jueves, febrero 20, 2014

Judith Jaúregui, la ORCAM y el heroísmo


Ayer tuve la suerte de poder asistir al concierto que ofreció la Orquesta de la Comunidad de Madrid en el Auditorio Nacional con motivo del undécimo homenaje a la figura del profesor Francisco Tomás y Valiente, asesinado por ETA. El programa era muy clásico, con la obertura del “Cossi fan tute” y el concierto para piano nº 20 de Mozart, con la interpretación en el teclado de Judith Jaúregui, y al tercera sinfonía de Beethoven, la heroica. Todo sonó con gran maestría y creo que el público se lo pasó muy bien, al menos es la sensación que me dieron las intensas ovaciones que cosecharon los músicos, tanto la solista como el conjunto de la orquesta.

Y de mientras oía el impetuoso primer movimiento de la tercera empecé a pensar en el heroísmo, en lo que hoy consideramos como héroes, y en cómo ha cambiado ese concepto a lo largo del tiempo. De una visión mítica del héroe como un ser de otro mundo, sobrenatural, que se asoma a la tierra de los mortales para intervenir en ella en su apoyo, pero más como distracción de sus ocupaciones que como vocación o destino, el héroe hoy en día es una figura anónima, común, que cumple con sus obligaciones en medio de una sociedad que parece conspirar para que no lo haga. El señor que paga sus impuestos y no defrauda es un héroe para muchos, el que no tiene cuentas secretas en Suiza o no estafa lo es para casi todos, o eso se dice de boquilla. La persona que sale todas las mañanas de su casa camino al trabajo dejando a su familia en la cama, con el único objetivo de sacrificarse para que esa familia pueda vivir mejor cada día. Nuestro mundo está lleno de héroes anónimos que no conocemos o, sobre todo, no valoramos. Pero el héroe también se identifica con la rebeldía, con el enfrentamiento, con el deseo de ir más allá de lo establecido. Muchos de los que se encuentran en la plaza de la independencia de Kiev son héroes, que se juegan su pescuezo, literalmente, buscando la libertad para su nación, que la perdió hace mucho mucho tiempo. También en Venezuela son miles los héroes que se atreven a contradecir al régimen de Maduro y salen a las calles de Venezuela para demandar justicia, libertad y el fin de un régimen corrupto y populista, que lleva al país a la ruina y el caos. Mozart y Beethoven, los protagonistas del concierto de ayer, fueron en su momento héroes musicales, por tratar de romper las normas establecidas, por rebelarse contra sus mecenas, que eran los que les pagaban, y buscar la música que surgía de su interior, no la que demandaban los cortesanos que la bailaban sin apenas escucharla. El caso de Beethoven es paradigmático. Esa tercera sinfonía estaba dedicada a la figura de Napoleón, como estandarte revolucionario francés, como defensor de la libertad y la justicia frente a la tiranía del poder monárquico absoluto. Sin embargo, avanzada ya la composición, Beethoven se entera que su héroe libertario se ha autocoronado emperador, traicionando los supuestos ideales reformistas. El compositor se pone hecho una fiera, se indigna, rompe su dedicatoria, y entrega una sinfonía que es un antes y un después, una auténtica revolución sonora para los oídos de aquel entonces, y me atrevería a decir que también para los actuales. En ella Beethoven crea el romanticismo sinfónico, lo alumbra, así, Pum, de golpe. Y se convierte en un héroe musical, que rechaza las imposiciones y se erige frente a lo establecido. Se dice que el héroe es aquel que tiene miedo un par de minutos más tarde que todos los demás. En esos metafóricos minutos Beethoven creo un nuevo mundo sonoro.

Y también ayer fueron héroes, para mi y seguro que para muchos de los asistentes al concierto, Judith Jaúregui y el resto de músicos que actuaron en el Auditorio. En una época en la que el negocio musical se derrumba, en un país en el que la música sigue viéndose como un pasatiempo prescindible y no como un arte, exige valentía y heroísmo consagrar tu vida a los pentagramas, dedicar horas y horas sin descanso a enfrentarte al teclado, arco, boquilla o cuerdas del instrumento que se practique, y salir a escena ante cientos de personas para ofrecer en unos minutos, el fruto de tanto trabajo y sacrificio. Los aplausos de ayer recompensaron, aunque fuera sólo un poco, a los héroes que ante nosotros actuaron, Que hoy y siempre esos artistas, esos héroes, sean reconocidos como es debido.

2 comentarios:

peich dijo...

Bien por esa defensa heroica de los héroes¡¡¡ Sobre todo de los anónimos.

peich dijo...

Bien por esa defensa heroica de los héroes¡¡¡ Sobre todo de los anónimos.