lunes, junio 18, 2018

Inmigrantes sin periodistas


Ayer se produjo la esperada llegada de la flotilla del Aquarius al puerto de Valencia, y sin duda fue un hecho memorable, que dudo que puedan olvidar, para los algo más de seiscientos emigrantes que viajaban en las tres embarcaciones en las que fueron repartidos para garantizar, en la medida de lo posible, un viaje confortable. En el puerto, esperándoles, se agolpaba personal de auxilio y socorro, funcionarios encargados de la tramitación de su entrada en España y la determinación del régimen bajo el que acceden y, si se da el caso, permanecen, y cientos y cientos de periodistas, casi tantos como inmigrantes, que retransmitían el acontecimiento y aumentaban aún más la dimensión del mismo.

Casi a la vez que se producían estas escenas, el panorama era muy distinto en las costas andaluzas, en las que no se cesaba de contar la arribada de inmigrantes, el balance de fallecidos y la estimación de los que han podido desaparecer en las aguas del Mediterráneo. Más de mil personas, dos aquiarius si lo queremos decir así, han llegado a las costas andaluzas este fin de semana. No en una flotilla organizada y con cuidados paliativos, no, sino en un goteo de pateras, balsas y otro tipo de embarcaciones, que han dejado de ser flotilla para convertirse en enjambre. A su llegada no los esperaba nadie, salvo la policía y algunos servicios de emergencia, y eso en los casos en los que, mediante el servicio de observación y vigilancia, se detectó a tiempo la proximidad de las embarcaciones y sus pobres ocupantes. En muchos casos esas llegadas se produjeron en sobresalto, por abordaje a la playa, en medio de lo desconocido. Los inmigrantes, exhaustos y derrotados tras periplos que no somos capaces de imaginar, tocaban la tierra prometida de la orilla norte del mare nostrum a sabiendas de que dejaban atrás lo peor de sus vidas y de que nada puede igualar el horror de lo vivido. Sí, la misma sensación que anida en cada uno de los que iban en el Aquiarius y barco anexos. Sin embargo, esta inmigración de pateras apenas ha recibido cobertura mediática. Nos hemos enterado de ella como suplemento a los boletines y especiales informativos que nos detallaban lo que sucedía en Valencia y, de paso, nos contaban que cientos y cientos de inmigrantes eran rescatados en las playas andaluzas. Y que afortunadamente todos los que han llegado a Valencia lo han hecho sanos y salvos, pero que se teme que sean decenas los que se han ahogado este fin de semana en el estrecho mar que dista entre Marruecos y España. ¿Tiene alguna causa especial este repunte de ápteras procedente de Marruecos? Algunos ya hablan de efecto llamada ante hechos que son recurrentes y que no necesitan llamadas de ningún tipo para producirse. Me inclino a pensar que esta oleada viene a ser una especie de mensaje de bienvenida que las autoridades de Marruecos le dan al nuevo gobierno español, recordándole, por si no lo tenía claro, quién es el que controla el estrecho, quién se encarga de garantizar que los inmigrantes no desborden Ceuta, Melilla o las costas andaluzas y, por su puesto, actualizando el precio que cobra por esos “servicios”. Gobierno nuevo, tarifa nueva, por así decirlo. Manteniendo una tradición de anteriores presidentes, que tiene bastante lógica, el primer viaje internacional de Pedro Sánchez será a Marruecos, supongo que para renegociar “precios y cantidades” tras lo cual, a buen seguro, se reducirá el flujo de pateras que salgan de las costas alauís rumbo a España. No es cinismo lo que llena estas líneas, no, es la cruda y dura realidad.

Pero eso sí, una realidad oculta. A día de hoy, lunes, cientos de inmigrantes despiertan, como pueden, alojados de manera improvisada en colegios, barracones y otras infraestructuras en las que habitan provisionalmente, fruto del total colapso de las instalaciones destinada al efecto en gran parte de la costa andaluza por la avalancha de este fin de semana. Voluntarios y profesionales son incapaces de afrontar a tanta gente de golpe, y no cuentan, desde luego, con la presencia de periodista alguno que narre sus vicisitudes, angustias y problemas, enormes en días como estos. Frente al espectáculo de Valencia, la sombra sobre Andalucía, y en ambos casos seres humanos desvalidos, un enorme problema de largo plazo y nuestra falta de respuestas son los protagonistas.

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