jueves, julio 31, 2014

El engaño de las balanzas fiscales


Durante mi semana de vacaciones se presentaron las balanzas fiscales elaboradas, por encargo del Ministerio de Hacienda, a un equipo dirigido por Ángel de la Fuente, economista experto en política regional y que es muy bueno y sabe mucho de lo suyo (he trabajado un poco para él, hemos hablado y esa es la sensación que me ha transmitido). Las balanzas pretenden medir la diferencia que existe entre lo que se recauda en una Comunidad Autónoma y lo que se gasta en ella, para ver si existe un tratamiento fiscal injusto entre unas y otras. Obviamente, existe una diferencia de trato y, en general, es muy justa.

Esta metodología, esta manera de analizar los ingresos y gastos, es falaz, no tiene mucho sentido económico y se basa en un supuesto de partida que es profundamente erróneo e injusto, el medir lo que aportan los territorios, cuando los territorios no aportan nada. Los impuestos los pagan los ciudadanos y las empresas que están en un lugar determinado, y será el número y renta de los contribuyentes los que determinen lo que se haya recaudado en el lugar. Para los nacionalistas de todo tipo es el suelo, la tierra, la que recibe y paga, y los nombres que se le hayan dado (Cataluña, Bizkaia, Mondoñedo, Peralejos de las Truchas, etc) son el sufriente sujeto pasivo del impuesto o el receptor de la inversión. Y esto no es así. El resultado del trabajo de Ángel de la Fuente y su equipo puso de manifiesto que, por regla general, las comunidades en las que reside gente con mayor nivel de renta, personas más ricas, son aquellas en las que se recaudan más impuestos y, por tanto, sufragan los servicios de las personas que tienen menos renta y que viven en otros territorios. Como las comunidades donde más ricos viven son Madrid y Cataluña serán estas las que tengan mayor “déficit fiscal” lo cual es tan obvio como falaz. Si el sistema impositivo es progresivo tiene toda la lógica del mundo que allí donde se concentren las rentas se genere mayor recaudación, lo cual sirve para que los dirigentes de esas comunidades se enreden en su bandera y clamen al cielo por su injusto tratamiento, cuando lo que dice el análisis es que son los que presiden los territorios donde hay más ricos y, por tanto, menos impuestos quieren pagar. En fin, la eterna queja de los que tienen respecto a los que no. Para ver que este análisis no tiene sentido podríamos hacerlo cambiando la configuración espacial del mismo. Cojamos, por ejemplo, la Comunidad de Madrid, y consideremos cada municipio como si fuera una CCAA. Seguro que el estudio concluye que los municipios con más renta son los que financian a los que menos tienen (¿eso implica que existe un agravio fiscal sobre Pozuelo de Alarcón, el de mayor renta per cápita de la región?). O centrémonos sólo en la ciudad de Madrid, en los agraviados residentes del barrio de, por ejemplo, Salamanca, en donde se recaudarán muchos más impuestos que en Villaverde Alto y Bajo. Qué vergüenza el agravio que sufren los residentes de las manzanas salamanquesas, ¿verdad? ¿Nos uniremos a sus manifestaciones reclamando un “pacto fiscal” que ofrezca una igualdad de trato impositivo a esos pobres grandes contribuyentes frente a los aprovechados del sur de la ciudad que tan poco aportan? Como verán el argumento no tiene ni pies ni cabeza, y a medida que uno va cambiando el ámbito geográfico del estudio se puede encontrar con situaciones similares y presuntos agravios que no hacen sino reflejar la desigualdad de la distribución de la renta y la progresividad fiscal del impuesto (y todo ello si no se producen evasiones a lo Pujol, claro está).

Lo que si detecta el estudio de de la Fuente es que existe una gran excepción a esta norma, una distorsión, que es la que se vive en el País Vasco y Navarra, en donde gracias al concierto económico, al tributación en esas regiones, donde la renta per cápita es muy superior a la media nacional, apenas aporta nada a la caja común y, por tanto, sus ciudadanos están mucho mejor financiados que el resto. Son, por así decirlo, ricos con impuestos comunes bajos, al no haber ese proceso de transferencia que les detrae renta. Es una situación anómala, producto del pasado, que la Leu, empezando por la Constitución, reconoce, pero que no tiene mucho sentido hoy en día y que, desde luego, es imposible de extender a otras regiones ricas. Aunque los pudientes que viven en ellas lo pedirán de manera insistente, y algún caso se les hará.

No hay comentarios: