Ayer se supo que Lula finalmente se llevó el gato al agua y se hizo con las presidenciales de Brasil tras una segunda vuelta en la que Bolsonaro hijo no fue capaz de mantener la ventaja que logró en la primera. Esto nos debe recordar que las encuestas electorales son vaticinios, pero que pueden acertar o no. En el caso brasileño la ventaja que daban de Bolsonaro sobre Lula entraba en los márgenes de error, por lo que el resultado es una sorpresa relativa. En el caso de unas elecciones legislativas es más fácil que los sondeos atinen, pero hasta que se recuentan los votos no se sabe. Que se lo digan al serbio prorruso Vucic, que también perdió el domingo frente al movimiento estudiantil.
Con esta idea, nos enfrentamos hoy a las elecciones en Israel, unas de las más importantes a nivel global, dada la conflictividad de la zona y las acciones desarrolladas desde Tel Aviv durante estos últimos años. Los contendientes principales son el eterno primer ministro Netanyahu y el general retirado Gadi Eisenkot, que abandono las tropas en 2024. Los sondeos apuntan a una ventaja de Eisenkot sobre Netanyahu, pero dejando claro que ninguno obtendría mayoría absoluta en la Kneset, parlamento nacional, dotado de un total de 120 escaños. Esta legislatura israelí arrancó tras varias repeticiones electorales, tras las que no era posible formar un gobierno estable, y culminó con una investidura de Netanyahu aupado gracias al apoyo de partidos ultraortodoxos de corte sionista. Rodeado de acusaciones de corrupción, con el Tribunal Supremo israelí persiguiendo sus andanzas, Netanyahu encontró en la inmunidad presidencial la mejor de las salvaguardas para escurrir el bulto y ahí se ha apoltronado, radicalizando su discurso a conveniencia de quienes le mantenían en el poder. Los salvajes atentados de Hamas del 7 de octubre de 2023, que causaron más de mil muertos israelís y el secuestro de un par de centenar de ellos han sido el hecho determinante de lo que ha sucedido después. La nación, asustada y traumatizada por una salvajada que aún no se ha investigado en detalle, se lanzó a una guerra total contra Hamas en Gaza que acabó siendo una guerra de demolición de la franja y de persecución a los palestinos de esa zona, que han acabado convirtiéndose en refugiados en su propia tierra, en medio de las ruinas de lo que un día fueron sus barrios y viviendas. El dolor israelí tras los atentados, tras ese día en el que más judíos han muerto en una sola jornada desde el final del Holocausto, fue utilizado por Netanyahu para una intervención despiadada que ha ido condenando a Israel a ojos del mundo, siendo sólo apoyado sin fisuras por los EEUU de Trump. A medida que Gaza era arrasada la imagen global de Israel se hundía de manera irremediable. Hamas ha sido diezmada, pero también la población palestina, y los resultados de la guerra son la más absoluta de las miserias para ese grupo de población. Envalentonado por el éxito militar de sus tropas, Netanyahu ha lanzado ataques en todos los frentes posibles, destacando el iraní, donde se produjo un enfrentamiento directo entre ambas naciones mediante el intercambio de disparos de cohetes y ha acabado habiendo una guerra de interposición en la que EEUU se ha involucrado directamente tras ser convencido Trump por Netanyahu. Esa guerra, en la que EEUU logró erradicar a la cúpula del régimen chií pero que ha fracasado en todos sus restantes objetivos, es la que pagamos en forma de combustibles disparados e inflación desatada. Con Netanyahu al frente Israel se ha convertido en una especie de Esparta de la región, temida por todos por su capacidad militar y denostada por su belicismo. Las fuerzas ultras de la nación se han hecho muy poderosas y ahora mismo hay una corriente sionista despiadada que actúa de manera supremacista contra palestinos, cristianos y todo lo que no sea puro a sus ojos. Las acciones indiscriminadas de los colonos en Cisjordania proliferan sin cesar y las declaraciones de algunos miembros del gabinete de Netanyahu exhalan un deje racista que echa para atrás. Es lo que tiene apoyarse en los desquiciados, se acaban convirtiendo en la vanguardia.
En un clima social de profunda división Israel vota y es más que probable que el gobierno que acabe surgiendo, vemos a ver si de estas elecciones o de repeticiones posteriores, siga en manos de partidos minoritarios. El balance de estos años para el país, a mi entender, es desastroso, porque su causa ha quedado arrasada y la hostilidad que genera en todo el mundo por sus actos ha calado en la sociedad de una manera bastante transversal. Occidente ya no defiende a Israel, y eso es un daño profundo del que aquel país puede que no sea plenamente consciente. Ojalá se de un cambio de rumbo en su política, pero serán las urnas las que lo determinen. A ver qué acaba saliendo hoy.
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