarrolla en fines de semana y festivos en una comunidad en la que está completamente prohibido trabajar en esas fechas. Abrir una tienda o un centro comercial un Domingo en el País Vasco es pecado, sancionado con multa, oprobio público y pintada o escaparate roto, pero currar a destajo en festivo en San Mamés Barria es honroso, digno, y sacrificado, por los colores del equipo. Así, lo que años de reivindicación de comercios y demás establecimientos jamás ha conseguido por parte de las autoridades y sindicalistas vascos lo ha logrado... el fútbol!!, como no, que todo lo puede y a todo sentido común vence.

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