jueves, diciembre 11, 2014

La transparencia en España y la CIA en EEUU


Ayer se puso en marcha el portal de la transparencia, una página web en la que se va a colgar mucha información, de momento sólo de la Administración Central, sobre cargos, sueldos, funciones, contratos, organigramas y, en definitiva, datos del funcionamiento de dicha administración. Su valor sobre todo va a ser el de servir como portal único, como repositorio general de una información, quizás accesible o no, pero en todo caso dispersa y caotizada hasta ahora en cada organismo. Esta web es un primer paso en el proceso de la transparencia y, aunque tiene fallos y lagunas, nos hace ser como bebes, que empezamos a gatear en ese mundo abierto.

Comparándonos con otros países que andan y corren en esta materia somos, como señalaba, un bebe que apenas ha dado sus primeros gateos en el pasillo de casa. De manera dramática, esta semana hemos visto hasta qué punto la transparencia está asentada en otras naciones y las enormes consecuencias que tiene su uso. En Estados Unidos, que en esta materia tiene la fortaleza de un experimentado corredor de fondo, se ha publicado un informe relatando las torturas que, durante bastantes años, se llevaron a cabo sobre detenidos en el marco de la guerra contra el terror emprendida por el gobierno de Bush tras el ataque y destrucción de las Torres Gemelas. La CIA fue la encargada de utilizar estos métodos con aquellos presos que, capturados en sus países de origen o en operaciones desarrolladas en terceras naciones, se consideraban como claves a la hora de evitar nuevos atentados. El objetivo último era sacar información sobre planes terroristas para abortarlos, usando para ello todos los instrumentos necesarios, y en este caso el término “todos” incluye todos. El informe describe muchas de esas técnicas de tortura, algunas clásicas, otras muy retorcidas, y las consecuencias que tuvieron, tanto en las personas sobre las que fueron utilizadas (alguna de ellas falleció) como en la información que se obtuvo mediante estas prácticas. Viene a decir el estudio que, de manera pragmática, si consideramos que el fin justificaba los medios, la escasa o nula información obtenida da como resultado que debemos valorar estas prácticas como inútiles, más allá de la repulsa ética que pueda generar el conocimiento de su uso. Es decir, que no sirvieron para nada, ni aportaron información relevante. Lo fundamental en este asunto, más allá de la hipocresía global ante el conocimiento de unos hechos que todos suponíamos que se daban, es que los datos y el detalle de esas prácticas ha surgido por parte del gobierno del país que los desarrolló, y no varias décadas o siglos después, remontándose a las torturas medievales y pidiendo perdón por las guerras de religión, no, sino a hechos que sucedieron hace una década, muy pocos años, y en los que una anterior administración, la republicana, está muy implicada, y la presente, demócrata, también. ¿Se imaginan algo así en España? No, imposible, si no somos capaces de saber si quiera cuántos viajes hacen los senadores pagados por el Senado o por su bolsillo, sería impensable que, por ejemplo, un informe oficial español detallara cómo se organizaron los GAL, un asunto que tiene sus similitudes (y diferencias) con el revelado en EEUU, quienes participaron en ello, cómo se decidió, financió y llevó a cabo, etc. ¿A que no son capaces de ni si quiera imaginárselo? O sin llegar a asuntos tan violentos y escabrosos. ¿Sería posible en España, en un plazo de cinco años, un informe oficial que detallara todo lo que pasó con la constitución, salida a bolsa, quiebra y rescate de Bankia? ¿A que les gustaría leerlo y saberlo? Y a quién no, pero dudo mucho, muchísimo, de que algo así se haga. Ojalá me equivoque, pero nuestra transparencia aún está en pañales, que en demasiadas ocasiones huelen a “caquitas” que nadie desea limpiar.

Se podrá criticar a EEUU por muchas cosas, merecida o inmerecidamente, pero es justo reconocer que, entre los países que practican la tortura, que son muchísimos, es el único que lo reconoce y depura. China, Rusia, las monarquías del Golfo Pérsico… el mundo está lleno de naciones en las que los derechos existen impresos pero no se cumplen en ningún caso. Todos debiéramos recordar en estos días el caso de la periodista rusa Anna Politkovskaya, asesinada por investigar las torturas que practicaba el ejército ruso durante la guerra de Chechenia. La transparencia a nosotros nos cuesta tiempo y dinero, pero en muchos lugares del mundo cuesta vidas. No lo olvidemos

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