miércoles, diciembre 03, 2014

El EGM y el examen en el trabajo


Ayer salieron publicados los datos del EGM hasta Noviembre, en cuesta de periodicidad trimestral que, por oleadas, mide la audiencia de los medios de comunicación que no son la tele. Radios, prensa, revistas y webs son los principales interesados en saber cuáles son los datos, que les dicen si sus programas van bien o mal, o cómo se comportan en relación a la competencia. Como hay muchas franjas de competición todos los medios encontrarán alguno en el que, particularmente, salen beneficiados, por lo que como si fuese la noche electoral, todos proclaman su victoria, aunque sepan que hay ganadores y perdedores.

¿Cada cuánto le examinan a usted en su trabajo? Supongo que la respuesta variará mucho tanto en función del trabajo que tenga (y ojalá lo tenga!!) y lo que considere un examen. Un maestro de escuela tiene un examen continuo frente a un público sumamente exigente y, por defecto, nada dócil. Los empleados cara al público sufren esa sensación de examen mucho más intensamente que, por ejemplo, los que trabajamos en oficinas. Tenemos nuestros momentos, como la entrega de proyectos, visitas de control o auditoría, urgencias de los jefes ante las que se debe responder de la mejor y más rápida manera posible, y cosas así, pero es raro que en el día a día la presión sea constante. En los medios de comunicación la cosa va por, precisamente, medios. Radios y prensa tendrán datos propios de manera precisa y continua de cómo les va, pero hasta que salen los EGM no tienen constancia, ni publicidad, de ellos, por lo que pueden experimentar algunas secciones o programas en ese margen de meses que hay entre encuesta y encuesta. Espacios radiofónicos como “la cultureta” sección de cultura que hace unas semanas ha inaugurado La Brújula en Onda Cero en su programa de los viernes son un ejemplo de esta menor presión instantánea, que permite llevar a cabo locuras como esta, que espero que tenga el gran éxito que se merece. Sin embargo, en el mundo de la televisión, eso no es posible. Los datos de audiencia se reciben al día siguiente de la emisión del programa. Cada mañana los ejecutivos de las cadenas tienen en su mesa las cifras que generaron los programas del día anterior, números de espectadores que se traducen inmediatamente en mayor o menor facturación por publicidad, que es de lo que viven las cadenas privadas y para eso emiten. Por ello el margen de actuación es mínimo, a veces ridículo. Si un programa no consigue las expectativas que se previeron en su momento, vaya usted a saber cómo, serán pocos los capítulos o emisiones que se le concedan de margen para que remonte, pudiendo así cancelarse a la mínima, independientemente del mucho o poco trabajo que tenga por detrás y el tiempo que se haya requerido en su creación. En este sentido la tele es un medio sumamente darwiniano, donde si no comes audiencia, te la comen, y desapareces. Ello presiona enormemente para buscar el espectáculo en todos los contenidos que se emitan, provocando en muchas ocasiones, casi todas, la desvirtuación del programa original. Telediarios que se convierten en morbosos contenedores de sucesos, tertulias sometidas a la algarabía griterío y simplismo, ruido en abundancia y, por lo general, poca ropa en el caso de las presentadoras. Así mismo también se produce un triste fenómeno imitativo, y es que si un programa triunfa, estuviera previsto o no, pocas semanas tardan el resto de las cadenas en copiar su formato, cambiando una coma o foto del decorado, y presentándolo como gran novedad, hasta que muchas veces el formato satura a la audiencia y cae por su propio peso.

Y claro, los profesionales que trabajan en la televisión, famosos o no, saben que de la audiencia de ayer depende mucho el contrato de hoy y el ingreso de mañana, y muchas veces esa presión, que siempre está presente y a veces es implacable, les fuerza a hacer cosas que, como periodistas, nunca harían, con tal de ganar unas cuotas de “share” como dicen los cursis, y así garantizarse una nueva noche en casa con la seguridad de tener que madrugar al día siguiente. Y eso es una losa que puede acabar destruyendo el prestigio de las cadenas y muchos profesionales. Y no se me ocurre muy bien como compatibilizar, en televisión, rigor profesional, ingresos y estabilidad. Las cadenas públicas son una vía pero, bien lo sabemos, tienen “problemas” de otro tipo que algún día comentaré.

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