martes, enero 10, 2017

Pensionistas, copago y rentas


La ministra de Sanidad, Dolores Monserrat, ya se ha metido en el primer gran lío político de su vida, y de paso con ella a todo el gobierno, en la primera polémica con fuste de la legislatura, probando en sus carnes el dolor que produce la interpretación de una entrevista. Fue ayer en Radio cuatro, RNE en catalán, cuando afirmó que era injusto que el copago farmacéutico no discriminase en renta y tuviera iguales cuantías para aquellos pensionistas que ingresan entre 18.000 y 100.00 euros, y que eso era algo que había que revisar. No tardó mucho en levantarse la polémica y, por la noche, en un tuit, la ministra rectificó y dijo que el gobierno no tenía previsto aumentar el copago para los pensionistas de altos ingresos. Donde dije digo…
 
Bueno, me voy a meter en la polémica y, aunque no sea muy habitual, voy a defender con ganas a la ministra, porque su idea es totalmente lógica. La discriminación por renta tiene sentido pero sólo si se establecen tramos que permitan acotarla de una manera que esa estructura troceada tenga un sentido real. Pensemos por el lado de los ingresos. El IRPF es progresivo en el sentido de que paga más el que más tiene, expresión que como principio es indiscutible, pero que en la práctica admite muchas soluciones. La más empleada es la de trocear las rentas por tramos y aplicarles impuestos crecientes a cada uno de ellos, de tal manera que aquellos situados en los tramos altos paguen más que en los bajos. Y este sistema adquiere sentido si el tamaño de los tramos no es absurdo. Pongamos el intervalo al que ante me refería. ¿Consideran ustedes que un asalariado que gane 18.000 euros debe pagar el mismo IRPF que uno que gane 100.000? ¿Verdad que no? De hecho no lo hace, los tramos del IRPF son más cortos, mucho más cortos, porque hay un mundo entre esas dos cifras. Por ello, que el copago establezca escalones tan anchos es absurdo. Y a efectos de pago me da un poco igual que si quien lo hace es pensionista o no. Podrá aducirse que los pensionistas tienen una renta limitada (que nunca alcanza los 100.000 euros anuales por vía pública) pero más escuálida es la renta del desempleado, o de aquel que enlaza contratos parciales de jornada reducida. El pensionista tiene garantizada, el actual, no el futuro, sus ingresos, y es cierto que su consumo de medicamentos es más elevado que el del ciudadano común, pero nuevamente puede haber diferencias de rentas y de situaciones de salud personales que hagan absurdo el que unos tengan accesos ilimitado a los medicamentos y otros no. Penemos en personas de edad media en su época laboral, que sufren de afecciones crónicas, y jubilados que disfrutan de una muy buena salud. Los segundos, que apenas consumen medicamentos, los tendrían casi gratis, mientras que los primeros, que los necesitan, pagarían bastante dinero por ellos, sea cual sea su situación laboral en el momento, buena, mala o inexistente. La idea del acceso universal y sin restricciones de los jubilados a los medicamentos tuvo su sentido en una época en la que, seamos sinceros, el porcentaje de población jubilada sobre la total era escasa y su esperanza de vida también resultaba ser corta, por lo que el coste global de esa medida era escaso o, al menos, contenible. Esos dos factores, junto con el coste propio de los tratamientos médicos, no dejan de crecer y hacen que la factura para el estado sea cada vez más gravosa. Lo que Dolores Monserrat no dijo, pero se le entendía, es que los números no dan.
 
¿Hay soluciones para esto? Sí, y en estos tiempos tecnológicos más. Pensionistas y desempleados, por poner dos colectivos en necesidad, cobran puntualmente del estado, que conoce perfectamente sus ingresos, y puede hacer que cada una de sus facturas de compra de medicamentos sea distinta en función de los ingresos que posean en cada momento. La tecnología actual y el uso del Big Data permite hacer maravillas en estos aspectos, y se puede lograr que aquellos que poseen bajos ingresos, sea cual sea su situación personal laboral (trabajen, estén parados o sean pensionistas) no paguen por los medicamentos y los que posean rentas altas paguen más. Es cuestión de ganas, algo de sentido común y ponerse a ello.

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