lunes, diciembre 21, 2015

Bienvenidos al caos de la nueva política española

Dentro de lo que cabe, el terremoto político que vivimos ayer en España estaba descontado, aunque muchos no lo dieran por posible. El bipartidismo, que tan mal se veía en las encuestas, sufre, es verdad, pero obtiene unos resultados muy dignos. La suma PP y PSOE, quizás la opción de gobierno más coherente, alcanza los 213 diputados, y en el mapa provincial los colores azules y rojos dominan de manera aplastante. Sin embargo esos 213 son el registro más bajo de la suma de ambas formaciones desde el principio de la democracia. Y esa diferencia ha ido a parar a Ciudadanos, menos, y a Podemos, más.

El Parlamento que sale de estas elecciones es endiablado. Quien gana, el PP, con 123 escaños, se queda muy lejos de esa frontera absoluta de los 176. Sufre una pérdida de 63 diputados desde su registro anterior, y se encuentra en una posición muy delicada. Su posible intención de realizar un pacto con Ciudadanos, o de vivir a costa de su abstención, ha saltado por los aires tanto por los malos resultados propios como por los, buenísimos pero insuficientes, 40 diputados obtenidos por Podemos. La suma de ambas fuerzas, 163, se queda a 13 lejanos escaños de la absoluta. En el lado de la izquierda el PSOE rompe el suelo de Rubalcaba y saca 90 escaños, su peor resultado. En su extremo se sitúa Podemos, que aúna la marca propia y las formaciones en coalición (qué noche de sumas nos dieron ayer, qué noche) que logra los 69 escaños. La suma de ambos otorga 159, cuatro menos que PP más ciudadanos, y desde luego suficientes para impedir una investidura del PP. ¿Hay otros grupos políticos? Sí, los nacionalistas de siempre, que pierden peso pero, pudiera ser, ganan influencia. Con esta aritmética los 8 escaños que saca el destrozado partido de Artur Mas y los 6 del PNV se convierten en oro puro, ya que sumados a alguno de los grupos antes mencionados nos llevan a superar los ansiados 176. ERC saca el mejor resultado de su historia, 9 escaños, pero es poco probable que vaya a colaborar con alguna de las fuerzas mayoritarias del Congreso. El resto de formaciones, IU y Bildu con dos escaños y Coalición Canaria con uno, son accesorias en lo que hace a la formación de una mayoría estable. ¿Qué escenario tenemos, por tanto, ante nosotros? El caos. Y más del descrito arriba porque esa asociación de las cuatro formaciones en dos bandos que he diseñado es, como mínimo, falsa. Podemos desea, sobre todo, destrozar y suplantar al PSOE, a quien Pablo Iglesias ya atacó con fuerza en su nocturno discurso tras el recuento, y una unión de ambos sería letal para los intereses de Ferraz, y lo saben. Ciudadanos, por su parte, no estaría dispuesto a pactar con un PP encabezado por Rajoy ni sin que esta formación realizara muchas reformas que, en ámbitos como la educación o la corrupción, son líneas rojas señaladas uno y otro día por Rivera y los suyos. La propia figura de Rajoy sea, quizás, lo que más unanimidad suscita en el resto de formaciones, generando un rechazo unánime en todas ellas. Por eso, las combinaciones de gobierno que puedan surgir con estos números, hay bastantes, parece en la mayor parte de los casos inestables, cortoplacistas y sujetas a vaivenes de intereses que pueden dar al traste con las mismas en cualquier momento. Un tiempo nuevo, sí, y muy muy complejo.

El PP, con Rajoy a la cabeza, ganador de las elecciones, debe ser el primero en tratar de buscar un pacto con otras formaciones para garantizar una investidura cuya primera votación, por mayoría absoluta, se celebraría el 13 de Enero. No descarten nada. Ni acuerdos impensables, ni coaliciones con aquellos a los que se odiaba hasta ayer, ni retirada de cabezas de partido, ni candidatos sorpresa, ni por su puesto unas nuevas elecciones en caso de que todas las combinaciones posibles fallen. Por de pronto el Ibex abre en tres cuartos de hora con este escenario político de inestabilidad, que puede estar descontado, o no. Su reacción de hoy será una primera señal a todas las formaciones políticas de la importancia de lo que tienen entre manos. Pase lo que pase, desde luego, no nos vamos a aburrir.

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