jueves, marzo 11, 2021

Las brujas de Macbeth en nuestras regiones

Hay días plácidos, semanas en las que en la política no pasa nada salvo las intestinas luchas diarias que no dejan señales más allá de los rostros de los enfrentados, y horas de vértigo en las que puede surgir una tormenta y descargar de una manera torrencial, llevándose por delante cargos, voluntades, vicios y deseos, que de todo hay en los despachos oficiales. Ayer a esta hora todo parecía tranquilo en el panorama regional, hoy sigue alterado tras el serio golpe que, comenzando en la región de Murcia, se extendió a otras comunidades, y cuya dimensión completa aún no se alcanza a ver. De hecho ni es seguro que se lleguen a producir algunos de los eventos convocados ayer.

Todo empezó por Murcia, que sale poco en los medios. A primera hora de la mañana Ciudadanos anunciaba que rompía su pacto de gobierno y ayuntamiento capitalino con el PP para apoyar una moción de censura con el PSOE, de tal manera que la actual vicepresidenta murciana, del partido naranja, fuese la candidata a la presidencia regional y los socialistas se hicieran con el poder en el ayuntamiento. El rumor de pactos entre socialistas y naranjas que sembró Ánder gil, portavoz del PSOE en el Senado hace no muchos días, empezaba a tomar cuerpo donde menos se lo esperaba. Al final de la mañana era el PSOE el que presentaba otra moción de censura en Castilla y León, donde requiere cuatro votos de Ciudadanos para hacerla efectiva, y donde parece, a esta hora de la mañana de hoy, que no se va a dar ese transfuguismo. El gobierno coaligado del PP con Ciudadanos de Andalucía salió a la palestra para decir que con ellos no iba nada de este lío y que la Junta estaba estable y segura. Y en medio de todo este lío, no a la mitad del camino que va de Murcia a Valladolid, pero sí en el nexo de encuentro entre ambos, saltó por los aires el enfrentado gobierno de la Comunidad de Madrid. Ayuso, la presidenta, cesó a los consejeros naranjas y anunció la disolución de la asamblea y la convocatoria de elecciones para el martes 4 de mayo, después del puente y festivo del 2, trasladado este año al lunes 3 por caer en domingo. A la vez Mas Madrid y el PSOE presentaron mociones de censura ante la asamblea de Madrid con el objeto de derribar el gobierno de Ayuso, y a estas horas de la mañana de hoy sigue habiendo un embrollo de padre y señor mío sobre la simultaneidad de ambos movimientos, la prevalencia de cuál sobre cuál y si finalmente esa convocatoria electoral se llevará a cabo. Como es habitual desde que llegó al gobierno, Ayuso ha conseguido ser la protagonista no buscada por sus contrarios de un movimiento que no buscaba desestabilizarla a ella directamente, pero que suponía una evidente amenaza. Si finalmente hay elecciones, cosa que me temo que tendrá que decidir un tribunal, es muy probable que las gane y saque un resultado muy bueno, acompañada de la disolución de sus hasta ayer socios naranjas de gobierno, y con inciertos resultados por parte de los partidos de izquierda, que a esta hora, (fíjense lo importante que se vuelve el reloj en tiempos convulsos) carecen de candidatos oficiales, como es el caso del PSOE. El intento de la moción de izquierdas es una artimaña para tratar de salvar sus escasos muebles y busca retrasar una convocatoria electoral que Ayuso sabe que le puede beneficiar, y usará la dirigente popular los argumentos de sus denostados independentistas catalanes para defender ahora unos comicios que hace unas semanas consideraba absurdos en Cataluña. Como se puede ver, un lío político en el que unos, otros, estos y aquellos sólo se preocupan por detentar el poder, conservarlo o arrebatárselo a quien, a esta hora, lo tiene. Nada que no se haya visto en cualquier pasado.

Qué buena tarde pasaría ayer el gran Shakespeare en el parnaso literario por el que retoza, charlando con los espectros de Macbeth, su mujer y las brujas que les tentaron. En esa obra muestra el bardo como el ansia por lograr el poder vuelve loca a la gente y le impulsa a la traición, a cometer actos viles, antaño asesinatos, hoy votos en contra, a cambio de un futuro lleno de promesas que, casi siempre, se tornan en llanto y amargura. Nada está claro tras el día de ayer, salvo que fallecieron algo más de doscientas personas por la pandemia, que la vacunación no acelera y la ruina económica crece. Bueno, hay una cuarta cosa clara. A los políticos de este país no les importan ninguna de las tres cosas mencionadas. Sólo el poder.

miércoles, marzo 10, 2021

Puigdemont, desenmascarado de nuevo

Uno de los más logrados ejemplos de trumpismo que tenemos entre nosotros responde a ese sujeto denominado Carles Puigdemont, un fugado de la justicia que alienta a los suyos a rebelarse contra las instituciones porque no detenta el poder que cree que debe poseer. Ayer, en una de sus declaraciones, que tan bien le definen, definió la calidad de la democracia europea en función de lo bien que le vaya a él en su descarriada aventura. Si las instituciones comunitarias el avalan la democracia funciona, si no lo hacen están corrompidas y degeneran. Luis XIV dijo aquello de “el estado soy yo” desde la cumbre de su poder. Puigdemont se cree un rey absolutista cuando no es más que un patético sectario, cada vez más sólo.

El levantamiento de la inmunidad del parlamento europeo de ayer es una buena noticia porque siempre lo es que una institución sepa detectar cuáles son los personajes que, desde su interior, trabajan para derrumbarla. “Puchi” se presentó a las elecciones europeas del 2019 con el único objetivo de alcanzar la inmunidad asociada al cargo, de manera que fuese una barrera más para tratar de evitar el cerco judicial que desde los tribunales nacionales se le iba aproximando. Hasta ahora, y con la evidente ayuda de los tribunales belgas (no quiero usar el término complicidad, pero si así lo entienden me parece correcto) la estrategia le ha ido bien al sedicioso jefe, pero parece que algunos de los vientos populistas que han barrido la política occidental en los últimos tiempos empiezan a aflojar, esperemos que así sea, comenzando porque desde el otro lado del Atlántico ya no sopla la ventolera Trump, en la que se apoyaban todos estos personajes. La decisión del parlamento es un revés para el sedicioso, pero no es el final de la historia, ni garantiza que pueda ser extraditado y procesado por los múltiples delitos que ha cometido. Ya ha demostrado el personaje tener suerte y cabezas pensantes a su lado que rumian y rebuscan argumentos para tratar de salvarle en cada caso, pero sobre todo esa votación de ayer sirve para que, políticamente, la causa Puigdemoníaca y, con ella, el independentismo catalán, haya sufrido un fracaso en Europa que le va a hacer mucho daño. Una votación transversal en la que la socialdemocracia, los liberales y la derecha europea se han unido para empezar a deshacerse de este sujeto y que ha mostrado la unidad de las fuerzas pragmáticas que buscan consensos y el crecimiento del continente, frente a los que usan las cámaras parlamentarias como altavoz de sus delirios y lugar de confrontación. Es una derrota política, sólo eso, pero nada más y nada menos que eso, y para un político, o a un sujeto que se presenta como tal, el resultado de ayer le escuece. Por eso salió el personaje a dar el discurso que antes mencionaba, al que sólo le faltaba de fondo una horda de sujetos con cuernos y vestimentas estrafalarias dispuestas a tomar al asalto la sede legislativa de Bruselas para salvaguardar la democracia auténtica, encarnada en el líder libertario de pelo abundante y obsesiva mirada sectaria. Es curioso los pocos políticos calvos que son populistas, parece que en todos ellos el pelamen es signo característico. ¿Quiénes votaron a favor de “Puchi”? Lo mejor de cada casa, con formaciones como Podemos y la extrema derecha francesa de Marine Le Pen a la cabeza. Es curioso que Vox, los grandes amigos de la populista lideresa gala, unieran sus votos al bando de la cordura. No es ese el bando en el que residen, el de la razón, precisamente. La votación de ayer retrató a los que se inclinaron hacia uno y otro lado, y deja en el lugar preciso a formaciones como Podemos, de los que la distancia con el sedicioso va poco más allá de un estilo distinto de peinado en las crestas de las cabezas de los líderes. Curioso, los que vinieron con el discurso (falso) de la casta y del fin del privilegio de los aforamientos votan para mantener el fuero a un convicto escapado de la justicia. Por sus mentiras y vergonzosos hechos les conoceréis.

Como antes decía, lo de ayer es una pequeña victoria de la ley, pero no garantiza un éxito en el procedimiento judicial abierto contra el sedicioso jefe. En todo caso, muestra hasta qué punto, camino de los cuatro años del acto golpista de “Puchi” y los suyos, su fracaso es absoluto. La región que gobernaron está hoy sumida en el desconcierto institucional y el descrédito, la economía local padece los males del populismo y afronta una decadencia que, lenta, parece difícil de revertir y el apoyo internacional a la causa independentista no deja de circunscribirse a grupos ideológicos extremistas, totalitarios, populistas y desacreditados. El fracaso de “Puchi” y los suyos es total, cunado más tarden en asumirlos, peor para todos.

martes, marzo 09, 2021

El Papa en Irak

Una de las instituciones que más se está viendo afectadas por la disrupción de la normalidad provocada por la pandemia es el papado. Desde hace décadas el ocupante del trono de San Pedro dedica muchos esfuerzos a su proyección mediática global, y los viajes son una herramienta muy importante dentro de esa estrategia de comunicación. Encerrado en el Vaticano, con medio mundo sometido a un encierro similar dentro de sus casas y fronteras, Francisco ha pasado más de un año sin realizar viaje alguno y con una muy escasa presencia en los medios. Su propia salud, con una ciática de por medio, no le ayuda, y el ser persona de riesgo ante una infección Covid ha hecho que su burbuja sea férrea. Poco ha pintado en este tiempo.

