miércoles, abril 09, 2014

El problema de la consulta independentista catalana


Si se fijan y siguen habitualmente este blog, cosa que les agradezco muchísimo, alabando de paso su santa paciencia, verán que, pese a dedicarme a comentar temas de la actualidad, hay algunos de ellos a los que he prestado muy poca atención, casi ninguna, pudiera ser. El asunto catalán, la consulta independentista y todo lo que gira en torno a ella es uno de esos. No por falta de interés, que lo tengo, ni por minusvalorar el problema que supone, importante, de fondo y extremadamente complejo, sino por pura pereza y hastío ante el discurso nacionalista que, en esta ocasión, enarbola una bandera de varias barras, a veces estelada, otras no.

En la sesión del Congreso que tuvo lugar ayer se rechazó, con los votos de PP, PSOE y UPyD la proposición del Parlamento de Cataluña para que se le cediera la competencia de organizar consultas, de tal manera que fuese legal llevar a cabo el referéndum anunciado para el 9 de Noviembre. El debate fue largo, intenso, educado y con discursos de fondo, que seguramente no decepcionó a los que lo siguieron (yo lo hice cuando podía, en una tarde laboral larga) y del mismo se puede sacar, como conclusión, que todo sigue igual. Los nacionalistas catalanes siguen defendiendo la necesidad de la consulta y cada vez que hablan, como lo hacen los nacionalistas vascos, lituanos, ucranianos y e cualquier otra región, se arrogan la representación de la colectividad a la que pertenecen. Un nacionalista habla siempre en nombre de la única e indivisible figura de su nación soñada, sea esta la que sea, y le dan igual los ciudadanos que residen en su territorio, que pueden querer a esa nación, amarla, odiarla o serle absolutamente indiferente. Este es uno de los rasgos distintivos del nacionalista, y en España lo sabemos bien, tras décadas de sometimiento a un nacionalismo que, en nombre de una España soñada, se dedicó a destruirla y con ella a sus ciudadanos. Pese a la derrota, la posterior aparición televisiva de Artur Mas, que tenía que haber venido al Congreso a defender su propuesta, como sí hizo Ibarretexe en 2005, y que no vino por cobardía, tactismo o vaya usted a saber, vino a decir que todo sigue igual, y que si ayer se cerró una puerta ya abrirá él otra. Al discurso nacionalista se han sumado los grupos de izquierda locales, en una nueva muestra de irracionalidad, porque uno puede suponer que el nacionalismo, que se basa en presuntos agravios de escasa base y fundados egoísmos fuera más propio de una postura, digamos, de derechas (y viendo por ejemplo la ideología y base del PNV y CiU se comprueba que así es) mientras que la izquierda, por definición, busca el progreso de los desfavorecidos, acabar con los privilegios de clase y la internacionalización de sus ideas. Un izquierdista nacionalista es un sinsentido, algo completamente absurdo, como un conductor ciego o un mudo parlante. Sin embargo en España se da a menudo la conjunción de ambos factores, cosa que sigue sombrándome. El propio PSOE vive un desgarro interno, no sólo en Cataluña, entre una corriente abiertamente nacionalista, allá donde se encuentre, y un espíritu federal pero de carácter nacional, y esas dos almas tensionan mucho al partido y le obligan a veces a realizar ejercicios de contorsionismo en los que muestra un absurdo similar a las indemnizaciones diferidas de Cospedal. Ayer Rubalcaba expuso un discurso que, en el fondo, era el mismo que Rajoy, pero que en la forma trataba de calmar a esa corriente con la idea de la España federal, que tiene sus pros y sus contras, pero que nadie ha sido aún capaz de articular en una propuesta en la que se recoja el diseño, estructura y atribución de competencias de la misma. Y sin garantías de que los nacionalistas fueran a conformarse con ella. Por abreviar, el debate fue interesante, el resultado el previsto y, en general, la situación sigue donde ayer estaba.

Les he comentado antes que el nacionalismo, sobre todo, me produce pereza. Y es verdad. Y Europa es una fábrica de perezas en la que Cataluña, Euskadi, Bretaña, Padania, Escocia, Flandes, Lombardía, y otros muchos territorios mantienen abiertas disputas nacionalistas en las naciones en las que ahora se encuentran, volviendo a resucitar viejas historias de división y enfrentamiento entre europeos, que es lo que se ha vivido en este continente a lo largo de tantos y tantos siglos. En un mundo en el que las barreras caen gracias a la tecnología, y en el que la integración política crece para poder competir frente a actores de la talla de EEUU o China, la emergencia nacionalista en los pequeños y cada vez más insignificantes países de Europa me da pena pero sobre todo, sí, me genera una enorme sensación de pereza.

No hay comentarios: