viernes, febrero 28, 2014

Crimea, Ucrania y el futuro de Europa


Hay lugares en el mundo, especialmente en Europa, que sólo pronunciarlos implica recordar multitud de hechos históricos. Es como si las palabras que los denominan tuvieran un peso específico especial. Sebastopol, Simferopol, Yalta…Crimea son algunos de esos nombresComparten con otros, como por ejemplo Trieste, Las Ardenas o Danzing, un pasado turbulento, que les ha llevado a estar en manos de distintos imperios y poderes, y por los que han pasado numerosos ejércitos que las han conquistado, anexionado, sometido y perdido. En Crimea tuvo lugar la batalla de dicho nombre en el siglo XIX, con la mítica carga de la caballería ligera de Balaclava que cantó Tennyson.

Hoy, cerca de siglo y medio después, Crimea vuelve a ser foco de inestabilidad y riesgos para todo el continente. Tras la caída del gobierno proruso de Kiev y la instauración de un extraño régimen plebiscitario que, en principio, sintoniza con occidente, la zona este de Ucrania, de lengua t cultura rusa, se muestra hostil al cambio de poder que ha sufrido el país, y es Crimea, el lugar en el que mayor es la influencia rusa, donde esa oposición ya se ha levantado, armas en mano, y ha empezado a ocupar organismos y dependencias oficiales del gobierno de Ucrania. En Crimea se encuentra la sede de la flota rusa en el Mar Negro, un destacamento estratégico para Moscú en el que miles de soldados residen y conviven con una población que, hasta mediados del siglo XX, era jurídicamente rusa. Fue Krushev el dirigente ruso que cedió administrativamente esta provincia al control de la entonces República Soviética de Ucrania, pero en la práctica aquello ha seguido siendo, cultural y emocionalmente, Rusia. Ahora la tensión que, larvada pero constante, ha existido entre la población rusa y las autoridades ucranianas amenaza con estallar del todo, siguiendo el ejemplo que los propios ucranianos han mostrado al mundo con la ocupación de la plaza de Kiev y la revuelta contra el gobierno. Y es Crimea el lugar en el que, nuevamente, vuelven a rozar potencias internacionales y se resucitan fantasmas que se creían olvidados. Moscú alienta, apoya y defiende las aspiraciones de los rusos de la región y ya ha puesto en estado de alerta al ejército que se mantiene en la zona fronteriza del país, sin que se sepa muy bien que quiere decir esto más allá de la bravucona amenaza que supone su mera mención. Occidente, encabezado por una voluntarista pero maniatada UE, y un poderoso pero muy silencioso EEUU, apoya al nuevo gobierno que va surgiendo poco a poco en Kiev, pese a que mantenga serios recelos de los muchos ultranacionalistas ucranios, de tintes totalitaristas y xenófobos, armados y peligrosos, que se están infiltrando en los movimientos de protesta, y en todo caso rechaza la posibilidad de que se produzca una escisión de Crimea o, aún peor, una partición del país en dos mitades, una occidental o y otra rusa. En medio de este escenario tan complejo y volátil apareció ayer en los medios el destituido presidente Yanukovich, refugiado en una ciudad rus cercana a la frontera de Ucrania, defendiendo su antiguo poder, autoproclamándose como el único y legítimo presidente del país, y anunciando que hoy otorgará una rueda de prensa ante los medios internacionales en la que contará que es lo que, en su parecer, ha pasado en Ucrania estos días. Es poco probable que de explicaciones sobre su abultado tren de vida, su afán de posesión, el dinero que él y su familia han robado a los ucranianos a lo largo de estos años y las órdenes que dio para sofocar, de manera violenta, a tiros, la revuelta de Maidan, pero su aparición, sostenida por Moscú, añade inestabilidad a un conflicto que, a medida que avanzan los días, se vuelve más incontrolable e impredecible.

Así que este es el panorama. Un país sometido a fuerzas revolucionarias enfrentadas entre sí, con una economía al borde de la bancarrota, una corrupción galopante y extendida por todos los niveles del estado y de la sociedad civil, con tensiones territoriales, étnicas y nacionalistas por doquier y con la intervención, más o menos velada, de todas las potencias internacionales. A lo largo de esta semana muchas de las expresiones que jalonaban los artículos de la era de la guerra fría han vuelto a aparecer en los medios, antes impresos, hoy digitales, en una especie de extraño e inquietante revival, pero con una tendencia a calentarse muy acelerada. Es imposible saber lo que pasará hoy en Ucrania, aventurar el mañana es una fantasía.

Subo a Elorrio este fin de semana y me pillo el Lunes. Abríguense, ojo con la lluvia y hasta el Martes si no sucede nada extraño.

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