jueves, junio 28, 2018

¿Cuántos afiliados tiene el PP?


En la era del big data hacerse una pregunta que empieza por “cuántos” debiera tener una rápida y precisa respuesta, pero no es así, ni mucho menos, para un montón de cuestiones. Algunas, por su propia complejidad, otras, por el oscurantismo con el que son tratadas, y ahora mismo estamos entrando en un caso de estos últimos, porque el censo de afiliados del PP, como muestra de la rigurosidad con la que se gestionan estas cosas por parte de los partidos y entidades similares en España, ha demostrado ser un agujero negro de difusas proporciones, bastante más lleno de vacíos que de correosos, vivos y, sobre todo, cotizantes militantes.

Poco más de sesenta mil personas se han inscrito de manera efectiva para votar en el proceso de primarias abiertas en el PP, cuya votación tendrá lugar, en primera vuelta a principios de julio. Sobre las míticas cifras de ochocientos mil militantes de las que tanto se ha hablado, el porcentaje de inscritos es ridículo, lo cual hace pensar en dos alternativas, ambas malas. O bien hay una desmovilización descomunal en las bases del partido ante el proceso, muy importante, que se está desarrollando o bien esa cifra de cientos de miles no tiene nada que ver con la realidad y los inscritos sí representan un porcentaje relevante de los afiliados reales que posee el PP ¿cuál es la respuesta cierta? Ni idea, pero ambas enfrentan a los populares a escenarios negativos. Quizás lo menos malo para el partido sea pensar lo segundo, y asumir que su censo de militantes es una lista de personas que, o bien se apuntaron alguna vez y nunca más han tenido relación con el partido o que muchos de ellos lo fueron y ya no están en este mundo de los vivos. Tiene el PP en este proceso una oportunidad de oro para depurar sus datos, realizar un ejercicio de transparencia y honestidad hacia sí mismo y hacia los militantes reales, y saber de verdad con quiénes cuenta. Y de paso, en el plano financiero, hacer un trabajo de depuración y cobro de pagos atrasados, o regularizar las deudas mediante una tarifa plana, ya ofertada a un coste de 20 euros, para que el concepto de censo sirva también como fuente tributaria. Para hacernos una idea, el PSOE, que ya ha realizado algunos ejercicios de primarias, supera por poco los ciento ochenta mil militantes reales, y Podemos logró en la consulta alucinante del chalet del líder supremo un registro de casi ciento noventa mil inscritos. Por lo tanto, sospecho que la cifra real de militantes del PP no andará muy lejos de esas cifras. Dado que tiene una amplia y veterana implantación territorial puede que las supere, pero me sorprendería que por mucho. A partir de ahí, el porcentaje de inscritos para las primarias se situaría en un 30% de esa estimación e iría bajando a medida que el censo real subiera. Comparar eso con el poco más de 7% que resulta de dividir los sesenta y cuatro mil inscritos entre los teóricos ochocientos mil hace que el porcentaje supuesto de participación sea más presentable, sí, pero igualmente bajo. Esto se puede explicar porque ser militante del PP y participar son dos conceptos antagónicos que hasta ahora no se han dado nunca. En usos y costumbres de democracia interna el PP se parece a un enfermo que lleva postrado en la cama varios años en coma y que, al despertarse de manera brusca, pretende hacer ejercicio. Le va a doler todo, se va a tropezar y tendrá la sensación, lógica, de incapacidad y de constante error. Eso es normal y está el PP en el proceso de aprendizaje de lo que es la democracia en un partido, un sistema mucho más complejo y susceptible de producir errores de cara al público que la dedocracia cesarista, que es sencillísimo, aparentemente monolítico y que genera errores que son imposibles de corregir por definición.

Nos quejamos de que la información de los tiempos antiguos era errónea e incompleta, pero puede que sepamos más de los censos romanos y de lo precisos que eran a la hora de contabilizar quién estaba en Belén o en Nazaret en torno al año cero que cuántos militantes tiene el PP en Murcia. Quizás en Génova podrían ahorrarse el trabajo de criba y preguntarle directamente a Google, que se lo sabe todo, que le diga quiénes son realmente sus afiliados. Seguro que el buscador, que nos tiene a todos fichados, conoce los nombres de los que acuden a los mítines, pegan carteles y aplauden a rabiar a los líderes. Y desde luego sabrá quienes pagan, quienes no lo hacen y quiénes dicen que sí pero no pasan por caja.

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