Su primer viaje desde que empezó la pesadilla vírica ha tenido lugar este pasado fin de semana, y ha sido a Irak, nación convulsa donde las haya, en la que fallecer por una infección vírica es uno de los muchos problemas con los que sus habitantes se enfrentan para garantizarse la supervivencia diaria, quizás no el más peligroso de todos. Era un viaje peligroso, en el que la seguridad del pontífice podía estar amenazada en todo momento por el cúmulo de grupos extremistas que operan en aquellas tierras, y el que hoy podamos estar hablando de lo que allí ha pasado sin que medie atentado ni refriega de por medio se puede calificar ya de éxito en toda regla. La idea del viaje era triple: sacar al Papa de Roma para recuperar ese protagonismo perdido, llevarlo a un lugar en el que la violencia se ha cebado para enviar un mensaje de paz y tratar de crear puentes con el islam chií, que es el dominante en la zona. De fondo, como constante, apoyar a la comunidad cristiana que, en aquella nación, ha sido devastada por las guerras y fanatismos de los últimos años. La caída del régimen de Sadam Husein fue el pistoletazo de salida de una violencia islamista, que alcanzó su auge más despiadado con el autoproclamado califato del DAESH, y que desde luego tuvo a los cristianos en su punto de mira a la hora de ejecutar persecuciones y masacres. Des una población de algo más de un millón de fieles a esa creencia ahora quedan poco más de unos pocos cientos de miles. El resto o han huido o, simplemente, han muerto a manos del islamismo. No sólo cristianos. DAESH persiguió con saña a todos aquellos que no encajasen en su rigorista y fanática visión del islam y las muertes que provocó son tan atroces como innumerables. Son muertes causadas por el odio, sí, pero por la intransigencia religiosa de fondo, amparadas por una visión creyente, por una fe que sustentaba aquella máquina de poder y destrucción. Como representante máximo de una creencia, el Papa se ha sentido interpelado por el hecho de que la religión sea amparo de asesinos y fanáticos. No ha podido expresarlo con la crudeza necesaria delante de las actuales autoridades islámicas de la zona, con las que se ha reunido en encuentros de gran relevancia ecuménica y, quizás, histórica, pero sí ha mandado un mensaje genérico recordando una obviedad, que es que una religión no puede amparar la violencia. El mensaje de Dios es de amor, de comprensión, de fraternidad, de unidad, y quien lo utiliza para sembrar cizaña y causar el mal a otros está pecando doblemente. Aquel que se ampara en la religión para causar sufrimiento a los demás está violando los preceptos de la religión en la que dice creer, es el mensaje que ha lanzado Francisco en medio de las ruinas de varios templos en un Mosul que es, en gran parte, monumento presente de los efectos de ese fanatismo. La verdad es que no necesitaba el Papa viajar mucho para decir esas palabras. Podía, por ejemplo, ir al País Vasco y repetirlas delante de la curia de sacerdotes y obispos que, aún hoy, comprenden y amparan al terrorismo etarra. Podía, por ejemplo, expresar su mensaje en la iglesia del Buen Pastor de San Sebastián, y reclamar en consecuencia que alguien como José María Setién, que fue obispo y taimado defensor del terrorismo, fuera desalojado de la tumba que ocupa en un lugar preminente de esa iglesia. No lo hará, porque es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la vida en el propio, pero el mensaje es el mismo, igual su validez allí que aquí.

Transcurridos ya varios años desde que Francisco llegó a lo más alto del poder vaticano, su figura sigue siendo el centro de numerosas polémicas internar en el seno de una iglesia dividida y menguante en su poder, y los años no pasan en balde en la salud de un hombre que ve como su legado empieza a ser parte de su carrera. Los mayores problemas los sigue teniendo el Papa en casa, con escándalos recurrentes de financiación y asociados a escabrosos temas como la pederastia y las luchas de poder entre facciones y corrientes católicas. Este año pandémico no le ha sentado bien a la iglesia, menos al papado, opacado por una realidad ante la que no ha sabido, o podido, hacer frente en forma de referente. ¿Cuáles serán los siguientes pasos de Francisco en su proceso de “vuelta” a la actualidad?

lunes, marzo 08, 2021

María Casado o la reinvención

Este sábado tuvo lugar la extraña gala de los Goya de la pandemia, en la que las conexiones virtuales y actuaciones sin aplausos ofrecieron un resultado que, para los críticos, fue satisfactorio. Vi poco del acto, estaba con un libro interesante y, tras la presentación inicial de la ceremonia a cargo de Antonio Banderas, quité la tele y seguí leyendo. Al cabo de una hora volví a encender la pantalla y vi algunas actuaciones y entregas, pero lo quité antes de que terminase la gala. De vez en cuando, junto a Banderas, aparecía María Casado en el escenario, o como voz de fondo, presentando a los siguientes encargados de entregar los premios. Creo que no tuvo tanto protagonismo como Banderas, el anfitrión, a lo largo de toda la ceremonia.

La trayectoria de María Casado es bastante interesante y es, a la vez, un buen ejemplo de superación de las adversidades y de cómo reinventarse cuando vienen mal dadas. Empezó su carrera profesional en Cataluña, haciendo un poco de todo en medios, no sólo en TVE, pero acabó recalando en la casa en la que se haría famosa. Tras unos años en la delegación, llega a la central de Madrid y empieza a presentar informativos, logrando estar al frente de algunas ediciones del Telediario, algo por lo que sueñan, y matarían, muchos periodistas, y otros tantos que no, en este país. La de favores y adulaciones que se hacen por parte de presuntos profesionales al partido que toque para poder acceder a los telediarios, la joya a la que aspiraba Iglesias, que lo dijo en alto, y el resto, que no lo dicen, pero igualmente lo codician. De bello rostro, dicción correcta, mirada serena, voz algo dura y estilo agradable, Casado tiene el don de la credibilidad ante la pantalla. En unos años anteriores a la moda de hacer desfilar al presentador por el estudio para que el atrezzo aplastante esconda la inanidad política que se relata, Casado permanecía anclada a la mesa de presentadora sin poder salir de ella, pero realizaba de una manera perfecta su trabajo. Hizo sustituciones de los primeros espadas (que un solo día suplas a Ana Blanco debe ser el sueño de casi todos) y empezó a ser un rostro propio de TVE, participando en magacines, especiales y demás producciones de la casa, Su trayectoria iba en alza. En un momento dado se produce un giro y pasa del olimpo de los telediarios al duro trabajo de los desayunos, el programa informativo matinal de actualidad, que expandía el concepto de noticias con entrevistas y tertulia, una especie de réplica televisiva de lo que, a esas horas, llevaban a cabo las cadenas de radio generalistas, y que ellas inventaron en su momento. Casado siguió desempeñando esa labor allí con una corrección absoluta. Fu comentada la decisión del ente de cambiarle de programa, pasándola a presentar el espacio posterior a los desayunos, una especie de magacine de actualidad en el que los sucesos, la salud desde un punto de vista algo absurdo y la crónica social dominan el tiempo de emisión. Un registro más abierto, polifacético, en el que el peso de la información (y el rigor) decaían. Sustituía Casado a Mariló Montero, que salió por la puerta de atrás de TVE tras una serie de absurdas polémicas, y se pudo ver a una María más jovial, a la que la cámara le quería tanto como cuando informaba, que andaba en el plató con estilo y naturalidad, que se le notaba con un pleno dominio del medio y de la forma. Era una profesional de primera que igual de bien hubiera hecho ese programa que cualquier otro que se le habría encomendado. Frente a las reinas de la mañana, en las cadenas privadas rivales, Casado trató de no convertir su programa en una mera réplica de lo que la competencia hacía, sino en algo similar, pero con el sello de calidad que se le supone a TVE. En paralelo, se presentó a las elecciones a la presidencia de la Academia de televisión y las ganó.

Un día, hace poco más de un año, casado fue despedida sin muchas explicaciones, porque TVE quería remodelar toda su mañana para crear un contenedor único, llamado “La mañana de la 1” que presenta Mónica López. El despido fue degradante, y Casado lo admitió con una elegancia asombrosa. Al poco hizo público que abandonaba el mundo televisivo, a lo que se había dedicado toda la vida, para unirse al proyecto del teatro del SoHo de Antonio Banderas, en un salto mortal profesional de órdago, y llegó la pandemia y todo enmudeció. María Casado es un perfecto ejemplo de reinvención, de hacer de la necesidad virtud y de, ante el despido que a todos nos asusta, rehacerse. Una profesional de primera, que Banderas supo ver y que sus anteriores jefes dejaron escapar.

viernes, marzo 05, 2021

Miedo a la inflación

Ayer hablábamos del desastre económico que vive España por el coronavirus, centrándonos especialmente en el desempleo, mal endémico de nuestra economía. Ampliemos el foco de la mirada y veamos lo que ocurre a nivel global. Desde los artículos y opiniones que llenan el mundo el tema de la inflación se ha puesto de moda desde hace unos meses y empieza a calar como uno de los posibles problemas a los que nos podemos enfrentar en el futuro. Sus efectos, y los que pueden originar las medidas que se impongan para frenarla, dan miedo, pero creo que se está sobrevalorando ese temor a una inflación coyuntural pero, creo, que no debiera ir a más. Aviso que como pronosticador soy nefasto.

Se están juntando varias fuerzas que, aunadas, tiran para provocar una futura inflación. La mayor de todas es la previsible vuelta a la normalidad que los mercados descuentan una vez que las tasas de vacunación sean elevadas. Es difícil saber si eso será en verano o un poco más allá, pero todo el mundo espera esa vuelta a la normalidad, que puede ser explosiva en forma tanto de celebración de lo ya superado como de inundación provocada por la demanda embalsada que está retenida en aquellos sectores de la población que, forzados a ahorrar, no pueden consumir lo que desean. Movimientos de demanda intensos y concentrados generan tirones inflacionistas porque una cosa es el aluvión de deseos y otra la fabricación y venta de realidades, pero debemos tener en cuenta que la capacidad productiva actual está muy infrautilizada, por lo que no estaríamos ante una situación generalizada de escasez por exceso de consumo. Sólo con que las cosas volvieran a ser normales, para lo que nuestras infraestructuras y sistemas productivos están diseñados, el disparo de consumo sería enorme, por lo que, exceptuando situaciones particulares, no debiera haber ahí una fuente de inflación sostenida. El precio del petróleo sube, lo hace con fuerza desde hace algunos meses, y ya está por encima de los 60 dólares. Es mucho, sí, y el efecto escalón de la subida, desde niveles ridículos, generará alzas de IPC temporales, pero lo cierto es que está volviendo a los valores que tenía antes de este desastre, y es difícil que pueda escalar más allá de los 70 dólares si no media algo no previsto, de corte geopolítico o similar. El principal argumento de los inflacionistas es que, tras años de expansión monetaria para tratar de aliviar los efectos de la crisis pasada, actualmente los bancos centrales se han lanzado a la orgía monetaria absoluta, comprando de todo e inundándolo todo de liquidez, que tarde o temprano debiera derivarse a otros mercados y presionar al alza sus precios. Es un argumento serio, y refleja la anómala situación que vivimos, un brutal experimento monetario como no lo ha habido nunca, que se recuerde, y cuyas consecuencias a medio y largo plazo son desconocidas. En contra de que esta inundación de liquidez genere alzas de precios está el argumento de que la previa, la que se desarrolló tras los QE de 2012 en adelante, tampoco generó inflación, y se temía que lo hiciera. Las deudas drenaron gran parte de esa liquidez extraordinaria y la sacaron del mercado real, impidiendo alzas de precios generalizados. El contraargumento es que, no se puede obviar, esa liquidez extraordinaria sí generó alzas de precios desaforados en algunos mercados, especialmente los bursátiles e inmobiliario. Una parte importante de ese dinero se desvió a inversiones en estos activos, cuyos precios subieron mucho. ¿Ocurrirá ahora lo mismo, y esos y otros mercados verán dispararse sus valores? En la bolsa de EEUU 2020 cerró con ganancias, reflejo de que parte de los estímulos aprobados en aquel país sí han ido a inversión en acciones. ¿Volveremos a ver un efecto localizado o será general?

Ante estas preguntas y los miedos algunos operadores de mercado empiezan a actuar y se ven efectos reales de los temores futuros. Los títulos de deuda se empiezan a vender en los mercados, descontando que precios más altos en el futuro devaluarán su valor, lo que hace que el interés que renten crezca, y eso es una grave fuente de problemas para naciones hiperendeudas como, vaya vaya, la nuestra. Las autoridades de los bancos centrales mantienen su discurso de apoyo a la economía al estilo Draghi, prometiendo hacer todo lo que sea necesario, pero ya han puesto un ojo en los precios y en sus posibles alzas. A lo largo de este año el tema de la inflación va a dar mucho que hablar. Y si solo es eso, perfecto.

jueves, marzo 04, 2021

Millones de parados

Lento, con altibajos, peor en unas zonas que en otras, pero a medida que el proceso de vacunación avanza empieza a verse una luz en el túnel sanitario que vivimos desde hace un año. La eficacia de las vacunas se muestra claramente en las tasas de contagio que se dan en las residencias, lugares ya inmunizados, que se han desplomado, y con ellas las necesidades de hospitalización de ese colectivo y el recurso último a las funerarias. Que se esté discutiendo de pasaportes de vacunación de cara al verano es una señal de que los pinchazos nos están cambiando el escenario médico, para bien. Es la principal alegría de estos días, quizás la única.

Lo que no permite relajo alguno es la situación económica que vivimos, con una crisis tan extraña como descomunal, provocada por la pandemia. Con los datos de paro registrado de este febrero ya podemos ver que se ha superado oficialmente la cifra de cuatro millones de españoles sin trabajo. Una marca horrible que se dejó atrás hace no muchos años, fruto del desastre de la pasada crisis económica, y que supuso en su momento el reflejo en números de los infinitos dramas y destrozos generados por el desplome. A esos millones de desempleados debemos sumarles los que se encuentran en un ERTE, cobrando algo pero con el trabajo suspendido por causas de fuerza mayor, y a todos ellos debemos unir los que se mantienen en el trabajo en la cuerda floja, en empresas y negocios que subsisten, que sobreviven en medio de la tormenta pero que, como los náufragos en el mar, no dejan de tragar agua con cada ola que les embate y, poco a poco, se hunden. Es ese mundo que se encuentra en un limbo la gran novedad de esta crisis, la que la distingue de las pasadas. No nos encontramos ante un desplome fruto de distorsiones en el crecimiento, decisiones erróneas o cualquier otro tipo de problemas que pudiera ser estudiado desde el mundo de la economía convencional. Asistimos a unas pérdidas de empleo en sectores concretos, arrasados por la forma en la que el virus se transmite, que no pueden hacer apenas nada para tratar de mantenerse en pie en medio de cierres perimetrales, toques de queda y derrumbe del consumo. Nada han hecho esos negocios para merecer el castigo económico que sufren, como no lo harían otros si fuesen los afectados porque la forma de contagio del virus fuera distinta, pero día a día ven como su supervivencia se vuelve más difícil. El debate abierto sobre si deben recibir ayudas directas es absurdo, porque es de justicia que se las den, pero choca esa justicia con la anemia financiera de una nación que está sin recursos y con la parálisis de un bigobierno más que superado por la realidad. La imagen de la costa llena de los restos causados por el temporal vírico es demoledora. En paralelo, en el malecón, protegidos, millones de personas contemplan el desastre desde la seguridad de empleos y sueldos garantizados, con sus tasas de ahorro disparadas en un tiempo de forzada frugalidad. Asisten, asistimos, a un espectáculo de dureza inusitada en el que lo que parece el reparto de cartas de una baraja nos ha situado a algunos en la parte protegida y a otros en la cruda intemperie. Las alternativas de los que tratan de nadar en el mar embravecido se agotan mientras que el ansia de disfrute de los guarecidos crece con su forzado aburrimiento. Es una situación completamente absurda, carente de sentido, que se produce por la llegada de un golpe imprevisto. ¿cómo contempla el desempleado su suerte en una economía hibernada? Si el paro siempre ha sido una condena en España ahora mismo es la pesadilla perfecta. Hasta que la vacunación no logre que la economía pueda arrancar muchos de esos empleos seguirán perdidos y, no nos engañemos, demasiados no volverán.

Cierto es que, como señalan algunos, la recuperación que nos espera cuando se desembalse la demanda acumulada que mantienen los que seguimos cobrando pude ser de tal intensidad que absorba gran parte del desempleo, pero está por ver si ese impulso de celebración desmedida tras la pesadilla no será flor de un día, tan exuberante como efímera, y que no podrá paliar la extensión y profundidad de los daños causados. Desde luego, hasta que la normalidad no empiece a volver en serio, mínimo el verano dada la velocidad de vacunación, es necesario ayudar a los que tratan de no ahogarse en el mar de la crisis. Es justo y necesario. Y sí, es nuestro deber hacerlo.

miércoles, marzo 03, 2021

Sarkozy, condenado

No me gusta esa socorrida expresión que reza “mal de muchos” para tratar de enjuagar los desastres propios en medio de los ajenos. Mejora la cosa cuando se le añade la coletilla “consuelo de tontos” porque ahí e ve cómo realmente nos estamos fijando en el desastre ajeno para tratar de disimular el propio, cuando ambos debieran empeorar nuestro ánimo. Usar las desgracias ajenas como consuelo a las propias es una mala táctica que sólo sirve para perpetuar las desgracias personales y hacernos unos cínicos de campeonato. Comparar es inevitable, humano, y a veces contraproducente.

Un tribunal de París ha condenado a Nicolas Sarkozy, expresidente de la república francesa, a tres años de prisión por corrupción. Los detalles del caso no son muy importantes, pero la trama, en fin, es otras de las miles de variantes que tienen a la manida corrupción como telón de fondo. Sarkozy se aprovechó del poder que ostentaba para desvirtuarlo y actual en contra de la ley. Dice el exmandatario que recurrirá lo habido y por haber, pero la mancha sobre su conducta ya no es una presunción, sino una sentencia. Lo importante de esta historia no es tanto la vivencia de un personaje como Sarkozy, devorado por su megalomanía, sino las implicaciones sobre la república francesa. Haciendo un paralelismo cómico con nuestro país imagino a algunos grupos políticos galos pidiendo la vuelta de la casa de Orleans al trono de Versalles una vez que se ha demostrado que la república ampara corruptos. De hecho, es la segunda condena a un expresidente francés, si no recuerdo mal, porque Chirac también lo fue. El movimiento monárquico en Francia no deja de ser una anécdota y el supuesto que les he planteado es muy ridículo, lo se, pero no deja de ser una manera de mostrar hasta qué punto es absurdo plantearse cambios de régimen político ante el comportamiento de los individuos que los representan si no se produce un cambio en dichos individuos o en los sistemas de control de esos mismos regímenes. Tenemos en España una monarquía parlamentaria que es tan legítima y democrática como la república francesa, y tan susceptible de ser atacada en sus mismas entrañas por la corrupción como el sistema galo. El Congo y Arabia Saudí poseen sistemas, republicano y monárquico respectivamente, en los que la corrupción y el despotismo no son marca de la casa, sino directamente la forma de gobierno, siendo el “nombre” de la institución que la rige una mera formalidad proveniente de la tradición. En nuestras naciones existe una obvia y legítima preocupación por la corrupción, porque es injusta, insolidaria, ineficiente, deslegitimadora y todos los adjetivos que quieran ustedes añadir, no sobrará ninguno, pero no dejaremos atrás la corrupción con un cambio de forma de gobierno, de la misma manera que se suceden los colores políticos al frente del poder parlamentario y no hay legislatura sin sus escándalos. La principal diferencia entre los regímenes entre los que se tolera la corrupción y los que no es que en los últimos se acaba conociendo, con el tiempo juzgando y, con mucho tiempo, paliando, mientras que en los otros, los que la toleran, no pasa nada, nunca hay noticias relevantes al respecto, ni denuncias ni escándalos. Curiosamente la corrupción real es muchísimo mayor pero no lo parece, y si uno mira las noticias que circulan en esas naciones pudiera parecer que la corrupción allí es un problema superado, mientras que en los países desarrollados no hay día sin trama o escándalo que afecte a políticos conocidos. Esa asimetría informativa no refleja una realidad, sino la anomalía del régimen corrupto. Sin ir más lejos, en la época franquista, en la que la corrupción era LA manera de funcionar, poco se hablaba de ello. Lo que refleja Berlanga en joyas como “La escopeta nacional” es un sistema completamente corrupto. Y de eso no se escribía mucho, ya se encargaba el régimen de que así fuera.

¿Es bueno para las instituciones que quienes las hayan regido acaben condenados? Evidentemente no, porque muestra las fallas que esas organizaciones poseen, y sentencias de este tipo, sobre todo, deslegitiman el poder que de esas instituciones democráticas emana, poder que condiciona nuestras vidas, ingresos y posibilidades. Pero es labor de todos, también de las instituciones, evitar que hechos así se repitan. Habrá personas ejemplares que sean incorruptibles en todas partes, pero también las hay que se dejan y ofrecen. Si los sistemas de control que establecemos para alentar a los primeros y castigar a los segundos no funcionan da igual el nombre y rango que le otorguemos a la forma de gobierno bajo la que, presuntamente, nos regimos.

miércoles, febrero 24, 2021

El cáncer y Pau Donés

Me da que, tras ver el título de hoy, de los cuatro lectores despistados que se puedan pasar a diario por aquí uno ya lo ha dejado, dos están en dudas y el último veremos a ver hasta dónde aguanta. Sólo mentar esta palabra y ya se tuerce el gesto como si se utilizara un grueso insulto, y son tantos los eufemismos baratos que usamos para describirla, como ese de la “larga y dura enfermedad” que suponen, directamente, un insulto a los pacientes que sufren de este mal. No queremos asumir que nos puede tocar a cada uno de nosotros, que los que lo pasan son inferiores, o menos, o distintos, y que eso no tocará nuestro cuerpo o vida. Enorme error de presunción, típico de los humanos. Pero sabemos leer y debemos evitar car en esas burdas equivocaciones

Dos han sido las noticias de esta semana relacionadas con el cáncer que lo han vuelto a poner sobre la mesa, y ambas tienen nombre y apellido, como usted y yo. El lunes Julia Otero hizo público que le habían detectado un tumor en un control rutinario, explicando así su ausencia de varios días ante los micrófonos. Dijo Julia una frase interesante, que es que ha empezado a conjugar el cáncer en primera persona, no a verbalizarlo como hacemos los que no lo tenemos, en una tercer genérica, ausente de uno mismo. El poner juntas esas dos palabras, yo y cáncer, es el primer paso para asumir a lo que uno se enfrenta. La otra noticia fue la emisión el domingo en La Sexta de “Eso que tú me das” la última entrevista que concedió el cantante Pau Dones a Jordi Évole en su refugio del Pirineo cuando estaba ya en fase terminal. De hecho, según se indica en los rótulos de cierre, Pau falleció dos semanas después de ese encuentro. En la entrevista se ve a una persona físicamente destruida, a alguien cuya actividad en el escenario le exigía un gran trabajo corporal y que, ahora, enganchado a una sonda que le permite alimentarse y casi clavado en una silla, era una sombra del que fue. Pero la mente de Pau seguía siendo lo que fue. Era un tipo simpático, autor de canciones agradables que escuchabas y te dejaban un poso alegre. Comercial, sí, pero con gusto. Se lanzó a la aventura musical y tuvo triunfos sonados, como la inmortal “la flaca” y sobrevivió a ellos. Hizo público su cáncer y pasaron unos cuatro o cinco años desde aquel momento y el de su muerte, hace no muchos meses. El testimonio de Donés no era el de alguien resentido o cabreado, aunque dijo que pasaba por momentos de enfado, más que comprensibles. Era el de una persona que daba gracias por lo que había vivido y se dedicaba a recordar lo pasado con sus errores y aciertos, con lo que pensaba que sabía y la vida le había demostrado que no y con lo que había aprendido. Muy al contrario de los nefastos libros de autoayuda que pueblan estantes y generan ansiedad, Pau estaba tranquilo y pedía algo más de tiempo, porque nunca es suficiente el que tenemos, pero se consideraba afortunado por haberse dedicado a la música, que era lo que le gustaba, y haber logrado no tanto el éxito, que a nadie le disgusta, sino el gusto, el saber que uno, varios, habían sido más felices escuchando sus temas. El testimonio era duro, sí, tanto en lo visual por la imagen que ofrecía Pau como por saber que ese documental sólo sería exhibido en salas y televisión tras la muerte del cantante. Asistía uno a una especie de creación testamentaria, como ese programa que había en Cuatro antaño, en el que el compromiso era que la entrevista se emitiese tras la muerte del entrevistado, pero sin enfermedad de por medio. Pero a la vez que duro, el trabajo era conmovedor, no en el sentido teatrero, sino en el solemne, el elegante. Dones y Évole jugaban mano a mano en una conversación serena en el silencio de una habitación con la montaña de fondo, y con las reflexiones cruzadas de dos personas que se conocen desde hace tiempo y saben que lo que están compartiendo será lo último en su conjunto caminar. Era elegante lo que se mostraba, no había lamento, lástima o sentimientos por el estilo. Era amistad.

Amistad y testimonio. Dones mostraba cómo la enfermedad le había consumido pero no convertido en un apestado. Normalizaba una imagen y un mal que se esconde como si de un virus ultracontagioso se tratase. En tiempos de dictadura de la imagen social, del filtrado y edición de las fotos hasta el absurdo para engañar a los demás con nuestra presunta perfecta escena, Dones miraba a la cámara, pegaba una patada en la entrepierna a todos los falsos de las redes sociales y les chuleaba desde su postración con una fuerza y descaro que daban gana de ponerse a aplaudir. Esa entrevista es un documental que merece ser visto en colegios e institutos, donde esa basura de textos de autoayuda debiera ser erradicada. Vean a Pau, al cáncer y a sus vivencias.

Subo a Elorrio hasta, si todo va normal en este anormal año, el martes inclusive. Debiéramos poder volver a leernos el miércoles 3 de marzo. Ánimo y cuídense.

martes, febrero 23, 2021

¿Debe estar Hasél en la cárcel?

La respuesta corta a esta pregunta es que no por lo que ha dicho pero sí por lo que ha hecho. La entrada en prisión de este rapero, por llamarlo así, ha tenido lugar tras la última de sus condenas por calumnias e injurias, que se suma a condenas anteriores, lo que al tener antecedente le ha hecho inevitable el ir a la cárcel. A esto debemos sumar un historial de condenas que van más allá de las palabras, con coacciones y amenazas entre otro tipo de delitos, lo que probablemente haga que, si como ha dicho el gobierno, se reforme la ley para eliminar las penas de cárcel con las que este sujeto ha sido condenado en el caso de injurias no se libre de las rejas por los otros delitos que también ha cometido.

En general, la tendencia de los códigos es a despenalizar las palabras y a intensificar las penas por los hechos, siguiendo una máxima que reza, más o menos, que todas las personas son inviolables y objeto de absoluta protección, pero no sus ideas. Esto viene a significar que los discursos e ideas que se pronuncien no son penables con cárcel porque expresen opiniones consideradas como infames por otra persona o colectivo, pero sí lo serán si alientan a la violencia o la respaldan, de tal manera que esas palabras se transformen en hechos. Todo esto es bastante sencillo de escribir y contar, pero mucho más difícil de aplicar, y claro, con el tamiz de lo que cada sociedad y momento entiende como admisible. En España, por motivos, obvios, el delito de apología del terrorismo está muy tasada y penado, pero era en los tiempos de ETA cuando tenía un sentido más evidente, porque el apoyo a la banda asesina se realizaba por parte de personas que no empuñaban las pistolas pero señalaban objetivos, y esa vía de la apología era una de las posibles para evitar la extensión del terror. Los que defienden que la apología del terrorismo debe desaparecer se enfrentan al problema de qué hacer con los que alientan otros terrorismos, como el islamista, que son un problema de hoy mismo. Esta línea de duda y sombra surge cuando se pronuncian discursos que la sociedad, en su conjunto, considera aberrantes, y claro, ahí las posiciones políticas, que tantos usan como manual para enjuiciarlo todo, falla. ¿qué hacemos ante, pongamos, un discurso de odio contra las mujeres? ¿un discurso desalmado que defienda el racismo explícito, el supremacismo? Vemos como el supremacismo tiene buena prensa cuando es gente como Torra la que lo proclama, pero haga usted una encuesta en su entorno. ¿Debiera encarcelarse a alguien que diga que los no blancos son inferiores? ¿Deben ser los antivacunas objeto de penas de prisión? Defender el terraplanismo es una idea estúpida, pero ¿debe ser perseguida por la ley? Hace unos días adquirió notoriedad una cría de apenas 18 años que en el cementerio de la Almudena dio un discurso en el que se soltaban unas soflamas que hubieran hecho las delicias en una tribuna nazi en el Nuremberg de 1936. En Alemania ese discurso sería objeto de persecución legal, pero aquí, donde estas cosas del antisemitismo se nos antojan como exóticas, no pasa de la anécdota lo que es de una gravedad extrema. La pregunta es ¿debe ir esa cría a la cárcel por lo que dijo? Uno puede empezar a crear ejemplos a miles que tarde o temprano acabarán provocando que cualquier aludido empiece a ver la prisión como el destino merecido de quien proclama el discurso que a él realmente le ofende, demostrando que el diseño de la ley no puede hacerse ni en caliente ni teniendo en cuenta la emotividad del presunto afectado. Como norma general, por lo tanto, no se debiera mandar a la cárcel a la gente por lo que diga, aunque se cisque en nuestra madre o en nosotros mismos, pero sí queda abierta la puerta a pedir indemnizaciones, reprobaciones públicas o disculpas. Al final muchos de los que se dedican a ofender encuentran en los tribunales y procesos el perfecto altavoz para lanzar sus mensajes, y eso les alienta. Hay que tratar de evitar caer en estas espirales.

Y todo este debate se da en un mundo en el que, gracias a las redes sociales, todo el mundo tiene un altavoz para insultar a diestro y siniestro desde un anonimato consentido y diseñado para otras cuestiones. No es penal, pero estas actitudes califican a quienes las hacen y apoyan, y permiten que realicemos juicios morales sobre lo que representan para la sociedad. Al igual que hay personas que aportan, y otras que pintan poco, también hay gente podrida, que disfruta en el insulto y la necedad, y que se alimenta del odio que siembra y genera. Como en otras facetas de la vida, hay de todo, y cada uno debiéramos tener un criterio para saber, al menos, de quién huir cuando empieza a soltar sus soflamas. La indiferencia al que odia puede ser uno de los más crueles castigos.

lunes, febrero 22, 2021

Violencia callejera

Seis noches seguidas van de algaradas violentas, en varias ciudades pero, sobre todo, en una Barcelona asediada por bandas criminales que le han cogido el gustillo a arrasar lo que se encuentran. Convocadas para protestar contra el encarcelamiento de un rapero, lo que en principio son concentraciones pacíficas acaban derivando, de manera segura, en graves incidentes contra las fuerzas de orden público y saqueo de comercios y tiendas, especialmente las de marca, no los bazares chinos, donde los que se autodenominan como luchadores por la libertad se dedican al robo, pillaje y saqueo sin ningún remordimiento.

A escala, lo que sucede estos días, y su contexto, recuerda demasiado a lo que se vivía en las calles del País Vasco durante los malditos tiempos de la maldita “kale borroka” fenómeno extremadamente similar al que estamos contemplando estos días. Hay, evidentemente, una diferencia fundamental, que es ETA. En aquellos años la existencia de una banda mafiosa de asesinos, en torno a la cual se organizaban todo tipo de estructuras de violencia, extorsión y chantaje, convertía el fenómeno de las algaradas callejeras en algo mucho más grave y peligroso. Ahora ETA no existe, aunque más de uno la añora, y por ello el fenómeno que se ve en Barcelona es más limitado, autoconclusivo, pero otros de los factores se repiten. Especialmente, por su gravedad, la condescendencia, cuando no apoyo, de parte de las fuerzas políticas a los violentos, realizando declaraciones y tuits en los que muestran un respaldo claro a los grupos que asaltan las calles por la noche. En los tiempos oscuros del País Vasco, Arzalluz, uno de los jefes de la mafia, de los más listos, que nunca pudo ser incriminado en nada violento, los calificaba como de “los chicos de la gasolina” y lo expresaba con un tono de comprensión propio del abuelito que ve como su nieto se equivoca pero, ay, es su nieto, y le quiere tanto…. La Ertzaina se veía sobrepasada por la intensidad del fenómeno al que se enfrentaba y sus mandos políticos, en especial durante la época del Consejero Balza, hacían todo lo posible para no dotarles de medios, para deslegitimarles, para criticar sus actuaciones, para minar la moral de un cuerpo asediado que, según la mentalidad nacionalista, no debía atacar a quienes luchaban por la Euskal Herria libre. Hoy los Mossos están ante una situación similar (reitero, mucho menos grave porque no hay una banda terrorista que los ejecute, como sí hacía ETA) entre la espada de los violentos y la pared de sus mandos políticos, que no dejan de lanzar mensajes en contra de la actuación no de los delincuentes callejeros, no, sino de los propios Mossos, a los que acusan de violencia y otras lindezas por el estilo mientras la ciudad en la que todos ellos viven y sus habitantes es atacada por hordas de salvajes. Algunos de los partidos que lanzan esos mensajes de comprensión a la violencia están en el actual gobierno de la Generalitat, otros aspiran a incorporarse a él y pertenecen al gobierno de la nación, en una mezcolanza de intereses tan compleja como rastrera. Cada noche los niñatos, porque muchos de ellos son menores de edad, se lanzan contra las fuerzas de seguridad, destrozan mobiliario urbano, queman, realizan pillajes y causan daños económicos directos, y un enorme roto a la imagen de una ciudad que ve. Impotente, como este tipo de escenas empiezan a formar parte de su propio ser. Vimos tras la sentencia del procés secuencias de incidentes más graves que las actuales, pero con características similares, en las que el movimiento anarquista, que siempre ha tenido bastante fuerza en Barcelona, se aliaba con el independentismo radical con el único objetivo de montar bronca y destrozar por destrozar. Y de mientras, entonces y hoy, los dirigentes de formaciones herederas del terrorismo etarra, a los que algunos inconscientes pretenden blanquear, deben estar cómodamente sentados en los salones de sus casas brindando al ver estas imágenes en la tele, que tanto les recuerdan a sus años mozos, y a buen seguir mandando mensajes de ánimo a algunos que estarán cerca de los que los organizan. Años, lugares y coyunturas distintas, semejante maldad criminal y desprecio por la democracia.

La verdad es que, mirado con perspectiva, tiene bastante gracia que el líder supremo de Podemos, el señor Iglesias, haya logrado convertir a su formación en una especie de versión blanqueada de Batasuna de alcance nacional, que justifica la violencia allí donde surja y adopta los modos y manera totalitarios ya vistos en épocas pasadas. Del noble surgimiento en demandas de igualdad y de lucha contra los corruptos que supuso el caldo de cultivo en el que nacieron los movimientos de los que surgió Podemos, a lo que ahora es la formación, dan ganas de llorar si uno tuvo en algún momento su ilusión puesta en estas siglas. No hay nada que un estalinista de guardia no pervierta, ni círculo que no llegue a convertir en, visto lo visto, espiral de odio y violencia.

viernes, febrero 19, 2021

Perseverancia en Marte

El lanzamiento del rover Perseverance de la NASA fue el último de los tres que tuvieron lugar al inicio del verano de 2020, aprovechando la ventana de lanzamientos que se produce coda dos años entre ambos planetas, que permite minimizar la distancia y coste del viaje. Las otras dos misiones, que llegaron la semana pasada, constaban de un orbitador del planeta y, en el caso de la china, un módulo de descenso que, se espera que en un par de meses, intente la odisea de posarse sobre la superficie del planeta y soltar un minirover, estilo Pathfinder de 1997, en lo que sería el primer gran paso del programa espacial chino en aquel planeta. Espero que haya suerte y lo consigan.

