miércoles, julio 18, 2012

Combates en el centro de Damasco


Ya les he comentado alguna vez que una de las consecuencias no deseadas de la crisis que atravesamos es que nos hace “ombliguistas” y no nos deja ver más allá de nuestras miserias. Y en el mundo pasan muchas cosas importantes. Dado que la semana que viene estaré de vacaciones y no podré escribirles, voy a tratar hoy y mañana de quitar el ojo de España y Europa y fijarme en el exterior. Y no es por comparar, pero nuestra ruina es gloria en comparación a la guerra que se extiende por toda Siria, y que noche tras noche los telediarios nos recuerdan en una breve pieza resumen.

Es difícil saber que está pasando allí, porque el régimen de Al Asad se encargó muy bien de expulsar a los periodistas extranjeros antes de que la guerra aumentase de intensidad, pero por las noticias que se filtran a través de Internet los combates se presumen duros, las matanzas que la dictadura siria perpetra sobre su pueblo no dejan de ir a más e incluso se puede decir que la guerra ha llegado hasta Damasco, la capital. Desde hace un par de días lo que antes no pasaba de escaramuzas y tiroteos parece haberse transformado en duros enfrentamientos militares en barrios de la ciudad, pero en este caso aún resulta más difícil precisar lo que sucede, porque la intoxicación es total. Por parte de los rebeldes una calle de Damasco tiene más importancia estratégica y de propaganda que una batalla en una gran pero desconocida ciudad del interior del país, y para el régimen funciona exactamente el argumentarlo inverso. Que haya enfrentamientos en la capital es la peor de las imágenes que puede mostrar de cara a garantizar su estabilidad y el control del país. Por tanto, expresiones del tipo “la ofensiva final” o “Damasco en llamas” deben ser directamente eliminadas, o por lo menos matizadas de la manera más contundente posible. Esos combates sí revelan dos cosas ciertas. Una que la guerra civil que vive Siria ya es total, a todos los niveles y en todo el país, y la otra es que el régimen de Bashar Al Asad no controla la nación como desearía. En una situación así las posibilidades de negociación se me antojan nulas, porque ambos contendientes se ven en la posibilidad de ganar, y creo que la guerra no terminará hasta que uno de ellos sea derrotado del todo, lo que implicaría sofocar la revolución y exterminar a todos sus combatientes o la caída de Bashar y su dictadura. ¿Qué es lo más probable? Difícil precisarlo, pero si nos atenemos a los casos recientes parece que el tiempo acaba jugando en contra de dictador y a favor de los sublevados. Sin embargo las referencias que se hacen a Libia como ejemplo previo hay que tomarlas con precaución. Recordemos que hasta que la OTAN decide intervenir en Libia con apoyo aéreo Gadafi ganaba la guerra y tenía rodeados a la mayoría de los rebeldes en Brega y Misrata. Sólo fue tras las incursiones de los cazas occidentales cuando la sublevación volvió a coger fuerza y reconquistó terreno hasta acabar como ya sabemos. Aquí ese apoyo no se va a dar, no por falta de ganas de occidente, sino por la total oposición de Rusia y China, que tratan de apuntalar la dictadura de Damasco en defensa de sus propios intereses y de al solidaridad que les provoca el dictador acosado, en el fondo, uno de los suyos. Así, las fuerzas rebeldes no contarán con apoyo exterior, salvo el que se sospecha que se realiza vía contrabando proveniente de algunas monarquías del golfo, Qatar sobre todo, deseosas de la caída de Al Asad. Por ello la batalla será aún larga y muy sangrienta, sin descartar que el régimen haga uso de todos sus medios, incluyendo las infames armas químicas que posee.

Sea cual sea el desenlace, la tragedia que asola Siria deja unas cuantas lecciones sobre como funciona (de mal) el mundo de hoy en día. La ONU ha fracasado por completo en su papel de mediadora, o incluso como mero foro de debate sobre el conflicto, los países occidentales se han visto políticamente incapaces de aunar voluntades para parar esta salvajada, y el peso geoestratégico y económico de China y Rusia les ha permitido doblegar los intentos de intervención. Así, día tras día, decenas, cientos de personas mueren en las arenas de ese país sin que nadie de la comunidad internacional haga nada pare evitarlo. Es más, los únicos que actúan lo hacen para alentar al régimen que asesina.

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