miércoles, febrero 13, 2013

Benedicto XVI y la renuncia del poder


Sigamos con el asunto de la renuncia o dimisión del Papa, pero desde una visión muy mundana. Si nos fijamos un poco lo que ha hecho Ratzinger es totalmente excepcional, no sólo en el plano histórico y religioso, sino también en el humano y político. Investido de la máxima autoridad en su mundo, coronado como Rey por los suyos, Ratzinger ha tomado la decisión más difícil que un hombre poderoso puede adoptar, que es la de renunciar a ese poder. Utilizar su poder para deshacerse de él, algo insólito y que requiere mucho más valor que el necesario para encumbrarse en el olimpo.

Y es que las tres ambiciones que mueven al hombre en el mundo, sexo, dinero y poder, muchas veces se solapan de tal manera que la posesión de una de ellas abre las puertas de las demás. En estos tiempos en los que vivimos es el dinero el gran hacedor, y su tenencia garantiza poder y sexo a raudales. En épocas pasadas era el poder, el dominio sobre el territorio y los hombres conquistado mediante la fuerza, lo que otorgaba el resto de prebendas. Esto es muy fácil de ver si uno se fija en la época medieval, o sigue la serie de Juego de Tronos. Allí la fuerza bruta y la capacidad de cortar la cabeza de tus enemigos es lo que te hace mantenerte en el poder. Y obviamente renunciar al poder es algo que está proscrito, entre otras cosas porque conseguirlo es el gran objetivo de la vida y por el que se han hecho todos los sacrificios imaginables. Sin embargo la renuncia del poder es algo que está en el fondo de muchas novelas e historias, en las que la moraleja fundamental se basa en que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente, y la liberación del hombre se encuentra en la renuncia al poder. Más allá de las obras de Shakespeare, maestras en esta y otras facetas de la condición humana, y para usar un ejemplo conocido por todos, El Señor de los Anillos es un libro maestro en este aspecto. Allí el poder maléfico se encuentra encarnado en ese anillo que todos desean poseer, y buscan con ansia, pero su portador, al que le ha caído en gracia, desea por encima de todo librarse de él. A medida que avanza la historia el poder del anillo empieza a destruir el armazón moral del portador, le contamina, le engaña, le tienta, y el deseo de poseerlo empieza a anidar en su corazón. Realmente el camino de Frodo a Mordor es el de la perdición del alma del hobbit ante la tentación del poder oscuro, y de la lucha que desgarra su interior cada vez con más fuerza. Es importante notar que ni Frodo al final de la historia, ni Bilbo al principio, pese a ser personajes nobles, renunciaron al anillo de poder por sí mismos, fueron forzados por otros, porque el poder ya había arraigado en ellos. Afortunadamente para ellos acataron el mandato (o no tuvieron más remedio que hacerlo) y no plantaron batalla, y así salvaron su alma y vida, pero lo que vemos en la vida real es que nadie renuncia al poder sin luchar por él, sin matar, sin arrasar el dominio que posee buscando no perderlo. La historia de las cajas españolas en la crisis financiera muestra hasta qué punto el ansia de poder de sus dirigentes las ha llevado a la ruina, y la mayor parte de las guerras que contemplamos hoy en día, Libia el año pasado o Siria ahora mismo, no son sino ejemplos palmarios de luchas fratricidas por conservar el poder por parte de aquellos que ya lo han perdido en parte, pero que no son capaces de renunciar a él. El destino habitual de los que no son capaces de desprenderse del poder, de los que plantean batalla frente a su destino, suele ser la muerte, cruel y vengativa, por parte de quienes se lo arrebatan.

Por eso, entre otras muchas cuestiones, el gesto de Ratzinger es excepcional. El monarca de la iglesia, el Rey coronado, renuncia al trono y muestra al mundo como la negación del poder es posible. Para dictadores, enarcas, adoradores de poltronas, inmovilistas y usurpadores de moqueta el mensaje que ha lanzado Ratzinger es letal, porque si el Papa, el vicario de Cristo en la tierra, puede renunciar e irse, qué excusa puede poner para no seguir una actitud similar un dictador como Castro, una ministra como Mato o un dirigente como Asad, por poner unos nombres, cuando ellos son y representan mucho menos? Ratzinger ha mostrado ser el más poderoso de los hombres de nuestro tiempo, porque ha arrojado el anillo de poder a los fuegos del destino por su propia voluntad. Si, señores, Historia de la de verdad.

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