La NASA ya cuenta con satélites que monitorizan aquel mundo, y esta misión era, directamente, de aterrizaje. El rover, envuelto en una capsula protectora, debía llegar hasta el borde de la atmósfera marciana y, en un trayecto de siete minutos, lograr posarse, en un proceso de inserción y frenado de varias fases que debían lograr frenar su velocidad de crucero de unos 77.000 kilómetros por hora en el momento de la inserción orbital a los 3 por hora que se necesitaban para depositar con suavidad el vehículo sobre la superficie. Un enorme escudo protector para el arofrenado que protegiese a la nave de las temperaturas de la entrada, un sistema de paracaídas gigantes, para frenar algo una vez que la sonda estuviera ya en el interior de la tenue atmósfera marciana, un dispositivo con retrocohetes que debía tanto frenar al conjunto como encaminarlo hacia la posición prevista para el amartizaje, un mecanismo de cables que debía descolgar al rover desde el sistema de retrocohetes para que el posado fuera suave y el robot no sufriera la contaminación del polvo y la suciedad de los cohetes. Esas eran, esencialmente, las distintas fases previstas en la complejísima maniobra de entrada y toma de tierra, todas ellas automatizadas por completo, dado que ayer, día esperado de la llegada, la distancia entre Marte y la Tierra es de ocho minutos luz, y no hay opciones de ningún tipo para que señal alguna mandada desde aquí sea capaz de ser ejecutada en un plazo menor a ese. De hecho, cada una de las fases iba dando datos y confirmación de que se estaba produciendo a sabiendas de que, cuando aquí se empezaba a conocer que la entrada en la atmósfera era correcta el rover ya estaría sobre Marte, en buen estado o convertido en un intenso montón de chatarra. Esto hace que la tensión propia de una maniobra de este estilo se agrave porque acudimos a una especie de representación de lo hecho, una narración en diferido de un suceso ya producido. A medida que las telemetrías de la misión iban informando de la consecución de cada paso el ánimo crecía entre el personal del centro de control del JPL de Pasadena y de todos los que, desde cualquier parte del mundo, seguíamos en directo, falso como antes comentaba, lo que sucedía. Finalmente, a las 21:55 de la noche, hora española, máxima audiencia televisiva, se produjo el mensaje esperado, ese “touchdown” que viene a ser tocar suelo en guiri, con el que el propio sistema del robot informaba que estaba sobre la superficie. Una de sus múltiples cámaras envió una imagen de un suelo pedregoso tomado desde el vehículo, y los satélites de NASA que orbitan el planeta, que tenían todos sus ojos puestos en ese momento en la zona prevista de llegada, mandaron confirmación visual de que Perseverance había logrado con éxito el enorme reto que tenía por delante. Jolgorio en el centro de seguimiento, éxito y felicitaciones por un trabajo de muchos años y de miles de personas y empresas, que han trabajado en todas las fases y detalles imaginables para lograr lo conseguido ayer. El día estaba marcado y señalado desde hacía siete meses, y llegó, y el triunfo se logró.

El destino de Perseverance es el cráter Jezero, sito algo al norte del planeta, un lugar en el que las imágenes analizadas desde aquí sugieren que en el pasado muy remoto era un lago formado por la desembocadura de dos pequeños ríos, y en el que se puede apreciar un reguero de sedimentos que se asemeja a los deltas que se producen con cierta facilidad en nuestro mundo. El objetivo de Perseverance es la astrobiología, la búsqueda de trazas que permitan decir algo sobre la posible existencia de vida en el pasado remoto de Marte. A partir de ahora, durante al menos dos años terrestres si nada se tuerce, el nuevo investigador de la NASA trabajará sin descanso para desentrañar lo que pueda sobre el apasionante pasado marciano. Es fascinante.

jueves, febrero 18, 2021

Francisco Luzón, héroe

De origen humilde, sin nada de experiencia y contactos en el negocio, Francisco Luzón hizo una carrera inmensa en el mundo de la banca, que lo llevó a ser presidente de Argentaria, la corporación de banca pública que reunía las entidades financieras que eran propiedad del estado y, con posterioridad, a ser el ejecutivo de cabecera de Emilio Botín en el Santander, lo que en España equivale a la cúspide del negocio. Su ascenso fue constante y cuando dejó el negocio lo hizo con desavenencias con Don Emilio, que era un señor de carácter complejo, pero con el reconocimiento unánime de compañeros y rivales. Una trayectoria de éxito inapelable.

Luzón se hizo realmente grande después, cuando tuvo la desgracia de ser diagnosticado de ELA, una enfermedad cruel ante la que la ciencia apenas tiene respuestas y que supone una condena a muerte inapelable, a plazo fijo, como diría un financiero. Los enfermos de ELA empiezan a padecer problemas físicos derivados de su enfermedad, que va convirtiendo sus músculos, los que les permiten moverse, hablar, hacer cosas, en masas fofas carentes de voluntad y respuesta. El proceso avanza sin descanso y convierte al paciente en un impedido que se adentra en la invalidez absoluta y camina sin cesar a un final inaplazable. Stephen Hawking fue el paciente más famoso del mundo de esta enfermedad y un caso insólito de longevidad en ella, dado que son pocos años los que transcurren desde el diagnóstico hasta el final. Luzón, acostumbrado a enfrentarse a una selva de números, ambiciones y responsabilidad, se encontró de pronto, al poco de su retiro, con algo que jamás hubiera podido imaginar. No se lo que usted o yo haríamos ante un diagnóstico semejante, no quiero ni imaginarlo. Él, supongo, sufriría un impacto enorme, inevitable ante certezas como las que le he descrito, pero no se derrumbó. Evidentemente contaba con una fortuna fruto de sus años ejecutivos, y sabía que todo ese dinero no le iba a salvar la vida de ninguna manera, pero decidió hacer algo poco habitual. Ni se derrumbó ni recluyó, sino que sacó fuerzas de no se muy bien dónde para crear una fundación dedicada a la investigación de su enfermedad y, muy importante, para hablar de ella, para hacerla presente, para que los que la padecen y sus familias no tengan la inevitable sensación de estar solos en el mar, en medio de una tormenta sin fin. Luzón empezó a aparecer en los medios, ya con un aspecto desmejorado, nada que ver con el de unos pocos años antes, y hablaba ante cámaras y entrevistadores de su enfermedad como el reto de su vida, como la cierta condena que le había caído pero que no iba a impedir que el tiempo que le quedase lo dedicara no tanto a luchar contra ella, que no hay mucho que hacer, sino a dar relevancia al padecimiento suyo y el de otros para que la sociedad no les olvide. Y muy importante, sumar sus fondos y los que pudieran recaudar para que la investigación pudiera contar con ellos para avanzar en tratamientos y curas. No tardó mucho en perder la voz y empezar a convertirse en una réplica del Hawking que se nos antoja familiar, impedido y necesitado de un sistema de software para comunicarse, pero siguió dando entrevistas a los medios y se convirtió en un referente de lo que padecen este mal. Su figura iba creciendo en talla a medida que menguaba en porte, y era inevitable leer sus entrevistas y testimonios, en los que mostraba una entereza que, a veces, me parecía fruto de la irracionalidad, o de los que tienen fe ciega, que acaba siendo lo mismo. Hablaba de la muerte, cada vez más cercana con la serenidad de quien la mira cara a cara y se enfrenta a ella con la satisfacción de haber hecho lo debido antes de decir adiós. Su fortaleza crecía a cada paso que su cuerpo colapsaba. Era inevitable que el final llegase, lo sabía, y supongo que, con las cámaras apagadas, en privado, sufriría crisis de ansiedad y de tristeza, pero nunca lo exteriorizó, ni lamentó su destino o suerte. Siempre se consideró extremadamente afortunado por la vida que llevó y pudo desarrollar.

Ayer, en medio de las miserias del día a día de nuestro país, su vida se apagó, a los 73 años, poco más de seis después del diagnóstico, una esperanza de vida normal en este tipo de procesos. Luzón ya no está hoy aquí para contemplar el despejado amanecer de este día de febrero, pero lo que ha hecho estos años ha clareado el aire que respiramos más que muchos días de fuerte brisa. Ha sido un ejemplo para muchos, roca a la que asirse para otros y, sin duda, para los que tienen en la ELA el centro de sus vidas, una de las personas que más ha hecho para que el resto sepamos por lo que pasan y podamos ayudar. Un hombre bueno que, en su final, se ha hecho más inmenso que todos los grandes edificios de oficinas por los que pasó y comandó. Qué honor haber podido conocer su ejemplo.

miércoles, febrero 17, 2021

Inmobiliaria PP

El PP se lanza al mercado inmobiliario, del que quizás nunca haya salido del todo. En una decisión algo sorpresiva, que fue calificada como cosmética por el propio Casado hace algunos meses, el actual dirigente del partido anunció que abandonarán la sede de Génova 13 por estar envuelta en un proceso judicial. Ya lo estaba el viernes pasado, y meses y años atrás, pero nada espolea tanto a un partido como un resultado electoral, en este caso el nefasto obtenido en Cataluña. También esta decisión demuestra que el españolito de a pie sigue viendo en el ladrillo la solución a sus problemas de inversión y futuro, cuando a veces lo es y otras, para nada.

