martes, febrero 12, 2013

La histórica renuncia de un Papa


¿Qué es un hecho histórico? Si hacemos caso a los seguidores del deporte, histórico es el resultado de un partido de esos “del siglo” que se produce más o menos cada dos semanas. Para los cronistas políticos histórico es el resultado de cada elección, transcurra entre ellas cuatro años o cuatro meses, y así podríamos encontrar numerosos ejemplos de cómo hemos degradado este adjetivo hasta dejarlo vacío de contenido y significado. Cuando todo es histórico ya nada lo es, y ese es el riesgo de vivir tan pegados al día a día como lo hacemos, carentes por completo de perspectiva.

Por ello, ¿cómo se puede calificar el hecho de que un Papa renuncie al pontificado, cosa que sucedió por última vez con Gregorio XII en 1415? Si esto es histórico, que lo es, todo lo anterior es trivial y mundano, que lo es. La noticia de la dimisión, renuncia o abandono de Ratzinger del trono del Vaticano conocida ayer fue una bomba, una sorpresa total, algo que nadie tenía previsto, la perfecta definición de ese evento que desde su definición en el libro de Nasim Taleb se denomina “cisne negro”, un evento altamente improbable no previsto en absoluto y de potencialmente grandes consecuencias. El cisne negro ayer iba vestido de blanco y conmocionó al mundo. ¿Por qué renuncia Ratzinger? En su alocución en latín, justifica el abandono por no encontrarse con las fuerzas necesarias para continuar su labor. Frente al sacrificio vital que ofreció Juan Pablo II hasta su muerte, Benedicto XVI opta por una postura racional de servicio y de renuncia cuando ese servicio no puede ser ofrecido con garantías. Es coherente, pero creo que incompleto. Creo que Ratzinger se va físicamente tocado, pero moralmente hundido. Ya hace un año, cuando estalló el escándalo del Vatileaks, el robo de documentación y las conspiraciones infinitas que acechaban el papado, muchos escribimos que nos daba la sensación de que el Papa era más un rehén de la curia que su dirigente. Desde el principio de su mandato he tenido la percepción de que Ratzinger no estaba a gusto vistiendo la mitra papal, y que a mediad que pasaban los años esa sensación era creciente. Él, un hombre reflexivo e intelectual, se encontraba de pronto en medio de la batalla de poder que se vive desde hace cientos de años en los pasillos de un Vaticano que, si fue iglesia en el pasado, hace mucho que lo ha olvidado. De entre los graves problemas que Ratzinger ha tratado de afrontar estos años de papado ha habido dos que han mostrado claramente hasta qué punto su mandato menguaba de poder día a día. Uno es el de los escándalos de pederastia, asunto vidrioso y que durante años fue tratado a escondidas con ánimo de ocultarlo y evitar responsabilidades. Benedicto XVI adoptó una postura valiente, tratando de permitir que los tribunales civiles fueran competentes, como deben serlo, a la hora de juzgar estos casos de abuso, pero se encontró con grandes grupos de poder interno, empezando por los legionarios de cristo, cuyo fundador Marcial Maciel fue acusado ya en vida de graves delitos sexuales, que a su fallecimiento se confirmaron y quedaron pequeños ante el rosario de pecados que se le atribuyeron. El otro gran problema, menos conocido para la opinión pública, pero a mi entender fuente de todos los males internos del estado vaticano, es la gestión del instituto para las obras de la religión, el banco vaticano, una entidad opaca, oscura y que se encuentra envuelta en todo tipo de acusaciones de fraude, blanqueo de capitales y ocultamiento de patrimonios. En los momentos del Vatileaks pasó desapercibida la dimisión del responsable de la entidad, y su miedo a ser eliminado ante lo que en el banco se escondía y él había visto. En este aspecto Benedicto XVI no ha hecho nada, o no le han dejado.

¿Han sido estos casos, y la sensación de estar rodeado por una camarilla que lo controla e impide actuar, lo que ha llevado a Ratzinger a la renuncia? Es difícil decirlo, pero yo soy de la opinión de que han sido la causa principal de la decisión tomada ayer. Creo que Ratzinger, un hombre bueno, ya no soportaba la situación en la que se encontraba, no podría seguir un día más viviendo en la disyuntiva entre lo que predicaba y lo que veía, y ha optado por la renuncia, el abandono y el ostracismo. Hace falta mucho valor para hacer lo que ha hecho, sea cual sea la causa última. Y desde luego, si hasta el Domingo hizo historia, ayer la escribió con una H mayúscula como no se veía desde hace seis siglos.

2 comentarios:

peich dijo...

Lo que yo comentaba... se va antes de que le envenenen... a la paz monacal, a leer y escribir ¡¡ qué gusto ¡¡

David Azcárate dijo...

Es que la gestión de un gran proyecto puede ser tan extenuante... Gracias