martes, julio 02, 2019

Desacuerdo en Bruselas


Dice la tradición que las cumbres europeas son eternas, se prolongan durante toda la madrugada hasta el alba y culminan con acuerdo. De momento en las reuniones de los jefes de estado y gobierno para determinar los titulares de las instituciones europeas para la nueva legislatura están cumpliendo el guion horario, pero no el de la fumata blanca final. La situación no es inédita, pero sí posee rasgos especiales que muestran hasta qué punto, también, la fragmentación política ha llegado al seno europeo y los acuerdos se complican cada vez más. Si allí, que son expertos en acordar y ceder no lo logran, casi parece comprensible que nosotros, incapaces para la negociación, no logremos sacar ni investiduras ni presupuestos ni nada de nada.

Tres son las restricciones que deben cumplir los nombres acordados por los líderes, basadas en criterios geográficos, familias políticas y paridad de género, y cuatro son los cargos (más uno indirecto) que están en discusión; presidente de la comisión europea, que es el premio gordo, presidente del consejo europeo, presidente del parlamento y alto comisionado para la acción exterior. El quinto puesto, que no se escoge ahora pero está muy vinculado a los anteriores, es el de presidente del BCE, que no podrá eludir el posible equilibrio que se alcance respecto a los demás cargos. Recordemos que ahora mismo el presidente de la comisión es el luxemburgués Juncker, de centro derecha, presidente del consejo es el polaco Tusk, también de centro derecha, presidente del parlamento es Antonio Tagiani, italiano de centro derecha (lo ha compartido con el socialista alemán Martin Schulz), y alta comisionada para la acción exterior es Federica Mogherini, socialista. La ideología de estos cargos muestra que en las elecciones de hace cinco años el centro derecha obtuvo buenos resultados. En aquel momento la suma de esa corriente más la de los socialistas tenía la mayoría absoluta para acordar todo lo que fuera menester, y tras bastante negociación se alcanzó ese listado de candidatos. Del resultado de las elecciones del pasado mayo salió un parlamento más fragmentado, con victoria de las fuerzas de centro derecha, pero por escaso margen, y con la imposibilidad de reeditar una unión mayoritaria con los socialistas. Ahora se requiere que los liberales, Macron, se sumen al acuerdo y hacer que tres familias pacten algo siempre es más difícil que lo hagan dos. Los candidatos a las elecciones por las principales familias, que son los aspirantes a ocupar el cargo de presidente de la comisión, son una muestra del problema ante el que nos enfrentamos. El ganador, alemán Weber, de centro derecha, es un personaje gris y con poca ascendencia en el mundo comunitario, no suscita entusiasmos más allá de los suyos. El representante socialista, holandés Timmermans, ha ocupado cargos de relevancia en la comisión desde hace tiempo, llegando a ser la mano derecha de Junckers, y tiene todos los contactos imaginables en el mundo comunitario. No ganó, pero en el juego de alianzas políticas pudiera hacerlo. De hecho, era el candidato acordado la noche del domingo entre Merkel y Macron, contando con el apoyo de España, Portugal, países bajos y otras naciones, y se suponía que su candidatura saldría en la mañana de ayer, pero la cosa se complicó, dado que los países de Visegrado (Polonia, Hungría, Chequia y Eslovaquia) e Italia se opusieron de lleno a su nombramiento. Timmermans ha sido muy duro contra estos gobiernos por su comportamiento iliberal y por el poco respeto que han mostrado a la legalidad comunitaria, y más de uno del este se la tenía guardada hasta que ha llegado el momento. En el fondo hay una división en el seno del partido popular europeo entre los que darían por bueno a Timmermans al frente de la comisión, con una pinza puesta en la nariz en el momento de votar, y los que lo rechazan de plano. ¿Puede esto forzar a que sean otros nombres los que salgan como candidatos para desbloquear la situación? Es una posibilidad, y Michel Barnier el negociador del Brexit, coge fuerza en estas últimas horas como un tapado, pero el que no fuese candidato en las elecciones le resta legitimidad de cara al parlamento y la opinión pública.

Como ven, un lío de los buenos, y hay una cierta urgencia para que se solucione en breve, porque hoy se constituye el parlamento en Estrasburgo y mañana vota a su presidente, sin que haya candidato a esta hora de la mañana. Este desacuerdo muestra que, frente a lo que sucedía hace años, un acuerdo entre Francia y Alemania ya no basta para condicionar a toda la UE. También muestra la sangría constante de poder que sufre Merkel, en franco proceso de retirada (¿futura presidenta de la comisión?) y de la emergencia de terceros poderes que condicionan los acuerdos, para bien o para mal. La “nueva política” ha llegado a Bruselas y, allí también, parece complicarlo todo más que arreglar lo que funcionaba mal. En fin, es lo votado, estas son las cartas con las que toca jugar.

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