Dejar la sede, de la que el PP es propietario, tanto vendiéndola como alquilándola, proporcionará a la marca unos ingresos que le vendrán bien para tapar los agujeros que le producen los juicios en los que está inmersa y, supongo, ayudará a cuadrar unas cuentas que ahora no deben tener los ingresos extraordinarios de épocas pasadas, de vino, rosas y Bárcenas amistosos. La gestión por parte del PP de sus tramas corruptas es una muestra de no asunción de la realidad y de la no aplicación de ese dicho de que más vale ponerse una vez rojo que cien colorado. Empiezan a ser muchos años de procesos judiciales los que van desde que se destaparon los papeles de Bárcenas y aún quedan sesiones de los presentes y futuras vistas en las que la marca PP va a quedar sometida al escrutinio de la prensa, fiscalía y demás entes sin que el partido pueda decidir si tal o cual revelación salga en medio de una campaña electoral. ¿Ha perjudicado al PP que Bárcenas “cante” un par de semanas antes de los comicios catalanes? Bien no le ha venido, desde luego, pero peor ha sido la gestión de Casado de los últimos días con declaraciones a los medios referidas a la actuación de su partido en los días previos al sedicioso referéndum de 2017. Si nos retrotraemos a elecciones pasadas, las que tuvieron lugar el año pasado dieron dos resultados muy distintos a dos PPs muy diferentes en dos regiones que se parecen en lo mucho que llueve en ellas, y poco más. La cosecha de votos en el País Vasco fue desastrosa, entre otras cosas por la elección de Casado de un candidato ya amortizado y ajeno a la política vasca desde hace muchos años, que no tiene ni tirada ni discurso (por lo que se pudo ver ni leyéndolo). En Galicia el PP arrasó. Jugaba en casa, eso es cierto, y partía con ventaja, pero aun así logró unos resultados excelentes, por encima de lo que señalaban muchas encuestas. No es ese mérito de Casado, sino de Feijóo, y de una visión distinta del PP. ¿Quiero decir que basta con relevar a Casado del PP para arreglar ese partido? No, las cosas son más profundas, pero es a él a quien le ha tocado la tarea de atravesar el desierto de la oposición tras la derrota electoral, y comerse los marrones que surjan en el camino. Demuestra la experiencia política que, siendo más o menos capacitado, el líder que se encuentra en la posición de Casado se va a tragar mucho dolor, derrotas y amarguras, y que será otro el que recupere el poder para su formación. En la acera de enfrente Almunia o el desaparecido Rubalcaba podían contar historias semejantes, de partidos que comandaron en sus horas bajas y a los que decisiones propias, acertadas y erróneas, en poco contribuyeron a enderezar una nave que iba sin rumbo, como todo partido alejado del poder, y que logró encontrarlo cuando otro candidato, ZP o Sánchez, ganó unas elecciones ante errores propios del rival ajeno. Quizás Rajoy sea una excepción a esa regla, porque insistió hasta que la crisis le llevó a ganar, con la inestimable ayuda de un calamitoso ZP en medio de la quiebra, pero me da que Casado y compañía no quieren saber nada de Rajoy. Y que si le llaman será desde una vieja cabina de un perdido país del este, sin posibilidad de que la llamada quede registrada en ninguna parte.

La sede de Génova 13 es un edificio de, me suena, unas siete plantas que hace esquina con Zurbano y que se encuentra a no muchos metros de la Audiencia Nacional. Equidista más o menos de la plaza de Alonso Martínez y la de Colón, y es por tanto un caramelito para oficinas o, incluso, viviendas si algún promotor se hace con ello y plantea una nueva reforma del edificio, que más le vale sea escrupulosa con la ley porque será observada con muchos ojos. Es un lugar morboso, asociado al poder, a personajes famosos y a hechos y festejos sonados, y a noches aciagas. Más de uno quisiera quedarse con un hueco de esa sede por el placer de ciscarse en ella, y otros para decir que residen donde lo hicieron algunos de los que admiraban. El morbo del poder pasado, ahora mismo perdido, que a todos vuelve loco y que tantos errores provoca.

martes, febrero 16, 2021

Desescalar a lo loco

Las últimas cifras nacionales de la pandemia, después de que se haya convertido en norma la anormalidad de no tenerlas en fin de semana, muestran que el descenso de casos y de presión hospitalaria se mantiene, habiendo dejado atrás lo peor de la tercera ola, y que el pico de fallecidos diarios está más o menos en estos días o en justo los pasados. Aún así las incidencias de casos siguen siendo muy elevadas y la media nacional está por encima de, cifra que nos puede parecer reducida frente al doble que llegamos a registrar hace unas semanas, pero que es enorme, y se asocia a un número de muertes y de carga sanitaria inasumible.

Pese a ello, basta que los casos bajen durante un par de días o tres para que los gobiernos autonómicos se lancen a relajar las medidas de protección con un ansia impropia, carente siempre a la hora de tomar medidas cuando los casos suben. El gobierno central sigue sin hacer nada de nada, como quien oyera llover desde su casa, pero las distintas autonomías, que están en estados diferenciados de la epidemia, parecen haber acordado que sea costoso el levantar restricciones pero muy sencillo el relajarlas, como si esas medidas de contención sanitaria no fueran sino molestias, cuando en no pocas ocasiones resultan ser la tabla de salvación, literal, de muchas personas. Es asombroso comprobar como en otras naciones de nuestro entorno europeo la intensidad de las restricciones es mucho mayor, y ni les cuento su éxito respecto a las cifras de fallecidos. Tras una tercera ola que ha sido muy dura, Alemania ha perdido parte de la “ventaja” si se me permite usar esa palabra que llevaba, pero su cifra de fallecidos por millón de habitantes, muy alta, sigue siendo la mitad que la nuestra. La mitad de muertos, la mitad de desgracias, la mitad de dolor. Dirán algunos que eso no mide realmente el daño, que da lo mismo, pero, piénselo fríamente, en qué país, con esos datos, preferiría que viviese usted o un longevo familiar suyo, y guárdese la respuesta en su interior. Los casos de las naciones del sureste asiático o de Nueva Zelanda, que ha confinado Auckland tras un brote de unos pocos positivos, son vistos desde aquí como una extravagancia, una especie de comportamiento paranoide, como algo que no logramos entender, o ese es el mensaje que trasladan nuestras (no) autoridades, que hacen todo lo posible por desentenderse de la tragedia y tratar de volver a mezquinos asuntos que les puedan servir para medrar en sus intereses, rentas y acólitos. Y la verdad es que es nuestro comportamiento el que llama la atención en el mundo, nuestras cifras son las que escandalizan a muchos, siendo como somos de los países más afectados por esta desgracia, y observando, desde fuera, nuestra absoluta incapacidad de gestión de esta crisis y el nulo deseo de adelantarnos a ella. En ningún momento nuestras autoridades, ninguna, ha sido proactiva, ha tratado de adelantarse al virus y buscado una manera de prepararse, con medidas y medios, para hacer frente a una ola que le pudiera llegar. Las CCAA que fueron más duramente golpeadas por la primera ola no aprendieron nada, y la segunda y tercera les impactó, y las que se libraron de las primeras miraban por encima del hombro a sus vecinas para luego, llorar como todas cuando la tercera les igualó en desgracias. Con vistas a playas mediterráneas, a serranías interiores, bajo paisajes lluviosos o soleados, en entornos urbanos o rurales, hemos asistido durante estos meses a las mismas escenas de desgracia, necedad gubernativa, improvisación, desidia y fracaso. Y en todas partes, como única obsesión, el ir al bar, el tomar algo, el salir a por unas copas, por encima de lo sanitario. El deseo del hedonismo, necesario o egoísta, lo que sea, por encima de cualquier otra cosa. Con dos días de bajada de casos el único sueño es abrir los bares y terrazas, sólo ese, nada más que ese. La única obsesión del país es irse de cañas.

Muchos me dirán que soy un amargado, un cenizo, un cascarrabias pero, sinceramente, no lo entiendo. Se puede comprender el dominio del ocio sobre todas las cosas cuando vivíamos en el mundo anterior, en donde lo que eran grandes problemas se convierten en trivialidades vistas desde nuestro hoy, pero el infantilismo que muestra la sociedad, y la desidia de quienes cobrando nos dicen regir, frente a lo que nos estamos enfrentando es deprimente, es algo que se me escapa. Hay millones de personas que actúan de manera responsable y que saben que están solos, abandonados por los poderes públicos, y que su salud y la de los suyos está en sus manos, pero hay tantos que sólo sueñan con el ocio que, en serio, me dejan asombrado. Cada vez entiendo menos el mundo en el que vivo.

lunes, febrero 15, 2021

El PSC gana, pero no gobernará

Votar en pandemia es una pesadilla, y sigue quedándome la duda de hasta qué punto es una irresponsabilidad convocar unas elecciones bajo este escenario, pero lo cierto es que ayer tuvieron lugar las previstas en Cataluña, con una bajísima participación, fruto sobre todo del miedo de muchos al contagio, lo que les impidió salir de casa. Es probable que esta bajada de asistencia haya sido más intensa entre el votante constitucionalista, pero no parece ser una excusa para adulterar o interpretar de otra manera los resultados, contundentes en algunos casos, vistos ayer. Por cierto, bastante cercanos a las encuestas previas y las del propio día.

El efecto Illa era cierto, y Sánchez, por candidato interpuesto, es el gran ganador de lo sucedido ayer, con un PSC que queda primero en votos y empatado a 33 escaños con Esquerra. El PSC prácticamente duplica su número de asientos, recogiendo voto constitucionalista y moderado que huye de la marca naranja, una de las grandes derrotadas de la noche, y alcanza un resultado encomiable. ¿Le va a permitir gobernar? No, porque es ERC la que tiene la llave. En su conjunto el independentismo logra un gran resultado, con esos 33 de ERC, 32 de los Puigdemoníacos y los 9 de la CUOP; que también sube. El arco parlamentario queda dividido, por sus resultados, en tres grandes formaciones y un conjunto de pequeños satélites a gran distancia. La cuarta formación del parlamento, una desatada VOX, con once diputados, es triplicada en número de escaños por cualquiera de las tres grandes formaciones, y los 11 de VOX parecen un cielo en comparación con lo conseguido por Podemos, que repite con 8 parlamentarios y no saca rédito alguno de su presencia en el gobierno nacional, y sobre todo con lo que han sacado Ciudadanos y el PP. La debacle naranja es apoteósica. Ganó las anteriores elecciones autonómicas con 36 escaños en un resultado histórico que su entonces dirigente Albert Rivera no supo, o no quiso, rentabilizar, y hoy, con un sexteto de asientos, se encuentra en una situación agónica que pone en entredicho su propia viabilidad como formación política. Señaló ayer un analista en una radio que Ciudadanos salió de Cataluña, y de ahí saltó al resto del país, y que quizás, desde ayer empieza, también desde Cataluña, el camino inverso para su posible desaparición. El resultado del PP sería el normal en una fuerza minoritaria, pero para sus siglas e historial es un fracaso tan vergonzoso como injustificable. Partiendo de los 4 escaños que tenía pierde uno, y ha superado por poco el corte del 3% d voto en la circunscripción de Barcelona. Su papel en la política autonómica catalana ha sido reducido a la absoluta inexistencia, y contempla con asombro no sólo que los extremistas de VOX han dado el sorpasso que tantos temían, sino que casi les cuadruplican en escaños. Si hoy puede haber fiesta en las reuniones que se celebren en la sede socialista de Ferraz en Génova las caras serán bastante más largas que en muchos funerales. El candidato del PP no era malo, en el sentido de una persona abierta, natural y de apariencia honesta, pero el resultado cosechado es tan desastroso que no hay por dónde cogerlo. Casado, desde hoy, tiene su liderazgo mucho más tocado, sometido a una enorme presión interna, mientras que Sánchez contempla lo sucedido ayer como una gran jugada en la que su marca sale muy fortalecida, la de su desleal socio de coalición debilitada y la de la oposición a su gobierno vapuleada. La estrategia le ha salido redonda a Iván Redondo, y no es un detalle menor que estuviera ayer en Barcelona y que Illa le agradeciese de manera expresa su apoyo. Sólo el PdCAT, la antigua Convergencia, que no ha logrado representación parlamentaria, puede dolerse más del resultado que un apaleado PP.

¿Quién va a gobernar con estos datos? Sólo se me ocurre un nombre, Pera Aragonés, de ERC. Hay tres opciones posibles. Una vez que IIla se presente a la investidura, como ha dicho que va a hacer (y debió hacer Ciudadanos hace tres años) y probablemente la pierda, se presentará ERC, y con dos opciones. La “natural” si así se quiere es con una reedición del acuerdo independentista con los Puigdemoníacos, pero el odio entre ellos es lo que nos ha llevado a estas elecciones. Otra posibilidad “interesante” es que el que PSC permita un gobierno de ERC con los Comunes de Podemos, a cambio del apoyo de ERC al gobierno nacional, y claro, está la alternativa de que no haya acuerdo y se repitan las elecciones, cosa que nos llevaría por la conocida senda melancólica de 2019. Toca esperar y ver.

viernes, febrero 12, 2021

Lo de la hostelería

La sentencia de esta semana del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, dando la razón a los hosteleros y decretando, de manera cautelar, el final del cierre de esos establecimientos que había impuesto el Gobierno Vasco ha revolucionado el sector y lo ha lanzado a presentar demandas contras las autoridades, no sólo en aquella CCAA, sino en todo el país. Más allá del particular comportamiento del juez que ha dictado la sentencia y sus declaraciones sobre los epidemiólogos, muy criticables, se abre un melón legal que deja aún menos opciones a los gobiernos regionales para actuar en caso de rebrote, todo ello con la inacción del gobierno central.

Entiendo en parte las demandas de ese sector, y no soy capaz ni de hacerme a la idea de lo mal que lo están pasando todos sus negocios a cuenta de esta pesadilla, pero creo que los cierres ordenados por las autoridades están justificados y contribuyen a reducir el número de contagios y de víctimas. He dicho desde el principio de esta pesadilla que enfrentarse a algo así obliga a tomar decisiones malas o peores, buscando reducir los daños vitales. No hay decisiones buenas en este contexto y que no generen efectos negativos. Un confinamiento estricto como el de marzo salva muchísimas vidas, pero destruye las economías de las naciones y genera problemas de otro tipo. Sociedades como las asiáticas nos han demostrado que es posible conjugar la salud y la economía mediante una serie de restricciones duras pero cortas en el tiempo, y todo ello en naciones en las que los gobiernos poseen poderes que superan nuestra idea de lo que es legítimo y en sociedades donde la individualidad no pesa y el colectivo es lo prioritario. Nosotros vivimos en sociedades libres, mal que le pese a Iglesias y los de su estilo, con gobiernos no autoritarios e individuos que tienen en sus derechos y en el hedonismo uno de los principales motores vitales. La idea de defender a la sociedad con las actitudes personales es algo bastante ajeno a nuestra cultura, y en situaciones como estas eso se nota, y mucho. Este condenado virus se transmite por el aire, se inhala, y es en los espacios cerrados en los que compartimos la vida con los otros donde está el riesgo. Es así, lo siento, no hay otra. Si se transmitiera, digamos, por contacto de las pelotillas de suciedad de los pies bastaría con que no nos quitásemos los zapatos en presencia de otros, pero se transmite como lo hace. La experiencia demuestra que son los hogares y los lugares de ocio los que concentran la mayor parte de los focos. Es muy recomendable reducir las reuniones sociales en los pisos, los encuentros familiares, pero todos sabemos que el que esos eventos no se den depende, sobre todo, de la responsabilidad personal de cada uno. No hay policías para controlar eso y la sociedad no está preparada para una paranoia de control semejante, pero sí se sabe que el tiempo que estamos en bares y restaurantes, con la mascarilla quitada, tomando cosas y hablando son momentos de máximo riesgo, en los que la probabilidad de contagio se dispara. Es así de cruel. Por ello, restringir su apertura y la movilidad son medidas que funcionan, que generan un descenso en los contagios al cabo de algunos días de haber sido tomadas, y menos contagios, sin vacunas, suponen menos hospitalizados y menos muertos. Los defensores de la hostelería atacan a otros sectores, como el de las tiendas o el transporte público, pero lo cierto es que los que venimos al trabajo en metro día a día, lo hacemos más o menos constantemente mientras que las curvas de contagio suben y bajan, no viéndose mucha relación entre uno y otro factor. El tiempo que uno permanece en el transporte está callado, permanentemente con la mascarilla puesta, y aunque el riesgo de contagio no es cero, si resulta mínimo frente a otros lugares. El hostelero hace bien en tratar de defender a su negocio, su forma de vida, pero en situaciones como las que estamos viviendo debemos entender que hay cosas prioritarias. Es duro, y reitero, no soy capaz de imaginar las pesadillas económicas que están sufriendo los que trabajan en ese sector, pero esto es así.

En lo que sí tienen razón todos los del gremio de bares y restaurantes es en exigir compensaciones económicas. En el fondo decretar un cierre de un negocio es algo parecido a una expropiación, y por ello el gobierno te debe indemnizar. El canje sería te cierro, pongamos dos meses, y te pago una renta esos dos meses, de tal manera que no puedes hacer negocio, no ganas, pero tampoco pierdes dinero. Ahí la ausencia de ayudas a este sector, vital en nuestro país, es sangrante, y demuestra que, pese a que no se quiera admitir, somos una nación pobre, endeudada hasta el extremo y con recursos muy escasos. Esas ayudas directas a los negocios forzados al cierre debieran llegar. Y aún más las vacunas, que nos salvarán a todos de esta mierda.

jueves, febrero 11, 2021

El desleal

El último episodio de injerencia rusa contra la UE, en la que España ha servido como piedra arrojadiza del Kremlin contra las cabezas de la Unión, ha vuelto a mostrar hasta qué punto es desleal e infame el comportamiento de un personaje apellidado Iglesias, de nombre Pablo, y que ocupa la muy bien remunerada vicepresidencia segunda del actual gobierno. Desleal frente a sus compañeros de gabinete desde luego, pero sobre todo desleal ante el país al que representa, a la sociedad a la que presuntamente gobierna y, sobre todo, a los millones de ciudadanos que, con nuestros impuestos, pagamos su muy elevado y nada ganado sueldo.

¿Cuál es la diferencia entre un Donald Trump vociferante desde el poder, acusando de fraude a todos aquellos que no se pliegan ante sí y no le permiten ganar unas elecciones, o u Iglesias, taimado, que también desde el poder, extiende sombras sobre el país que rige en busca sólo de su beneficio propio? En el fondo, ninguna. Ambos personajes parecen estar en las antípodas del espectro ideológico, representando uno la extrema derecha bíblica norteamericana y el otro el comunismo añorado de las décadas pasadas, pero son el mismo personaje, el mismo tipo de sujetos egocéntricos, obsesionados por el poder, que aspiran por encima de todo al mando único, a ser adorados por una población sumisa que debe agradecer que ellos sean los que les gobiernen. Ambos desean ser dictadores, y por eso admiran a los que ya lo son. A Trump se le iban los ojitos cada vez que se reunía con Putin, el norcoreano o personajes por el estilo, admiraba la fuerza que desprendían y, sobre todo, que nada les impedía hacer su voluntad, ni molestas leyes instituciones, procedimientos, oposiciones o libertades, todo estaba bajo su bota única. A Iglesias le pasa lo mismo. A escala, en su círculo de influencia, ya ha apartado a todos aquellos que pudieran hacerle sombra, convirtiendo su partido político en un movimiento mesiánico de apoyo al líder que es tan caricaturesco como siniestro. Si detentase el poder total haría lo mismo con todos los que no se postren a sus pies, y por eso adora, como lo hacía Trump, a sujetos que mandad sin control, como Maduro en Venezuela, o el inevitable Putin, referente (y quizás financiador) de todos ellos. Iglesias no es un político, no es alguien que aspira al poder sabiendo que tiene que cumplir reglas, no. Es un agitador, un subversivo, alguien obsesionado con el poder, que ve a las elecciones como una molestia necesaria para alcanzarlo y que, una vez en él, se puede prescindir de comicios, porque se ha llegado a la perfección. Iglesias considera legítimo todo lo que le permita mantenerse en el poder o alcanzarlo, e ilegítimo lo que pueda estorbarle, oponerse o enfrentarse a su designio. No es el único, tampoco en nuestro país. Hemos visto como proyectos totalitarios en el País Vasco o Cataluña no han dudado, en el caso vasco, en recurrir a la violencia terrorista para imponer la dictadura a la que aspiraban, y obviamente Iglesias les admira. En el presunto extremo opuesto del espectro ideológico vemos movimientos igualmente totalitarios que se envuelven en la bandera nacional con el único fin de que sirva para pisotear a otros. Es una historia refleja, un movimiento igualmente repulsivo que considera la ley, el voto, la representatividad, los derechos y la democracia como un estorbo para conseguir sus fines. En el fondo los líderes de estos grupos extremistas admiran a un Iglesias que sigue dando lecciones, cada día, sobre cómo abusar en y desde el poder teniendo siempre en mente el proyecto de dominación que le ciega. Iglesias es uno de los suyos, y aunque se muestren un odio cainita de cara a la galería, comparten medios, estilos, formas y herramientas para socavar la democracia, lo que les impide llevar a cabo su proyecto de dictadura soñada.

Sánchez, que cambia tanto de opinión que ha dejado ya claro a todo el mundo que carece de ella, dijo que tendría pesadillas en un gobierno de coalición con Podemos. Él no se, el resto del país sí las sufre. Con cientos de muertos al día y la economía destrozada, el vicepresidente segundo sigue en sus conspiraciones octubristas, soñando con los cielos del poder absoluto, y su jefe calla. A muchos les mencioné la fábula del escorpión, que no puede evitar picar a la rana en medio del río porque está en su naturaleza, provocando el ahogamiento de ambos. Iglesias se hunde, cada vez pinta menos, harta a todos con su discurso plagado de mentiras y abusos, pero sigue ahí, de momento, cobrando e incordiando. Y Sánchez calla.

miércoles, febrero 10, 2021

Invasión marciana

Cuando uno escucha el título que he escogido para el artículo de hoy piensa en la llegada de extraterrestres a nuestro mundo con intenciones hostiles, tomas del Capitolio y demás escenas similares que tanto éxito han tenido en incontables películas. Lo cierto es que, en el mundo real, vimos a primero de enero como el legislativo norteamericano puede ser asaltado por personajes que podrían ser calificados como marcianos por su aspecto y comportamiento, pero que eran muy, demasiado, terrestres. Hasta en eso han perdido la exclusiva los alienígenas, y en esos días somos nosotros los que estamos invadiendo Marte con sondas y naves espaciales.

