jueves, junio 21, 2018

Soraya vs Cospedal y el anillo de poder


Curiosamente se cumplió lo previsto y, a lo largo de la mañana de ayer, no se presentó un candidato sorpresa de renombre a la carrera por la presidencia del PP. Sí lo hizo un concejal de un pueblo valenciano, que junto con otros dos de los aspirantes forman el trío de desnocidos. García Margallo juega por libre, y Pablo Casado, Cospedal y Sáenz de Santamaría son el trío de ases en esta disputa que enfrenta a siete aspirantes. Entre ellos estará la disputa por el trono de hierro, o el anillo de poder que se diría en El Señor de los Anillos. Por lo que hemos visto en estos últimos años, la metáfora de Tolkien me parece más acertada que la de Martin.

Hay que reconocer que al PP le ha surgido, casi de la nada, un proceso sucesorio de lo más democrático, abierto y moderno, justo en un partido que, literalmente hasta ayer, se caracterizaba por entronizar a los líderes que eran señalados como tales por el que en ese momento era el regente del poder. Aquellos años en los que el sucesor estaba escrito en un cuaderno azul y Aznar presumía de ello, y enseñaba las tapas para dar morbillo a la prensa (y miedo a los suyos) afortunadamente son pasado. Los militantes del PP se enfrentan, por primera vez, a una sucesión en la que pueden elegir, en la que van a ser escuchados y preguntados, cosa que nunca antes sucedió, y eso deja abierto el escenario sobre lo que puede llegar a suceder. Todas las quinielas disputan la elección entre las dos grandes exjefas que han existido hasta hace unos días. Descartando el tío desconocido, a Margallo, y a sabiendas de que a Pablo casado le esperan aún bastantes noticias sobre sus másteres y demás estudios convalidados, es lógico pensar que la lucha se dispute entre Cospedal, la jefa del partido, que controla el poder interno del mismo, y Sáenz de Santamaría, hasta hace nada vicejefa del gobierno, que controla los resortes de lo que era el poder efectivo. Lo ideal para el partido sería un candidato que combinase ambos factores (¿Feijóo?) pero no es así, por lo que la elección se presenta disputada. Y como en toda elección que busca un candidato electoral, los miembros del PP debieran preguntarse no sólo cuál es el rostro que prefieren, sino también cuál es el rostro que cuenta con más posibilidades de cosechar votos en unos futuros comicios. Quizás, si les preguntamos a los militantes, sea Cospedal su favorita, crecida dentro del partido y defensora de una postura más clásica y rígida, y si les preguntamos a los votantes de centro derecha la favorita sería Sáenz de Santamaría, que ofrece una imagen más moderna, abierta, dialogante y con el conocimiento de lo que es gobernar de facto. Como dijo Keynes, para acertar quién gana en un concurso de belleza (entonces estaban mucho más de moda que ahora) no debes votar a la que te parezca más guapa a ti, sino a la que crees que al resto se lo va a parecer. Me da que Soraya sería un cartel electoral mucho más potente de cara a unas futuras elecciones, y los rivales del PP también lo saben. Probablemente prefieran una victoria de Cospedal, mucho más asociada a los casos de corrupción de la época recién terminada, y a la que se puede también atacar por su papel al frente de la Junta de Castilla la Mancha. Para los nuevos partidos (ya no tan nuevos) Soraya también resulta más difícil de ser atacada porque ofrece un perfil de gestión mucho más técnico y menos político. Ese, precisamente, es, curiosamente, el mayor obstáculo de Soraya para ganar estas primarias y cualquier elección. Su falta de emoción, la ausencia total de sentimiento en su discurso, que sigue todavía lleno de tics de opositor que recita temas. En un mitin en un pueblo Soraya se puede encontrar con auténticos problemas para conectar con la audiencia. En eso Cospedal es una política muy superior. Gane quien gane de las dos (si no lo hace un tercero) accederá al control de un partido que ya no será tan rígido como antaño y que tendrá que “recoser” tras el proceso electoral y el trauma de la pérdida de gobierno.

Y el poder y el anillo… quien se presenta a estos cargos es porque, sobre todo, ansía el poder, que es una de las drogas más duras y efectivas. Dejar el poder supone un trauma por el que todo el que lo alcanza debe pasar, antes o temprano, lo admita o no. En este sentido la imagen de Rajoy entrando ayer en su despacho de registrador de la propiedad de Santa Pola es, así lo siento, admirable. Rajoy, tras su derrota en la moción, se ha ido del todo, se ha retirado, porque ha considerado que es lo más honesto que podía hacer. “Ni tutela ni tutía” que dijo Fraga, pero de verdad. La democracia es esto, que alguien que hace dos semanas lo fuera todo ahora ya sea una persona normal, sin cargo ni responsabilidad. A Rajoy le quitaron el poder y ha sabido renunciar a él. Y eso le honra.

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