jueves, mayo 10, 2012

Nacionalización


Esta es una palabra muy dura, lo se, y sospecho que es de esas que echan para atrás a los pocos lectores que se atrevan a recaer en este querido blog. “Puf, qué rollo” pensarán muchos. Y algo habremos avanzado, porque hace unas décadas lo que se sentía al ver ese término era más miedo que hastío. Ayer por la tarde, desde las 15:30 más o menos, la palabreja volvió a las cabeceras de todos los medios de comunicación, porque la insostenible situación de Bankia demandaba acciones contundentes y urgentes. Y nacionalizarla era lo más obvio. Y así se filtró y posteriormente anunció.

Pese a que ha habido casos anteriores en esta crisis en los que el estado ha intervenido, como es Caja Castilla la Mancha, Caixa Cataluña o Cajasur, por citar algunos, Bankia es muy especial, tanto por su dimensión económica como política, y el momento en el que se produce su caída. Se trata del cuarto grupo financiero de España, tras el Santander, BBVA y La Caixa, y posee enormes ramificaciones en el tejido político de Madrid y Valencia, dominado por el PP desde hace muchos años. De hecho la presencia de Rodrigo rato, un peso pesado del PP en la presidencia, ha sido uno de los causantes de que la actuación que Bankia necesitaba haya tardado mucho más de lo necesario. Y eso ha sido un grave error. Su dimensión sistémica es tal que una quiebra descontrolada de la entidad sumiría a España en un agujero muy profundo, y de muy graves consecuencias. Comparativamente hablando estamos ante un caso mucho más grave, por tamaño e implicaciones, de lo que supuso la quiebra de Banesto en 1993, con su posterior nacionalización. Ahora no es sólo Bankai una entidad dañada, sino que España en su conjunto tiene a la economía contra las cuerdas, y a todo el mundo mirándonos con caras de susto y cierta angustia. Creo que lo que hemos vivido estos días me recuerda más a lo que sucedió en Estados Unidos en septiembre de 2008 con la caída de Lehmann Brothers que ha otra cosa. Miedo, carreras en los pasillos, informes que revelan impagos, auditorías imposibles que no se pueden firmar, intentos infantiles por evitar una realidad que se hace presente sin manera posible de eludirla, etc. Algo que han contado muy bien varias películas americanas, como Margin Call, o Too Big To Fale, sólo que con un cambio de escenario y de periodo de tiempo. El lujo de Nueva York por el intento de skyline de Madrid, y 2008 frente a 2012. Cuatro años después, la historia es la misma. Activos tóxicos que no valen lo que está escrito, deudas imposibles de cubrir, refinanciación inalcanzable, destrozo patrimonial inasumible, margen de resultados hundido, gobierno corporativo desnortado, con el agravante de que en el ejemplo norteamericano eran gestores privados y aquí los rectores de la entidad incluyen desde viejos políticos de todos los partidos hasta sindicalistas, alcaldes y otros variopintos personajes que sólo saben de la entidad lo que les paga por sentarse en su consejo directivo. Si se acuerdan, hace cuatro años, cuando todo esto sucedió al otro lado del charco, presumíamos mucho de sistema financiero, de seguridad en la gestión de las provisiones, del rigor de la inspección del Banco de España, y se nos llenaba la boca de orgullo y satisfacción. Pocas veces la realidad es tan dura con aquel que, vanidoso y engreído, presume de lo que carece. Si hiciéramos una moviola de esos meses, creo que no hay un solo dirigente político y económico de esta país que no pudiera dejar de avergonzarse si hoy se escuchara, altivo, petulante y soberbio, en una pose que muestra algunas de las muchas cosas malas que han caracterizado estos años pasados que hemos vivido.

Ahora, con el juguete destrozado, vuelve a ser el estado, usted y yo, y todos con los que hoy se cruce y hable, los que tendremos que acudir al rescate, so pena de ser los ahogados por el hundimiento de la entidad. Mi única esperanza es que la persona que se ha escogido para liderar la nave, Goirigolzarri, es un financiero de verdad, con una experiencia incomparable, y que es el mejor capacitado para hacer lo que de é se espera. ¿Y cual es el futuro de Bankia? Tratar de sanearla, salvaguardar los ahorros de los depositantes, “achatarrarla” y, troceada, revenderla entre los que quieran pujar por algunas de sus partes. Pese a lo que les digan por ahí, la entidad está muerta. Ahora resta que su entierro sea lo más limpio posible.

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