martes, julio 10, 2012

Banksters


Aunque lo parezca, no he sido muy creativo con el título del artículo, pero es que cuando uno encuentra una genialidad copiar es síntoma de admiración, no de falta de originalidad. Y es que así titulaba la semana pasada The Economist uno de sus principales artículos, referidos al escándalo de manipulación del Líbor por parte de Barclays y de gran parte del sector financiero de la City londinense, en connivencia más o menos clara con el Banco de Inglaterra y con el Exchequer, que es así como allí se denomina al Ministerio de Economía. Toda una trama de corrupción de muy altos vuelos.

Si Libor les recuerda a Euribor no van mal desencaminados, porque en esencia es lo mismo pero para el mercado anglosajón. Representa el tipo de interés de préstamo de las operaciones intradía que se fija entre los bancos británicos en la City, y es la referencia, como sucede con el Euribor, de hipotecas y productos financieros en medio mundo. La sola idea de que se produzca una manipulación en un índice así resulta tremenda, porque indica hasta que punto la podredumbre ha llegado al sistema financiero y de lo poco que uno puede fiarse ya a estas alturas. Sin embargo parece que eso ha sucedido, y si Barclays ha sido el principal banco implicado, no es menos cierto que esa manipulación no podía llevarse a cabo, al menso durante tanto tiempo como parece haber sido realizada, sin la colaboración o el conocimiento silencioso (cobarde quizás sería mejor) de otras entidades financieras, que probablemente también ganaban algo en todo esto, y del regulador público, en este caso los dependientes del gobierno británico y el independiente Banco de Inglaterra, mostrando, otra vez más, el absoluto fracaso de los reguladores en un nuevo episodio de compadreo, cohecho y falta de supervisión hasta sus últimas consecuencias. Si este escándalo se investiga a fondo puede suponer un auténtico desastre en el entramado financiero londinense, que aporta algo más del 10% del PIB de la economía del reino Unido, todo el concentrado en los escasos kilómetros cuadrados de la City y del Cannry Wharf, su extensión natural. La primera vez que visité el Cannary, a principios de los noventa, estaba terminada sólo la gran torre de punta piramidal que se sitúa en el número uno de Canada Square, pero ya a su lado surgían solares sobre los que se levantarían nuevas torres, y una de ellas, de similares dimensiones, que iba a ser un poco más pequeña, estaba destinada a alojar la sede del Barclays. Inaugurada en 2005, ha sido desde ese punto donde se ha cocinado la estafa financiera que, a base de engaños, ha permitido ganar intradía mucho dinero a operadores, directivos y asociados de la entidad, mientras que miles, millones de pagadores de préstamos, hipotecas y demás créditos, han abonado más dinero de lo debido en sus cuotas mensuales al estar sujetos a un tipo de referencia que llevaba escondida una “prima” que, al abonarla, les hacía parecer unos “primos” a los sufridos clientes. Aunque muy sofisticado, retorcido y difícil de investigar, este no es sino el último de la serie de escándalos que ha sacudido al sistema financiero en todo el mundo, que desde 2008 se encuentra en estado de descomposición, víctima de sus excesos, derivados de las instintivas y lógicas ansias de ganancia, pero que, no frenadas por los reguladores, que han fracasado en su labor, se han convertido en el origen de un cáncer que está devorando las entidades, arruinando el prestigio de empresas con decenas, cientos de años de antigüedad, y sobre todo, está logrando que el cliente pierda toda la confianza en su entidad. Entrar en un banco se empieza convertir en síntoma de sospecha, de saberse rodeado de lobos que tratarán de quedarse con el dinero de uno y, para un negocio cuyo principal activo es al confianza, eso es letal.

Y en medio de este maremágnum distinguir conceptos como el de banca de inversión y banca comercial resulta tan difícil como imposible de explicar. El negocio tradicional de la banca, remunerar a sus confiados depositantes algo menso de lo que cobran por los créditos que conceden, ha sido devorado por el componente de inversión financiera, y ahora mismo la mayor parte de las entidades poseen balances cruzados, comprometidos hasta las cejas en productos derivados de alto riesgo, que contaminan toda la estructura societaria. Limpiar todo eso, y volver a “domesticar” a al banca de inversión es una de las tareas más necesarias, difíciles y desconocidas de las que hay que llevar a cabo para salir de este agujero.

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