martes, febrero 24, 2015

Terremoto en Madrid

Normalmente, y por fortuna, usamos el concepto de terremoto en el sentido más metafórico para referirnos a rupturas o grandes cambios, especialmente políticos o económicos, causados por nuevas o antiguas fuerzas. Podemos provoca un terremoto en la política española, o el temblor causado por Grecia se expande, como una onda sísmica, por toda la UE. Símiles más o menos afortunados que tienen su raíz en la sensación, difícil de expresar, que supone el haber vivido un temblor de tierra, que por ser algo antinatural (el suelo no se mueve) supone una experiencia que siempre se recuerda con sabor amargo, cuando no asociada a destrozos y muerte.

Ayer por la tarde, a las 17:16, un terremoto que tuvo lugar en Ossa de Montiel, Albacete, a unos 10 kilómetros de profundidad, y con una magnitud estimada de 5,2 en la escala de Richter, se pudo sentir perfectamente en todo el centro de España, y desde luego en Madrid, y eso ya saben que otorga relevancia mediática a todo lo que sea. Yo estaba en la oficina a esa hora, en mi piso, uno de los más altos de una de las torres del Paseo de la Castellana, a unos 85 metros del suelo más o menos, desde la que disfruto de unas vistas hacia el sur que me alimentan para poder seguir día a día haciendo mi trabajo, que no se crean que es maravilloso. Lo cierto es que estaba enfrascado en el ordenador con varias ventanas de Excel abiertas mirando unos datos, cuando sentí un movimiento raro que empujaba todo hacia un sentido, seguido después de otro bandazo, más intenso aún, en el sentido contrario. En mi edificio estamos de obras, transformando las plantas de su actual y horrendo diseño y panelación setentero a un nuevo espacio diáfano y más moderno, por lo que llevamos una temporada sintiendo golpes y vibraciones fruto de los trabajos, pero ese movimiento de ayer no tenía nada que ver con eso. A mi me pareció desde un principio que se trataba de un terremoto, pero siempre hay una duda razonable, dado que eso es lo menos probable que puede llegar a pasar. Sin embargo otros compañeros de trabajo, que también se pusieron de pie y movieron en busca de explicaciones, llegaron a la misma conclusión. “Eso” no ha sido provocado por las obras, ha sido un terremoto. Me metí en twitter y escribí que la sensación era la de haber sufrido un terremoto en pleno Madrid, aún con cierta extrañeza, pero a los pocos minutos de colgar esa expresión vi como las referencias de muchos usuarios a un temblor que había sucedido hacía pocos minutos inundaban la red, en medio de mucho asombro, incredulidad y cierto respeto. A medida que pasaba el tiempo se iba confirmando que ese movimiento era, en efecto, un terremoto, el tercero que he vivido en mi vida, al menos que yo haya sido consciente de ello, y la información sobre el epicentro e intensidad se iba concretando. El paso del tiempo y, afortunadamente, la nula incidencia en lo que hace a víctimas y destrozos, hizo que el temor inicial derivase al cachondeo, no se si terapéutico o no, y lo que hasta hace pocos minutos era un continuo de mensajes de sorpresa y alivio porque no había pasado nada se transformó en una catarata de chistes, memes, imágenes y bromas, algunas ingeniosas, muchas subidas de tono, que se propagaban por la red a una velocidad mucho mayor a la que lo habían hecho las propias ondas sísmicas, convirtiendo al seísmo en algo viral, en lo que no deja de ser un hecho reseñable y bastante absurdo, aunque dado que, ya confirmado, no ha causado ni víctimas ni daños, se puede entender.

¿Cómo es vivir un terremoto en primera persona? Sobre todo, extraño. Mis tres experiencias, dos de ellas en Madrid, la primera la más intensa de todas las experimentadas, me dejaron la sensación de vivir algo sin sentido, sobre todo porque el que el suelo se mueva convierte a uno de esos supuestos que permiten anclar la vida en algo que, de repente, se suelta, y genera mucha inseguridad, física desde luego, pero luego, con el tiempo, emocional. Las cosas que suponemos fijas y eternas no tienen por qué serlo, y un temblor nos lo recuerda de una manera sorpresiva, brusca y sin capacidad de respuesta. No es una experiencia agradable, la verdad.

No hay comentarios: