viernes, febrero 12, 2016

¡¡Einstein, hemos visto tus ondas gravitacionales!!

Ayer, en el día en el que la guerra de Siria siguió su curso hacia la nada, mientras algunos refugiados se ahogaban en el agua y el olvido, en el transcurso de la mayor caída del Ibex35 en tiempo, que lo lleva a la crisis bursátil, y de ahí a la general, entre el desgobierno patrio y otra corruptela más en el PP, y quizás durante otro nuevo y garrafal error del no Ayuntamiento de Madrid, científicos de varias nacionalidades realizaban un descubrimiento asombroso, verificaban la existencia de ondas gravitacionales y, cien años después, nos obligaban a ponernos a todos, otra vez, de rodillas delante del intelecto de Albert Einstein, que ya las describió hace un siglo.

Es un poco complicado explicar esto, y seguro que de mientras lo intento cometo enormes errores técnicos y conceptuales, por lo que si me lee alguien experto en la materia confío en que me disculpe. El fenómeno en sí es sencillo de entender si pensamos en un mundo diferente al que acostumbramos. Si sustituimos el vacío del espacio, esa negrura insoldable que nos rodea, y lo convertimos en una estructura, un tejido de espacio tiempo, un “aire” en el que todo se mueve, desplaza y actúa, el fenómeno es casi intuitivo de explicar. Hace pocos miles de millones de años un par de agujeros negros, de masas decenas de veces superiores a nuestro sol cada uno de ellos, que orbitaban uno en torno al otro (un sistema doble) acabaron colapsando y uniéndose en un único agujero negro, mayor. La masa de este agujero negro nuevo no era exactamente la suma de las masas de los pequeños, sino algo menor, y esa masa perdida se transformó en energía, generadora de las ondas gravitacionales. Al contrario que otras radiaciones, como la luz o cualquier otra del espectro electromagnético, que se desplazan en el tejido espacio tiempo (ese “aire” al que me refería) las ondas gravitacionales son fluctuaciones de ese mismo tejido, un movimiento físico del mismo generado por cualquier fenómeno en el que la gravedad esté presente, de una intensidad ínfima, y creciente cuanta mayor es la gravedad y energía generada por ese fenómeno. Imagínense un estanque. La luz del sol atraviesa el agua y gracias a ella podemos ver el fondo, pero el agua está quieta. Ahora arrojamos una piedra al estanque. Vemos que el agua se mueve, genera ondas físicas sobre la superficie que se transmiten y llegan hasta nosotros y mucho más allá. Ahora piensen en esa agua del estanque como el tejido espacio tiempo en el que nos encontramos. Toda radiación corre a través de él, como la luz en el agua, y eso nos permite “ ver” el universo en forma de luz visible, radio, microondas, etc. Y ahora imagínense la onda generada por esa fusión de agujeros negros a la que antes me refería, que hace que el espacio tiempo, el agua, fluctúe, se ondule, se mueva. Esa es la onda gravitacional. Se desplaza a la velocidad de la luz y tiene una intensidad muy muy muy débil. Es por ello que ha sido necesario invertir bastante dinero y tecnología en un proyecto, el LIGO, en el que la precisión del instrumental ha sido la suficiente como para captar el fenómeno. En el modelo de la relatividad general de Einstein las ondas gravitacionales aparecen como una de las consecuencias del mismo, pero el concepto de las mismas y su bajísima intensidad teórica las convertía en algo con escasas posibilidades de ser imaginado y, menos aún, medido. Hasta ayer. Ayer lo pudimos medir por primera vez, y demostrar así que el genio, el maestro, Einstein, volvía a acertar. Es fascinante.

Este descubrimiento abre las puertas a todo un mundo de la astrofísica, porque al igual que Galileo cuando inventó el telescopio (haciendo uso de la luz) o cuando el descubrimiento de la radio y otras frecuencias permitió el nacimiento de la radioastronomía, desde ayer se puede empezar a explorar el universo a través de las ondas gravitatorias. Como niños en la orilla, podremos medir el “mar de fondo” que la gravedad genera en lugares a los que nuestros ojos y antenas no pueden llegar. Es como si nos hubieran dotado de un nuevo “sentido” al cuerpo para “ver” de otra manera. Ayer fue un día histórico para la ciencia. De verdad. Y es, en medio de las noticias que en el día a día nos pueden y derrotan, un motivo de celebración.

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