viernes, diciembre 15, 2017

¿Alphazero es inteligente?

Leí una noticia al respecto hace unos pocos días, pero centrado en otros temas no he podido abordarlo hasta hoy. Y da vértigo, tanto el contenido del tema como los esfuerzos que dedicamos, cada día, a cosas mucho más arcaicas e intrascendentes frente a asuntos de importancia capital que están empezando a irrumpir en nuestra vida, y quizás la cambien para siempre, de una manera que ni siquiera nosotros seamos capaces de imaginar. La pregunta que titula el artículo de hoy se refiere a inteligencia Artificial, IA, algo de lo que se habla mucho pero poco se concreta, pero espero que les haya picado la curiosidad al leerla. Y es que Alphazero da curiosidad y, también, respeto.

Alphazero es un sowtware desarrollado por Deepmind, empresa dedicada a la IA que fue comprada por (qué raro) Google hace pocos años, y que hace unos días acabó con el juego del ajedrez. Ya habíamos visto años atrás a softwares derrotando a humanos en este juego, pero digamos que sus victorias se debían al empleo de la fuerza bruta. Esos programas calculan millones de jugadas por segundo, evalúan millones de estrategias y escogen, y por ello pueden ver alternativas que el humano no sea capaz de descubrir. Pero carecen por completo de instinto, capacidad de improvisación y cosas por el estilo. Utilizan bases de datos de millones de partidas jugadas en el pasado, rebuscan movimientos similares a los que allí se produjeron y responden de manera mimética. Y eso les da una potencia bestial. Alphazero es diferente. Es un software basado en aprendizaje, una red neuronal que se autoajusta en función de los resultados que obtiene y determina cuáles son las soluciones óptimas en cada caso. Se le enseñaron las reglas del ajedrez, se le dieron unas cuantas partidas de muestra y se le dejó jugando consigo mismo. Al cabo de cuatro horas Alphazero “sabía” jugar al ajedrez, y sus desarrolladores lo retaron a un duelo a muerte contra Stockfish, el más popular y potente de los programas de ajedrez, basado en la fuerza bruta que antes comentábamos, y que es prácticamente imbatible por humanos. El resultado del enfrentamiento es contundente. 28 victorias de Alphazero y 72 tablas. Stockfish, con millones de datos en su base y una potencia de cálculo muy superior no pudo hacer nada frente a un software que, en cuatro horas, en cuatro horas, había aprendido a jugar sólo. Y lo más asombroso según cuentan los que han seguido el desarrollo del juego no es el resultado en sí, sino la manera en la que Alphazero ha jugado. Y no es que ese software haya mostrado indicios de comportamiento humano inteligente, no, es que lo ha superado con creces. Ha sido arriesgado, astuto, decidido e innovador, desplegando unos recursos y estrategias que han dejado con la boca abierta a maestros del ajedrez, que no podían creer lo que estaban viendo. Lo cierto es que la descripción que hacen de lo sucedido invita a pensar que no contemplaban a una máquina jugando, sino a una inteligencia, superior, desplegando un juego que ninguno de ellos hubiera desarrollado. Hay varias webs de expertos en ajedrez que han comentado este asunto y se les acaban los términos para describirlos, esta es una de ellas, y todos coinciden en que el ajedrez ha pasado a otra dimensión en la que los humanos nos vamos a entretener jugando en el tablero pero que nunca vamos a ser ya los reyes del juego, porque Alphazero es, simplemente, imbatible por cualquier inteligencia biológica conocida. Así de simple y aplastante.


Lo trascendental de Alphazero es que es un software no diseñado para jugar al ajedrez, no sino que carece de propósito general. Simplemente es genial en todo aquello que posea reglas y tiene capacidad de aprendizaje. Esto ha hecho que el ajedrez sea uno de los juegos en los que ya se ha vuelto imbatible, pero esas dos características, propósito general y autoaprendizaje, lo vuelven sospechosamente capaz de ser adaptado a innumerables áreas del conocimiento. Y en todas ellas puede desarrollar inteligencia y comportamientos propios de mentes superiores como las nuestras (bueno, más bien como las suyas, querido lector). ¿Es Alphazero la primera máquina realmente inteligente creada por humanos? La respuesta a esta pregunta, de ser afirmativa, cambiaría el mundo tal y como lo conocemos. Créanme, esto es de una importancia trascendental.

jueves, diciembre 14, 2017

Brexit o Breturn

Desde que el verano pasado se produjera el disparate del Brexit, en una de las fechas más aciagas para la construcción europea y para la defensa de la ciudadanía sobre la tribu, toda han sido problemas en el Reino Unido y en la UE para poder gestionar una situación indeseable que sólo genera perjuicios a ambas partes. El malhadado Brexit provocó la caída del gobierno de David Cameron y la llegada al número 10 de Downing Street de una Theresa May que no parecía consolidar su liderazgo entre los conservadores. Su genial idea de convocar elecciones este año para fortalecer la mayoría parlamentaria de gobierno se saldó con la pérdida del control de las cámaras y un debilitamiento aún mayor. Muy mal negocio.

De ahí que la firma de un acuerdo el pasado 8 de diciembre en Bruselas entre la UE y el Reino Unido sobre los tres preliminares del Brexit fuese visto por muchos como una primera rendición de Londres ante los postulados de Bruselas. Esas tres áreas eran la de cuánto debía pagar el Reino Unido a la UE por los compromisos ya pactados (el coste del divorcio), la situación y derechos de los europeos residentes en gran Bretaña y la frontera entre Irlanda del Norte e Irlanda, futura frontera física entre zona UE y zona exterior. Esas cuestione fueron definidas como preliminares por los negociadores antes de afrontar las rondas de debate sobre cuál será el estatus comercial del Reino Unido y su relación con los exsocios. Ese es el tema principal del proceso negociador de salida, y desde el pasado viernes 8 se puede hablar de ello. Lo que se ha sabido de los puntos de preacuerdo va desde una concreción de pago en el entorno de los 40.000 millones de euros por parte de las autoridades británicas, que no querían inicialmente soltar una libra, a la inconcreción más absoluta sobre cómo será la frontera entre las irlandas, definiendo una situación imposible en la que se habla de una frontera efectiva pero “no dura” sin que esté nada claro qué quiere decir eso. May llegó a Londres con el acuerdo tratando de venderlo como una victoria, pero estaba claro para todos que no era nada de eso. No desde luego una derrota en toda regla, pero sí algo muy alejado de los postulados ultras que lograron llevarse el maldito gato al agua en el referéndum de hace año y medio. En la práctica Reino Unido renuncia al club comunitario pero observa cómo durante un periodo transitorio de varios años va a tener que seguir pagando y acatando las normas de la UE sin poder ya decir nada al respecto al carecer de voto efectivo. Si lo que deseaba era una soberanía mayor para escapar del yugo de Bruselas se va a encontrar en una situación de aún mayor desgobierno, con la menor soberanía posible. Esto ha exacerbado la crisis que vive el partido conservador, dividido al menos en dos familias, los duros, que recelan de todo lo que signifique Europa, consideran a May una fracasada y quieren ejecutar una salida brusca y radical, y los posibilistas, que también ven en May una líder no válida, pero que aspiran a un acuerdo con Bruselas lo más suave posible que permita mantener las máximas relaciones comerciales y financieras. La división entre ellos es, de momento, la garantía que tiene May para seguir en el poder, dado que no se van a poner de acuerdo ni en quién le sustituiría ni cuál sería su política, pero en cada votación que se celebre en Westminster, donde los conservadores perdieron la mayoría absoluta en verano (necesitan a un partido ultra unionista irlandés para todas las votaciones) hace que la posición del gobierno sea, como mínimo, frágil. Y ayer se vio hasta qué punto alcanza esa fragilidad. El voto contrario al gobierno de May de un pequeño grupo de parlamentarios conservadores permitió, por 309 frente a 305, aprobar una norma que obliga a que el Parlamento ratifique el futuro acuerdo del Brexit, el pacto final que se alcance con Bruselas para, como muy tarde, marzo de 2019.


Esto arroja a May a los pies de los caballos, dado que sin mayoría sabe que Westminster jamás aprobará un acuerdo de Brexit duro, lo que supone un revés en su planteamiento negociador, una enmienda total al resultado de salida brusca de la UE y, de cara a las negociaciones futuras, un ejercicio público de debilidad, que compromete por completo la posición británica en la mesa de diálogo. Lo de ayer fue una enorme derrota de May y de los partidarios del brexit “duro”. ¿Quiere decir esto que, finalmente, el acuerdo puede llegar a ser tan descafeinado que sería como sí realmente no hubiera una salida efectiva? Pudiera ser, no está nada claro lo que va a pasar, pero es cierto que desde verano del año pasado la UE tiene un problema con este tema y Reino Unido, un problemón.

miércoles, diciembre 13, 2017

Trump y la Luna (para Eugene Cernan)

El incidente del metro de ayer me impidió comentar el aniversario del día 11. En esa jornada, hace 45 años, en el ejercicio en el que yo nací (vértigo me da recordarlo) la última de las misiones Apolo logró su objetivo y se posó en la Luna. El comandante Eugene Cernan y el piloto Harrison Schmitt se posaron en el satélite mientras Ronald Evans los esperaba en el módulo de mando. Cernan falleció a principios de este 2017, y con su muerte se apagó una de las luminarias de aquella carrera espacial que acompañó muchos de nuestros sueños de infancia. Buzz Aldrin sigue vivo, y es de los últimos testigos de una época gloriosa y, dolor, efímera.

Quizás por esa coincidencia escogió Trump (más bien sus asesores) el día 11 para el anuncio de la firma de la orden llamada “Directiva 1 de política espacial” en lo que es un acto político de, literalmente, altos vuelos. En el anuncio de la firma Trump expresó su deseo de la próxima vuelta de astronautas norteamericanos a la Luna y, posteriormente, en viaje a Marte. La comparecencia tuvo cierto bombo, aire de propaganda y escasa sustancia, y la orden en sí es un mandato a la NASA que más parece una declaración de intenciones que una estrategia política o científica. No consta una asignación presupuestaria asociada ni un plan detallado que ponga fechas, medios, recursos, estructuras y personal al servicio del objetivo. Lo más probable es que estemos ante otro de estos anuncios a lo Trump, en los que domina la escena y la cartelería patriótica, sin que haya debajo de los mismos contenido alguno salvo carnaza para tuiteros y periodistas alocados. Por ello, pese a mi fanatismo por la carrera espacial, la cautela me puede, y no me hago ilusión alguna con las intenciones expresadas por un presidente veleta que sólo tiene como objeto montar bronca allá donde apunte con su fusil mediático. La NASA es un organismo mastodóntico, que padece restricciones presupuestarias que van a más ejercicio tras ejercicio, y que no tiene un rumbo claro en su política de astronáutica tripulada desde la liquidación de la flota de transbordadores. El programa Orion Constellation, surgido de la presidencia del segundo Bush, ya apuntaba a un retorno lunar tripulado con cohetes más herederos del estilo Saturno que de la tecnología del transbordador, pero la llegada de Obama a la Casa Blanca y al crisis financiera dieron al traste con aquellas ideas y todo se vino abajo. Se decidió diseñar un lanzador pesado, el SLS, con capacidad para metas lunares y marcianas, pero sin un destino claro. El proceso de su construcción avanza, y quizás en un par de años veamos sus primeros lanzamientos, pero resulta obvio que a día de hoy la agencia no dispone de la tecnología necesaria para una misión lunar tripulada, ni es previsible que la tenga en varios años, y varios aquí se acerca a muchos. Por ello el anuncio de Trump puede servir para desviar presupuestos de otras áreas hacia el destino lunar, y acelerar los plazos, pero en ningún caso podríamos imaginar un viaje al satélite con el logotipo oficial del gobierno norteamericano antes de cuatro o cinco años, siendo generoso. Una derivada de esa afirmación es que a lo mejor el próximo alunizaje no lleva financiación norteamericana. ¿Pueden los chinos ser capaces de mandar un astronauta al satélite, que tome suelo en él, y que vuelva? Hay muchas dudas al respecto, dado el secretismo de Beijing sobre tantos temas, pero no es descartable de ningún modo, y quizás la decisión de Trump esconda el miedo de que EEUU sea adelantado en su posición preminente en el espacio, amenazada ya desde hace mucho, lo que supondría, en esta dimensión, un nuevo ejemplo de la ascendencia del poder chino frente al norteamericano, en supuesta decadencia.


Otra derivada de este asunto, muy importante y novedosa, es que quizás el próximo vuelo lunar sí lleve la bandera de las barras y estrellas pero no el logotipo de la NASA. Los planes de Elon Musk con su Falcon Heavy apuntan al satélite como vía para llegar a Marte, y supuestamente a principios del año que viene, con retardo respecto a lo esperado, tendremos el primer lanzamiento de prueba de ese cohete que, por capacidad, si puede llevar una tripulación hasta la Luna. La iniciativa privada, actor que no existía en el pasado, puede ser el ganador inesperado de la batalla lunar, lo que sería revolucionario y, para Musk, el mayor golpe de marketing imaginable. Puede que acelerar los plazos de todos los actores involucrados sea el mayor de los logros del anuncio de Trump. Veremos a ver qué es lo que acaba pasando.

martes, diciembre 12, 2017

Cuando se estropea el metro

Una de las pesadillas, o al menos así la siento, que tenemos los que vivimos en ciudad y dependemos del transporte púbico es que falle, que desaparezca, que se anule, que por averías, huelgas, accidentes o imprevistos el servicio “no se preste con normalidad” y eso nos impida movernos. Las ciudades grandes son, sobre todo, grandes, y uno se da plena cuenta de ello cuando, en algún transporte, se pone a pensar en las distancias que se recorren entre uno y otro punto, distancias que se miden en decenas de manzanas, kilómetros y kilómetros. Difícilmente abordables si no se afrontan como reto deportivo. Insalvables ante ciertas cargas o edad.

Hoy esa pesadilla se ha hecho realidad en parte. Al llegar a la boca de metro he visto que un cartel bloqueaba los tornos avisando que el servicio en la línea 9, que es la que sirve a mi barrio, estaba suspendido en la mayor parte de la misma, y desde luego en las estaciones que me son útiles, por causas técnicas, durante más de una hora. No se cuáles serán esas causas ni qué las ha originado, pero lo cierto es que el servicio no existe, y eso poco después de las siete de la mañana camino del trabajo supone, sobre todo, un gran problema. En mi zona el servicio de autobuses urbanos es débil dado que el metro absorbe la mayor parte de los viajes, y en ocasiones como estas su debilidad es total. Dejando la boca del metro, convertida esta mañana en monumento decorativo, me he dirigido a la parada de autobús más cercana a mi casa, esperando la línea que pasa por allí que, en su término, cruzando la M30, alcanza una plaza que posee líneas de metro. Al poco de estar esperando me he preguntado si hacía bien en estar ahí quieto, con una temperatura gélida, o hubiera sido mejor salir andando desde un principio camino al centro. Como el tiempo pasaba me autoconvencía de que había hecho bien esperar, y así hasta que ha llegado el autobús, atestado, y no ha parado en mi marquesina porque allí no podía entrar más gente. Visto el error de mi espera, me he puesto a caminar hacia el centro, en un viaje en el que he ido surcando paradas de autobús colapsadas en las que decenas de personas hacían colas y algunas unidades pasaban, repletas, incapaces de parar para acoger a más viajeros. Resulta evidente que el corte ha cogido desprevenido al servicio de la EMT y no ha puesto un refuerzo en las líneas que, en superficie, se han visto afectadas, por lo que se ha vuelto a demostrar que hablamos mucho de bg data, Smart cities y otros conceptos novedosos pero que a la hora de la verdad los viejos problemas siguen causando las viejas consecuencias. Visto lo visto me he convencido de que los autobuses ya no servían de nada y he optado por caminar hasta la estación de metro de la línea 6 que está más cerca de mi casa, en un paseo de un poco menos de dos kilómetros desde el punto en el que lo he emprendido, bajo un cielo negro y frío como el sólo, y en compañía de una multitud que llenaba las aceras por momentos y vadeaba las montañas de hojas dejadas por el temporal del fin de semana. Muchos de los caminantes éramos novatos, domingueros de entre semana, impelidos al paseo por la necesidad y no por la afición, presurosos ante un reloj que avanza y un amanecer que quería despuntar, en medio de un tráfico espectacular que dejaba una M30 convertida en un rosario de luces rojas de subida y blancas de bajada que parecían un rosario, o guirnaldas navideñas extendidas a todo lo largo que la vista podía abarcar. Eso sí, supongo que carentes de jovial espíritu festivo.


Llegar al metro ha sido una liberación, tanto para mis pies como para el rostro, entumecido por la sesión de frío prolongado que no tenía previsto recibir. En la parada carteles y personal de metro avisaban que la línea 9, que también pasa por allí, no ofrecía servicio y que la gente debía evitar sus pasillos y andenes. Llegar un andén diferente, en el que al poco ha acudido un tren, ha sido una sensación de liberación, y los apretones del viaje han ejercido de cálida manta que arropa en exceso pero que abriga y calienta como ella sola. Con más de media hora de retraso sobre lo habitual, he llegado a la oficina, ya de día, como si estuviera en febrero avanzado y los amaneceres ya se hubieran comido una parte de la oscuridad invernal, pero con el recuerdo de los caminantes improvisados, y del caos de una mañana no prevista.

lunes, diciembre 11, 2017

La lluvia se llamaba Ana

A eso de las tres y media de la mañana de hoy llovía en mi barrio como si no lo hubiera hecho nunca, y dado lo que ha caído en Madrid a lo largo de este año la expresión es algo más que una mera forma de hablar. Cortinas cerradas de lluvia con viento, que se movían de manera violenta golpeando ventanas, árboles y las hojas que aún permanecen sobre ellos. Alcantarillas rebosantes de agua y hojas, miles, millones, caídas a lo largo de estos días de heladas que las han ido tirando y que, la ausencia de temporal ha impedido que se desplazasen a otro sitio. La imagen, desde el refugio de mi casa, era espectacular.

Casualidades de la vida, a partir de este otoño varios servicios meteorológicos europeos, entre ellos AEMET, han acordado poner nombre a las borrascas atlánticas que alcancen cierta magnitud y puedan suponer un riesgo para la población, y el temporal que nos ha azotado esta noche, y que hoy ya nos abandona, es el primero que cumple esas características y ha tomado el primer nombre de la lista, alfabética, que esta vez empieza por “Ana”. Es una lista de nombres alternos entre varón y mujer y se usarán aquellos que sean necesarios en función de la intensidad de los temporales. Esta idea de nombrar a las borrascas, algo peregrina en nuestras latitudes, se ha tomado, entre otras cosas, para facilitar a los medios de comunicación y a los organismos de protección civil la denominación de los fenómenos y que estos calen más en la población, a la hora de que las medidas de precaución previstas sean más eficaces. ¿Servirá para algo? Está por ver, aunque la experiencia de Ana deja un cierto sabor amargo. Y es que Ana se ha generado por un proceso de ciclogénesis explosiva, que no es sino una de las maneras mediante las que una borrasca puede nacer, en este caso caracterizada por la velocidad del proceso de formación, pero que no determina la intensidad o efectos del temporal en cuestión. Una borrasca de este tipo puede ser más o menos intensa que otra generada por un proceso menos abrupto, pero los dos términos combinados, “ciclogénesis explosiva” son como un imán para los medios y desatan titulares que van desde el alarmismo hasta lo ridículo, pasando todos ellos por la inexactitud. Si me permiten el ejemplo tonto, poco importa para la capacidad de berreo de un niño por la noche si este ha sido concebido de manera natural o por fertilización de la madre, y de la misma manera el proceso de formación de la borrasca poco nos puede decir de su intensidad y efectos. Cierto es que estas borrascas tienden a ser más profundas que otras, y su proceso de generación acelerado las hace más peligrosas en la zona en la que se crean, habitualmente sobre el Atlántico, pero eso es un dato que, siendo muy relevante para los barcos que por ahí transitan, resulta de menor importancia para los que, en tierra firme, podemos llegar a sufrir sus efectos. Pero, como en tantas ocasiones, el sensacionalismo de algunos medios apenas entiende de terminología y se lanzan al morbo que se expande en palabras grandiosas y explosivas, literalmente. Eso contribuye al alarmismo de la población y, me temo, a su desinformación. Ante situaciones de este tipo hay que conservar la calma, no hacer tonterías como irse a cimas o paseos marítimos para contemplar el desatado oleaje y atender las indicaciones de protección civil y organismos fiables, como AEMET y medios de comunicación de primera. Desconfíe de los que anuncian el apocalipsis para dentro de media hora y montan espectáculos con el vendaval.


¿Servirá Ana para paliar la sequía? No, pero su ayuda no vendrá nada mal. Como en el caso de la recuperación de un enfermo, terrenos y pantanos necesitan un proceso gradual y constante de entrada de nuevas reservas para recuperarse tras la escasez, y aunque Ana ha dejado precipitaciones intensas en algunas zonas, muy necesitadas, es necesario que las lluvias sean continuas, generosa y mansas para que su efecto benéfico sea el mayor posible. De todas maneras, lo caído bien caído está, en algunas zonas permitirá plantar cultivos de invierno, salvar bosques y praderas, y aliviar a algunos de los maltrechos embalses que malviven tras un 2017 reseco y árido hasta la extenuación. Ana ha sido bien recibida.

jueves, diciembre 07, 2017

Trump y Jerusalén

Si algo nos ha dejado claro ya Donald Trump es que es imprevisible y no convencional. Estarán encantados los amantes de las sorpresas y aquellos que reniegan del tacticismo y la parsimonia política habitual, alabando el comportamiento de la fiera Trump completamente desbocada. Como un niño al frente de la juguetería, fracasan uno a uno todos los intentos de poner vigilantes y moderadores que controlen sus actos, y no deja el crío de desordenar estantes, abrir paquetes y descolocar referencias, dejando la tienda completamente desordenada y patas arriba. Parece que no le importen las consecuencias de sus actos.

La decisión de Trump de reconocer a Jerusalén como capital oficial de Israel y la orden de trasladar allí la embajada desde Tel Aviv es algo que se barruntaba desde hace tiempo, y que venía en el programa electoral del magnate, por lo que el anuncio es, vaya vaya, una nueva promesa cumplida por parte del único que no hubiéramos deseado que ejecutase su programa electoral. En este espinoso asunto EEUU ha actuado con hipocresía táctica, si se me permite la expresión. Ya en 1995 aprobó una ley que instaba a dar a Jerusalén el estatus oficial, pero ningún presidente desde entonces la ha llevado a la práctica, tanto por el miedo a disturbios en la zona como por la sensación, certera, de que un movimiento de este tipo colocaría a EEUU en una posición de clara parcialidad, casi irreversible, arruinando su papel de mediador en unas posibles negociaciones palestino israelíes, que son siempre uno de los temas de la agenda presidencial de la Casa Blanca, especialmente durante los segundos mandatos. Todo el mundo en Washington tenía claro que el estatus de Jerusalén, tres veces santa y tres veces odiada, debía ser fruto de un acuerdo mucho más amplio entre los representantes de Israel y Palestina, y que llegado un día en el que la solución de los dos estados fuera posible, la administración de la ciudad quizás fuera compartida, o sostenida por una entidad internacional que garantizas el derecho de ambos, en acuerdo con los cristianos, para el uso de los santos lugares y los demás espacios urbanos. También tenía más o menos claro todo el mundo que Jerusalén sería lo último que, de existir ese ansiado acuerdo, se negociaría, porque ahí sí que las posturas son tensas e irreconciliables, dado que se llega al punto mollar de las creencias religiosas mutuas, y por lo visto excluyentes. Y si cada parte siente que Dios, su Dios, el único y verdadero, está de su parte, y ese Dios pasó una temporada entre esas piedras y muros, la posibilidad de acuerdo se antoja más como un milagro que como otra cosa. Por ello EEUU, a lo largo de estas décadas, en una política de tira y afloja con Israel de cara al freno de los asentamientos y de nula relación con las facciones islamistas terroristas de los palestinos, nada ha dicho de la sacrosanta ciudad, para evitar meterse aún más en un embrollo del que difícilmente podría salir. Cuando ya en campaña Trump anunció que tomaría esta medida surgieron muchas voces en los países occidentales, y más en EEUU, para que no la llevara a cabo, porque sería un gesto unilateral peligroso que, muy probablemente, no iba a contribuir a solucionar problema alguno, sino más bien a agravarlo. Pareció por un momento, al poco de llegar el magnate al poder, que la agenda interna y el desprecio por las cuestiones internacionales iban a tener aparcado el tema de Oriente Medio durante bastante tiempo, pero ha resultado que no, que Trump y algunos de sus asesores lo estaban estudiando. Hace pocos días el rumor tomo fuerza y ayer se hizo realidad.


¿Y ahora, qué? A saber. Trump utilizo ayer en su comparecencia una expresión que se atribuye a Einstein (pobre Albert, quiénes osan a mencionarte) afirmando que tras décadas de políticas inamovibles que no han servido para nada es hora de cambiar algo para provocar nuevas reacciones. Es de suponer que la tensión en la zona crecerá, y que habrá disturbios, pero se me antoja casi imposible estimar su intensidad y alcance. La decisión también supone otro baldón para un Departamento de Estado que, tras la llegad de Trump, está en franco retroceso global, con un Tillerson al frente cuya dimisión o cese se comenta todos los lunes y viernes, pero que no pinta nada de nada en las decisiones políticas de su jefe. La diplomacia norteamericana, poderosísima, hace aguas y se deshace justo cuando más se la necesita.

martes, diciembre 05, 2017

Manuel Marín, un europeo

Al poco de que llegara ayer por la noche a casa saltó la noticia, inesperada, de la muerte de Manuel Marín, y ya se me amargó lo que quedaba de día. Marín falleció a los 68 años, muy joven, por un cáncer de pulmón, que yo desconocía que padecía desde hace algo más de dos años. Las últimas veces que le vi en entrevistas y actos ya estaba enfermo, pero pese a ello mantenía una entereza y porte propio de quien se sabe ocupado y con un destino. Los últimos años de su vida laboral los dedicó a la fundación Iberdrola, lejos de la política, a la que todo lo dio y de la que no recibió los elogios y parabienes que merecía.

En un país de prisas, cortoplacismo y bronca, Marín era un hombre de luces largas y visión amplia. Y en una nación cerrada y centrada en sus menudencias, Marín era un hombre volcado en Europa, en la construcción de un continente, de una supranacionalidad que nos acogiera y diera la estabilidad y paz que nunca hemos podido lograr los europeos en solitario, cada uno por nuestro lado. Afiliado al PSOE desde los setenta, pero siempre partidario más de una visión política que de unas siglas de partido, es nombrado secretario de estado para las comunidades europeas, que así se llamaba por aquel entonces la UE, con la llegada de Felipe González al gobiernos. Desde entonces se desvive en el proceso negociador que culmina con nuestra incorporación al club comunitario, en un acto de firma que, por así decirlo, vuelve a integrarnos en la modernidad, en la Europa que abandonamos muchas décadas atrás y que, Aleluya, nos volvía a acoger. Tras esa firma Marín sigue volcado en las relaciones con la Unión, y empieza una carrera de puestos de responsabilidad en las instituciones comunitarias que le lleva a ocupar el rango de vicepresidente de la UE, el cargo más importante que un español ha ocupado jamás en la historia de la Unión. Y no lo obtuvo por una cuota de territorios o negociaciones de poder, no, sino por su capacidad de trabajo, de dedicación, de profesionalidad absoluta y desinteresada hacia un proyecto que él veía como la culminación, el sueño que permitía escapar de la pesadilla que relata Zweig en sus memorias, la de una Europa destruida por sus egoísmos. El servicio público al ciudadano y la búsqueda de su mejora es, en todo momento, la meta de Marín, y eso lo convierte, día a día, en un político cada vez más extraño en el mercadeo patrio, en el que las afinidades a la siga, a “los míos” están por encima de la verdad, la eficiencia y el servicio. Vuelve a la política española y con la llegada de ZP al poder alcanza el rango de Presidente del Congreso de los Diputados. Lucha día a día para modernizar la cámara, implantar costumbres europeas en los modos, maneras e instrumentales, pero choca con la realidad de una política de frentes, cainita y antediluviana. Poco a poco es sólo su autoridad moral lo que le permite sobrevivir en ese circo de fieras, dado que los suyos y los otros le tratan cada vez peor, y llega un día en el que, viendo cómo ha fracasado su proyecto de reforma del reglamento de la Cámara y que su soledad es manifiesta, deja el cargo con el final de la legislatura y anuncia el abandono de la política como profesión. Desde entonces se embarca en una aventura en la empresa privada, Fundación Iberdrola, callada, silenciosa, nada vistosa, centrada en labores culturales, de restauración de patrimonio y de iluminación de monumentos. Concede entrevistas en contadas ocasiones y su voz, siempre clara y lúcida, anuncia los tiempos populistas que se avecinan. Ve llegar antes que nadie la sobra de un referéndum en el Reino Unido y confiesa sus temores ante un futo incierto, que la muerte le impedirá contemplar.

Cuando pocos creían en la Unión y en ese futuro compartido, Marín se dejó la piel para crear instituciones y reglamentos que le dieran cuerpo, solidez y tarea. Puso en marcha programas como el Erasmuas, sabedor de que no hay unión sin que los ciudadanos compartan sus vidas y se unan en proyectos comunes y tangibles. Su vocación le dio un trabajo inmenso y muchas veces silencioso, pero es uno de los hombres que más ha logrado cambiar, y a mejor, la vida de todos los españoles y el conjunto de los europeos. En tiempos de mentiras, populistas, mensajes falaces y nacionalismos, su pérdida aún es más dolorosa. Nos queda a todos el ejemplo que nos dio. Y “gracias” es una palabra que se queda muy corta para reconocer su legado. Un fuerte abrazo a los suyos. Descanse en paz.


En esta caótica semana mañana y el viernes es fiesta, pero el jueves trabajo, por lo que habrá artículo. Descansen, abríguense y si viajan, mil ojos en la carretera

lunes, diciembre 04, 2017

Música, color, viento (para Maria Parra e ISM)

Sigo sin entender cómo funciona la magia de la música, pero la siento plena cuando la escucho. Supongo que me pasa como a tantos otros, y como decía San Agustín refiriéndose al tiempo, que cuando la oigo se lo que es, pero que cuando tengo qué explicarlo me veo incapaz de expresarlo en palabras y frases, no pudiendo explicarlo. Cómo un lenguaje tan abstracto, carente de letras que podamos entender, de fonemas y estructuras, nos puede transmitir mensajes y emociones de una forma a veces más intensa que el más apasionado de los textos. No se cómo es posible, pero sucede. Y quizás sea mejor dejarlo así.

El pasado viernes tuve la oportunidad de volver a sentir una sensación musical, gracias a ISM, antigua jefa mía ya jubilada, que con motivo del arreglo del piano de pared que está en el sótano de su casa, organizó un concierto privado al que invitó a pocas personas, no llegaríamos a la veintena, en una velada tan exclusiva como lujosa. Para nosotros en exclusiva iba a interpretar la pianista María Parra, mujer llena de talento y fuerza, que nos narró, con el teclado y de viva voz, el contenido de su segundo disco, centrado en piezas del impresionismo francés y algunas selecciones de repertorio español. Cuando hace unas semanas ISM me comentó la idea del concierto, surgida de la amistad de María con una de sus hermanas, me pareció una idea curiosísima, extraña y, pensaba para mi, loca, de esas que se dan en las ciudades y que son extravagantes de por sí, y me hizo mucha ilusión que ISM me invitase a un acto así. Cuando iba a él, bajo el viento frío de este invierno anticipado, y ya sentado en una silla en el sótano de la casa, al resguardo, en el calor del hogar, y con el piano al fondo, no podía dejar de pensar en lo insólito que era lo que estaba a punto de suceder, lo difícil que es conocer a un músico y lo casi imposible que es que toque para ti, que no estés en lo alto de un anfiteatro oyendo, y viendo las cosas a una distancia enorme, sino ahí, al lado, a tres cuatro metros de la silla que, todavía, seguía vacía. Supongo que la pianista estaría nerviosa, como ante cualquier actuación, y más si cabe en una de este tipo donde las caras de los espectadores están ahí, encima, junto a ella, pero yo estaba en esos momentos casi tan nervioso como ella. Bueno, quizás no fueran exactamente nervios, pero sí esa sensación de tensión que a uno le embarga ante situaciones importantes que se antojan difíciles. Supongo que no para la intérprete, pero esa sensación desapareció por completo para mi al poco de que María entrase en la sala de concierto y comenzara a tocar, y la música lo llenase todo. Música centrada en un Debussy desatado, cromático y volátil, con piezas que tratan de reflejar esos paisajes impresionistas que dieron nombre a la corriente artística, y que el compositor francés logra, de manera mágica, describir con pentagramas, y el intérprete tiene el reto de convertirlos en sonidos de color y sensaciones. María iba desgranando las piezas del repertorio, agrupándolas por bloques, y realizando antes de ello una introducción explicando qué es lo que íbamos a oír, qué significado le había dado el compositor a la obra y lo que esas piezas habían supuesto para ella a lo largo de su carrera profesional y de estudio del piano, que es lo mismo que decir de su vida, dedicada en cuerpo y alma a una pasión, a un instrumento, a una tortura, a una esclavitud, que todo lo pide, y que todo lo ofrece si uno se entrega sin límite. El concierto duró algo más de una hora y tuvo varias propinas, pero cada uno de los minutos de entrega de Maria ante el teclado, con nuestra absorta atención embelesada en sus manos y postura, se hicieron intemporales. Su interpretación fue excelente, su entrega total, nuestro disfrute, pleno.


