jueves, noviembre 28, 2019

Vox no condena la violencia


Fue muy desagradable la escena que se vivió el lunes en el ayuntamiento de Madrid en el marco del acto de condena a la violencia de género que se celebró con motivo del día internacional que lucha contra esta lacra. Allí, el representante de Vox en ese consistorio, Javier Ortega Smith, aprovechó su turno de palabra para soltar una de sus habituales soflamas negacionistas, y una víctima de esa violencia, que lleva años en silla de ruedas, se enfrentó a él. Esa escena, reitero, muy desagradable, me recordó en fondo y forma a lagunas vividas en el País Vasco durante décadas, y es que, aunque no se lo crean, no dista demasiado la actitud de Ortega Smith de la exhibida por violentos y sus socios allá arriba, que se dice ahora.

Lo que hico el portavoz de Vox es lo que se puede denominar como huida por elevación, y sus maestros en el uso y rentabilidad de ese sucio argumentario son los batasunos, que siguen día a día, desde hace décadas, sacando partido a esta sucia táctica. Cuando se cometía un atentado terrorista por parte de ETA y se buscaba emitir un comunicado de condena Batasuna siempre rechazaba sumarse porque ellos condenaban “todas las violencias” no expresamente esa que había tenido lugar. En esa expresión entrecomillada, en apenas esas tres palabras cabe toda la vileza imaginable. Batasuna era ETA, y hoy en día sigue defendiendo su legado. Cuando ETA actuaba lo hacía Batasuna, contando para ello con su respaldo táctico, moral, logístico y operativo. Y claro está, era imposible que una parte de la banda condenase lo que había hecho otro grupo asociado. Cuando había atentados Batasuna se regocijaba, lo celebraba, a veces de manera explícita brindando por ello, siempre en privado, y en esas tres míseras palabras se esconde el desprecio hacia la víctima y los suyos que los batasunos mostraban siempre, y aún hoy siguen mostrando, dado que son muy escasos los arrepentidos en ese mundo. Esa táctica de elevación es utilizada, en general, por todos aquellos que consideran que la violencia puede ser justificable para defender sus postulados, y ante actos de naturaleza violenta que puedan incriminarles o asociarles tratan de escurrir el bulto, mostrando de esa manera su apoyo a los atacantes pero de una manera que no pueda afectarles legalmente. Lo vemos a diario en Cataluña, donde el independentismo festeja los actos violentos de CDRs y otros grupúsculos, y evita en todo momento condenarlos porque se dan en un “contexto de violencias que rechazamos” u otras frases tan vacías como esas. Le sucede a Podemos cuando surge el tema de Venezuela, que le afecta de pleno, y se escapa de ese asunto acudiendo al marco de violencia general que se vive en Latinoamérica para no reconocer que la represión que ejercen los chavistas, sus socios en aquel país, contra los opositores es violencia sistemática y organizada. Es una estrategia a la que acude la extrema derecha europea cada vez que se reabre el tema del antisemitismo y el holocausto de la II Guerra Mundial. Aún quedan sádicos negacionistas, pero como eso está muy mal visto los adoradores del mal encarnado en el nazismo usan esta otra vía, más suave, pero igualmente repugnante, para enfangar un abyecto crimen en una época de violencias mutuas y cruzadas, con el objeto de diluir la carga del horror cometido. Y es lo mismo que Ortega Smith y el resto de dirigentes de Vox hacen cuando, ante la violencia de género, se escudan en otras violencias para no condenarlas. Desde su altura física, desde su porte, Ortega Smith dice unas palabras, pero lo que quiere expresar, lo mismo que todos los ejemplos que he citado anteriormente, es un claro “que se jodan” a todas las víctimas, lamentando que la violencia empleada no haya sido la suficiente para que callen del todo y para siempre, porque el violento, en el fondo, busca la eliminación del opositor, y su silencio total es su exterminio. ETA y Batasuna eran maestros en esto, el resto, peligrosos aprendices.

Lo cierto es que tampoco debiera sorprendernos que Vox mantenga un discurso de este estilo, dado que la mayor parte de sus propuestas salen no del baúl de los recuerdos, sino de un angosto y maoliente túnel del tiempo pasado. Además, muchos de los socios de Vox también mantienen ese discurso misógino, destacando la Rusia de Putin, ese régimen que apoya a todos los extremistas europeos que luchan contra la libertad. En Rusia lo de pegar a las mujeres y someterlas es algo que incluso se ha ido despenalizando en los últimos años. Calladas, quietas y sometidas las quiere Putin, y los de Vox (no sólo ellos) miran con envidia cómo se las gasta ese hombre fuerte, y claro, la envidia les puede.

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