viernes, febrero 01, 2013

Rajoy ante sus horas decisivas


Lo primero que hay que hacer en estos casos es felicitar al diario El País porque, tras un par de semanas muy difíciles, en las que el error de la portada de Hugo Chávez y el estar a rebufo de El Mundo en el caso Bárcenas le había granjeado malas críticas y caída de ventas, la exclusiva de los papeles de la contabilidad secreta de Bárcenas que publicó ayer fue un bombazo mediático que, entre otras cosas, agotó la edición impresa del diario. Negocio redondo y relevancia absoluta, el máximo deseo del periodista hecho realidad, enhorabuena.

Ahora vayamos a lo relevante, que es el papel de Rajoy en todo esto. La acusación que pende sobre él y muchos otros miembros de la ejecutiva de su partido de haber cobrado dinero en negro es muy grave, tanto que impide que Mariano adopte su habitual táctica de evasión y huida, que en el año que lleva como Presidente se ha demostrado inútil desde todo punto de vista para gestionar los asuntos serios que lleva aparejado su cargo. Lejos de escudarse en Cospedal o en otros cargos, Rajoy debe comparecer en público, habiéndose estudiado muy bien qué va a decir y que no va a decir, y anunciando en esa comparecencia cosas sustanciales, no auditorias amañadas, perdón por la redundancia. Y esas cosas sustanciales son ceses, relevos en la cúpula de un partido que, a ojos de gran parte de la sociedad, aparece manchado, cubierto por la oscura sombra de la financiación ilegal. Es decir, Rajoy debe cortar cabezas en la plaza pública para apagar el incendio que se puede descontrolar en cualquier momento. Si no lo hace, pronto y ejecutivamente, el incendio le devorará. Y eso no es sólo una expresión, sino la constatación de una realidad que ayer aparecía en todos los medios de comunicación del mundo, la imagen de un presidente del gobierno acorralado, abrasado por completo a poco más de un año de celebradas unas elecciones generales que ganó por goleada, con la imagen de un país corrupto, tramposo y endeudado que escalaba posiciones en la escaleta de las portadas a medida que avanzaba el día y con unos titulares cada vez más gruesos y feos. El golpe que sufrió ayer la marca España fue tremendo, y está en manos de Rajoy, y sólo en las suyas, actuar y frenar esta hemorragia. ¿A qué alternativas se expone? Pensándolo ayer por la noche la actual situación me recuerda, salvando las distancias, a Italia en dos épocas diferentes, ambas de máxima gravedad. A corto plazo la tensión y el desprestigio del gobierno Rajoy empieza a ser similar a la que sufrió Berlusconi hace un par de años, cuando ya era inviable su gobierno y, en un movimiento orquestado desde, al menos, Berlín y Washington, le fue retirado el cargo de primer Ministro para dárselo a Mario Monti, inaugurando la regencia de los tecnócratas, en un fin de semana oscuro y que aún queda por explicar, y en el que se orquestó un golpe de estado palaciego para arrebatar el poder a un irresponsable que había sido votado pero que no era capaz de llevar a cabo política alguna. Rajoy no es Berlusconi, pero ante una situación de inacción y deterioro institucional, ¿sería factible pensar que la UE y otras fuerzas organizasen un movimiento similar en España y relevaran a Rajoy? No lo descarten, sobre todo porque, como les estoy contando, es algo que ya hemos vivido con anterioridad. De lo que no tengo dudas es que ayer a Rajoy le llamaron desde alguna embajada y gobierno extranjero conminándole a que haga algo, presionándole, forzándole a actuar. Por ello, por esa presión externa, por saberse rodeado y atenazado entre los que realmente mandan y los de su partido, acorralado, sólo le veo dos opciones. O actuación o eliminación. Puedo equivocarme, claro, pero ese es mi diagnóstico.

El otro punto en el que nos parecemos a Italia es de carácter mucho más general y hay que remontarse décadas en el tiempo para retomarlo, y es el carácter estructural, sistémico, que ha alcanzado la corrupción en España, en los partidos políticos y las instituciones. En los ochenta, creo recordar, estalló en Italia la llamada tangentópolis, en la que se demostró que todos los partidos estaban corruptos y cobraban comisiones cruzadas. Eso acabó destruyéndolos y arrasando el sistema político que regentaba el país desde el final de la Segunda Guerra Mundial. ¿Es Bárcenas la prueba definitiva de la tangentópolis española? Bien pudiera ser.

No hay comentarios: