viernes, abril 04, 2014

Yo, que sí tengo los ocho apellidos vascos


Es impresionante, y me alegra mucho, el éxito cosechado por la película “8 apellidos vascos” que está dejando asombrados a sus creadores, crítica y analistas de todo tipo. Construida como una comedia costumbrista a base de tópicos, su estreno fue bueno, pero ha logrado tras tres semanas en cartel aumentar la recaudación en cada fin de semana respecto al precedente, algo insólito, y logrando marcas de ingresos y de asistencia de personas a las salas que son de récord. Ya es una de las películas españolas más taquilleras y más vistas de todos los tiempos, y aún le queda un gran recorrido comercial. Alucinante.

No voy a hablarles de la película, porque aunque no se lo crean, aún no la he visto, sino de aspectos relacionados con lo que en ella se cuenta, que me los conozco en demasía. Seguramente la cinta consiste en un episodio alargado de “Vaya semanita” la exitosa y valiente serie de la ETB de hace unos años, que rompió el tabú sobre el humor en la política vasca y, en general, sobre todo lo que tenga que ver con lo que allí pase. Se dice, con razón, que los vascos tenemos un sentido del humor recóndito y sombrío, como un pinar local. Y es cierto. Existe ese sentido del humor, como en todas partes, pero la expresión pública del mismo se ha visto, hasta hace poco, como algo irrespetuoso, ofensivo, indigno. Todo es demasiado serio, trascendente, importante, sagrado, ancestral, y no se pueden hacer chistes sobre ello. Hubo un intento, si no recuerdo mal, en los años noventa, de hacer una serie de tiras cómicas en la ETB a semejanza de los guiñoles del Plus, que en aquella época tenían un gran éxito. Recuerdo que se llegó a emitir algún episodio, pero la iniciativa fue cancelada rápidamente, aduciendo excusas sobre que no estaba el horno para bromas y que no se pueden hacer chistes sobre ciertas cosas, cuando ciertas cosas en el País Vasco es casi todo. “Vaya Semanita” supuso una revolución, fue algo transgresor, pero de verdad, no como ahora, que se utiliza ese término para calificar a una adolescente que busca poner cachondo a su público para ganar más dinero. No, transgresor de verdad, que rompió normas muy consolidadas en la rígida y anquilosada sociedad vasca, y que amparado en una época de tregua, sin muertos, osó a meterse con el nacionalismo, con el constitucionalismo, y con los etarras, a reírse de ellos y de su panda de socios, secuaces que, si no fuera por las pistolas, darían tanta risa que nadie se los tomaría en serio. En su momento hubo muchas críticas a ese programa, no sólo del intocable mundo batasuno, que siempre se ha creído más allá del bien (lo está) y del mal (que es donde vive) sino del nacionalismo de toda la vida, el que impregna la calle y vela porque las costumbres que, rígidamente, comprimen a la sociedad, se mantengan. En este sentido el País Vasco siempre ha sido un lugar paradójico, donde el emprendimiento empresarial, la innovación y el desarrollo tecnológico conviven codo con codo con una forma de ver la vida arcaica, retrógrada, centrada en ideas falaces basadas en la sangre, al tradición y la eterna historia, mítica y falsa, dominado todo ello por un cristianismo viejo, de sacristía de pueblo, de beatismo incesante, pero de (casi) nulas raíces humanistas y compasivas. De ahí en parte el papel jugado por la iglesia en todo lo relacionado con ETA, a lo que me refería la semana pasada. Así, “ocho apellidos vascos” también le da un buen golpe a todo eso, se ríe de ello. Y ha recibido críticas muy duras por parte del Gara (que se fastidien) pero no sólo. En un mismo medio digital se pueden leer críticas muy dispares, como esta, que no le ha gustado nada, y esta otra, que comparto, y que la alaba. Y sobre todo, ha sido bendecida por un éxito de público en todo el país que demuestra lo sano, contagiosa y limpio que es reírse de uno mismo.

Y sobre el tema del ligue, que en la película se muestra en el sentido inverso, mi experiencia personal no sirve como modelo para otras personas, afortunadamente, pero doy fe de que tener ocho apellidos vascos no sirve en absoluto para encandilar a las féminas, que ligar con una chica vasca es tan difícil como cuenta el tópico (diría que imposible) y que hacerlo con una no vasca resulta más o menos igual de complicado, aunque es cierto de que es más fácil fracasar con ellas mientras te miran con una sonrisa en la cara, palabras agradecidas y peinado suelto y desmelenado. A ver si algún día me afinco junto a la Torre del Oro y doy rienda suelta a los tópicos, y me río con, y de ellos….

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