jueves, febrero 14, 2019

Adiós presupuestos, hola elecciones


Al final ayer los presupuestos de Sánchez cayeron en el Congreso. Los independentistas no retiraron sus enmiendas a la totalidad y su voto, con el de PP y Ciudadanos, acabó con cuentas socialistas antes de que empezaran si quiera a ser tramitadas. No hubo sorpresa ni retirada de los faroles lanzados por unos y otros, ejecutándose el primero de ellos (el rechazo independentista a Sánchez) y quedando en el aire la posibilidad del segundo, la convocatoria anticipada de elecciones. Esa decisión sólo le corresponde al presidente del gobierno, pero tras la puesta de largo ayer de su estrepitosa minoría parlamentaria adelantar las elecciones parece un imperativo moral. Cada día que el gobierno aguante es una agonía con poco sentido.

Anuncia hoy el diario.es como segura la fecha del 28 de abril para las elecciones, último domingo de ese mes y primero tras la Semana Santa. Puede que sí, esto sea lo más probable, pero acostumbrados como ya nos tiene Sánchez al ejercicio del funambulismo y la sorpresa no es descartable cualquier otra opción. Cuenta él con la ventaja del ajedrez de decidir cuándo y qué movimiento ejecutar, pero visto con perspectiva no queda nada claro cuál es la mejor de las opciones que tiene sobre la mesa, o la menos mala. Los barones de su partido, que tienen el examen electoral a finales de mayo, de manera inaplazable, no verían nada bien que Sánchez optase por el superdomingo electoral, juntando todas las elecciones ese día. Sería un ahorro de costes y pesadas campañas electorales el hacerlo todo a la vez, a riesgo de desvirtuar el resultado y la visibilidad de unas y otras elecciones, que quedarían inevitablemente vinculadas y enredadas. Convocar las generales en abril nos llevaría a una doble dura campaña electoral, y el resultado de las primeras elecciones sería condicionante de las segundas, que muchos utilizarían como una segunda vuelta. Además no es descartable una desmovilización del voto en esa segunda convocatoria por mero hartazgo de los electores ante tanta urna. ¿Y cómo afecta esto a las expectativas electorales? Pues depende de a quienes preguntes. Para el PSOE no está claro que haya fechas buenas, sumido en un dilema tras el golpe de los independentistas. Parte de su discurso está desarbolado y en sus bases conviven militantes muy motivados con el sanchismo con otros que ven a la figura del actual presidente como un peligro. La situación de Podemos es aún peor. Desgarrado por sus luchas internas, con sus confluencias divergiendo unas de otras y con el líder supremo de baja paternal para lo que le interesa y ejerciendo el liderazgo cuando cree que su mujer no da la talla (vamos, lo que siempre se ha llamado machismo) se arriesga a una importante bajada de votos y a la aún mayor pérdida de escaños por el efecto de la ley electoral. En el otro lado, Ciudadanos y PP llevan tiempo reclamando elecciones y por ello, se supone, están más preparados para ellas, pero eso no quiere decir que les vaya ir mejor o peor. A día de las expectativas es que Ciudadanos mejorará su número de escaños, aunque fuera sólo por el hecho de superar a Podemos como tercera fuerza y el efecto en el reparto que eso supone, La situación del PP es más compleja. El liderazgo del histriónico Casado se ha asentado sobre un sector del partido, en medio del silencio del otro, orillado por completo, y la competencia que plantea Vox sobre parte de su electorado puede hacerle perder votos por ambos extremos del espectro, el de los derechistas duros y los más tibios. Debiera saber Casado que sin la “derechita cobarde” que mencionan de manera insultante los de Vox (son así, es su estilo) no se puede gobernar, y si lo que aspira es a convertir al PP en un partido de “desacomplejados” puede lograrlo a costa de perder escaños, que son los que votan leyes y respaldan gobiernos. La mayor fragmentación derivada de la segura entrada de Voz en el Congreso complicará aún más la asignación de escaños por provincias y el escenario de la cámara puede ser quizás incuso más complejo que el presente.

Lo que es seguro es que nadie va a ganar esas futuras elecciones ni con mayoría suficiente ni clara, y como ya nos estamos acostumbrando, quedar primero no implica en ningún caso poder gobernar. Se da por segura una unión PP Ciudadanos Vox, en un pacto a la andaluza, pero no es descartable una entente Ciudadanos PSOE si los números dan y el PSEO postelectoral vira en aspectos catalanes respecto a la postura mantenida por Sánchez. Desde luego no se atisba un panorama estable, y el caos político y la parálisis económica que vivimos se prolongará meses y meses y meses casi con total seguridad. Y en medio del desgobierno la ciudadanía tira para adelante y la sociedad no logra realizar muchas de las reformas que los tiempos y retos que vivimos nos exigen. De esos problemas de fondo no habla nadie, y en campaña menos.

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