miércoles, junio 27, 2018

Pedro Sánchez y la imagen


Es un peligro jugar con las imágenes de uno en este país, tan aficionado a los memes y chistes de todo tipo. La viralidad se busca hoy de cualquier manera y a veces pude salir mal, aunque siempre están los que tiran de ese dicho que dice que lo mejor es que hablen de uno aunque sea mal, que no hay nada peor que ser ignorado. La presidencia de Pedro Sánchez, por lo que vemos, va a estar condicionada por la imagen, su uso y gestión, y eso, sea bueno o malo, es algo a lo que nos vamos a tener que acostumbrar, y más viniendo de las antípodas comunicativas, que han sido los años de Rajoy.

Las escenas de Sánchez corriendo en Moncloa no tienen nada de originales, aunque se les ha dado más bombo de lo habitual por ser las primeras de este presidente en su nuevo entorno. Hemos visto a los anteriores presidentes practicando deporte en ese y otros entornos y no hay nada nuevo en este caso (eso sí, por favor, usen corredor en vez de la gilipollez esa de runner). Las primeras polémicas y disputas en internet se han dado con la imagen de Sánchez en el avión rumbo a la cumbre de Bruselas, y su buscada pose con gafas de sol. A mi la escena no me dice mucha cosa, más allá de la relativa incongruencia de querer ver unos documentos con unas gafas de sol puestas, pero quien hizo la imagen y la distribuyó buscaba el efecto de la notoriedad, de señalar al presidente como un líder atractivo y moderno, de ensalzar su imagen y de aprovecharse de ella. ¿Lo ha conseguido? Discutirán mucho al respecto los expertos, pero sí ha logrado que se hable de él, por lo que el impacto se ha conseguido, a falta de saber la dimensión y, sobre todo, sentido del mismo. Sánchez es joven, atractivo y da una imagen muy buena. Lo sabe, y sus asesores lo van a explotar hasta el infinito, y es lógico que lo hagan. Vamos a asistir a la creación de una imagen de poder asociada al cargo con un candidato presidente que es una perita en dulce para los que se dedican a estos temas, tanto por la planta que posee como por su disposición a ello. ¿Es esto algo extravagante? No, nada de eso. Está plenamente inventado, primero en EEYY, para variar, y luego en el resto del mundo. La gestión de la imagen presidencial es un arte que trata de sacar todo el partido posible de la figura del presidente y de su actividad diaria, dar la sensación de constante actividad y de estar pegado a la realidad, y de paso encumbrar el liderazgo. Lo que sucede es que en España venimos de unos años de presidencia en los que, de manera anormal, se ha actuado justo a la contra de este principio. Rajoy ofrecía una imagen seria, de señor mayor y algo demodé, por decirlo de una manera. Y aborrecía todo lo relacionado con la imagen y su gestión. Huía de los focos, literalmente, y se exponía lo justo y nada más. En este sentido su comportamiento mediático era extraño justo por lo contrario de lo que se le empieza a acusar a Sánchez. Parecía querer esconderse, ocultarse tras la gestión. Y eso, como la sobreexposición, es un error. Se puede jugar la baza de la gestión rigurosa y seria junto a la imagen anodina de tal manera que se pueda sacar partido a ambas, y quizás el mejor ejemplo sea Merkel. Sus trajes clónicos y su gesto de manos abiertas unidas por el pulgar y un dedo sobre el vientre se han convertido en auténtica imagen de marca. Merkel se ha sobreexpuesto mediáticamente por el poder que detenta y por la actividad que desarrolla, pero no ha cultivado una imagen de estadista, sino de eficiente y gris trabajadora. Y su “marca” se ha consolidado. ¿Pudo Rajoy haber hecho algo similar? Sí, pero parece que él y su entorno se negaron a ello en redondo, y durante años hemos vivido en el mundo de la opacidad.

Por eso ahora el contraste con la actitud mediática de Sánchez parece tan enorme como lo es realmente. De todas maneras, deben tener muy claro Sánchez y los suyos que el abuso de imágenes se queda en nada si no hay detrás una gestión solvente. Es un puntal importante, pero no es capaz de cubrir errores de bulto. Corre el riesgo Sánchez de convertirse en Justin Trudeau II, primer ministro de Canadá, devorado por su obsesión mediática que no está a la altura de sus medidas de gobierno. Deberá encontrar el presidente su sitio entre el espectáculo y la gestión, y tener cuidado de que no se le vaya de las manos la propaganda, como sucedió ayer en unas imágenes de “determinación” que eran más propias de una campaña de Mr Wonderful que otra cosa.

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