jueves, abril 03, 2014

Mario Draghi y la deflación


Sospecho que al leer el título los 3,4 seguidores de media que me siguen al día se habrán reducido instantáneamente a menos de la mitad, y cuando les confirme que el tema del día es, efectivamente, la decisión que pueda tomar hoy Don Mario y el contexto económico en el que nos movemos, temo que me habré quedado sólo. Pero no me queda más remedio que hacer ciertos apuntes sobre la reunión del BCE, de qué alternativas dispone y si la coyuntura actual le otorga al emisor monetario muchas o pocas vías de actuación para, esto es lo importante, apuntalar el crecimiento económico que estamos viviendo. Esperanzador, pero frágil. Ilusionante pero débil y problemático.

Más allá de los mensajes, que son muy importantes, Draghi se enfrenta a una de las amenazas más graves, y de las que más miedo generar entre los economistas, y no es la inflación, sino su prima bastarda, la deflación. En estos momentos el mundo occidental se encuentra en una situación de contención generalizada de los precios, y en concreto Europa está bordeando esa palabreja, que se puede definir como la reducción sostenida en el tiempo de los precios, justo a la inversa de la inflación, que no hace falta ni definirla porque todos lo sabemos y la sufrimos. ¿Es verdad que estamos en deflación? Pues como casi todo en la vida, depende. En España el último dato publicado por el INE, correspondiente a Marzo, mostraba una variación interanual del -0,2%, negativo, bajada de precios. Este valor ha suscitado mucha polémica, porque si cuando el IPC sube nadie discute que la vida cada vez es más cara, cuando baja las voces discordantes se multiplican, afirmando que el IPC no recoge bien determinados precios que sí suben y que está enmascarando una inflación real que en el día a día notan los consumidores en sus bolsillos. Lo cierto es que llevamos varios meses de tasas impositivas que no han variado, de descensos en los precios de la energía (fíjese en su gasolinera más cercana y haga memoria) factor volátil que se suele contabilizar aparte, pero que usted y yo pagamos sí o también, y que las ofertas se suceden en productos de consumo y ocio. La inflación subyacente, al de fondo, que excluye los energéticos y los alimentos frescos, que son muy volátiles, está muy baja y estable, y si es complicado decir que sí estamos en deflación, hay consenso en afirmar que vivimos una etapa de nivel de precios “demasiado bajos”. Las bajadas de precios, que a primera vista pueden sonar como algo atractivo y deseable, son muy peligrosas, porque suponen en el fondo un freno al consumo (para que voy a comprar algo hoy si mañana se que me va a costar menos) una erosión en los márgenes de beneficio de las empresas (que son los que permiten contratar e invertir) y, muy importante, un aumento de la carga de la deuda, lo que para sociedades ahogadas en deuda como la nuestra es fundamental. En efecto, las deudas, contraídas en un momento dado a un valor dado de X euros, se ven minoradas de manera natural por la inflación, dado que la cuantía X inicial no varía y los precios y salarios que tenemos en el día a día tienden a crecer en condiciones de inflación, reduciendo el valor de la deuda. La inversa también es cierta, manteniendo esa deuda X constante, bajadas de precios y salarios hacen que el valor relativo de la deuda se incremente, y por ello el pasivo crezca de una manera descontrolada. Y eso es peligroso, y en nuestra coyuntura, más. El gremio de economistas se divide ahora mismo entre los que demandan más inflación, con ayuda del BCE, por supuesto, para aliviar la carga de la deuda en determinados países como el nuestro, y que de paso sirva de estímulo para el consumo, y los que dicen que los precios muy bajos son sanos, porque muestran que la economía española ha cambiado de manera estructural, ha efectuado una devaluación interna real y que las ganancias de competitividad que de ello se generan permitirán aumentar los ingresos y cubrir las deudas sin recurrir al fantasma de la inflación.

Y como siempre, ambas posturas tienen algo de verdadero. Nos vendría bien un poco de inflación, cerca de ese objetivo clásico del 2% anual, pero con cuidado de no cebarla para que se dispare en un momento dado, y debemos mantener un esfuerzo de reformas que mantenga las ganancias de competitividad que esa devaluación interna, que sí se ha producidos, y la deflación es una forma de reflejarlo, nos ha proporcionado. Hoy son muchas las voces que presionan a Draghi para que mueva ficha para apoyar la primer de las posturas mencionadas, y está por ver si lo hará o decidirá esperar un poco más hasta determinar si estos precios “bajos” son algo pasajero o han venido para quedarse. La solución, hoy en Frankfurt a las 13:45.

No hay comentarios: