viernes, septiembre 20, 2013

Elecciones alemanas para definir Europa


Suele decirse, con razón, que las elecciones de EEUU son las del mundo entero. Todos asistimos a esa campaña electoral en primera línea, muchas veces con mayor pasión e información que como vivimos las campañas de nuestros propios países, conocemos a los candidatos casi perfectamente y, pena, lo único que no podemos hacer es votar. A nivel europeo el ejemplo más parecido es lo que sucede en Alemania, país principal de la Unión que, con el paso de los años y al crisis, se ha convertido en la auténtica superpotencia del continente, aunque no ejerza abiertamente como tal. Por ello sus elecciones son importantes.

Y tendrán lugar este Domingo. Por un lado se enfrenta la CDU, como estandarte conservador, con Ángela Merkel a la cabeza, en una situación curiosa en la que un partido bastante antiguo y consolidado como la CDU se ha convertido en apenas una carcasa que sirve poco más que para envolver a Ángela, el estandarte del poder, la fuerza natural que se ha hecho con las riendas del partido y el país. En frente se encuentra el SPD, los socialistas, partido de tradición centenaria, que no gobierna en la cancillería federal desde hace dos años, cuando Gergard Schroeder abandonó su puesto, encabezado por un político más bien desconocido fuera de Alemania, llamado Peer Steinbrück, pero que dentro del país germano es muy popular, tanto por su dilatada carrera política como por los numerosos cargos que ha ocupado como por sus frecuentes meteduras de pata a la hora de hacer declaraciones sobre temas espinosos. En torno a estas dos fuerzas políticas se agrupan los bandos de la derecha y la izquierda (recuerden que estas simplificaciones no me gustan, inducen a errores graves y distorsionan la realidad) que las encuestas sitúan cercanas al empate técnico. Durante el primer mandato de Merkel el resultado electoral impuso la necesidad de la llamada “gran coalición” una alianza CDU SPD que diera estabilidad al gobierno y prolongase en el camino reformista que emprendió Schroeder, que fue su tumba electoral, pero la fuente de la que proviene, en parte, el milagro económico alemán en medio de la catastrófica crisis internacional y, especialmente, europea. Tras aquel gobierno y las siguientes elecciones, Merkel ganó muchos votos, el SPD los perdió, y al canciller ha podido gobernar en coalición con los liberales del FDP, pequeño partido que las encuestas sitúan ahora mismo al borde de la desaparición electoral al llegar apenas al 5% de sufragios necesarios para conseguir representación en el Bundestag, el Congreso de allí, que se reúne en el edificio del Reichstag, bajo la cúpula de cristal que diseñó Norman Foster. De cara al Domingo aumentan nuevamente las probabilidades de que, si sale lo que las encuestas señalen, Merkel vuelva a gobernar al mando de una amplia coalición CDU SPD, dado que es muy poco probable que el SPD pueda alcanzar mayoría mediante la unión con pequeños partidos de izquierda y verdes, mientras que la victoria de la CDU Merkel es indudable. Toda Europa espera el resultado del Domingo con expectativas de cambio, pero se equivocan, a mi entender, si creen que la política alemana va a experimentar un giro brusco en sus posiciones. Sea en coalición con el SPD, en solitario o con partidos pequeños próximos a su ideología natural, Merkel gana en todas las encuestas de popularidad, su estilo de gobierno es muy apreciado y da la sensación de que los votos respaldarán las políticas y actitudes que se han venido desarrollando en la UE y en la propia Alemania durante estos últimos años. El parón europeo de estos meses, generado por las elecciones, busca una tranquilidad que garantice la reelección de Angela, pero no preludio cambios de fondo, así que no se decepcionen si no los ven.

Durante mi estancia la semana pasada en Berlín me hubiera gustado mucho tratar de palpar el ambiente electoral, saber lo que se opina en la calle sobre los candidatos y programas, comprobar hasta qué punto, como señalan los sondeos, al desafección con los políticos allí también es muy elevada. Pero lamentablemente no se nada de alemán, y no podía entender lo que se decía ni sobre esto ni sobre cualquier otro asunto. Si me llamó mucho la atención un poster electoral enorme de la CDU que cubría la fachada de un edificio en obras cerca de la estación central de tren de Berlín, en la que un mosaico de miles de fotos conformaba la imagen de las manos de Ángela en esa posición tan suya de juntar los dedos a partir de los pulgares. Sólo sus manos, inconfundibles, inimitables. Ese parece ser el mejor reflejo de la imagen que “Angie” tiene en su país, y que le va a proporcionar la tercera victoria de su vida.

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