Ayer EAU, ese pequeño conjunto de ricos y semifeudales principados que viven asociados en el Golfo Pérsico, logró un enorme éxito al conseguir poner en órbita la sonda marciana Hope, esperanza, en su nombre anglosajón, Al Amal en su denominación árabe. Esta es la primera de las tres misiones que llegarán al planeta rojo. Cada dos años las trayectorias orbitales de Marte y la Tierra se colocan en la posición en la que se minimiza el tiempo de viaje entre ambos mundos, por lo que aprovechando esa denominada ventana de lanzamientos se suelen preparar misiones y lanzarlas. La última ventana tuvo lugar en junio del año pasado, e iban a ser cuatro las misiones que aprovechasen el momento para emprender viaje. Una de ellas, la europea Exo Mars, con participación rusa, sufrió problemas técnicos en una de sus fases finales y no pudo estar preparada para ese verano, por lo que si todo va bien se lanzará en 2022, pero las otras tres sí partieron como estaba previsto. La primera, la emiratí, que ayer logró su inserción en la órbita marciana. Es una misión que consta de un solo elemento, un satélite que orbitará el planeta, lo observará y estudiará algunos de sus elementos, principalmente de la atmósfera. La siguiente misión en llegar, lo hará hoy, es la china. Es el primer intento chino de llegar a Marte y, como lo hacen últimamente en ese país, es a lo grade. La misión consta de un satélite orbitador y un módulo de descenso que tiene que amartizar, por así llamarlo, y que contiene en su interior un pequeño robot con ruedas, muy similar en su aspecto al antiguo Sojourner de la NASA, el primero que logró moverse por la superficie roja. El reto chino es enorme, tiene que lograr la inserción orbital, lo que ayer consiguió la sonda emiratí, estabilizarla, soltar su carga que esta logre tocar suelo sin estrellarse (algo de una enorme dificultad en Marte) y que el robot funcione, se mueva y lo pueda contar. Una misión realmente difícil en la que China quiere dar, de golpe, todos los pasos que, uno a uno, fue dando EEUU durante varios años de intentonas, éxitos y fracasos. La semana que viene, el jueves 18, llegará la tercera misión, la norteamericana. En este caso lo que se manda es a Perseverance, un Rover a un más grande que el Curiosity que deambula por Marte desde hace ya algunos años. Del tamaño de un coche grande, con un peso de unas dos toneladas, la misión norteamericana no lleva orbitador, porque ya tiene algunos que deambulan por aquella atmósfera desde hace un tiempo, y vuelve a ser una apuesta muy arriesgada dado el método de amartizaje escogido. El peso del rover es tal que el escudo protector y los paracaídas le frenarán algo en su entrada al planeta, pero no serán capaces de que alcance una velocidad suave. La tenue atmósfera marciana impide planear ni frenar aerodinámicamente, por lo que un sistema de retrocohetes y cables de los que colgará el rover tratarán de llevarlo a la superficie de la manera más suave posible, en una estrategia tan arriesgada como espectacular que, hace unos años, funcionó perfectamente con Curiosity, pero que no deja de tener unas elevadas posibilidades de fallo. La NASA tiene experiencias exitosas y calamitosas en Marte, y en poco más de una semana sabremos a que grupo de ellas se une esta última misión. Su destino es el cráter Jezero, lo que se supone que es el fondo de un lago sedimentado hace muchos millones de años.

Ahora mismo Marte está a once minutos luz de la tierra, tardaríamos un poco menos de media hora en poder cruzarnos un “hola”, por lo que todos los procedimientos de inserción orbital, descenso y demás acciones que estén previstas se han automatizado y se controlan desde el ordenador de las sondas. Eso hace que el más mínimo error no pueda ser solventado a última hora por un equipo desde la Tierra, que sólo puede cruzar los dedos y esperar las señales que indiquen lo que ha pasado. La meteorología marciana es uno de los muchos factores que condicionan las misiones que tratan de llegar a su superficie. Alcanzar el planeta es una proeza, de ahí en adelante todo se convierte en épica.

martes, febrero 09, 2021

Fiestas ilegales

Sábado pasado, noche empezada. 20:15 más o menos, una hora tempranera que, hoy en día, equivale a lo profundo de la madrugada del tiempo que denominábamos normal. Tras pasar un rato por la tarde viendo librerías y comprando ejemplares, caminaba rumbo al metro dando un largo paseo, y en esto, al acercarme a la esquina de Castelló con Alcalá, se empezaba a oír un chunda chunda que atronaba entre las calles, laterales, no muy anchas, ideales para rebotar el ruido. Llegué a esa esquina y el sonido era intenso, por lo que paré un poco mi paseo y me puse a curiosear de dónde provendría. No tarde ni un par de segundos en identificar el segundo piso de un portal como la fuente del sonido.

Un piso de esos que, ni con todo el dinero que sea capaz de imaginar que pueda ganar en mi vida podría aspirar a comprar. De tres balcones a la calle, de ventanales muy altos, de esos que van desde el suelo hasta el techo, imitando las fachadas francesas, pero con la pared de ladrillo hispánico, que pretende ser piedra pero que se queda en sueños de gloria. Luz amarillenta surgía de esos tres balcones, abiertos, desde los que la música sonaba con intensidad. La temperatura en la calle era fría, sin exageraciones, pero molesta, con algo de viento y humedad por lo que había llovido durante el día, pero en ese piso, con las hojas de las ventanas giradas de par en par, no importaba nada de lo que sucediera en la calle. Se intuían sombras que se movían por ahí y, de vez en cuando, algunas de ellas se materializaban en personas que se asomaban a los balcones, ellos y ellas, indistinguibles, tenían como seña en común vasos de tubo en sus manos. Algunos fumaban, otros no. Era imposible desde donde estaba, y con el contraste entre la luz que salía del piso y la noche de la calle distinguir rostros, detalle, características de sus ropas o calzado. Se les intuía jóvenes, modernos supongo, no mileuristas, al menos el dueño del piso o su familia, y de un gusto musical realmente mejorable, dado lo que no dejaba de sonar. Por lo poco que vi me pareció que, como suele ser habitual, había más chicos que chicas, pero al menos dos de melena larga sí estaban en un momento dado asomados a la balconada. No pasaba mucha gente por la calle, en esa nueva madrugada, y los pocos que lo hacían se quedaban como yo, echando un vistazo rápido al piso del que salía luz y ruido. Al menos no era reguetón lo que destruía la tranquilidad de la calle, pero era una fuente de inquietud. No se lo que pasaría dentro del piso, imposible saberlo, durante un momento recordé algunas escenas mías en fiestas de pisos, en las que se repetían los momentos felices con otros en los que el recuerdo de chicas interesantes, tan cercanas en ese momento, se mostraban distantes y lejanas como nunca. Cuando bajo el mismo techo veías que no había opciones era cuando realmente te dabas cuenta de que ese intento, otro más había fracasado. En esas fiestas lo que pasaba fuera del piso no existía, el mundo de la calle era un decorado impuesto que jugaba el papel de tramoya, de escenario de la obra, que como los de un teatro puede ser intercambiado al momento por otro, descorriéndolo y dejándolo oculto si hace falta. Nada de lo que pasa fuera importa a los que, en ese momento, están de fiesta, hablando, intentando ligar, tomando algo, compartiendo cosas, miradas y momentos. Lo que digan en la calle que se abre bajo sus ventanas da igual, lo que murmuren los vecinos sobre el ruido y las molestias es apenas ruido de fondo, nada existe cuando la juerga joven se desmelena y se hace con las riendas de lo que, hasta hace no mucho, eran paredes, suelos, techos, habitaciones, lugares de vivienda, morada residencial, espacio de trabajo.

Apenas estuve un par de minutos frente a esos balcones, pensando si alguno de los vecinos u otro de los paseantes denunciaría la fiesta a la policía en tiempos de pandemia y restricciones. Yo no lo hice, y seguramente debía, pero no lo hice. Seguí mi camino y llegué a la boca de metro que me esperaba apenas una manzana más adelante que el cruce de la fiesta, con la sensación de que nada de lo que se informe y trate de concienciar a la sociedad sobre la mierda que es el coronavirus y los riesgos que tiene servirá cuando la despreocupada juventud está al mando. Y también, no se lo niego, me picó un poco de envidia, no se si sana o no, sobre cómo se lo estaban montando, cómo eludían la oscuridad de estos tiempos en sobredosis de hedonismo. Eso sí, la música era horrenda. Incluso antes del virus merecerían denuncia por escucharla.

lunes, febrero 08, 2021

Desde Rusia, con ardor

Esta noche, en su programación de cine clásico, La 2 emite “Desde Rusia con amor” una de las películas míticas de la saga 007 en la que Sean Connery encarna como nadie a ese agente británico en el contexto de la guerra fría que dominó la segunda mitad del pasado siglo XX. Era una época peligrosa, a la que hemos sobrevivido, pero que estuvo a punto de llevárselo todo por delante. Bastaba un malentendido o un accidente para que se desatase la guerra total entre dos potencias, y todo ello con el misterio respecto a lo que sucedía en la extinta URSS, de donde llegaban más rumores que certezas, y todo eran sombras. Finalmente, aquel imperio se derrumbó, pero seguimos desconociendo lo que pasa en el día a día ruso.

La visita de la semana pasada de Borrell, alto representante de la diplomacia europea a Moscú era un viaje arriesgado, el primero desde hace ya algunos años, en el que Europa trataba de marcar territorio en un lugar hostil para nuestros intereses. Como potencia herbívora, que se ha llamado, la UE vive en un mundo de normas, leyes, reglamentos, diplomacia, de relaciones internacionales basadas en la confrontación de poder, sí, pero que se dirimen por la negociación y el acuerdo. Con un PIB enorme y un músculo militar casi inexistente, la UE ve el mundo desde la preminencia de las relaciones económicas y sus intereses. Rusia es otra cosa. Heredera de la antigua URSS, de su presunto prestigio entre una decadente, pero no tan escasa capa de intelectuales, dueña de un ejército gigantesco y de un arsenal nuclear capaz de eliminar varias veces todo lo que se asoma por la superficie de la Tierra, su visión global difiere completamente de la nuestra. Su PIB es como el de España, siendo un país tres veces más poblado y el más extenso del planeta. Es, por tanto, pobre, su estructura económica se asemeja más a una nación en vías de desarrollo, con exportaciones basadas prácticamente en los sectores energéticos y mineros, vende materias primas e importa tecnología. El sector militar es de los pocos en los que sigue siendo una potencia mundial, y eso entre otras cosas porque es una potencia carnívora, que no duda en pegar dentelladas cuando le conviene y en usar la fuerza si es debido. Su nivel económico es infame, pero utiliza recursos asimétricos, como se les denomina ahora, para incordiar, molestar, generar rencillas en aquellos países a los que se enfrenta, intentando debilitarlos. Es un actor tramposo y peligroso, con el que la UE comparte una zona de frontera en el este en el que no hay obstáculo montañoso, una enorme pradera continua que se extiende desde Alemania hasta los Urales en la que hay naciones que fueron soviéticas y zonas rusófonas antes de llegar al territorio propiamente comandado por Moscú. Es un vecino complicado y con el que llevarse bien es difícil. Gran parte del este y centro de la UE depende del gas ruso para no morir congelado en los duros inviernos de esa zona (piense en varias “Filomenas” sin calefacción) y eso hace que las relaciones entre ambas potencias estén siempre sometidas a una disputa en la que la necesidad y la prevalencia se hayan en constante enfrentamiento. La UE no deja de denunciar los abusos de poder que Putin y su régimen autoritario cometen día sí y día también contra todo aquel que osa levantar la voz en un Moscú dictatorial, y desde el Kremlin no dejan de salir constantes mensajes de autosuficiencia, golpes bajos que tratan de desestabilizar a las instituciones europeas, intentos de debilitar a los países que conforman la unión y recordatorios de que nos conviene llevarnos bien en un tono que suena a veces a creíble amenaza mafiosa. Es por ello que las relaciones con este vecino, además de tener suma importancia, resultan de una complejidad enorme y cada paso debe darse con mucha cautela y preparación.

A la vista de los resultados del encuentro de la semana pasada hay serias dudas sobre si la UE preparó como es debido la reunión, vito el palo que se ha llevado Borrell. Su homólogo ruso, Sergei Lavrov, es un perro viejo que se las sabe todas y que no ha dudado en recurrir a comparaciones absurdas e hirientes, como la del uso de los sediciosos del independentismo catalán, para contrarrestar las peticiones europeas de liberación del opositor Navalny. Y de propina, con Borrell aún en el país, expulsó a tres diplomáticos de la UE por estar acusados de apoyar las protestas democráticas. Sospecho que el viaje de vuelta de Borrell a Bruselas tuvo que ser bastante más doloroso que el de ida, lleno de ardores y remordimientos.