Tras escuchar la música, estuvimos un buen tiempo en el salón de la casa de ISM de charla, picoteo y tertulia, no sólo de cuestiones musicales, y durante bastante tiempo el grupo de personas a las que yo conocía, que fuimos los últimos en marcharnos, tuvimos la oportunidad de contar con María como tertuliana, y pudimos hacerle preguntas sobre su carrera, gustos musicales, cuestiones sobre otros intérpretes, compositores y obras. Y hablamos largo y tendido de otros muchos temas no musicales, en una velada que fue un placer para los que la pudimos disfrutar, y de la que sólo puedo dar gracias a María por su arte y entrega, y a ISM y sus hermanas por habernos permitido disfrutar de una noche impresionista llena de calor y color.

viernes, diciembre 01, 2017

Corea del Norte ya tiene misiles de verdad

Esta semana Corea del Norte ha efectuado un nuevo ensayo balístico. Ha lanzado un misil que ha llegado a una altura de varios miles de kilómetros sobre la superficie para acabar estrellado en el mar, en un proceso de prueba que ha demostrado a todo el mundo su mejora en este tipo de armamentos. Según los expertos, esta prueba ha mostrado, por primera vez, que el amigo King Jon Un tiene misiles no sólo capaces de alcanzar territorio norteamericano, sino cualquier punto del mismo. Sus proyectiles llegan sobreviven al retorno atmosférico e impactan sobre el objetivo señalado. Aún es probable que la tecnología norcoreana no pueda equiparlos con cabezas nucleares, pero ese es el siguiente paso. Ya posee un vector global.

Cada vez que Corea del Norte lanza un nuevo pulso surge la pregunta inevitable. Y ahora, ¿qué? ¿Cómo respondemos? ¿Qué hacemos? De poco sirven las reuniones y condenas de una ONU escasamente operativa en lo general y nula absolutamente en lo que hace al problema norcoreano. Nuevas bravatas tuiteras de Trump muestran su enfado y disposición a hacer cosas, pero nada sucede y el progreso norcoreano es evidente. Si no suceden cosas extrañas o accidentes, es probable que en poco tiempo lleguemos a una situación de equilibrio estratégico, o de equilibrio del terror, como también se le denominaba en el pasado, entre EEUU y Corea del Norte. La capacidad mutua de atacarse nuclearmente impone una cautela en ambas partes muy medida. Cierto es que la superioridad militar norteamericana es abrumadora, pero la probabilidad de que los norcoreanos puedan causar una desgracia nuclear en suelo estadounidense ya no es cero, y ambas partes lo saben. Eso cambia notablemente las estrategias de los dos oponentes y, curiosamente vista la experiencia de la guerra fría, los convierte en más cautelosos. Ninguno de los dos posee incentivos reales para ir a la guerra, a sabiendas de que EEUU saldrá dañado y Corea del Norte liquidado por completo, pero este equilibrio quizás sea la única garantía que puede esgrimir seriamente el régimen de Pyongyang para garantizarse su supervivencia, que es lo único que le importa al gordito y sus gerifaltes. Las conversaciones de EEUU con China, único aliado de los norcoreanos y suministrador de energía y otras materias primas al régimen, no avanzan por buen camino. China promete colaborar en el control del régimen satánico del norte, pero todos saben que, en el fondo, el conviene que esa dictadura permanezca. Le evita un éxodo de población norcoreana, pobre hasta decir basta, y le hace de tapón con respecto a Corea del Sur, aliado norteamericano. De no existir el tramo del norte un gran aliado de EEUU tendría frontera física con China, y eso es algo que en Beijing no se quiere ni imaginar. Por ello todo lo relacionado con Corea del Norte tensa las relaciones entre China y EEUU y complica la geoestrategia en la zona, hasta llevarla a situaciones de alta tensión que pueden ser indeseables. Con todo esto encima de la mesa y otros muchos factores que me dejo y olvido, pueden ustedes concluir que la situación allí es, como mínimo, difícil, y no se vislumbra una salida. Quizás a medio plazo tengamos que acostumbrarnos a vivir con un régimen tan abominable que parece una caricatura, pero que está tan armado y es, aparentemente, rabioso, que mejor no tocarlo. Este status quo de estabilidad a cambio de persistencia de la dictadura garantiza la seguridad en la zona a cambio de la intranquilidad de los vecinos y la opresión infinita e infame de la población norcoreana. Si este es el mejor de los escenarios posibles, ¿cuál es el peor? Una guerra.


Cualquier guerra que se de en la zona, sea con el armamento que sea y de la dimensión que se desee, generaría un balance de muertos difícil de imaginar por su dimensión, y es probable que acabara con un enfrentamiento total, a sabiendas los norcoreanos que, en caso de batalla, no tienen opciones de ganar, sólo de hacer el mayor daño posible a sus vecinos y enemigos antes de ser aniquilados. Cifras de muertos, daños materiales y económicos…. El balance de cualquier conflicto armado en la zona alcanzaría proporciones históricas, y no por lo bueno. Quizás hace unas décadas fuera posible realizar ataques quirúrgicos que impidieran la escalada armamentística y nuclear norcoreana, pero hoy en día eso ya parece fuera de todo alcance. Así que les dejo sobre la mesa la pregunta de antes. Y ahora ¿Qué?

jueves, noviembre 30, 2017

Suicidio en directo ante el Tribunal de La Haya

La escena parece sacada de una de esas crónicas de los juicios de Núremberg, donde las cápsulas de ácido prúsico jugaron un papel tan determinante a la hora de “sentenciar” a muchos de los condenados El acusado, general de las tropas serbias durante la guerra bosnia, mira al tribunal desde su altiva posición, con un rostro serio, rígido, cubierto con una barba blanca que le da un porte inmerecido, y en medio de un alegato en favor de su inocencia, saca un pequeño recipiente del bolsillo, no más que uno de esos minivasitos que portan aceite y se usan para aliñar ensaladas, y se lo bebe delante de la sorpresa de todos los presentes en la sala. Afirma el acusado que acaba de ingerir veneno. Tras ello, la vista se suspende y el acusado muere en apenas un par de horas.

En sí misma, la Corte Penal Internacional de La Haya, y cualquier otro tribunal internacional que juzgue delitos contra la humanidad, es heredera de los juicios de Núremberg, de aquellos procesos instaurados tras la derrota del régimen nazi y el descubrimiento, generalizado y público, de las atrocidades cometidas durante y en sus dominios. Algunas de ellas, como la existencia de los campos de concentración eran sabidas, y no pocos eran los rumores sobre lo que allí sucedía realmente, pero una incredulidad general y una cierta sensación de desidia acallaban las escasas voces que denunciaban el genocidio que se estaba cometiendo. De aquella época horrenda como pocas, pozo oscuro de nuestra historia de seres humanos, vienen conceptos como genocidio, Holocausto, crímenes contra la humanidad, y otros relacionados con ellos. De hecho los acusados y condenados en Núremberg lo fueron por figuras jurídicas que tuvieron que ser creadas para poder definir lo que allí se estaba juzgando. ¿Cómo calificar a Auschwitz antes de la existencia de semejante lugar y acciones? ¿Cómo tipificarlo, definirlo, meramente llamar a semejante dimensión del horror? Núremberg necesitaba de la imaginación de los juristas para delimitar y calificar los delitos, y la capacidad inimaginada de asombro por parte de todos para asumir lo que allí se estaba juzgando. Muchos de los condenados optaron por el suicidio antes o durante el proceso, lo que impidió a la justicia hacer su trabajo. La mera idea de que la muerte de Himler hubiera podido ser evitada cuando se le detuvo e imaginar su simplona cara entre rejas frente a un Tribunal resulta tan fascinante como difícil de concebir. ¿Qué nos hubiera podido contar el gestor de la solución final, el responsable máximo de las SS, uno de los hombres con mayor poder en el régimen nazi?. Quizás nos podría haber explicado en detalle cómo se gestó, planificó y desarrolló el crimen masivo perfecto, quizás no el más numeroso (Rusia y China ganan de calle) pero sí el más depravado de los asesinatos masivos concebidos a lo largo de la historia. O quizás no. Puede que, de haber sobrevivido a su suicidio y llevado a juicio, el testimonio de Himler nos hubiera adelantado algunos años el concepto de banalidad del mal que tan lúcidamente desarrollo Hanna Arendt durante las sesiones del juicio de Adolf Eichmann, celebrado varios años después. Quizás Himler se nos rebelase como un oscuro funcionario, un hombre gris, adusto, eficiente, serio, riguroso, fanatizado, pero lleno de procedimientos, que generaba órdenes que se traducían en muerte con la misma eficacia y frialdad que se requiere a la hora de aprobar procedimientos de subvenciones a empresas. Y es que Himler, al parecer, era así. Y eso, como supo ver Arendt, es quizás una de las conclusiones más devastadoras de aquellos juicios, de aquellos años de infamia absoluta.


Entre los “méritos” del fallecido ayer general Praljak está el de ordenar la voladura del puente de Mostar, uno de los símbolos de aquella cruel guerra, en una ciudad que era un lugar de convivencia entre etnias y religiones y que, desde entonces, tras el paso del fanatismo y las armas, ya no ha vuelto a ser lugar de unidad y respeto, pese a que el puente haya sido reconstruido. Hasta el último minuto de su vida Prajlak ha estado convencido de la rectitud de sus actos, de haber hecho lo debido, de obedecer órdenes precisas y justas en una guerra en la que desempeñaba el papel que tenía asignado. No ha visto el mal causado, no se ha sentido culpable por lo que sus actos generaron. Se ha considerado un militar obediente, y como tal ha escenificado su final. ¿Qué nos dice esto sobre la justicia, el arrepentimiento y la verdad?

miércoles, noviembre 29, 2017

¿Es China el futuro?

Si ayer les preguntaba si el bitcoin es la moneda del futuro (ayer subió otro 3%), y no era capaz de darles una respuesta, hoy subo la apuesta y les interrogaré, nos interrogaremos, sobre el futuro del mundo en su totalidad, y el papel que China puede ejercer en él. El desatado crecimiento de la economía china desde la liberalización controlada de Den Xiao Ping ha cambiado los patrones económicos del globo y va camino de alterar los geopolíticos. A un ritmo sostenido que no baja del 6% con una población camino del estancamiento pero que supera de largo los mil millones, China se hace cada día más grande, poderoso y temible. Lo que allí se decide, crea y desarrolla nos acabará influyendo a todos, querámoslo o no.

Venía este pasado domingo un reportaje apasionante en la revista de El País dedicado a Shenzen, ciudad china limítrofe al norte de Hong Kong, que hasta hace pocos años era una localidad de algunas decenas de miles de habitantes y que hoy es una urbe de más de diez millones de personas, rascacielos que surgen por todas partes y excavadoras que no cesan de tirar viejas construcciones para seguir ampliando una urbe que crece sin control ni, desde luego, freno. Shenzen es el paraíso del hardware, la cacharrería. Si Silicon Valley se asocia al software, a la programación, esta ciudad china es el paraíso de los cachivaches. Placas de ordenadores, sensores, dispositivos, elementos de todo tipo que son los encargados de recopilar los datos que nos van a monitorizar y espiar sin fin para sacarnos hasta el último euro de nuestra cuenta. En esta ciudad ha nacido Huawei, marca china de móviles que hace cinco años nadie conocía y que hoy se disputa el trono de ventas junto a Apple y Samsung. En el reportaje se entrevista a varios ciudadanos que allí viven, chinos, de otras nacionalidades asiáticas y de procedencia occidental, y la sensación que uno saca al escucharles es común. La ciudad no para, la economía no para, Shenzen no duerme jamás porque dormir es ocio y no da dinero. La inventiva, el trabajo desatado y la competencia feroz se encuentran por todas partes, en un ecosistema darwiniano al extremo en el que las ideas consiguen financiaciones bajas, tiempo escaso de desarrollo y e infinitos y potenciales beneficios, lo que obliga a todo el mundo a desvivirse para sacarlas adelante. Muchos de los entrevistados coinciden al tener una imagen de Shenzen, y de China en su conjunto, como el futuro, como la nueva economía, frente a unos EEUU estancados en una peligrosa complacencia y una Europa directamente decadente y que camina hacia la decrepitud. Sin duda es la fuerza de la juventud, tan intensa como alocada y, a veces, equivocada, pero es cierto que la fuerza del gigante chino es tal que arrasa en todos aquellos sectores en los que pone el ojo. Durante años China ha sido el paraíso de la subcontrata barata, del ahorro de costes de las empresas occidentales, la “fábrica del mundo” como se le llegó a llamar, pero empieza a verse que, cierto que todavía en zonas escogidas, la I+D+i, la innovación y el desarrollo tecnológico propio están empezando a dominar sobre el montaje y ensamblado. Las empresas chinas poco a poco, a base de esfuerzo propio, copiado al rival e inventiva, están situándose a la altura de empresas punteras occidentales, y el dominio de la tecnología y su desarrollo está en la base del crecimiento futuro. Y todo ello, nunca lo olvidemos, en un sistema dictatorial de partido único, con represión, sin libertades, sin derechos humanos. Unas cortapisas inaceptables que a nadie de los entrevistados parecen importarle demasiado. Creciendo a tasas del 6% se asimila mejor el no poder abrir la boca, dado lo garantizado que está el bolsillo y la cartera llena. Pero es también cierto que el mercado laboral chino se parece demasiado a las novelas de Charles Dickens, pestilencia de humos industriales incluidos.

¿Es este el futuro? ¿Una regresión en las libertades a cambio de la prosperidad económica? ¿Un sistema global regido por una potencia dura como la China? ¿Es Shenzen, Shanghái y otras urbes de nombre desconocido el relevo a San Francisco, Nueva York o Chicago? Aún es pronto para decirlo, y no es menos cierto que la economía china esconde debilidades estructurales (y una más que posible pirámide financiera muy peligrosa) que pueden sacudirle y hacerle retroceder varios pasos, como le pasó al exitoso e imparable Japón de los ochenta. Pero no debemos ser ingenuos, como se señala en el artículo, un tercio del planeta vive a un par de horas de avión de Shenzen, y su renta per cápita no deja de crecer. Y el dominio que ejercerá sobre el planeta tampoco. El mundo gira, y cada vez apunta más a Asia. Y eso sí que parece imparable. Nos guste o no, tocará adaptarse

martes, noviembre 28, 2017

Un bitcoin, 8.200 euros. ¿Hay burbuja?

Ayer el Bitcoin batió un nuevo récord y alcanzó una cotización de 8.289,77 euros la unidad, más de nueve mil dólares. Hay muchas páginas donde ver la evolución de esta moneda, he aquí una de ellas, y si nos dedicamos a ampliar el rango temporal de la gráfica veremos como la subida de estos últimos meses es exponencial, disparada, desatada, desenfrenada. Siempre es difícil decirlo a priori, pero si quieren ver cuál es el aspecto de una burbuja antes de estallar, les recomendaría quedarse con esa imagen, porque creo que la refleja perfectamente. Ahora, recuerden, para que sea burbuja, tiene que venir un derrumbe en el futuro. Sino, estamos ante otra cosa muy distinta, y mucho más importante.

El otro día en la cafetería del trabajo salió el tema de los bitcoin y muchos de los allí reunidos no tenían ni idea de lo que era, y ni les cuento lo que pueda pensar mi madre cuando, dentro de unas semanas, llegue a leer esto. ¿Qué es el Bitcoin? Decir que es una criptomoneda tampoco ayuda mucho, afirmar que es la resolución de un modelo matemático menos, que es un invento virtual de un grupo informático lo complica aún más, y que ese juego adquiera semejante valor resulta ya casi incomprensible. El bitcoin es todo eso, y puede llegar a serlo mucho más. Es la primera moneda virtual, artificial, fruto de la tecnología informática, creada por un grupo de programadores de software que querían diseñar una unidad de cuenta que no fuera manipulable. Sus diseñadores la concibieron como la solución a un conjunto de complejos problemas matemáticos que requieren un uso intensivo de ordenadores, lo que se llama “minado” y que consume mucha electricidad. Tal y como está diseñada, hay un límite de bitcoins o soluciones a esos problemas, que es de 21 millones de unidades. No puede haber más. En ese sentido se ha comparado al bitcoin con el oro, y a sus creadores como unos idealistas que soñaban con una moneda que no pudiera ser multiplicada hasta el infinito por parte de los gobiernos, habituales creadores y manipuladores del dinero. Pero que el bitcoin sea una moneda implica que debe ser aceptada como tal para poder ser usada como medio de pago, intercambio y atesoramiento, que es para lo que se utiliza el dinero. Supongamos que usted tiene bitcoins, lo que implica que posee una memoria USB o un disco duro en el que se alojan esas soluciones matemáticas, si nadie se al acepta a cambio de cosas, de poco sirve su moneda. Hay algunos lugares en los que si se puede pagar con bitcoins, pocos en el mundo real, variados en la internet normal y bastantes en la “deep web” la internet profunda y oscura en la que se encuentran muchos negocios ilegales o, al menos, no regulados. No es sólo una moneda de piratas, pero si son muchos los piratas que la usan, dado que tampoco deja mucho rastro en sus transacciones. Pero lo que sí es cierto es que, como instrumento de inversión, muy volátil, el bitcopin es ahora mismo la estrella del momento. A mediados de julio de este año el bitcoin valía, se pagaba, a 2.200 euros, lo que quiere decir que desde entonces, en cuatro meses, casi ha cuadruplicado su valor. El 10 de enero de este año se pagaba a 859 euros, por lo que la revalorización en el año se acerca al 1000 por ciento, ha multiplicado por diez su valor. El mercado de bitcoins es de una volatilidad extrema, y junto a subidas disparadas se encuentran desplomes igualmente abruptos, pero es cierto que para los amantes de la ruleta rusa financiera no hay hoy en día otro lugar en el que poder ganar más y más rápido que en el intercambio de este particular activo. Ahora mismo hay algo más de dieciséis millones de bitcoins descubiertos, minados con esos incesantes ordenadores que los trabajan en todo el mundo, y que consumen mucha electricidad, por lo que si multiplicamos obtenemos que el mercado de bitcoins vale unos 140.000 millones de euros, el 14% del PIB de España. Una burrada.


¿Cuánto vale realmente un bitcoin? ¿Millones? ¿nada? La única respuesta válida en cada momento es lo que el mercado determine, en función de la oferta, demanda y legislación. Cada vez que China, país en el que se ejecutan la mayor parte de transacciones, ha alterado algunas reglas la cotización ha pegado saltos muy bruscos, casi siempre hacia abajo. ¿Son las criptomonedas el futuro del dinero? No lo se, pero ahora mismo muchos bancos centrales y analistas observan lo que pasa en el mercado de bitcoins (y de otras igualmente virtuales como ethereum) para saber si el futuro va por ahí o no. ¿Será el dinero del futuro una especie de bitcoin creado y regulado por los estados? Así nacieron muchas monedas y billetes que, con el tiempo, fueron confiscados por los gobiernos para su monopolio. Toca esperar, ver y, de paso, saber si hay burbuja o no

lunes, noviembre 27, 2017

Terrible atentado yihadista en el Sinaí

Quizás el balance del atentado aún se mueva, pero daría igual, es lo suficientemente abultado para quedarse, otra vez, sin adjetivos para calificarlo. Un comando islamista, formado por más de veinte atacantes, irrumpió el viernes en una mezquita de una localidad del norte de la península del Sinaí, en Egipto, a sangre y fuego. Candó las puertas y se dedicó a exterminar a todos los que se encontrasen en el interior del templo. Con un uso indiscriminado de armas automáticas y nulo de la conmiseración, el resultado no podía ser otro. Más de trescientos muertos y algo más de un centenar de heridos, en una carnicería que recuerda al de Mogadiscio de hace unas semanas, y que resulta insoportable.

Desde hace tiempo los grupos islamistas actúan a discreción en el Sinaí, un territorio enorme, en su mayor parte desértico, y que es desconocido para todo el mundo a excepción de los enclaves turísticos de Sharm el Sheikj, en el Mar Rojo. Sus ataques se han centrado contra las fuerzas del ejército egipcio, que apenas son capaces de controlar una zona ya de por sí difusa. Pero en todo este tiempo no se habían visto atentados contra la población civil ni, desde luego, nada parecido a lo que pasó el viernes. Quizás esto sea una nueva muestra de hasta qué punto el gobierno de El Cairo no es capaz de controlar ese territorio y la estrategia islamista adquiere fuerza en él, asistida por retornados de la guerra de Siria, huidos tras la derrota de DAESH, o más bien la erradicación de su califato físico. Varios han sido los analistas que han defendido la tesis de que, a medida de que DAESH perdiera territorio se convertiría en una banda terrorista más “clásica” por así llamarla, realizando ataques dispersos mediante comandos, contando para ello con seguidores en el terreno y la ayuda de combatienetes de DAESH que, o bien retornados o escapados del extinto califato, apoyan a los locales y les otorgan una capacidad letal dada su experiencia en combate militar. Es por ello fácil de suponer que el riesgo de atentados islamistas en el mundo ha crecido en estos días, y eso nos incluye a nosotros. Pero desde luego también afecta a otros lugares, que nos pueden parecer remotos y olvidados, pero en los que residen personas como usted y como yo, que viven, sueñan, crecen y padecen. Egipto es una de las naciones más golpeadas por el yihadismo, tanto por las víctimas causadas como por el daño, letal, provocado a su industria turística, la principal en una nación carente de estructuras económicas modernas. Su población crece de una manera desaforada, acercándose a los cien millones de habitantes, la inmensa mayoría de los cuales son jóvenes, carentes de futuro laboral. Sumido en una crisis económica y regido por un militar, Al Sisi, que llegó al cargo tras la revuelta que expulsó a Mubarak, la estabilidad de Egipto es precaria, y atentados sádicos como el del viernes vuelven a ponerlo de manifiesto. El gobierno de El Cairo, que no es capaz de crear empleo, y ni siquiera puede poner orden en el territorio, por muchos galones que exhiban sus dirigentes, se enfrenta a una situación de completa deslegitimación frente a su población. En este caldo de cultivo el islamismo es capaz de conseguir adeptos, quizás no los suficientes como para hacerse con el poder, pero sí los bastantes como para pervivir y seguir royendo las estructuras del país, debilitándolo, haciéndole daño y llevándolo a un callejón sin salida. La situación de Egipto es, por lo tanto, grave, y requiere que el resto de países le ayudemos en lo posible, tanto a vencer a los terroristas que se han hecho fuertes en su territorio como a capear la crisis económica que vice su sociedad.

Los exterminados en el atentado del pasado viernes son musulmanes, de la rama sufí, una de las más minoritarias, caracterizados por su introspección, vida meditativa y ascetismo. Son una versión mística, por así decirlo, del islam, y han sido vistos en algunas naciones como una posible vía para canalizar la creencia extrema y desactivar el islamismo radical. Los nazis de DAESH los consideran herejes, y desean exterminarlos, como a todos los que no piensan como ellos (bueno, escribo la palabra pensar por poner algo). Antes atacaron a los coptos egipcios, y mañana a cualquier otro grupo que, para ellos, no sea digno de su sádica concepción del mundo. Hoy sigue el dolor en el Sinaí, pese a que no hayamos puesto banderas egipcias ni en nuestros monumentos ni en perfiles sociales. Hoy, allí, se llora en silencio.

viernes, noviembre 24, 2017

El cuponazo del PNV

Acostumbrado a pactar con todo el mundo, y diestro a la hora de llevarse tajada en cada acuerdo, en pocas ocasiones se ha visto el PNV tan propicias y rentables como la presente, vistas las cifras de la renovación del cupo. Probablemente al gobierno no le ha quedado otra que ceder todo y un poco más para poder garantizarse un mínimo apoyo que salve esta compleja legislatura, y aunque las críticas de Ciudadanos sobre el pacto alcanzado son ciertas, quizás ellos, con los escaños suficientes para poder gobernar pero insuficientes para dar estabilidad asu gobierno, hubieran hecho lo mismo. Tal como van las encuestas puede que en el futuro salgamos de dudas.

Lo trascendente no es el acuerdo sino el sistema, la asimetría del concierto respecto a lo que rige para el resto de CCAA, y todo ello en pleno debate sobre su modelo de financiación. España es así, país de contrastes donde o te mueres de sed o te ahogas en una riada. Conviven en nuestro modelo dos tipos de comunidades, y voy a simplificar las cosas para que sea más sencillo entenderlas, a sabiendas de que hay errores (Canarias Ceuta y Melilla tienen particularidades). Las forales, que son Navarra y país Vasco, que recaudan la gran mayoría de los impuestos que se determinan en su territorio, que ejecutan gasto, y transfieren al estado el coste correspondiente a las competencias no transferidas. Es este importe que se transfiere lo que se denomina cupo, y suele ser inferior al coste real. El resto de comunidades, que apenas recaudan nada de los impuestos que se determinan en su territorio, que ejecutan gasto, y obtienen recurso de lo que el estado les transfiere vía recaudación nacional. Es al calcular lo que recibe cada CCAA donde se organiza la bronca sobre que unas están mejor financiadas (o peor) que otras. Conviven por tanto dos modelos opuestos, el de la plena responsabilidad fiscal (las forales) y el de la casi total irresponsabilidad, lo que a mi entender es la receta para obtener el peor de los resultados posibles. Por un lado las forales apuran lo que pueden en su pago al resto de la nación y saben muy bien lo que recaudan y cómo ser flexibles al respecto, lo que les da margen para jugar. Por otro lado, el resto de CCAA tienden a gastar mucho y son vistas por sus ciudadanos como “buenas” proveedoras de servicios sociales (sanidad y educación principalmente) frente al “malo” gobierno central que es el recaudador. Esto no tiene mucho sentido, pero es a donde hemos llegado. Y de fondo, una estructura impositiva muy parcheada que ahora recupera capacidad de recaudación gracias a la recuperación económica, pero que en la burbuja se mostró ilusoriamente generosa y en la crisis mostró su real ineficacia para afrontar una caída de la actividad general. ¿Cómo arreglamos esto? Es muy difícil, ya lo se, pero creo que hay que tener una serie de principios claros para rediseñarlo. No son los territorios los que pagan impuestos, sino los ciudadanos y empresas sitos en ellos, por lo que donde haya más riqueza más se recaudará y menos donde escasee. Todos los ciudadanos del país deben tener unos servicios sociales y prestaciones públicas mínimas iguales, que funcionen de la misma manera y posean idéntica cobertura, y aquellas CCAA que deseen ampliarlos deben correr por su cuenta con este coste. Y debe haber corresponsabilidad en los ingresos. Si las CCAA tienen gastos transferidos deben poseer impuestos transferidos que les proporcionen ingresos, o al menos la mayor parte de ellos. El gobierno central puede actuar como compensador y tratar de pulir diferencias, pero no tiene sentido que el agente que gasta no ingrese y el que ingrese no gaste. Eso sólo genera distorsiones un constante enfrentamiento institucional.


¿Se puede extender el sistema de concierto al resto de CCAA? Sí, pero entonces los “cupos” serían más altos y las ventajas de la fórmula menores que las que algunas regiones, como Cataluña, desean. Quizás lo óptimo sea lo intermedio, de tal manera que un impuesto completo sea cedido a gestión regional, pongamos IRPF, y el IVA sea la fuente de financiación del gobierno central, o fórmulas por el estilo que, en todo caso, pongan a las CCAA a ingresar y, con techos de deuda, hacerse adultas a la hora de vivir de lo que ganen y no de la paga que reciben del gobierno central. ¿Es posible llegar a un acuerdo para reformar este modelo en esta legislatura? Sí, si hay voluntad de todos para ello, aunque me da que no abunda. Urgente es, y no sólo por razones políticas o electorales. Económicamente el sistema actual no da más de sí.

jueves, noviembre 23, 2017

Mladic y el genocidio de Srebrenica

Mucha razón tenía Javier Marías en su columna de hace unas semanas cuando denunciaba con que intensidad y frecuencia se procede al vaciado de las palabras, a su uso sin sentido, para calificar cualesquiera que sean los hechos, más allá de si representan lo que significan. Cuando todo es histórico, nada lo es, y ese término se convierte en una cáscara hueca, desprovista de significado alguno, se transforma en letras que caminan juntas, pero que hacia ningún sitio transitan. Y con ellas la historia a la que hacen referencia se desdibuja y pierde valor. Destruir palabras por su abuso es destruir los hechos que referencian.

Genocidio es uno de esos términos que cada vez se utilizan con una mayor frivolidad, y que corre el riesgo de convertirse en vulgaridad, en nada. La palabra se crea tras la II Guerra Mundial para tratar de describir los horrendos asesinatos perpetrados contra comunidades humanas, matanzas justificadas en ideología, creencias o criterios culturales, y que buscan exterminar no sólo a un grupo de personas, que también, sino a una colectividad, a una cultura, a una sociedad. Hace referencia a un hecho de una crueldad y dimensiones difíciles de imaginar, y trivializar este concepto es, en sí mismo, un hecho despreciable, que en el fondo busca rebajar el mal cometido. Cuando uno escucha ese término por boca de algunos dirigentes políticos de nuestros días refiriéndose a hechos absolutamente ridículos algo se retuerce en el fondo del alma, al sentir como miles de víctimas inocentes vuelven a ser masacradas en nombre de la falsedad. El último de los crímenes perpetrados en Europa y que sí debe ser denominado genocidio se produjo en los Balcanes, durante las guerras yugoslavas. En el verano de 1995, en plena ofensiva servida sobre Bosnia, las tropas eslavas encabezadas por el general Ratko Mladic, y espoleadas por el ideólogo Radovan Karadzic, cercaron la localidad de Srebrenica, que en aquellos días contaba con la presencia de un contingente de cascos azules de la ONU, de procedencia holandesa. Mladic prometió que la toma de la ciudad, carente de defensas militares, sería pacífica y que no se producirían víctimas si no se oponía resistencia. Las tropas de la ONU salieron de allí, los militares serbios entraron en la ciudad, y en pocos días cerca de ocho mil civiles fueron asesinados de manera sistemática y organizada por el mero hecho de ser musulmanes, de tener una lengua distinta a la serbia, por no ser de la etnia elegida. Lo sucedido en Srebrenica tardó en llegar a la opinión pública, que no lo asimiló en un principio como lo que realmente era, y fue el trabajo de los periodistas el que permitió hacerse una idea de lo que allí había sucedido, en medio de la más absoluta impunidad, y sin que nadie hiciera nada para evitarlo, ni siquiera intentarlo. Posteriores derrotas serbias, especialmente tras Kosovo, condujeron al derrumbe del sanguinario régimen de Slobodan Milosevic y se “pudo” capturar a los responsables de las matanzas de años pasados, entre ellos al psicólogo Karadzic y al general Mladic, y se pusieron en marcha una serie de juicios en el Tribunal Penal Internacional, con el objeto de castigar a los culpables y tranquilizar las conciencias de los que nada hicieron para impedir que los hechos se produjeran. Ayer, tal y como se esperaba, Ratko Mladic fue condenado a cadena perpetua, acusado de un delito de genocidio, de destrucción de una población por causas ideológicas, culturales religiosas o de origen. Mladic sí es un genocida, y sobre él puede caer todo el peso, ominoso, de ese término. Y será utilizado con propiedad, con la gravedad, inmensa, inabarcable, que se esconde tras sus combinadas nueve letras.


Se deduce de la lectura del artículo de hoy Guillermo Altares que muy amargas son las lecciones del genocidio de Srebrenica, porque replica en su génesis y desarrollo las matanzas acaecidas en la Guerra que todos juramos no volver a vivir, y porque como indica el experto Laurecce Rees, “nunca ha fracasado ningún genocidio por falta de voluntarios para asesinar". Ayer mismo la condena de Mladic era seguida por partidarios del genocida, que lo jaleaban y vitoreaban, portando camisetas con su efigie y reclamando, orgullosos, los hechos que su héroe había cometido, deslegitimando el juicio y negando la existencia de víctimas. Ese es el mal que atenaza, no sólo a Europa, y que algunos, imprudentes, iluminados, suicidas, pretenden destapar nuevamente, utilizar para su beneficio. Nunca, nunca, nunca. Es nuestra responsabilidad evitar que vuelva a suceder algo así.

miércoles, noviembre 22, 2017

Las vacunas nos salvan la vida

Vivimos una época absurda, paradójica, cruel. Nunca la ciencia ha avanzado tanto, subida a los hombros de los gigantes que nos han precedido, nunca la tecnología, que es su aplicación práctica, nos ha dado tantos y tan maravillosos productos para expandir nuestras capacidades y facilitarnos la vida. Muchas de las cosas que soñábamos hace décadas como imposibles ahora son corrientes, y las posibilidades futras que se abren son aún más espléndidas. Nunca el acceso a la cultura y el conocimiento fu más barato y universal que en nuestro tiempo. Y pese a ello, la increencia y la oposición a ese desarrollo científico y técnico no deja de crecer cada día.

El caso de la medicina es, sin duda, uno de los más exitosos. La inmensa mayoría de nosotros, desde luego yo, no estamos vivos hoy en día por la fortaleza intrínseca de nuestros genes o por la suerte (bueno, esto en caso de accidentes sí influye) sino porque los avances médicos nos han salvado de enfermedades que hemos padecido o, directamente, evitando que las pasemos. Los medicamentos, técnicas de diagnóstico y operación, la tecnología de los aparatos médicos y la cada vez mejor formación de los profesionales del ramo son, por citar algunos, aspectos en los que los avances de cada década han salvado, literalmente, millones de vidas. Y uno de esos avances trascendentales son las vacunas. Gracias a las vacunas muchas enfermedades que, a lo largo de la historia, han diezmado a la población y, especialmente, han segado incontables vidas infantiles, han sido erradicadas o convertidas en algo anecdótico. Sarampión, rubeola, varicela y otros nombres así son denominaciones más o menos técnicas que, hasta la invención de las vacunas, eran sinónimos de muerte. Hoy en día no somos conscientes de ese riesgo porque, casi todos vacunados, esos agentes infecciosos son ineficaces. Siguen con nosotros, pero una barrera invisible que no vemos nos protege, la vacunación nuestra y la de los que nos rodean. Y en este escenario de éxito, absoluto y total de la investigación y la ciencia, día a día surgen noticias de grupos que, amparados en la creencia y la facilidad con la que corren las noticias, difunden bulos, en este caso no sobre política, sino sobre salud. Los llamados antivacunas, grupos organizados que critican el uso de estas terapias, han encontrado en las redes sociales un gran altavoz para difundir sus mentiras, basadas en correlaciones espurias, casos aislados y coincidencias que magnifican hasta lograr titulares alarmistas que tratan de hundir la vacunación y todo el avance que ella ha significado. Algunos padres, que como todos aman a sus hijos sobre todas las cosas, hacen caso de estos mensajes, y no los vacunan y al actuar así lo que están haciendo es, realmente, poner una pistola en la sien de sus criaturas y obligarles a jugar una mortífera ruleta rusa. Y no sólo a ellos. Si varios niños no son vacunados, y se encuentran en contacto, uno de ellos basta para que se pueda propagar una infección de alguna enfermedad que, con el tiempo, pueda contagiar a todos ellos y causar víctimas y sufrimiento. Debemos repetirlo una, mil, millones de veces. Las vacunas salvan vidas, los antivacunas mienten, y todos esos mensajes que circulan por internet por ellos difundidos son falsos. Los padres deben hacer caso a sus pediatras y a la comunidad cienctífica, y no a uno “que sale en la tele” o tiene un vídeo en Facebook que dice que por vacunarse le salió una ubre de vaca en la pierna. Sí, sí, ríanse, pero cosas peores se pueden ver hoy en día dándose una vuelta por algunos de los estercoleros que, llenos de basura, tanto éxito tienen a la hora de difundirse entre la población.


¿Cómo combatimos, en la práctica, estas mentiras? Con divulgación, y de la buena, accesible y bien contada. Ayer tuvo lugar la presentación de dos libros sobre este tema, el de la vacunación y el de las matemáticas asociadas a las vacunas y el desarrollo de los procesos infecciosos, escritos por cuatro científicos que saben muchísimo más de estos temas que yo, y que son capaces de contarlo de una manera accesible, directa, graciosa y efectiva. El acto fue organizado por una pequeña editorial que, en palabras de su valiente responsable, encontró en la divulgación la vía para difundir la ciencia y así lograr que la verdad se abra paso entre tanta oscuridad. Muchas gracias por el acto de ayer, por iniciativas de este tipo, y recordemos una y mil veces. La ciencia salva vidas. ¡Las vacunas salvan vidas!

martes, noviembre 21, 2017

¿Repetirá elecciones Alemania, como ya lo hizo España?

¿Se enfrenta Alemania a una repetición electoral? ¿va a vivir un escenario tan absurdo como el que pasamos los españoles en 2015? No es descartable a día de hoy, una vez que los liberales han anunciado que rompen las negociaciones de la llamada coalición Jamaica, extraña unión de liberales, ecologistas y conservadores, única forma viable de gobierno que se aventuraba posible tras el resultado electoral del pasado septiembre. Está por ver si todo es una pose negociadora, que busca conseguir réditos extra a base de amedrentamientos, pero Merkel ya ha dejado claro que prefiere unas nuevas elecciones a un gobierno en minoría que, por definición, es inestable. Rajoy podría asesorarle sobre cómo hacerlo viable.

Ya en septiembre, tras las elecciones, muchos analistas españoles sacaron a relucir ese concepto de la “amarga victoria” que tanto éxito tuvo en la España de los noventa tras la última victoria del PSOE de Felipe Gonzalez. Un triunfo, sí, pero claramente insuficiente, que dejaba claras grietas y fracturas en el poder. Merke, con su semblante serio, mostraba en la noche electoral de hace dos meses una pose que dejaba a las claras su decepción, su preocupación por unos resultados que no eran los esperados. Antes del verano las encuestas otorgaban una amplia mayoría a su CDU y una derrota clara para los socialdemócratas del SPD. Esto último sucedió, pero no lo primero, ya que la CDU se dejó mucho voto en forma de desilusionados y, sobre todo, ciudadanos que fueron captados por los populistas neonazis de Alternativa por Alemania, que obtuvieron un excelente resultado, o nefasto si se mira por el bien de todos. Con un SPD en mínimos históricos y renunciando expresamente a una nueva gran coalición, la alternativa Jamaica parecía la única posible, y desde ese día la política alemana entró en un impasse que empieza a paralizar al conjunto de Europa. Era clave este año 2017, con las elecciones francesas y alemanas, para relanzar la UE o sentenciarla, según el resultado de ambos comicios. Curiosamente los franceses, que eran los que presentaban peor aspecto, resultaron ser los más beneficiosos para la UE y la política global, tras la derrota del populismo a cargo de un advenedizo, Macron, que encarna la esperanza de un mundo abierto, global y moderno. Y las alemanas, que se presumían certeras y sin incertidumbre, se están convirtiendo en un problema que crece día a día. Si Merkel estuviera ya en el poder, y con estabilidad, su alianza con Macron sería una gran fuerza para relanzar la Unión, empezar a reformarla y luchar de manera decidida contra los populismos, separatistas en Cataluña, de extrema derecha en Polonia y otras naciones del este, que surgen con fuerza, y todo ello con el Brexit de fondo. Aunque muy distintos, Macron y Merkel, alguien seguro que ya los ha apodado M&M, poseen una visión de lo que quieren para Europa, tienen una idea de futuro. Nos podrá gustar más o menos, ser más audaz o parecernos insuficiente, pero algo tienen en mente. Si uno pregunta en Moncloa, en el Quirinal de Roma o Helsinki nadie le va a contestar sobre la Europa que quiere construir, porque parece que nadie se la ha llegado a plantear. Ese liderazgo compartido, esencial para construir, se enfrenta ahora al riesgo de la parálisis permanente, en esta ocasión muy lejos del espíritu de la movida, y esa parálisis es lo que menos necesitamos de cara a un futuro lleno de oportunidades si, pero también retos y amenazas por doquier. China parece tener muy claro qué es lo que quiere en el futuro, EEUU con Trump al frente se repliega y deja de ser un socio fiable, y Europa, o se espabila, o se convertirá en un apéndice comercial del futuro global, recibiendo millones de turistas que dejan dinero para disfrutar de nuestra espléndida decadencia. O nos espabilamos todos o nos comen.


No es broma, Rajpy debiera hablar con Merkel y asesorarle para salir de este atolladero, y ver qué escenario es el mejor para ella y Alemania en su conjunto. Nuestras segundas elecciones fueron una muestra de fracaso, y como uno de enormes dimensiones se verían, de producirse, en la eficiente Germania. ¿Qué efecto tendría sobre el voto populista una repetición? ¿Aumentaría aún más? Esa es una de las preocupaciones que gravita sobre muchas cabezas en el Berlín oficial. Vamos a confiar en que finalmente haya un acuerdo porque, de lo contrario, y como mínimo, una repetición electoral nos haría perder un tiempo precioso, que no tenemos.

lunes, noviembre 20, 2017

La muerte del Fiscal Maza

Como una de esos repentinos giros de guion que tan de moda se han puesto ahora en las series televisivas, la muerte de Jose Manuel Maza, Fiscal General del Estado, este pasado sábado en Buenos Aires, ha sido una sorpresa mayúscula para todos. Imposible de prever, inesperada y fuera de todo rango de visión, la desgracia cayó sobre este hombre de 66 años, en forma de proceso infeccioso que se complicó de manera repentina, pasando del riñón al resto del cuerpo y haciendo que su vida se deshiciera en apenas unas horas. Su familia y allegados deben estar igual de tristes que de aturdidos por una noticia tan inesperada y cruel.

No quiero pensar en la muerte de Maza en los planos habituales, léanse judicial o político, con el trasfondo de Cataluña en todo momento, ni en si su actuación fue acertada o no en este asunto y en otros que le costaron muchos disgustos, como la corrupción. No. Lo que pensé al poco de enterarme de la noticia, y que me produjo el tradicional escalofrío que me surge cada vez que pienso en el tema, es en lo volátil que es nuestra propia vida, y que cualquier momento, el menos pensado, puede ser el último. No nos paramos a pensarlo porque nos detendríamos, nos invadiría la congoja y el miedo, y el cerebro no deja de generar ideas y ocupaciones para tenernos entretenidos, lo mismo que lo que sucede a nuestro alrededor y quienes nos rodean. En este caso incluso podría decirse que nuestros jefes realizan una labor terapéutica. Accidentes, enfermedades, casualidades, fatalidades… cada segundo que avanza nuestra vida es un paso ganado a la muerte del que no somos conscientes y que, paradójicamente, nos acerca más a ella. En ocasiones como esta, o cuando ese mal acontece en nuestro entorno cercano, pensamos en el final, en el propio, y reflexionamos desde nuestra experiencia y creencia, pero en general ese momento dura poco, porque como los silencios, nos enfrenta a una pregunta a la que no podemos dar respuesta, y eso nos asusta. Evadimos el tema, nos largamos a otra parte, física y emocionalmente, en la creencia de que eso es algo que les pasa a los demás, y volvemos a sentirnos invulnerables ante la muerte. En nuestra sociedad, en la que el infantilismo copa cada vez un espacio mayor, no es que no se pueda pensar en la muerte, sino que se ha proscrito hasta la tristeza. El bombardeo de la felicidad obligatoria resulta tan abusivo como falso su mensaje, y nada, desde la enfermedad hasta el desempleo o cualquier otro avatar negativo de la vida puede asumirse con congoja, sino que debe ser relativizado y visto como una forma de aprender y autosuperarse, como una excusa más para lucir una sonrisa frente a la adversidad y que todo quede aún más lucido en nuestro público perfil de redes sociales. Pues mire, no. No. La muerte, la tristeza y todo lo que ella provoca siguen ahí, cada día, mostrándonos su amarga cara, y eludirla, esconderla, esconderse ante ella no es sino postergar el inevitable momento en el que nos va a visitar, en nuestro entorno o en nosotros mismos. No abogo por una obsesión, ni por sumergirse constantemente en pensamientos nihilistas, pero sí actuar de una manera lógica, natural y adulta frente a algo tan serio como es el morir. ¡Cuánto daño ha hecho “Mr Wonderful” y toda esa falsa filosofía de la sonrisa permanente! ¡Hasta qué punto nos ha debilitado para poder reaccionar ante una vida que, tantas veces, muestra una faceta cruel y despiadada!


Dice Philip Roth, que sigue fiel a su maldita promesa de no escribir más, que hacerse mayor es ir tachando nombres de la agenda de conocidos, porque ya nunca podrás llamarles o contactar de cualquier otra manera. Sesenta y seis años son pocos para dejar este mundo, tras tantos de entrega profesional y, apenas uno, en lo más alto de la carrera a la que se ha dedicado una vida de trabajo y sacrificio. Maza será recordado como fiscal no tanto por sus decisiones como por ser el breve, el que murió en su cargo al poco de haber llegado a su puesto. Su familia y amigos le lloran, lo mismo que hoy, cada día, lo hacen los conocidos de cada uno de los que fallecen en este mundo, miles, cerca o lejos de nosotros, por los que se derraman lágrimas, tantas veces escondidas.

viernes, noviembre 17, 2017

“La manada” y la violación de Pamplona

Hay veces en las que los nombres que denominan a las personas y colectivos los definen perfectamente, una vez conocidos sus comportamientos. Si, por ejemplo, te apellidas Rufián, y eres parlamentario en el Congreso, el que cada día que acudes y actúas hagas honor a tu apellido simplifica a los demás el cómo debemos calificarte. Si un grupo de chicos salidos se denominan a sí mismos como “la manada” no es de esperar que pertenezcan a un club de lecturas existencialistas, sino que se comporten como animales sueltos, salvajes y despiadados. Asombra la precisión de ciertos términos que escogemos para autodefinirnos.

Teniendo la presunción de inocencia por delante, resulta asombroso, a la par que triste, todo lo que está sucediendo en torno al caso de violación grupal perpetrado hace un año en los Sanfermines por parte de ese colectivo de mentes preclaras así mismo denominadas como recua salvaje, agresión sufrida por una chica que, desde ese momento, ha visto su vida sometida a un calvario procesal y social. Afortunadamente no hemos conocido nunca la identidad de esa mujer, y ojalá que nunca se haga pública, pero su imagen, después de la presunta comisión del delito que nos ocupa, ha sido arrastrada por el fango por parte de la caterva que utiliza las redes sociales como si fueran las antiguas antorchas inquisitoriales, y por un cierto sector de la sociedad que sigue viendo como normal la posesión de la mujer por parte del hombre, la sumisión debida al sexo masculino y la no tipificación como delito de lo que no es sino, según su visión, un desfogue, una actitud propia de lo masculino. Súmenle a todo esto que, por definición, los delitos de violación o abusos son bastante difíciles de probar, y tendrán los ingredientes perfectos para un caso en el que la víctima tiene colgado un sambenito de culpable por parte de la sociedad. Se juzga, se valora, el comportamiento de la misma después de los hechos, intentando utilizarlo para rebajar la carga de la culpa y el dolor causado. ¿Cómo debe comportarse alguien después de haber sido violado? ¿Acaso eso importa en lo más mínimo? ¿Y si han matado a un familiar, el cómo se reaccione tras el entierro afecta a la dimensión del asesinato? Resulta que el comportamiento de la víctima en unas redes sociales tras la comisión del presunto delito es esgrimido, no sólo por los abogados de los animalitos, como prueba de que el hecho no fue para tanto, de la relativa escasa importancia de lo sucedido. Una víctima no sabe cómo va a reaccionar ante un hecho. ¿Cómo lo haríamos usted, yo, cualquier otro, ante algo así? Quizás nos daría una depresión, o caeríamos en el silencio absoluto, u olvidaríamos, o cambiaríamos de vida, o quizás optásemos por el suicidio. A saber. Pero eso es irrelevante para el asunto que nos ocupa, el delito que se está juzgando, que sucedió durante unos minutos de una noche de julio de 2016, y que se acaba ahí. Nada de lo que pudiera pasar después puede ni debe alterar la valoración de lo sucedido. En este caso, como en tantos otros en este país, como tan bien se llegó a extremar en el caso del terrorismo etarra, se convierte en culpable. El maldito “algo habrá hecho” que estigmatizaba a los asesinado por ETA, jaleado por sus cómplices, se extiende ahora sobre esa mujer y, en general, sobre todas ellas, a las que se les otorga una cierta carga de responsabilidad en la comisión de un repugnante delito. Nunca, nunca, nunca debemos caer en este infame juego. Siempre debemos estar con la víctima, protegerla, defenderla, arroparla, ayudarla, hacer que podamos darle algo de lo que le fue arrancado en el momento de la comisión del delito.


Los que violan, abusan, pegan y vejan lo hacen siempre desde una posición de superioridad, casi siempre falsa, muchas veces física. Escogen al que ven más débil, y en ocasiones, se agrupan para reducir a su víctima. Su comportamiento es de una bajeza y zafiedad tan infame como despreciable, y no es tolerable la más mínima comprensión ante estos hechos y sus perpetradores. Sigue habiendo mucha parte de la sociedad que entiende estos hechos, un cuarto de los adolescentes ven bien un grado de violencia en su relación de pareja, y por ello es aún más necesario que los demás seamos capaces de enfrentarnos a este mal. De denunciar, de ayudar a la víctima, de no callar ante los abusadores. De no permitir que las manadas campen por ahí.

jueves, noviembre 16, 2017

Un nuevo exoplaneta: Ross 128b

De mientras tantos trabajan sin descanso para levantar fronteras, separar gentes y sembrar odios, la ciencia avanza y demuestra cada día hasta qué punto somos triviales en el universo o, potencialmente, comparables con otros. Nuestra Tierra ya no es la joya absoluta, y el catálogo de exoplanetas que se le parecen empieza a crecer a buen ritmo, con lo que las probabilidades de que exista otro lugar como este, o al menos parecido, aumentar. Ayer la noticia fue el descubrimiento de Ross 128b, está en la constelación de Virgo, apenas a 11 años luz de aquí, casi nada en términos estelares, y aunque resulte imposible ir hasta allí, su proximidad favorecerá el estudio de sus características mediante telescopios terrestres.

Ross 128b orbita en torno a una enana toja, el estadio final de vida de muchas estrellas, y uno de los formatos estelares más habituales de entre todos los existentes. Eso ha permitido que el catálogo de exoplanetas sitos en torno a estas estrellas empiece a ser el dominante respecto al global. También son estrellas que facilitan la detección de planetas, dado que su pequeño tamaño y menor luz se ven más afectados por el paso de un cuerpo que orbite en torno a ellas, tanto en lo que hace a la luz emitida como al balanceo gravitatorio, y nuestros instrumentos lo captan mucho mejor. También tienen inconvenientes prácticos para uno de los objetos de la búsqueda, el encontrar mundos habitables. Las enanas rojas suelen ser muy activas tanto a la hora de expulsar radiación como partículas. El viento solar que nos afecta es muy poca cosa en comparación a lo que estas estrellas emiten, y su menor tamaño obliga a los planetas que las orbitan a estar situados mucho más cerca de ellas, por lo que la afectación por radiación y “viento solar” es doble. La Tierra se protege de estos fenómenos gracias a la atmósfera y al campo magnético. Cuando se producen auroras boreales lo que estamos viendo es realmente la ionización del escudo protector frente a las partículas que, emitidas por el Sol, llegan hasta nosotros. Si no existieran esos factores de protección la superficie terrestre sería alcanzada por la radiación y, ya se sabe, eso dejaría la vida muy frita. También, en caso de ser un planeta más pequeño y con menor gravedad, el viento solar podría desgarrar la propia atmósfera y arrastrarla al espacio exterior, eliminando parte de la capa protectora. Hay modelos científicos que aseguran que Marte sufrió procesos de este estilo. Su tamaño, radio mitad que el nuestro, y composición, le otorgan menos gravedad que la nuestra, aproximadamente un tercio, y por ello menos “agarre” para poder retener su atmósfera. Algunas tormentas solares violentas del pasado pudieron afectarle con virulencia y provocar pérdidas que, sin duda, resultarían fatales para el ecosistema marciano, sin que aún tengamos muy claro qué queremos decir con “ecosistema” en este contexto. En definitiva, la convivencia entre Ross 128b y su estrella Ross 128 se antoja, como mínimo, convulsa, y es probable que haya sufrido tensiones de este tipo. Por tanto, para que un planeta sito en un sistema orbital de este tipo pueda contener componentes y densidad en su atmósfera que nos gusten (vapor de agua, oxígeno, nitrógeno, etc) debe no sólo estar en la zona de habitabilidad sino, también, poder resistir a la influencia mala de su estrella, vía quizás de una mayor masa que la terrestre y, por tanto, mayor gravedad para retener con más fuerza la atmósfera. Ross 128b es mayor que La Tierra, por lo que ese supuesto se da. ¿Habrá sido suficiente para conseguirlo? Eso tendremos que averiguarlo, porque a día de hoy nada más se puede decir salvo que existe, como objeto, en ese lugar.


Son estos exoplanetas muy cercanos los que, siendo mejor o peor candidatos a albergar potencial vida, resultan de estudio prioritario, ya que poseemos instrumentos que permiten analizarlos desde aquí, obteniendo información, rudimentaria quizás, pero certera, de cómo es su atmósfera, ciclo orbital y otro tipo de cuestiones básicas. En todo caso este descubrimiento vuelva ponernos sobre la mesa la necesidad de invertir más no sólo en sistemas de detección de exoplanetas, que funcionan muy bien, sino en instrumental de análisis de cómo son, dado que el catálogo de mundos estudiables empieza a ser enorme. Y eso es una excelente, maravillosa, noticia.