jueves, septiembre 26, 2013

El Rey, de baja


Tras haber sido sometido a la operación de cadera, primera de las dos que finalmente tendrán lugar, y una vez pasado el efecto de anestesias y medicamentos variados Juan Carlos habrá empezado a echar un vistazo, entre otras cosas, a lo que dicen los medios sobre su persona, la operación, la sucesión, el príncipe, la sanidad pública o privada o cualquiera de los infinitos asuntos de debate, algunos sustanciosos, otros pueriles, todos ellos polémicos, que se han abierto tras el anuncio de la operación real y, sobre todo, la larga convalecencia que se prevé.

El hecho de que la Monarquía sea, por definición, una institución encarnada en una persona, hace necesaria una regulación muy completa y estricta de los supuestos que pueden surgir si a esa persona le pasa cualquier cosa. Obsérvese que esto no sucede con el resto de cargos institucionales, porque por definición, la persona que los ocupa está, digámoslo, de alquiler en ellos, su estancia tiene una fecha de caducidad y, en caso de que le pase algún tipo de desgracia, la institución persiste, y siempre tiene vías para perpetuarse. La monarquía es, en este sentido, especial, pero debemos ser justos con la figura del Rey en este asunto, porque el hecho de que no se haya legislado nada para prever todo esto no es culpa suya, sino de los parlamentarios, que son los que tienen que diseñar y aprobar esa Ley orgánica a la que hace referencia el Título II de la Constitución. En una forma de trabajar muy hispánica, lo más alejada posible del estilo germano, la idea ha sido “bueno, ya lo hará otro” y se ha dejado el asunto abandonado. Ahora, con la nueva operación y, sobre todo, larga baja, vuelve a surgir la necesidad de regular el proceso sucesorio y todo tipo de cuestiones adyacentes. Afortunadamente nos encontramos ante un problema de salud menor, si se puede usar este concepto, que no afecta ni a las posibilidades vitales del Rey ni a su estado mental, por lo que el hecho de que no pueda andar bien es un asunto menor de cara a que pueda desarrollar su trabajo. Pero es indudable que Juan Carlos es cada vez mayor, lógico, y la biología corre en su contra, como nos pasa a todos. Tarde o temprano habrá un problema serio y tendremos que tener regulado qué hacer entonces. La salida más elegante, creo, sería que una vez que la baja de esta operación termine y el Rey se reincorpore a sus funciones con normalidad, parta de la propia casa del Rey la petición al Congreso para que se aborde este asunto, y que en el próximo 2014 se diseñe y apruebe la norma para tenerlo todo preparado. Nos curaríamos en salud, nunca mejor dicho, ante indeseables pero siempre probables avatares, y de paso sería un punto en el que PP y PSOE debieran estar de acuerdo, lo que introduciría algo de serenidad en el alocado y demagógico debate partidista en el que estamos instalados desde hace meses. El hecho de que la idea surgiera de Zarzuela también tendría ventajas mediáticas porque, aún sin conceder la abdicación que se reclama desde varios foros e instancias, que tiene ventajas e inconvenientes, el Rey mostraría como algo natural el hecho de asumir que tarde o temprano dejará de serlo, y que no habrá problemas formales o legales para llevar a cabo los trámites necesarios. Promover la fórmula que te permita abandonar tu puesto no deja de ser un acto de generosidad, sobre todo cuando el puesto es tuyo y nadie te lo puede quitar.

El resto de polémicas son, a mi entender, asuntos menores, aunque permiten debates apasionados, demagógicos y vocingleros, que lo único que demuestran es que en España se grita mucho y se sabe poco de lo que se habla, y ponen de manifiesto, y esto sí me parece relevante, que el péndulo de la opinión social respecto a la monarquía ha pasado de la indulgencia absoluta ante cualquier actividad, fuera lícita o no, a la crítica constante ante todo lo que haga el Rey y su familia, tenga fundamento o no. O lacayos o jacobinos, como siempre el español no tiene punto medio, lo que hace que el debate antaño fuera imposible y ahora sea ininteligible. Así somos.

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