lunes, noviembre 16, 2009

2012

El sábado fui a ver la última película de Ronald Emerich, un director acostumbrado a tener con enormes presupuestos y destruirlos. 2012, que ese es el título de la película, debe contar, por lo visto, con uno de los mayores presupuestos nunca reunidos y consigue destrozarlo todo. Si en ocasiones anteriores Emerich hacía que un dinosaurio arruinase Nueva York, o unos alienígenas algunas ciudades, o el cambio climático parte de Norteamérica, esta vez no se ha andado con chiquitas y, directamente, destruye el mundo. Así, todo. Pum.

La película basa su argumento en una profecía Maya que anuncia el final del mundo para el 20 de Diciembre de 2012, dentro de tres años, con motivo de una alineación estelar que se producirá enrola Tierra y otra serie de planetas contiguos. Cogiendo esto como excusa, el argumento desarrolla una inverosímil causa que genera inestabilidad en la corteza terrestre y a partir de ahí se organiza el infierno. De lo poco geológicamente creíble que ahí en la cinta está el hecho de que Yellowstone, el parque del oso yogui, es un gigantesco volcán durmiente, y que el día que reviente se va a organizar una buena. También es verdad que California se asienta en un terreno peligroso, por llamarlo de alguna manera, y que el terremoto esperado, el llamado “Big One” puede ser devastador, y sucederá algún día, puede que en los próximos treinta o cuarenta años. El resto es una montaña rusa de carreras, destrozos y emociones elevadas a un grado superlativo en la que los protagonistas se salvarán milagrosamente, como manda el esquema clásico, aunque es cierto que existe una cierta eliminación de personajes algo más salvaje que en otras películas del género. Todo funciona como una gigantesca montaña rusa en la que, si te montas, la emoción y la velocidad están aseguradas, aunque la búsqueda de contenidos estéticos o artísticos no es lo que más satisfacciones otorgará, desde luego. La cinta entretiene, que para eso está, y no le den muchas más vueltas. En el fondo es un espectáculo a la antigua usanza, que retoma el género de catástrofes que tuvo mucho éxito en los setenta, una época en la que el cine empezó a verse muy amenazado por la televisión y por la crisis económica, que animó a mucha gente a quedarse en casa y no ir a las salas. ¿Solución? Sobredosis de efectos especiales, espectáculo y circo, que se plasmó en películas como las de la saga aeropuerto, terremoto, El coloso en llamas, etc. En todas ellas el argumento es similar. Se colocan una serie de personajes, esbozada su presentación en el marco en el que vana tener lugar los acontecimientos dramáticos, sea un avión, un edificio o una ciudad. Algunos de los personajes tendrán relación entre ellos previamente y otros no. Se desencadena la tragedia y ante ella los personajes actúan de manera sincera, algunos son héroes, otros villanos, el público desea la salvación de unos y la muerte de otros, y finalmente, con algunas bajas mediante en el reparto original, se vuelve a la luz y se hace un balance moral de lo vivido, justo cunado el presupuesto del film ya está completamente chamuscado, en algunos casos literalmente.

¿Tiene 2012 algunas particularidades? Sí. Presenta a un clásico héroe deslavazado, que logra recomponer su familia desestructurada gracias a que salva a medio planeta (ya se sabe lo difícil que es convencer a una mujer a veces) pero sus puntos sí tiene. Los americanos, que son puestos como insolidários y egoístas, no son los héroes como nación, sino que el final de la acción se desarrolla en la salvadora...China, y el Vaticano es destruido, cosa que ni Dan Brown se atrevió a hacer. Y por cierto, no aparece en pantalla la destrucción de ningún monumento islámico, no vaya a ser que la película empiece a hacerse realidad en la carne de sus productores.

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