martes, noviembre 21, 2006

Obituario económico

No es habitual que en estos tiempos un economista ocupe espacio en los medios de comunicación. No ocurre lo mismo con las noticias económicas, que dominan la actualidad, aunque aún les falta mucho para llegar a la relevancia del fútbol o de lo que ocurre en Alaurín de la Torre. Sin embargo, el mundo de los profesionales de la economía, confundidos habitualmente con la gente de la banca, empresa y negocios afines, es totalmente desconocido par el gran público. Por eso ha sido noticia doble que, a la muerte de uno de los grandes economistas del siglo XX los periódicos se hayan parado un momento y le hayan dedicado el espacio merecido.

Milton Friedman, personaje polémico e inefable, ha fallecido a la muy venerable edad de 94 años, tras haber dejado un legado de seguidores innumerable. Fundador de la Escuela de Chicago, propulsor de la Teoría Monetaria e investigador contumaz, su figura se ha erigido como el paradigma de los liberalizadores, frente a aquellos que, podíamos denominar neokeynesianos, optan por una economía con un mayor papel del estado en su funcionamiento y regulación. Este papel de liberal a ultranza le granjeó numerosas críticas a lo largo de su vida, especialmente en épocas de crisis como en los setenta, en los que los sistemas económicos, especialmente los europeos, se deslizaron por una pendiente poco virtuosa de crecimiento negativo del PIB e inflación ascendente, proceso conocido con el triste nombre de estanflación. Sin embargo, los ochenta vivieron un resurgir de sus ideas, especialmente a través de las políticas desarrolladas por Margaret Tatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en EE.UU. En algunas de ellas se encontraron soluciones acertadas a los problemas que aquejaban a dichos países, pero otras fueron contraproducentes. Como todas las teorías que pretenden captar la totalidad de un problema, la de Friedman y sus seguidores tenía agujeros y fallas, que se tradujeron principalmente en un deterioro de los servicios públicos, sobre todo en el caso inglés. Sin ser un gran experto en la materia, si creo que Friedman representa el último gran exponente de este grupo de teóricos del todo, por llamarlos de una manera. Los economistas punteros actuales, caso de Stiglitz, Krugman, Bhagwati o Sala i Martín, por citar algunos nombres, pese a tener tendencias ideológicas más o menos contrapuestas, admiten la complejidad del sistema en el que nos encontramos, y que es imposible que un misma receta funcione en todas las ocasiones y lugares.

Creo que las escuelas clásicas tienden a diluirse, a homogeneizarse, a coger de cada familia lo que ha funcionado y a desechar lo que se ha demostrado fracasado. Un modelo de esta actuación fue la gobernación de Alan Greespan al frente de la FED. Monetarista a ultranza, con rachas sociales e intervencionista como el que más cuando convenía. Un ejemplo de eclecticismo que funcionó, mejor o peor, pero que logró indudables éxitos. Frente a esto, figuras como Friedman demuestran lo grande que puede ser la genialidad encarnada en una sola persona, lo escasa que es y lo importante que es aprender de ella. Puede que su figura se eclipse, pero su obra permanecerá, y eso es lo más a lo puede aspirar un economista, que no es más que un mero fabricante de teorías raras y complejas sobre los problemas de la escasez, los más básicos de los que preocupan a la gente cada día.

No hay comentarios: