miércoles, octubre 03, 2018

Otra vez, tsunami en Indonesia


La ley de la inversa del cuadrado de la distancia, que determina la influencia gravitatoria, también es igualmente efectiva en lo que hace a las noticias. Lo que se encuentra a una distancia lejana, física o emocional, apenas resuena, aunque lo que allí suceda sea impactante o muy relevante. Es natural, nos afecta lo próximo, lo que ocurre en nuestro pueblo o en el de al lado, o en Manhattan, que es la capital virtual de todos nosotros, pero lugares del mundo con los que no tenemos conexión pasan desapercibidos y, en la práctica, es como si no existieran. Sin lugar a dudas Indonesia es uno de esos países de los que, casi nada, sabemos, y nos da un poco igual.

Allí la naturaleza, que le ha ofrecido un paisaje y espectáculo constante, ha vuelto a golpear con crueldad, y un tsunami, fruto de un terremoto sucedido en el mar que baña algunas de las islas del archipiélago, ha arrasado las costas de algunas de estas islas como ya lo hizo hace algunos años en gran parte de la costa del sudeste asiático. Las islas Célebes han sido en este caso las más afectadas, registrándose en ellas enormes daños materiales y víctimas, muchas víctimas, cuyo número será muy difícil de precisar, dadas las dimensiones de la catástrofe, la extensión de la zona afectada y el estado en el que han quedado muchas zonas. Las imágenes por satélite muestran el rastro de la ola, con perspectivas de antes y después, en las que se aprecia como una especie de rastrillo, o manguerazo, de dimensiones bíblicas, ha pasado por algunas de esas localidades, convirtiendo las calles en lodazales, haciendo que muchas de estas pierdan sus formas, reventando la trama urbana al llevarse por delante manzanas enteras y dejando heridas sobre el terreno que recuerdan a pieles humanas tras haber sido arrastradas por el asfalto, llenas ahora de postillas, manchas de sangre y poseedoras de informa aspecto. El recuento de víctimas es lento, pero no cesa. Comenzó como suele ser habitual en estos casos, con pocas decenas, en medio de las primeras imágenes de testigos que, presumiblemente, se salvaron del desastre, pero a medida que pasan los días y equipos de rescate logran llegar a las zonas afectadas, donde las comunicaciones de todo tipo se han convertido en algo del estilo medieval, las cifras de muertos y desaparecidos crecen, Colegios y mezquitas destruidas esconden en su interior decenas de cuerpos que son sacados poco a poco, muchos lugares, sepultados en barro, probablemente sean fosas encubiertas en las que se hacinan cuerpos de quienes en su momento allí vivían y fueron sorprendidos por el alud y nada pudieron hacer para escapar. El balance provisional ha superado ya los mil muertos, pero serán más, muchos más, sin duda. Quizás nunca sepamos cuantos ni les logremos poner cara, rostros que se nos harán ajenos, nada familiares. Los periodistas han empezado a llegar a la zona y tratan de relatar el estado en el que ha quedado un lugar en el que las imágenes originales nada nos dicen y el trabajo, arduo, de los equipos de salvamento, cuyos esfuerzos y entrega sí que nos son familiares a todos, porque se repiten en todas las tragedias, las más cercanas y las más lejanas. En estos casos el periodismo de testimonio se topa con la indiferencia del espectador, que no logra empatizar con algo que ha sucedido en un lugar tan remoto y ajeno, y son las imágenes de supervivientes, sus miradas perdidas en el horizonte y la angustia ante un futuro en el que ya nada tienen lo que más nos puede conmover, porque todos hemos experimentado ese sentimiento alguna vez o lo hemos visto en desastres cercanos. A miles de kilómetros de aquí prosigue la tragedia, que si hubiera tenido una centésima parte de su magnitud y se hubiera producido en nuestro contexto, llenaría portadas y especiales informativos.

Indonesia es un país de más de bastante más doscientos millones de habitantes, algo así como tres veces Alemania o seis Españas. Es el país de población musulmana más poblado del mundo. Su capital, Yakarta, es una megalópolis que supera la decena de millón de habitantes y, creo, se hunde poco a poco en el terreno en el que se asienta por el sobrepeso de edificios y habitantes. Poco de lo que sucede en aquel enorme y económicamente pujante país llega hasta nosotros, salvo desastres naturales y algunos aspectos de su régimen político, que se democratiza poco a poco. Tiene más de diecisiete mil islas, y en algunas de ellas se ha dado el desastre. ¿Cuánto tardará la noticia en desaparecer de nuestras portadas y pantallas? Me temo que poco.

martes, octubre 02, 2018

Her, y la soledad


Ayer, sin que lo supiera, La 2 emitía, dentro de su nueva programación nocturna, la película “Her”, Ella. La pillé al poco de empezar y la vi hasta el final, con idénticas sensaciones a cuando la contemplé, embobado, en el 2013, el año de su estreno. Plantea la cinta un futuro no muy lejano, que ahora empieza a ser casi presente, en el que los sistemas informáticos desarrollan personalidad y se convierten en entidades de compañía y relación. Los OS, siglas en inglés de sistemas operativos, pueden convertirse en la persona amada o aquella que nos comprende, y llena nuestras vidas, vacías y solitarias. Cuando la vi me prometí escribir una entrada en el blog, pero en su momento no fui capaz. Lo intento cinco años después

Theodor, el protagonista, encarnado perfectamente por Joaquín Phoenix, escribe cartas para que otros las puedan usar, preferentemente en sus relaciones amorosas, pero también para ocasiones especiales como aniversarios, cumpleaños o despedidas de seres queridos. Su creatividad sentimental es pareja a su invalidez personal en este campo. En proceso de divorcio, vive solo y está solo, sin amistades relevantes ni flirteos. Muestra una notable inseguridad personal sobre lo que quiere ser en el futuro, en lo que la vida le ofrece y lo que espera de ella, y siente que no está a la altura de las exigencias de los demás. Se culpa de sus miedos y de ser alguien que no genera alegría ni cariño a su alrededor, y su espiral personal le hunde cada vez más en una intensa melancolía de la que no parece capaz de poder escapar. La llegada de Samantha a su vida le irá cambiando poco a poco. Samantha no es nadie, humanamente hablando, sólo es un software de compañía desarrollado por una empresa, que se porta en un dispositivo muy similar a un smartphone, que ve a través de la cámara del aparato, habla a Theodor a través de un auricular que él se pone en la oreja y que posee una inteligencia humana que va creciendo y complejizándose a medida que la cinta avanza. Llega un momento en el que Theodor se enamora de Samantha. No sólo habla con ella de una manera tan íntima y personal como no es capaz de hacerlo con nadie, sino que le despierta sentimientos y sensaciones olvidadas, entre ellas el sexo, que tiene un papel residual en la película, pero que ofrece dos escenas, una de gran belleza y otra sumamente original y desgarradora, que muestran que la relación de pareja necesita tener un componente erótico para poder mantenerse. A medida que la relación avanza Theodor la hace pública, en una sociedad en la que el uso de OS como servicios de amistad y compañía está plenamente sumida y se ve con normalidad. Compañeros de trabajo de Theodor poseen OSs que son amigos suyos y con los que charlan y se divierten en casa, en este caso sin componente amoroso de por medio, y se muestra como estas inteligencias artificiales se han convertido en competencia descarnada para para los y las humanos, que ven como resulta más difícil congeniar en persona que en la intimidad de sus habitaciones con sus OS. En un mundo urbano de enorme densidad, las escenas de fondo muestran a miles de personas que caminan solas, hablan con sus OSs u otros dispositivos, pero que apenas se relacionan entre ellas, y cuando lo hacen es de una manera fría, mecánica, distante y casi autoimpuesta. La relación de Theodor y Samantha vive un éxtasis en unas vacaciones íntimas en un lugar montañoso de clima frío, y sufre una crisis enorme cuando Theodor descubre que Samantha, como buena inteligencia artificial, es capaz de simultanear conversaciones, amores y sentimientos con miles de personas a la vez. En unas escaleras de metro, Theodor descubre que para su OS él tampoco es especial. Y su mundo emocional vuelve al vacío en el que residía. La película acaba con una escena de redención sentimental humana que es, casi, lo más propio de la ciencia ficción de lo que se muestra en todo el relato.

Ayer cuando acabó la peli, al borde de las 12 de la noche, en su momento cuando la vi en la sala del cine, estaba sólo, y sentía cada escena con una familiaridad extraña, impactante, idéntica cuando me fui a la cama que cuando salí a la marabunta nocturna madrileña de la sala de cine en ese fin de semana de 2013, en ambos casos con lágrimas en los ojos. Cinco años después de su estreno, el mundo distópico que plantea “Her” es, cada vez, más real. La llegada de Tinder y aplicaciones por el estilo han copado el mundo de las relaciones humanas, y empiezan ya las primeras interacciones con inteligencias artificiales que nos hablan y, de momento, simulan sentimientos y experiencias. Y todo en un mundo de soledad creciente y absorción total de nuestra vida y sentimientos por la pantalla del Smartphone.

lunes, octubre 01, 2018

El populismo italiano dispara el déficit…


… y hunde la bolsa. Muchas han sido las advertencias del daño que pueden hacer los populistas en el gobierno, que han caído en saco roto ante la inercia del ciclo económico. Cuando a la economía le da por bajar da igual poco importa que haya diligentes profesionales al frente de organismos e instituciones, y cuando sube, como un barco lanzado en aguas calmas, no es necesario ni que haya inteligencia en el poder, y cualquier cosa es soportada por la coyuntura. Un ejemplo, alejado de los actuales populismos, es la gestión de ZP en la antesala de nuestro derrumbe de 2008. Nadie pilotaba el barco, y nos estrellamos, pero un minuto antes del impacto la velocidad de crucero macro seguía siendo prodigiosa.

El gobierno italiano es una bomba que va a hacer daño en todo lo que toque, se acerque o aproxime. La unión de dos fuerzas opuestas, un movimiento izquierdista estilo Podemos (5 estrellas) con una fuerza reaccionaria, nacionalista y de extrema derecha (qué tres redundancias, la Liga) ha originado un Frankesntein político en el que el más habilidoso para hacerse con el control del poder ha sido el mediático Mateo Salvini, al que hemos conocido por sus declaraciones abiertamente racistas sobre la inmigración. Salvini ha metido en un lío a toda Europa porque no le importa lo que suceda con los inmigrantes que vagan por el Mediterráneo, pero va a acabar metiéndonos a todos en un fenomenal lío porque tampoco le importan en lo más mínimo las reglas económicas de la eurozona. Esto sería menos grave si Italia fuera poca cosa y tuviera las cuentas saneadas, pero ni lo uno ni lo otro. Tras la marcha del reino Unido, Italia es la tercera economía de la eurozona, posee un disparatado nivel de deuda pública que alcanza el 130% del PIB y durante años, décadas, ha mostrado un crecimiento anémico, incapaz de sostener el nivel de endeudamiento y que pone en serio riesgo su solvencia futura. Durante los años de la burbuja Italia creció muy poco, en la recesión bajó y desde entonces aumenta su PIB en tasas que bordean el 1%, ni fu ni fa, que diría el pasota. Atonía económica, caos político y sensación de decadencia son las dominantes en el vecino país mediterráneo desde hace varios lustros. Ese ha sido el caldo de cultivo en el que los populismos han arraigado y prometido a la gente riqueza, prosperidad y seguridad. ¿Cómo van a lograrlo? No tienen ni idea. Por de pronto, la seguridad la quieren basar en el control de una supuesta invasión migratoria que no existe, ante la que se muestran muy duros, y generan la sensación de estar haciendo algo, lo que no es sino una concatenación de mentiras y engaños. Y en economía la receta es la clásica, disparar el gasto público, hacerlo crecer mucho para subsidiar y cubrir las carencias de la población. El presupuesto que ha presentado este pseudogobierno a Bruselas contempla un déficit público del 2,4%, tres veces más que el compromiso que tenía firmado Italia con las autoridades comunitarias. Como ese valor es mucho mayor del crecimiento económico que se espera, el resultado final será un incremento de la deuda total italiana, que como antes he señalado es ya exageradamente alta. Las políticas expansivas del BCE han permitido que la deuda italiana, y otras (como la nuestra) pasen más desapercibidas, pero son un enorme problema de cara al futuro, tanto por su pago como por la refinanciación en un tiempo en el que los tipos de interés sean más altos que los nulos en los que vivimos. Bruselas, obviamente, ha respondido con serenidad pero dureza, declarando que estas políticas italianas son irresponsables, no se ajustan a lo acordado y que agravarán la situación del país y, por extensión, harán daño a la eurozona. La respuesta de Salvini ha sido una especie de “me al suda” literalmente, dicho en italiano con el tono chulesco y delictivo que caracteriza a este siniestro personaje

Siguiendo el estilo Salvini, juega Italia con la carta del tamaño, que en su caso importa. La economía italiana no es la griega, es irrescatable dada su dimensión, es lo que se llama “too big to fail” demasiado grande para caer, ya que un derrumbe italiano sería un colapso del euro, como pudimos comprender en los tiempos de la minúscula Grecia y las infinitas tribulaciones de la eurozona. Es probable que el gobierno italiano mantenga el pulso a Bruselas, al menos mientras pueda resistir el crecimiento de su prima de riesgo, el encarecimiento de la deuda y la tensión en los mercados, que a quién más daño van a hacer es a los italianos, pero que a nosotros también nos lesionarán. Aquí tienen otro palo en la rueda del crecimiento económico, y van ya unos cuantos como para que la cosa se mantenga. El ciclo virtuoso se agosta, por maduración y la intervención de los incompetentes.

viernes, septiembre 28, 2018

El fin de la privacidad


Una de las reflexiones que me han surgido a la luz de las grabaciones de Villarejo es que este sujeto era un adelantado a su tiempo. Ayer cumplió google veinte años, pero antes de eso el presunto comisario se dedicaba a grabar y almacenar vidas, a conocerlas en detalle, como lo hace el querido buscador, y a clasificar esa información por si fuera de interés en el futuro usarla o acceder a ella. Es un sistema muy retorcido de extorsión, sobre todo por el enorme volumen de información que posee el sujeto, y el trabajo que le habrá costado conseguirla y guardarla, pero en cierto modo Villarejo hacía de Google cuando el buscador aún no existía.

Y dado que nuestras vidas hoy en día están tan monitorizadas por las aplicaciones y los servicios de internet que tanto saben de nosotros, y cuentan con nuestra propia disposición a contar intimidades en el caso de que ellas no puedan acceder a ellas, da mucho repelús que esa información pueda ser utilizada no ya por los muchos Villarejos que en el mundo hay, sino directamente por los gobiernos o empresas, cuyos fines y objetivos serán, en muchas ocasiones, distintos de los nuestros. Se ha dicho, y es verdad, que ninguno aguantaríamos el escrutinio público de una charla convencional en una cena de amigos, o de un acto privado en el que nos sabemos resguardados de los ojos ajenos. Esto es así y así debe ser, porque la privacidad es el ámbito de lo íntimo, en todos los sentidos, y debemos saber y ser conscientes de la seguridad de no ser violentados en ese punto. ¿Asistimos a la muerte de la privacidad? En gran parte sí. Quizás sea una de las derivadas más inesperadas e inquietantes del actual progreso tecnológico, que ya ofrece herramientas para monitorizar vidas de una manera que hasta hace poco nos parecía propia de películas de ciencia ficción, de las que pintan un mundo tétrico. El programa de crédito social chino, que otorga puntos y multas a los ciudadanos en función de su comportamiento público, sólo es posible en una sociedad hiperconectada tecnológicamente como la nuestra, y es el primer experimento real de uso y abuso de la total información de los ciudadanos por parte del estado, en este caso poseedor de un componente totalitario que ya se daba antes de que tecnología moderna alguna se implantase en el país del dragón., Este control social es fuente de estabilidad, porque la gente actúa temerosa ante las consecuencias de portarse como no es debido, siendo lo debido lo que el régimen imponga. ¿Posee cosas buenas? Sí, en el sentido de que la paz social que genera será estable y generalizada, pero es una paz falsa, la que se deduce de una sociedad que realiza cada día el teatro de fingir lo que no es para que el poder no le castigue. ¿Acaso hay grandes diferencias con respecto a la distopía orwelliana? No muchas, la verdad. Un desarrollo masivo de este tipo de técnicas crearía sistemas de delación y chivatazo de todo lo que ocurre en la vida íntima de los demás porque, a buen seguro, serían recompensados con puntos canjeables por méritos o bienes. Se podría llegar a la perfección de que el sujeto, incentivado a ello, sea el principal colaborador del sistema de espionaje, y que la tecnología sea el recolector y acumulador de información, pero no el agente dominante que la extraiga. Quizás la peor dictadura es la deseada, la autoimpuesta, y no descarten que algo así se pueda producir no ya en un futuro lejano, sino a la misma vuelta de la esquina. El internet de las cosas y su omnipresencia nos va a colocar dispositivos en todos los puntos de nuestra vida que, queramos o no, nos verán, seguirán y controlarán. A veces por nuestro bien, otras, les aseguro, no tanto.

La autocensura que nos imponemos, conscientes o no, al escribir artículos o tuitear por el miedo a la reacción que pueda suscitar que tan bien denuncia Pérez Reverte es la primera losa de todas las que vendrán en el futuro con la idea de cercenar nuestra libertad, de acotarla, de controlarla hasta el extremo. Llegaremos a esa autocensura perfecta sin que nos demos cuenta y entonces veremos como normal lo que hasta hace pocos años nos parecía un atropello (y lo era) a nuestra libertad de expresión. Y de ahí en adelante, todo lo demás. Y gobiernos y grandes empresas rentabilizando y garantizándose el control del poder. ¿Es esto una pesadilla? No, parece que es simplemente lo que estamos empezando a vivir. De momento nuestras habitaciones en el hogar parecen inviolables, pero créanme, se hará y haremos lo necesario para que dejen de serlo. ¿Les gusta? A mi no.

jueves, septiembre 27, 2018

Una injusta ministra de justicia


Lo que más me asombra de las grabaciones de Villarejo, poseedor de una fonoteca que haría palidecer al añorado Pérez de Arteaga, es que conociendo la calaña del personaje, todos los que con él se reunían hablaban sin cortapisa alguna. Cuando los zapatófonos del superagente 86 eran objetos cotidianos del espionaje Villarejo ya le daba a las grabaciones sofisticadas con micrófonos ocultos. Y la ingenuidad de los presentes hacía el resto. Quizás el mayor mérito del sujeto sea el de lograr que los que con él se reunían se explayasen de esa manera, le contaran intimidades, que a buen seguro mantenían a resguardo de otras mentes. Y todas, para la colección del personaje, para ser usadas cuando hiciera falta.

No creo que Sánchez deje caer a la ministra Delgado por mucha basura que aparezca en las grabaciones de Villarejo porque, parafraseando la granja de Orwell, todos los ministros son iguales, pero unos más que otros. Sanidad o Cultura son un rango menor del gobierno, pero Justicia no, es de los ministerios importantes, y más si como parece el gobierno desea influir (de manera inadecuada) en la instrucción de los juicios del procés. No, Dolores Delgado es caza mayor, de primera división, y su caída sería casi la antesala de una convocatoria electoral. Queda la duda de si el goteo de suciedades ventiladas puede hacer cambiar de posición al presidente, pero sospecho que en este caso aguantará todo lo necesario. Ya era Delgado un personaje conocido por sus movimientos en el fondo de la carrera judicial, íntima de Baltasar Garzón, muy amiga de sus amigos y enemiga de sus enemigos, poseedora de un carácter muy duro y de una ejecutoria digna de un fiscal militar. No se va a ir por propia decisión después de lo mucho que ha batallado para ocupar un puesto como el que ahora desarrolla, y si Villarejo es un tipo duro, ella no lo es menos. Lo que sí es cierto es que esta polémica le deja muy tocada en su imagen pública, y el aviso que lanzó Iglesias sobre su necesidad de retirada, tenga ésta lugar o no, le condicionará durante el resto del tiempo que pase al frente del ministerio. Las grabaciones conocidas, y las que puedan llegar a salir, muestran la imagen de una persona arribista y que sabe moverse por el mundo del poder en el ámbito de su desempeño, lo que no tiene por qué ser estrictamente negativo, pero que referido a un ámbito como el judicial, donde el descreimiento social está tan extendido, supone una losa. La credibilidad de su palabra ha caído muchos enteros a lo largo de los desmentidos, correcciones, rectificaciones y nuevas opiniones que se han recogido en los distintos comunicados de prensa que han salido de su Ministerio, llegado a afirmaciones tan absurdas como que el término maricón no se refería a la condición sexual de nadie, lo que invita a la risa desatada o a la indignación, en función de si uno cree que le están contando un chite o tomando el pelo directamente. Supongo que las asociaciones LGTBI y demás grupos sociales, tan vociferantes en otras ocasiones, deben estar en esta ocasión refrenando sus instintos porque el cuerpo les pedirá protestar con fuerza, pero parece ser que, como denunciaba Javier Marías el pasado domingo en su columna, la indignación moral se expresa con rabia modulada en función de la ideología de quien comete la falta. Si la pillada hubiera sido a un ministro del PP, acusando de maricón a alguien, el linchamiento público habría sido de los que hacen época, y las acusaciones de homofobia, dignas de inquisición. De eso se ha librado Delgado por su presunta ideología, pero no de la sombra de la sospecha, que ya siempre le perseguirá.

En mi modesta opinión, delgado debió dimitir, mejor dicho, ser cesada, cuando directamente escogió no ayudar al juez Llarena frente al acoso independentista. Cuando determinó que la defensa de Llarena, servidor público, no correspondía al gobierno, delgado traicionó a la justicia y mostró nuevamente, una visión de progresismo que se asocia, de manera absurda, con el nacionalismo sectario, lo más carca y antiprogesista que existe en España y Europa (y trumpilandia). Por eso debió ser cesada. Estas grabaciones que ahora conocemos muestran una realidad sucia, que no nos gusta, pero que no nos debe extrañar. Lo otro, que fue decisión razonada por su parte, es para mi lo que más la inhabilita.

lunes, septiembre 24, 2018

Próximo artículo, jueves 27

Se me olvidó anotar que he cogido tres días de vacaciones y estoy en Elorrio. La próxima entrada será el jueves 27. Disculpas

viernes, septiembre 21, 2018

Tres homenajes. Hawking, Tolkien y Chaves Nogales


No era el objetivo primordial del viaje, pero creí que la oportunidad me permitía poder rendir un homenaje póstumo a tres genios muy diferentes que reposan en suelo británico. El lunes pasado pagué la (muy cara) entrada a la abadía de Westminster, que ya visité hace bastantes años, para contemplar la última de las lápidas puestas en su interior, dedicada a Stephen Hawking. Una losa oscura no muy grande, en la que figura la leyenda “Here lies what was mortal of” ”(aquí yace lo que fue mortal de) junto a su nombre y sus fechas de referencia, 1942 – 2018, y la recreación de un agujero negro y la fórmula de la radiación de Hawking, que él descubrió. Reposa junto a Maxwell, Faraday, Newton, Herschel y Darwin.

Los otros dos homenajes que realicé fue a escritores, muy distintos, y de trayectorias opuestas en todo. Oxford es la cuna de grandes creadores, y es Tolkien uno de los más recordados y superventas de todos ellos. Aúna el maestro la capacidad de crear mundos fantásticos con un dominio de la narrativa y la lingüística que le permite generar idiomas con enorme facilidad.
Tolkien escribió fantasía de manera fantásticamente buena. Y el día en el que visite la ciudad en la que impartió clases, creó y vivió durante gran parte de su vida, aproveché y me desplacé hasta el cementerio de Wolvercote, sito a unos cinco kilómetros al norte del centro urbano, para visitar su lecho. Es un cementerio bello, tranquilo, de muchas lápidas pétreas que ofrecen un aspecto curiosamente acogedor a la par que siniestro. La tumba de Tolkien se encuentra entre otras muchas, sin distinciones que le permitan destacar ente ellas. Un pedazo de tierra rodado de un rodapié de granito blanquecino enmarca el lugar de enterramiento, y en la lápida están inscritos su nombre y el de su mujer, Edith. Ella en primer lugar, fallecida en 1971, y posteriormente él, muerto en1973. Los nombres de Luthien y Beren acompañan respectivamente a cada uno de ellos. Son los personajes de una de las baladas que se narran en el Silmarillion, una precioso canto de amor entre el mortal Beren y la medio elfa Luthien, uno de esos relatos que aúna belleza, capacidad de conmover y fantasía envueltos en la mágica prosa de Tolkien. Si sólo hubiera escrito ese texto ya se habría ganado el autor un lugar en el mundo de la literatura, pero fue capaz de mucho más, y hoy millones de personas lo mantenemos vivo en el recuerdo gracias a sus historias. El otro homenaje a escritor me llevó desde la luz de la fantasía y el reconocimiento a la crudeza del periodismo y a la sombra del olvido absoluto. El domingo visité los Kew gardens, pero antes acudí al cementerio de fulham, un camposanto de aspecto similar el de Wolvercote, sito en el oeste de Londres, surcado constantemente por aviones que cogen la aproximación para las pistas del no muy lejano aeropuerto de Heathrow. Entre todas las tumbas buscaba una sin nombre, sin lápida ni apenas marcación. Sabía, tras buscar en internet, las coordenadas de la parcela en la que se encontraba, y tras llegar a ella, previa pregunta a algún empleado del lugar, me puse a dar vueltas hasta que encontré el objetivo de mi presencia.
Sobre un pedazo de césped, entre formas tumularias enmarcadas con lápidas oscuras, yacía un palo de madera, un simple listón cortado de algo más de un metro de largo, tirado en el suelo, con pinta de llevar varios meses a la intemperie. En la parte superior del palo estaba escrito en un papel, de tamaño de una servilleta pequeña, con rotulador azul y letras mayúsculas, el nombre de Manuel Chaves Nogales, y un plástico cubría el papel y daba vueltas en torno al madero para evitar que la frecuente lluvia londinense borrara las letras y disolviera el soporte. Cronista de actualidad, autor de grandes libros de reportajes periodísticos y reconocidos periodista, Chaces Nogales vivió el inicio de la guerra civil como lo que fue, el fracaso de nuestro país. Hundido y desolado, huyó de los bandos, que veía como monstruos que devoraban a la nación, y perseguido por ambos, se escapó a Londres, donde murió al poco de empezar la segunda guerra mundial. Sólo, abandonado, y frustrada su carrera y triste, Cháves Nogales se apagó en la indiferencia absoluta.


Su obra se ha ido recuperando estos últimos años, gracias entre otros al trabajo de Andrés Trapiello, Arturo Pérez reverte o Carlos Alsina. Todos sus libros son muy recomendables, pero “A sangre y Fuego” crónicas de episodios de la guerra civil, es además necesario. Su prólogo debiera estudiarse en todas las escuelas y, quizás, grabarse en algún monumento visible que en nuestro país sirva de recuerdo a su memoria y obra. Su tumba, la imagen pura del abandono, es reflejo de como nuestro país trata a sus hijos, de la consideración que nos merecen los autores y la cultura, y de la falta de diligencia del gobierno y la sociedad civil para con los que en el pasado fueron algo e hicieron algo por nosotros. Era obligado rendirle homenaje, ante un triste palo de madera.

jueves, septiembre 20, 2018

El caos del brexit fractura el Reino Unido


Pese a lo que les comentaba ayer sobre la pujanza de Londres, bastaba con poner unos pocos minutos los informativos en televisión o echar un vistazo a los periódicos para constatar que el brexit sigue siendo el gran problema interno del país, que ha logrado fracturar todos los estamentos y estructuras y que, a medida que se acerca el plazo para consumarlo, genera una división y enfrentamientos cada vez mayores. Si la economía de la city es pujante, el marasmo político es tan inmenso como las nuevas torres que flanquean las callejuelas financieras. Y si estas segundas parecen sólidas, está por ver si lo primero las hará rentables y llenará de actividad.

Básicamente hay tres grupos de opinión en el país sobre qué es lo que debe suceder. Uno es el de los anti brexit, que engloba a gran parte de las clases urbanas, empleados de servicios y representantes de finanzas, comercio y sectores modernos. Siguen desesperados por el resultado del referéndum y claman porque UK se dé la vuelta, solicitando incluso la convocatoria de un segundo referéndum para volver a ser Europa en condiciones. Políticamente esta postura la encabezan figuras como el actual alcalde de Londres, Sadiq Khan, que ha manifestado públicamente la necesidad de esa nueva consulta. Khan es laborista, pero no representa el sentimiento común de su partido, liderado por un Jeremy Corbyn que nada entre dos aguas y que no es capaz de poner el europeísmo en la agenda de su partido porque tampoco cree en él. Envuelto en polémicas antisemitas y caracterizado por una visión política más propia del trasnochado izquierdismo de los ochenta, Corbyn no parece estar más cerca de las tesis del brexit blanco. Esta es la segunda corriente, que parece de momento la dominante, y que es la que rige en el gobierno que encabeza la conservadora May. Los blandos, por así llamarlos, quieren acceder a un brexit de menú de desayuno de hotel, que les permita separarse de la UE pero quedándose en el mercado único. Buscan disfrutar de las ventajas del club europeo sin ser parte de él ni cargar con los costes de su día a día. Es una posición que, vista desde fuera, resulta algo egoísta y teñida de un componente de ingenuidad muy elevado. Las propuestas que está elaborando el gobierno a este respecto son ambiguas, queriendo quedarse en la tierra de nadie, y desde Bruselas se insiste que así no se va a ninguna parte. No son partidarios de un segundo referéndum y tratan de descafeinar en lo posible las consecuencias del primero. El tercer grupo, el de los duros, es el de los partidarios del Brexit sin complejos, de la salida casi total del concepto de Europa. Su postura en la negociación es la de pedir unos máximos en derechos y casi nada en compensaciones, no teniendo miedo alguno a que no se llegue a un acuerdo en la fecha límite, 29 de marzo del año que viene. Sus ataques, curiosamente, no se dirigen tanto a la propia UE como a las facciones conservadoras que defienden la postura blanda. Encabezados por parte del partido conservador, y algunos laboristas infiltrados, atacan día tras día a May y a su gobierno, acusándolos de cobardes y de traicionar el espíritu del referéndum. Son quizás la fracción más ruidosa de las tres, aunque probablemente la más numerosa, y no cesan en sembrar rumores sobre la posibilidad de hacerse con el gobierno y descabezar a May, de una manera similar a como aquí Sánchez echó a Rajoy. Poseen cabeceras de prensa influyente, sensacionalistas en muchos casos, que les sirven de altavoz para pregonar su discurso y se muestran convencidos y combativos. Entre estas tres posturas se posiciona el debate, que como vemos ha fragmentado a los tradicionales grandes partidos británicos, y que amenaza incluso con generar escisiones en algunos de ellos.

Poner la tele y seguir las noticias sobre el brexit en Reino Unido supone, en la práctica, asistir a un escenario de división absoluta y total enfrentamiento rentre posturas irreconciliables, que muestran un marasmo político de primer orden. Entre advertencias de los costes económicos del proceso y de lo que supone el cierre de mercados o su encarecimiento para un país que importa el 40% de la comida que consume, día tras día se producen debates, entrevistas y encuentros que acaban sin acuerdo alguno y que recuerdan, en parte, a nuestro caótico escenario político. El país se encuentra sumido en un marasmo político y social al respecto y no tengo ni idea de cómo va a acabar todo esto. Yo me apuntaría a la segunda consulta y a que los proeuropeos la ganásemos, pero creo que es el escenario que cuenta con menos probabilidades. A saber.

miércoles, septiembre 19, 2018

Londres imparable


Uno lee cosas sobre lo que sucede en el exterior y se crea imágenes que pueden resultar ciertas o no, ya que al llegar a los sitios de los que ha leído es cuando comprueba hasta qué punto le leído se ajusta a la realidad. También la impresión del observador puede ser distorsionada, porque siempre se aprecia una pequeña parte de la realidad, pero la imagen general que se obtiene debe cuadrar con lo que se supone que se sabe para que no haya una sensación de distorsión, de chirrido, de grietas que no debieran estar y que se hacen más grandes a medida que el contraste avanza. Esas grietas han crecido cada día que he pasado en Londres.

En teoría el Brexit nos va a hacer daño a todos, a nosotros menos y a los británicos más. Y llega uno a Londres y encuentra una ciudad desatada, descontrolada, poblada de grúas por todas partes que no dejan de levantar nuevas torres de oficinas o de carísimos apartamentos. No hay zona de la ciudad que no posea un nuevo desarrollo inmobiliario en progreso que, sumado a los que ya se han concluido, han trasformado por completo el perfil de una ciudad que ya es inabarcable a lo plano y que empieza a serlo a lo alto. Complejos como la City o el Cannary Wharf, que hasta hace poco exhibían rascacielos en número manejable se han convertido en auténticos cogollos, minimanhattans en los que una nueva torre suplanta a la anterior como la más alta y donde la última joya apenas ya es visible oculta por todas las demás. El capital que alimenta todos estos proyectos es enorme, tanto como el número y dimensión de los mismos, y tiene pinta de que la ciudad se ha convertido en el destino de muchos ahorros de millonarios asiáticos y árabes, que son los principales promotores de estos complejos. Apartamentos que empiezan sus ventas en precios en millón de libras, y que suben hasta varios millones a medida que los metros, tampoco exagerados, y la altura del piso, envidiable, crecen y crecen. ¿Quién puede comprar todo eso ¿ No parece que sean accesibles al trabajador de a pie, al que forma parte de la mítica y mayoritaria clase media británica. Barrios como Chelsea o Mayfair, hasta hace poco lugares de exclusividad para los ricos de la ciudad, se han extendido, no en dimensión ni en edificaciones, pero sí en concepto, para albergar a clases pudientes de medio mundo que han encontrado en Londres su lugar de residencia, trabajo y, desde luego, ocio. Y al calor de todas esas inversiones, desarrollos y capitales entrantes, la actividad comercial y de negocio de la ciudad no deja de crecer. Las riadas de gente que cada día entran y salen de la urbe son tan enormes como asombrosas, y muestran el dinamismo de una economía local que sigue a su rollo, ajena a ese temor del brexit que sobrevuela conversaciones y noticias sin cesar, y que se ve capaz de superar lo que le echen, como ya lo hizo en décadas pasadas. El “commuter” ese residente que vive en las afueras de la ciudad y que va y vuelve todos los días de su casa al trabajo, es un invento británico, según creo, y el concepto está en plena forma. Ayudado por el despiadado mercado inmobiliario de la ciudad, que hace inaccesibles la compra y el alquiler, los extraradios de Londres crecen sin cesar a lo largo del Támesis y sus orillas, creando una ciudad gigantesca que, a kilómetros de alcanzar su corazón, se convierte ya en una trama desordenada de calles, casas, tiendas, comercios y, ocasionalmente, torres de pisos. Y al fondo, la perspectiva de los cogollos centrales de la ciudad, que cada vez son visibles desde zonas más distantes dada sus dimensiones. La sensación que da la ciudad es de actividad intensa, de trabajo sin fin y de crecimiento económico.

¿Es cierta esa imagen? ¿Es una parte de la historia peo oculta otra? Probablemente, por lo que he oído, lo que sucede fuera de Londres es distinto, y la actividad del resto del país está mucho más alicaída. Y en la propia ciudad las desigualdades han crecido a la par que lo han hecho esas moles que reflejan inversiones calientes y, a veces, muy ajenas a la idiosincrasia local. Pero es evidente que, paseando por sus calles, se observa un bullicio y agitación en la que, sí, hay turistas, pero también locales, en una trama urbana llena de oportunidades. Dura y competitiva como pocas, Londres ofrece ahora mismo una imagen de pujanza que llama la atención al visitante, y la sitúa entre las ciudades más dinámicas e importantes del mundo. Como pensaba una tarde en un descanso de mis paseos, París está hecha para gastar dinero, pero Londres es donde ese dinero se crea. Y se nota.

miércoles, septiembre 12, 2018

Un montón de falsos másteres


Todavía no me había aprendido sin fisuras el nombre de la ministra de sanidad, Carmen Montón, y su dimisión hará que, quizás, no vaya a olvidarlo. Pillada de pleno en una serie de renuncios y falsedades, no tanto en sus declaraciones, como en los méritos que acreditaba para obtener el máster que lucía, su caída era obligada, y el tiempo que ayer transcurrió sin que sucediera fue uno de gran desgaste para el gobierno entero. Su renuncia, leída en una comparecencia sin preguntas, en la que presumía de lo hecho y no admitía fallo alguno, fue una perfecta lección de que, como puso alguien en redes sociales, ni dimitir sabía. Su gestión en estos días ha sido desastrosa.

Con todo, el que cometió ayer un grave error no fue ella, que estaba vendida a los caballos y trató de resistir de manera desesperada, sino su jefe, el presidente del gobierno, que la respaldó públicamente un par de horas antes de que supiéramos que copiando y pegando de la Wikipedia uno puede hacer un trabajo válido para ser convalidado como título de postgrado. Sánchez debió aprovechar ese asalto de periodista en el Senado por la tarde para anunciar la dimisión de la ministra, para defenderla si quería, pero para dejarla caer, y que así el problema no le afectara. Suena duro, pero la política es así. Si subes, subes acompañado, si bajas, bajas sólo. A lo largo del día se produjo una divertidísima puesta en escena por parte del PSOE y del PP para señalar las diferencias entre los casos propios y ajenos de másteres falsos (en lo mollar, ninguna, todos son unos tramposos pillados) y lo que para los acusados de la propia formación no era sino irregularidades por demostrar se convertía en enormes fallas y delictivas conductas en el caso de los acusados de la formación contraria. Era ridículo ver a Adriana Lastra y a otros portavoces del PSOE defender a Montón y acusar a Cifuentes o Casado a la vez que portavoces del PP exculpaban a los suyos y veían en Montón la encarnación de la corruptela administrativa. A lo largo del día el crédito de la ya ex ministra iba bajando y voces del PSOE empezaban a asumir que su caída era necesaria, pero el respaldo de Sánchez la protegió nuevamente. De poco sirvió, porque la experiencia nos demuestra que en estos másteres del Instituto de Derecho Público de la Universidad Rey Juan Carlos todo es torcido. Trabajos, asistencia, notas, expedientes… todo es manipulable, ocultable, falsificable, con tal de que el instituto universitario cobre sus emolumentos, que no serán baratos, y que el político o cargo público en ejercicio favorezca, a buen seguro que es así, a los que le han regalado la titulación. Un vulgar trato corrupto en el que no hay obra pública ni contratos amañados ni comisiones, que es lo que nos hemos hartado de ver en años y años, sino algo más relacionado con el prestigio y la carrera profesional, pero igualmente falso. ¿Cuándo la justicia va a disolver ese mafioso instituto universitario y encausar a los responsables de semejante aparto de corrupción? Podría decretarse, directamente, la nulidad de todos los títulos expedidos por ese instituto, o sino la publicación íntegra de todos los trabajos y expedientes de los alumnos que por ese lugar han pasado (en teoría) para ver quiénes son, cuántos son políticos, si hay algún partido que se libra y si, entre todos ellos, como en Sodoma y Gomorra, hubo alguno que sí fue a clase, sí hizo exámenes y escribió un trabajo en el que empleó algo más de tiempo del que, por ejemplo, me lleva a mi escribir este pobre artículo. Carmen Montón es el último de una serie demasiado larga de nombres que ensucian la marca de esa universidad, destruyen el prestigio que puedan tener sus licenciados y enerva a padres que pagan matrículas y docentes que hacen su trabajo, y que nada tienen que ver con comportamientos mafiosos como los que vemos. ¿Se hará algo finalmente? Apuesten a que hay un consenso entre, al menos, PP y PSOE, para que todo siga igual

Liquidado el tema Montón, apenas quedan parapetos en los que se pueda esconder Pablo Casado. Durante estos dos días ha adoptado un perfil bajo a sabiendas de que todo lo que dijera se iba a volver en su con razón, y han sido otros portavoces del PP los que han cargado contra la exministra. Su caso está judicializado y probablemente opte por mirar hacia otro lado hasta que haya algunas decisiones de los tribunales. Pero en la esencia del tema, su situación es igual de indefendible que la de Montón o Cifuentes, o de algunos otros que en el futuro probablemente descubramos que hicieron lo mismo. Esta táctica de elusión le emparenta, cosa que le hará rabiar, con el marianismo más puro. Ayer Sánchez también se vistió de Mariano por unas horas, pero sólo el original gestionaba bien con su estilo estas situaciones. El resto son advenedizos.

Me cojo unos días de vacaciones, y haré un pequeño viaje al Reino Unido. Si todo va bien nos leemos nuevamente el miércoles 19 de septiembre.

martes, septiembre 11, 2018

11S, diecisiete años después


Hoy, 11 de septiembre, se cumple el decimoséptimo aniversario del sádico atentado que destruyó en 2001 las torres gemelas del WTC de Nueva York, y que también atacó el Pentágono y provocó la caída de un avión en las llanuras de Pensilvania. Muchos son ya los años transcurridos desde esa infamia, pero siguen apareciendo nuevos vídeos y testimonios de lo que fue aquel día, un ejemplo perfecto del horror desatado por personas que, iguales que usted y yo, planificaron aquella matanza tan espectacular como efectiva para atacar y matar a personas, iguales que usted y yo. Sea este día de recuerdo para las víctimas del atentado, de consuelo para sus familiares, y por extensión, de homenaje a las víctimas que el terrorismo fanático crea a lo largo de todo el mundo. Su mal no cesa, nuestro combate contra él tampoco. Nuestro corazón y pensamiento, siempre con los que lo han sufrido.

lunes, septiembre 10, 2018

La lección que nos dan Germán y José


Germán y José aparecen en el vídeo con un envidiable aspecto para haber superado ambos los cien años. En un paraje campestre, sereno, con una suave y anodina música de fondo, ambos cuentan cómo les va la vida ahora, como si fueran unos jubilados más de este país, que es lo que realmente son. En su pasado está la causa de que aparezcan, en la horrible experiencia de la guerra civil, que pasó por ellos alistándolos en bandos opuestos y llevándoles a las trincheras en la batalla del Ebro, la última gran escaramuza militar de la guerra. En ese combate uno y otro se miraban desde trincheras opuestas, y pudieron haberse matado mutuamente. Sin conocerse.

En cualquier día de esa batalla Germán y José vivieron escenas y momentos de una crueldad y dureza que ninguno de nosotros, párvulos residentes en el jardín de infancia de nuestras actuales vidas, somos capaces de imaginar. Ambos conocieron la muerte de cerca, no la accidental, sino la provocada. El asesinato, la carnicería que ocasiona una bomba cuando cae, el vecino de trinchera que es abatido por un disparo certero que sale desde la posición contraria, el polvo que lo llena todo cuando los proyectiles estallan a tu alrededor, el caos y el ruido que hacen que se corra sin dirección, sólo buscando salvar la vida pero sin tener idea alguna de lo que hacer para lograrlo…. Escenas horripilantes que hemos visto muchas veces en el cine, pero que para ellos fueron completamente reales, sin butacas ni sistemas modernos de proyección o sonido. A veces contemplar imágenes de esas nos revuelve las tripas, incluso cuando sabemos que forman parte de una ficción. ¿Cuántos soportaríamos unos instantes en medio de una batalla cruel y real como aquella? ¿Cómo lo son todas? Muy probablemente Germán y José acudieron a ese enfrentamiento por salvar sus vidas, se enrolaron en los ejércitos que llevaban como divisa porque anteriormente otras tropas tomaron sus pueblos, y su única opción de supervivencia era la de apuntar al bando ganador, o al menos al que había ganado en su territorio, que para el caso es lo mismo. ¿Sentimiento? ¿Convencimiento? ¿Ardor por la causa? No, no. Miedo, angustia, terror e instinto de supervivencia ante todo para poder salir adelante. En una guerra normal, y más en la civil, no son muchos los que forman parte de los que, convencidos, se enfrentan, y son inmensa mayoría los reclutados que acuden al frente a sabiendas de que cada día puede ser el último de sus vidas, y la lucha que domina esas horas, ganadas al destino con ardor, suele ser más una batalla por la supervivencia que por conseguir una victoria para uno de los bandos. Imaginamos la guerra como algo con nobleza, arrojo y valor, y la simulamos demasiadas veces desde una de nuestras plataformas de videojuego, pensando que eso de las vidas que tenemos como contador también pasa en la realidad. Pero no. Aunque hay episodios de heroísmo, la guerra sobre todo es crueldad, horror y desesperanza. La valentía se mide por la supervivencia y lo que sucede allí, y lo que contemplan los que vuelven les hace sentir en muchos casos destrozados para siempre. Los vemos como afortunados supervivientes, ocasionalmente ganadores, pero muchos hubieran preferido no volver, quedarse en aquel cerro o páramo con los que durante unas horas fueron sus compañeros. Morir para no tener que vivir el resto de sus vidas con el recuerdo de lo que hicieron, vieron o sufrieron. Por eso tantos callan, por eso niegan a generaciones posteriores el relato de los hechos, porque esos hechos son de una crueldad y horror tal que no son capaces de revivirlos y, en muchos casos, emplearán el resto de sus días para tratar de sepultarlos y que no sean capaces de arrastrarles, como espectros, a un mundo de sombras y dolor.

Libros como “A sangre y fuego” de Chaves Nogales, “Sin novedad en el frente” de Remarke, “Morir en primavera” de Rothmann o cualquiera de los de testimonios que ha publicado Svetlana Alexievich reiteran este comportamiento interior, escondido, que trata de sobreponerse al horror imaginable. Quienes, desde el rencor y la ignorancia, han criticado el vídeo de Germán y José sólo exhiben su desconocimiento de la realidad, su visión sesgada y, afortunadamente para ellos, la nula experiencia del dolor. Esos dos viejecitos nos dan miles, millones de vueltas, a cada uno de nosotros respecto a lo que es la vida y vivirla. Sufrieron en carne propia el mayor fracaso de nuestro país en el siglo XX, y hoy en día, con más de cien años, viven, se hablan y abrazan. Ojalá seamos capaces de aprender algo de sus vidas, y que nunca nos toque pasar nada parecido.

viernes, septiembre 07, 2018

“Garganta profunda” en La Casa Blanca contra Trump


¿Será el de esta semana el escándalo definitivo que arruine la presidencia de Trump y le haga abandonar el cargo? Antes de que alguno descorche el champán que largamente está conservado, aconsejo prudencia. El de “esta semana” es el último de una serie de escándalos, polémicas y revelaciones que, en cualquier otro caso, hubieran bastado y sobrado para derribar la figura presidencial, pero si algo demuestra Trump es que también es anómalo en este sentido. Ya lo dijo en campaña, “podría ahora ponerme a disparar a la multitud en Times Square y me votarían igualmente”. Quizá, al paso que vamos, algún día lo hará, y entonces comprobaremos si ni siquiera eso es suficiente para que su mandato expire.

El artículo anónimo del New York Times no revela nada que no se supiera de antemano. Si se ha leído “Ruido y furia, de Michael Wolff podrá asistir a revelaciones similares noveladas de una manera profesional, y recuerden que aquel momento fue considerado como muchos el final de la presidencia, y desde entonces varios han sido los escándalos que se han sucedido. Sin embargo, dos son las novedades que, a mi entender, aporta el texto, que afectan a las dos instituciones que libran este pulso. Por una parte, en este caso no se puede acusar al autor del libro, Wolff entonces, Boodward ahora en un nuevo texto de muy reciente publicación, de distorsionar las palabras de los testigos y ser el creador del relato, dado que el testimonio es, en este caso, escrito directamente por la fuente, que trabaja en la Casa Blanca. Por lo tanto, todas las historias que hemos escuchado de funcionarios y personal de aquel centro de poder que asisten, atónitos, a su demolición y desprestigio, y tratan de evitarlo, cobran plena verosimilitud en boca, mejor dicho texto, de uno de ellos. No estamos ante una novela o ensayo, sino ante el testimonio directo de una fuente. El otro factor diferencial es el papel que adopta el periódico al publicar un texto anónimo, cuya fuente se supone es conocida y creíble, dado que se juega mucho si finalmente esto no es así. Afirma el NYT que no va a revelar quién es el confidente que cuenta esta historia, en lo que está llamado a ser un nuevo episodio de “garganta profunda”, la anónima fuente que en su momento resultó esencial para desvelar la trama del caso Watergate. Muchos años después supimos quién era el autor de aquellas revelaciones, y la prensa, en su derecho, mantuvo el secreto mientras la fuente así se lo solicitó. Es una actitud habitual de los medios, a la que tienen derecho, y posee su lógica, pero les pone en un serio brete al hacerles defender argumentos sin que puedan explicitarlos hasta el final. Y todo en un contexto muy distinto al del caso de Nixon, no porque este presidente sea mucho más querido (más bien lo contrario) sino por la debilidad en la que viven hoy en día los medios impresos, tanto por la revolución tecnológica como la posición financiera en la que han quedado y, desde luego, por el ataque constante, fiero e implacable que sufren desde la propia presidencia de Trump. Hubiera sido inaudito que Nixon cargase contra los medios un día sí y otro también y les acusara de falsos, mentirosos, traidores y otras lindezas por el estilo, pero es lo que hace desde antes de llegar a la presidencia. La guerra que viven ahora mismo la prensa y la Casa blanca debilita a ambos, y no me queda muy claro cuál de las dos partes es más vulnerable. En el escenario de polarización absoluta que se vive en EEUU, y también en nuestros países, el votante de Trump tiene tanta fe en él como odio a los que le atacan, y ve al NYT y otros medios como traidores a la patria, opositores enmascarados y sembradores de mentiras. Así, en un ambiente cada vez más tóxico, es probable que de estos enfrentamientos sólo salgan perdedores, de mayor o menor grado, pero todos dejándose algo en una batalla que no parecen poder ganar.

Lo único que realmente puede hacer perder poder real a Trump son las elecciones de mitad de mandato, que se celebrarán en dos meses. Ahora mismo los republicanos controlan ambas cámaras y eso hace que todo lo que firme Trump sea respaldado y entre en vigor. Si pierden una de ellas la presidencia quedará tocada, y ya vimos que los últimos años de Obama, con ambas cámaras perdidas, fueron ejercicios baldíos. Pero las cámaras se pierden en las elecciones, y no en los editoriales. ¿Seguirán los votantes de Trump votándole, aunque esté a punto de ponerse a disparar contra ellos? Esa es la pregunta trascendente, y de momento, según señalan las encuestas, el sí gana al no.

jueves, septiembre 06, 2018

Una de espías entre Reino Unido y Rusia


Theresa May aguanta al frente del Reino Unido sin que muchos tengan claro aún cómo lo logra. Asediada desde fuera y, sobre todo, desde dentro de su propio partido, parece estar cada vez más sola y perder poder a cada minuto que pasa, pero ahí sigue. Y ayer osó atacar al oso ruso, que actúa en las islas británicas sin mucha consideración y ninguna prudencia. Acusó formalmente al GRU (el villano favorito) de estar detrás del intento de asesinato de Skripal y su hija, y de la muerte accidental de una ciudadana británica al entrar en contacto con el veneno que los servicios secretos rusos usaron en el primer, y finalmente fallido, ataque.

Las caras de los presuntos agentes rusos que ilustran la noticia que les enlazo bien podrían encontrarse en las portada o solapas de cualquier buena novela de espionaje de Le Carré, pero no estamos ante ninguna trama inventada, sino ante un serio asunto, que se repite tras lo sucedido hace años con Litvinenko, y que muestra tanto el vengativo comportamiento del gobierno de Putin respecto a aquellos a los que considera traidores como la impunidad con la que sus servicios secretos se mueven fuera del país, especialmente en un Reino Unido que parece estar lleno de ellos. Muchos son los oligarcas rusos que han encontrado en las islas británicas, especialmente en Londres, acomodo a sus fortunas y vía de escape de la garra de Putin, por lo que este tipo de actuaciones vengativas, puramente mafiosas, dirigidas en principio hacia ex agentes rusos, son un buen toque de atención que el Kremlin manda a todos esos millonarios que han abandonado su patria y las obligaciones con ella (con las de la  mafia “putina” en primer lugar). “Os tenemos controlados”, “os vemos” viene a ser el mensaje que se obtiene de estos actos, y la absoluta impunidad con la que se realizan refuerza notablemente esta idea. Impunidad derivada del poder real, duro, que Rusia ejerce sin cortapisas, dado que no tiene por qué someterse a opiniones públicas, medios de comunicación u oposiciones políticas. Para la autocracia rusa todo es más sencillo que para las regladas democracias occidentales, y si se considera que a un opositor o periodista crítico se le debe eliminar, se le elimina y punto. ¿Qué puede hacer Reino Unido ante este caso? Más bien poco. El conjunto de la UE apenas es capaz de mantener las sanciones que promulgó contra Rusia tras la invasión de Crimea, y los largos brazos del gas ruso son capaces de forjar alianzas en el este y Centroeuropa que debilitan una posición común para aumentarlas. Países como los del grupo de Visegrado contienen una poco disimulada envidia no de Rusia, que les ha oprimido a lo largo de décadas, pero sí de Putin como hombre fuerte y la forma en la que rige los destinos de su nación. Orban y compañía ven en Putin un modelo autocrático, la imagen de lo que quieren ser, el líder fuerte, carismático y respetado por su pueblo (al que oprime para que eso siga siendo así) y en el fondo seguro que no ven mal que actúe con fuerza frente a aquellos que considera traidores a su régimen. Si ellos no estuvieran limitados por cosas absurdas como constituciones, estados de derecho, responsabilidad pública o separación de poderes, por citar algunas, quizás estarían tentados en imitarle, no hasta las últimas consecuencias del asesinato, pero pudiera ser que el encarcelamiento y la represión de opositores entrasen en sus planes. Por ahí Putin sólo tiene inconscientes enamorados de su imagen. Y de otras naciones como Francia poco parece que se puede esperar en la práctica. Para estas cuestiones España ni cuenta ni existe, dado que para los asuntos internacionales seguimos mostrando la misma pereza y ausencia de los últimos siglos, que nos ha condenado a ser una mera comparsa.

Por eso, quizás, la única opción posible que le quedaba a May era hacer pública la información, divulgarla a los cuatro vientos, mostrar las caras de los presuntos atacantes y que algo de vergüenza global caiga sobre un Kremlin al que eso poco le importa, pero que tampoco le viene bien: Sabe además Reino Unido que, en todo lo que tenga que ver con Rusia, ya no cuenta con la colaboración del amigo americano, porque en la Casa Blanca se sienta, quizás, el mayor admirador de Putin fuera de las murallas de la fortaleza moscovita, y quién sabe si el hombre que más en deuda está con el sátrapa ruso por su presunta ayuda para ganar las elecciones de 2016. Sí, Londres está sola, May lo sabe, y poco más puede hacer que gritar que un par de asesinos están sueltos por ahí, y señalar a quien les paga y manda.

miércoles, septiembre 05, 2018

Descalabro del empleo en agosto


Durante el pasado fin de semana era una constante en todos los medios de comunicación la reiterada llamada a la angustia derivada de la vuelta al trabajo tras las vacaciones. Tristeza, resignación, caras largas y una especie de nube melancólica llenaba crónicas y artículos relatando la presunta penitencia de volver a las obligaciones, a la rutina, al esfuerzo diario. Me enfadan mucho este tipo de informaciones y su simplismo, dado que puede haber gente amargada en su trabajo y no, pero las vacaciones se definen por oposición a trabajo, y si no se posee empleo no se puede volver de unas vacaciones eternas, horrendas, llamadas paro. Eso sí es un problema que puede ser angustioso. Mucho o muchísimo.

Cuéntele el cuento de su depresión postvacacional (cómo inventamos cosas para tratarlas y generar negocios, es increíble) a los miles de personas que fueron despedidas el 31 de agosto, a un ritmo nunca visto en España. Quince mil despidos a la hora durante las 24, para totalizar algo más de 350.000 personas que vieron cómo se acababan sus contratos de verano y no tenían “rutina” a la que volver el lunes 3 de septiembre. Algunos de ellos, sin duda, serían estudiantes o personas que habían buscado una ocupación para los meses de la temporada turística alta y una vez pasada ya no querían trabajar, pero seguro que habría otros que trabajaban porque lo necesitaban, y que el lunes de esta semana tienen un serio problema. ¿Cuántos hipotecados habrá en ese enorme conjunto de personas? ¿o alquilados que pagan las actuales rentas, módicas y asequibles donde las haya (ironía)? Muchos, sin duda, y este lunes todos ellos, poseedores de vidas, circunstancias, cargas y deseos distintos, están unidos por el desempleo. La cifra es la de los habitantes de una ciudad como Bilbao, un disparate. ¿Es esta cifra un reflejo de que la economía se frena? Agosto suele acabar mal tradicionalmente en el mercado de trabajo por el fin de esa temporada alta turística, pero los datos de este año son especialmente peores. Aumenta la contratación indefinida, sí, pero sigue representando muy poco sobre el total, y que se produzca tal volumen de despidos en una sola jornada indica que algo no funciona bien ni en nuestro mercado de trabajo ni en el sistema de contratación. Los años del PP en el gobierno no han servido para modificar en serio ninguno de estos dos marcos, dado que sus medidas han servido para pulir algunas de las aristas y aumentar otras de sus divergencias, pero se han mantenido prácticamente igual: Es un mercado segmentado, de fijos muy protegidos y temporales completamente a la intemperie, en una estructura económica procíclica que crea mucho empleo cuando la economía tira y lo destruye a la misma exagerada velocidad cuando la economía cae. Ahora que gobierna, es un decir, el PSOE, nada va a hacer al respecto, de primeras por la ausencia de capacidad legislativa de su exigua minoría, y de segundas porque en gobiernos socialistas precedentes se ha tendido a aumentar los sesgos del mercado laboral, creciendo las protecciones a los ya resguardados y reduciendo aún más las coberturas a los que apenas las poseen. Los únicos que presentan un programa alternativo para el mercado de trabajo son los de Ciudadanos, que encabezan su propuesta con el contrato único de indemnización creciente, una figura frente a la cual se han posicionado en contra tanto PP como PSOE, por lo que algo bueno tendrá. No sería demasiado útil alterar sólo el sistema de contratación, dejando sin tocar la estructura económica el país, tano en sectores como en dimensión empresarial, con una sobreabundancia de autónomos y PYMEs sobre el conjunto del sector productivo, y la ausencia de grandes empresas en sectores punteros (Vestas, que ahora quiere cerrar en León, es danesa, y es allí donde toma sus decisiones, acertadas o erróneas) pero todos los expertos coindicen en que el mercado laboral español es tan ineficiente como injusto. ¿Por qué no probar e implantar la propuesta de Ciudadanos?

El temor de fondo que me surge tras ver las cifras de agosto es que puede ser otra gota en el vaso del frenazo económico que se empieza a intuir, y eso es un problema muy serio. Las tendencias económicas suelen ser de fondo y tardan algunos trimestres en manifestarse. Algunos factores coyunturales han hecho mella en la temporada turística, como el buen tiempo europeo y la recuperación de destinos de competencia, como Egipto o Turquía. Habrá que ver si los malos datos de agosto son flor marchita de un mes o grano picado de una temporada que se avecina mala (es lo que me temo) y eso condicionará las vidas y esperanzas de muchos de los cientos de miles de despedidos del pasado viernes. Seguro que tampoco les hizo ninguna gracia vera los “deprimidos por la vuelta al trabajo”.

martes, septiembre 04, 2018

Locura en el mercado de coches


La información, eso tan etéreo, es una de los condicionantes principales a la hora de que un mercado económico sea más o menos eficiente. Correcta información, que circula entre todos los agentes garantiza transacciones más justas. Falsa información, o asimetrías en torno a quién la posee y no genera enormes distorsiones con ganadores y perdedores, o simplemente perdedores en distinto grado. Stiglitz ganó su Nobel por estudios sobre mercados en los que, por definición, una de las partes sabe algo que la otra no, y cómo eso distorsiona precios. El ejemplo clásico son los seguros, donde (de momento) el particular que los contrata sabe más de los riesgos que corre que la empresa que los vende.

Este agosto ha sido una locura en el mercado de coches en España, y todo por cuestiones de información. Dos han sido las variables fundamentales que lo han condicionado. Por un lado, ya con cierto recorrido, al demonización del diésel y los constantes mensajes penalizadores sobre su uso. El diésel antiguo es un combustible tóxico, sí, pero los vehículos diésel nuevos son tan limpios, o sucios si lo prefieren, como los gasolina equivalentes, pero el concepto diésel está herido y eso influye en las decisiones de compra. Eso ha espoleado las ventas de los últimos y la retirada creciente de los primeros. Por otro lado, y de forma coyuntural, este pasado sábado 1 de septiembre entraba en vigor el nuevo protocolo de anticontaminación europeo, conocido por las siglas WLTP, de tal manera que no se pueden matricular vehículos que no lo cumplan. Esto ha hecho que los concesionarios, que tienen muchos coches en stock, tuvieran a lo largo de agosto que desprenderse de los que ya no iban a poder vender a partir de septiembre ¿Cómo? Dos vías. Una, prematricularlos en el pasado mes para desde el día 1 poder venderlos como vehículos de kilómetro cero, que no deja de ser un segmento d segunda mano, y otra, regalándolos. Ofertas de descuento del 40% o 50% se han visto a lo largo de las últimas semanas en una campaña muy agresiva con tal de quitarse de en medio los coches invendibles que, recordemos, eran nuevos. ¿Consecuencias? Este ha sido el agosto con mayores ventas desde hace muchos años, quizás el mayor del registro histórico, con una cifra que supera con margen los cien mil vehículos. Un dato asombroso. En la serie de ventas anuales agosto va a aparecer como un pico salvaje, precedido de meses que no fueron malos, pero que se mostraron algo más fríos de lo previsto, y seguido más que probablemente por un septiembre de ventas muy inferiores a la media, dado que salvo las necesidades de reposición muchas de las ventas previstas e anticiparon al mes pasado. La distorsión de la serie de ventas es evidente, y en primer lugar les va a causar quebraderos de cabeza a los analistas de datos, que se van a encontrar con unos registros sucios, que esconden un efecto derivado de una serie de informaciones que han distorsionado el mercado. Lo malo es que este hecho puntual de agosto no sería muy grave si no fuera porque los errores de información respecto al diésel, que siguen, como se pudo ver ayer en el episodio del globo sonda del impuesto, están generando un auténtico problema industrial en el sector de la automoción. El desplome de ventas de esa motorización ha cogido por sorpresa a unas fábricas de montaje que, siendo una de las industrias más complejas y eficientes de las que existen, requiere tiempo para realizar ajustes. Varias plantas españolas, como la navarra de Volkswagen, han tenido que cerrar líneas este mes de septiembre y mandar empleados a casa con un ERE temporal porque no tienen motores gasolina para poder montar los vehículos que demanda el mercado. Estas distorsiones bruscas generan costes, profundos, que se transmiten en la cadena productiva al conjunto de proveedores, y que, obviamente, son negativos.

Como he señalado varias veces, el mundo de la automoción está inmerso en una revolución, la de la movilidad, que puede cambiar por completo su forma de trabajar, ser y existir, sin que a día de hoy esté nada claro cuál va a ser el resultado final, ni de las tecnologías que triunfen ni las que logren mantenerse, pero es evidente que un sector tan importante para todas las economías, y ni les cuento para la nuestra, siendo España uno de los principales (y mejores) ensambladores de coches del mundo, requiere una cierta estabilidad y una mirada a largo plazo. Las inversiones que realiza el sector son enormes, en tiempo y volumen financiero, y cambiarlas es complicado y muy costoso. La distorsión de agosto puede ser algo anecdótica con el tiempo, pero es otra señal de un mar de fondo en el mundo del automóvil que no deja de agitarse.

lunes, septiembre 03, 2018

Si, cambiemos la hora, volvamos a Greenwich


Son la 07:54 de la mañana en Madrid en el momento en el que escribo esto y, tras la tosmenta de la pasada noche, algunas nubes se mueven por un cielo que en Madrid es aún más oscuridad que amanecer. Perdemos más de un minuto de luz tanto en la salida como en la puesta del sol, y si hace unas semanas llegaba a esta hora a la oficina a pleno sol ahora la cosa es bien distinta, y dentro de unas pocas lo haré en la más absoluta oscuridad del otoño ya entrado. Alcanzaremos el mínimo de horas de luz natural en el solsticio de invierno, aunque ya saben que el amanecer más tardío y el anochecer más temprano no tienen por qué coincidir exactamente con esa jornada.

La Comisión Europea ha tirado de televoto para declarar algo que ya era bastante sabido, que es la irrelevancia económica del proceso de cambio horario que se realiza en la UE, y no sólo, desde hace décadas. Recordemos que esta medida se implantó para ahorrar dinero, porque con la crisis del petróleo de los años setenta el coste de la energía se disparó. Los sistemas de iluminación de entonces y, sobre todo, la existencia de horarios de trabajo mucho más rígidos, hacía que tuviera sentido, y efecto, una medida como esta. Con el paso de los años la tecnología ha avanzado mucho, se ha reducido nuestra dependencia del crudo y la complejidad del sector servicios, el dominante en nuestras economías, hace que la hora de entrada y (me temo que sobre todo) salida del trabajo sea algo flexible. Año a año el pretendido ahorro es menor, y crecientes han sido las voces que abogaban por dejar de hacer esa rutina del cambio de manecillas o dígitos. La Comisión se apunta a esta idea y propone, en efecto, eliminarla, dejando a cada país que sea el que decida con qué horario se queda, si con el de verano o el de invierno. Los países más septentrionales tienen querencia por el de verano, porque así al menos durante una parte del año tienen tardes largas que compensar sus cortísimos días de invierno, sea cual sea el horario con el que se midan. A medida que nos desplazamos al sur la distorsión entre el día de verano e invierno es menor, por lo que debiera ser el criterio natural el que predominase, entendiendo como natural el de escoger la hora más cercana al meridiano que nos toca. En España es sabido que, por decisión franquista, se adelantó la hora que teníamos desde que se establecieron los husos horarios para acompasarla con el llamado horario central europeo, que rige en París o Berlín. Hasta entonces teníamos el de Londres, que es una hora menor que el central europeo, que está marcado por el meridiano de Greenwich, que pasa por el este de nuestro país. Esa decisión de cambio de hora era política, y luego, tras el final de la II Guerra Mundial, se decidió no tocar lo establecido aunque eso supusiera que íbamos con la hora de un Berlín que, o era territorio aliado o comunista, ambos enemigos acérrimos del franquismo. Así hasta ahora. Por ello, en el llamado horario de inviernos vamos con una hora de desfase sobre el horario natural que nos corresponde, y cuando cambiamos al de verano, la distorsión se duplica, siendo de dos horas. Amanece tarde y anochece tardísimo, hasta llegar a casos como Galicia, donde pasadas las 22:30 de la noche puede ser pleno día en verano, algo absurdo. Por ello, en el debate abierto sobre si tenemos que quedarnos con el horario de verano o de invierno, resultado que en la práctica deberá determinarse dentro de uno o dos años, lo lógico sería decantarse por el de invierno, porque la distorsión es menor, pero lo mejor sería retrasar dos horas el reloj respecto a lo que marca ahora mismo, a 3 de septiembre, y que nuestra hora fuera la de Reino Unido, Portugal o Canarias, que es la que nos toca por posición, siendo una menos que la que señalaría en París, Bruselas, Roma o Berlín. Como ven, es una decisión que también tiene su lectura política en clave europea

Una vez abierto el debate, hay argumentos para todos los gustos, y opiniones a favor y en contra de uno u otro horario. Dado el peso del turismo y la hostelería en nuestro país existe mucha presión para mantener el horario de verano, que distorsiona las tardes, en la idea de que se facturará más cuanto más en la terraza o chiringuito cuanto más larga sea la tarde, idea que no resalta el hecho de que, haciendo calor, es por la noche cuando más llenos están esos establecimientos. En fin, nos espera un acalorado debate al respecto, en el que como siempre, dentro de nuestro sinsentido, se producirá una división territorial e ideológica irreconciliable entre uno y otro horario, volviendo a mostrar que una cosa es la hora y otra el siglo, retrógrado, en el que viven muchos de los que nos rodean.

viernes, agosto 31, 2018

Tormenta financiera ¿sólo de verano?


Ayer el Banco Central de Argentina subió el tipo de interés en aquel país al 60% (díganlo despacio, 60%) para tratar de contener el desplome del peso, pero de nada le sirvió, en una nueva jornada ruinosa para la economía albiceleste, que debe estar a punto de entrar en recesión en medio de otro de sus reiterados episodios de corralito. Las cifras de su economía dan vértigo, con una deuda pública que supera el 60% del PIB, déficits fiscales del 6% e inflación que ha roto la barrera del 20% anual y sube. El destrozo que estas variables generan en el entorno macroeconómico de un país se traducen en pobreza, desempleo e inestabilidad. El rescate acordado con el FMI puede ser insuficiente antes incluso de haberse empezado a desembolsar.

Esta ha sido la última puntilla de un mes que ha dejado al Ibex hecho un desastre, perdiendo ayer el nivel de los 9.500 puntos y con todas las grandes empresas españolas cayendo al unísono a la par que lo hacen monedas de mercados emergentes, como el citado peso argentino o la lira turca. A la espera de lo que suceda hoy, el Ibex pierde cerca de un 5% en este mes, que es inestable y peligroso como pocos, y deja abierta la puerta al final del año con una muy mala sensación. ¿Estamos ante una tormenta de verano, brusca y pasajera, o ante algo más serio? Tiene el problema agosto que la tradicional falta de liquidez derivada de las vacaciones de muchos inversores hace que los los movimientos se amplifiquen en exceso, sean de bajada o de subida, pero el mar de fondo, a mi entender, se está revolviendo. Hay dos frentes principales a los que poner atención, el externo y el interno. En el externo, ante el que poco podemos hacer, está dominado por esa citada debilidad en las monedas emergentes, en paralelo al fortalecimiento del dólar (ambos movimientos están ligados) y el destrozo que esas devaluaciones ocasionan en las cuentas de multinacionales españolas, bancarias sobre todo, que poseen intereses en países que se empobrecen con cada devaluación. A esto se debe sumar la sensación de que el ciclo de la economía norteamericana está demasiado maduro como para poder seguir tirando, con un aplanamiento cada vez mayor de la curva de tipos (menor diferencia entre el tipo a corto y el de largo) que suele ser síntoma de que la crisis está cerca. Las disputas comerciales y el aire enrarecido entre lo que antaño fueron socios de negocios no ayuda en nada. En el plano interno, la economía española suma otro año de crecimiento, menor que el pasado, en lo que es la continuación de un ciclo expansivo que ya empieza a ser muy largo y que muestra claros síntomas de agotamiento. La tasa de ahorro de las familias está en mínimos, lo que frena el consumo, el pico turístico alcanzado en 2017 no va a ser igualado en este 2018, y la devaluación de Turquía nos puede quitar numerosos visitantes de cara ya a los siguientes meses y, en general, las diferentes estadísticas muestran que las variables macroeconómicas se frenan, lo que también es algo natural. Las “burbujitas” creadas al calor de la recuperación, especialmente en lo que hace al alquiler y el mercado inmobiliario en las grandes ciudades, se mantienen, pero es de esperar que, si no han tocado techo, lo hagan en los próximos meses. Los precios empiezan a repuntar, aunque de manera muy desigual, encabezados por los alimentos frescos y la energía, con petróleo caro y electricidad que no da tregua, y esto supone un nuevo mordisco a la capacidad de gasto de los hogares, que no van a poder seguir tirando del carro. La demanda embalsada de bienes de consumo, que se acumuló en los años de crisis, parece haber sido ya agotada y, si exceptuamos el mercado de coches, afectado por el tema diésel y los nuevos protocolos anticontaminación (que entran en vigor mañana) las grandes ventas caen.

¿Globalmente vamos hacia una nueva crisis? Es muy pronto para decirlo, pero ya hay canarios en la mina que así lo aseguran. De producirse, nos pillaría a los españoles un poco desnudos, con un gobierno débil e inestable, incapaz de sacar reforma estructural alguna, y unos datos macro dispares, que sobre todo dan miedo en lo que hace a la deuda pública, que vive en ese límite del 100% del PIB de una manera tan cómoda como alarmante. Y a Europa le cogería en medio del marasmo de los populismos crecientes. A partir de septiembre vamos a tener que ver cada estadística con lupa, para ver qué forma adoptan las series y si ese frenazo que se intuye es algo leve y soportable o el síntoma de otra cosa mucho más seria.

jueves, agosto 30, 2018

Disturbios racistas en Chemnitz, Alemania


He tenido que buscar en Google Maps dónde se encuentra la localidad alemana de Chemnitz para ubicarla plenamente, porque la referencia de que se encuentra en la antigua Alemania del este no basta. Se ubica entre Leipzig y Dresde, un poco al sur de la línea horizontal que une estas dos ciudades, y es la tercera en tamaño del estado de Sajonia, tras las dos citadas y más conocidas. En esa ciudad se han producido graves disturbios alentados por la ultraderecha tras la muerte de un hombre a manos, al parecer, entre otros de varios inmigrantes. La violencia de lo sucedido ha dejado a cualquier suceso policial español de los últimos años convertido en riña de gatos.

Esta zona de Alemania, tan bonita como el resto del país, y relativamente próspera si la comparamos con la media europea, es la más pobre de la nación germánica, y es la cuna de Pegida, el movimiento antiinmigración que nació con fuera tras la llegada masiva de refugiados sirios, y que acabó cristalizando en Alternativa por Alemania, AfD, partido de corte extremista que en las pasadas elecciones federales logró ser la tercera fuerza más votada, y uno de los pilares del sistema político alemán. La pujanza de estos extremistas, el miedo a que siguieran en ascenso más bien, forzó la reedición de la gran coalición entre conservadores de la CDU y socialdemócratas del SPD, que están unidos ahora mismo sobre todo por el temor a los radicales. Sin embargo, el influjo de AfD no deja de crecer entre distintos sectores del electorado alemán, lo que resta votos a los partidos clásicos, y eso corroe día a día al gobierno de coalición de Merkel, que es mucho más débil de lo que lo fue en el pasado. Es en la Alemania del este donde este movimiento ha conseguido mayor implantación y fuerza, electoral y callejera. Rentas medias inferiores, pensiones más baja, tasa de paro superior, y estructuras económicas más obsoletas y un futuro más gris es lo que domina en esa zona frente a la pujanza irrefrenable del oeste, donde la economía sigue creciendo y el paro empieza a ser residual. Muchos habitantes del este no creo que añoren el pasado dictatorial, pero sí los tiempos de empleos abundantes y seguros, y el miedo ante un futuro que no controlan les hace decantarse por alternativas extremistas que les hablan de pasados gloriosos que pueden reverdecer, pero que no lo harán si Alemania es tierra de acogida de inmigrantes, que sólo traen pobreza y violencia. El discurso maniqueo de siempre, que es enarbolado en Hungría, Italia, EEUU y tantas otras naciones, que es falso en lo más profundo, pero que cala entre unas poblaciones que se ven sin muchas alternativas. Quiere Merkel y sus socios poner en marcha una intensa agenda social, quizás tratando de contrarrestar la sensación de abandono de estas zonas del país, y haciendo ver que el crecimiento de Alemania es inclusivo, pero está por ver que eso sea suficiente una vez que ha arraigado un virus extremista que, visto lo visto estos días, se desenvuelve muy bien frente a las fuerzas de seguridad. La eficiente policía alemana ha actuado sin la más mínima previsión, de una forma muy chapucera, y se ha visto completamente desbordada por unos incidentes mucho más graves de los que hubiera podido prever. Posteriores jornadas, con presencia de contramanifestantes, fueron escenario de más violencia, menor que al principio, pero porque la calles de Chemnitz ya estaban tomadas por las fuerzas del orden. Esta ciudad vuelve a mostrar que el polvorín populista, que adopta formas e ideologías extremistas distintas en cada nación, resucita de vez en cuando, porque sigue latente en el fondo de aquella, de nuestras sociedades.

¿Cómo aplacarlo? ¿Cómo vencerlo? No lo tengo nada claro. La economía que, de momento, crece, lo hace de una manera distinta a como lo hacía antes de la gran crisis, y es evidente que territorios y franjas de población han perdido el carro del avance ante otras zonas, y algunos países y regiones, como la misma UE, tenemos el riesgo de ser los perdedores frente a China y, en general, la pujante Asia. En un mundo de complejidad e incertidumbre crecientes, el populismo logra conseguir adeptos que buscan remedios directos a sus problemas, aunque sean recetas falsas. La pedagogía política debe mantenerse sin descanso para luchar contra este mal, pero quizás no sea suficiente. Italia, ya en manos populistas, es un ejemplo del problema que tenemos si triunfan movimientos de este tipo. Es un peligro creciente.

miércoles, agosto 29, 2018

Franco y el valle de los caídos


Creo que el valle de los caídos es uno de esos lugares que hay que visitar al menos una vez en la vida. Más allá de la magnificencia de su obra, de sus exageradas dimensiones, de la belleza natural del entorno en el que se sitúa y del arte que alberga, es una construcción que sirve de recuerdo de lo que fue la etapa más oscura de la España del siglo XX, y que remozado y con el trabajo necesario por parte de los historiadores, podría servir para aleccionar a las generaciones presentes y futuras de lo que no se debe hacer, de lo que ocurre cuando las ideologías totalitarias imponen su visión a una sociedad. Por ello, no lo derribaría nunca.

Sacar a Franco de su tumba, sita de manera caprichosa e improvisada en ese lugar, me parece una idea correcta. No dijo el dictador dónde quería ser enterrado, creyéndose quizás inmortal, y fue una decisión de Arias Navarro la que le llevó ante el altar de esa extraña basílica. Si el monumento del valle pretendía ser un lugar de recuerdo a las víctimas de la guerra civil, varios son los fallos que contiene en su diseño y decoración, por así llamarlo, pero el más obvio es que sea el ganador de la guerra el que presida ese lugar. Por ello, apoyo la decisión de sacar los restos de Franco de allí, aunque se que es una medida que nada tiene que ver con la reparación histórica sino con la eterna precampaña electoral en la que está embarcado el gobierno de Sánchez hasta el día en el que convoque elecciones. Seguramente en Moncloa tienen estimado el número de votos de anteriores seguidores de Podemos que ahora se inclinarán por el PSOE tras tomar esta medida, y esa es la medida de la misma, no otra. El asunto de fondo es bastante más interesante, necesario, costoso y, desde luego, menos rentable en votos. Resignificar el valle, hacer un proyecto museístico de verdad en el que se cuente el desarrollo de la guerra, nuestro gran fracaso del siglo, las atrocidades que en ella se produjeron por parte del bando fascista y comunista, las causas que nos llevaron a ella, nacionales e internacionales, el enorme destrozo humano, económico y social que supuso los años de contienda, el relato de la represión habida tras la victoria franquista y las venganzas cobradas por los vencedores en medio de una impunidad total… son cientos los aspectos tétricos y delicados que debieran ser expuestos en el valle, que posee el tamaño adecuado para convertirse en el museo de la guerra civil que este país necesita y requiere, pero como ven es un proyecto enorme en dimensión y en seriedad. No puede ser dejado al arbitrio de partidos políticos, que van a tratar de retratar lo sucedido como un burdo cuento de buenos contra malos, cuando lo que pasó fue, no nos gusta admitirlo pero así es, el fracaso completo de una sociedad, la polarización suicida de la misma, el exterminio continuado de unos sobre otros y, desde luego, la huida de una gran parte de esa sociedad del horror y la locura que se abatió en sus extremos. El papel de la iglesia en la actual gestión del valle también debiera analizarse con detalle. Es innegable el apoyo que tuvo el régimen franquista en los prelados, que siempre se apuntan con rapidez a las causas innobles, quizás atraídos por el poder terrenal, del que tanto abjuran: pasaron de pasear a Franco bajo palio a honrar a los etarras como luchadores por la liberta a, ahora mismo, defender los lazos amarillos de la locura independentista. Bonito currículum. ¿Debiera desacralizarse la basílica? Quizás, porque un proyecto expositivo global choca con la actual gestión católica del monumento, pero debieran ser los expertos los que opinen.

Ha comentado Ciudadanos que el valle podría convertirse en nuestro Arlington, como lugar de honra a los caídos, pero dudo que eso vaya a suceder. Por la guerra que vivimos y los restos que allí se acogen, y se encuentran casi a diario, el valle tiene más papeletas para convertirse en nuestra versión de los campos de concentración alemanes, un lugar de recuerdo del dolor y la pena, no de honra y homenaje. Pero reitero. Eso requiere tiempo, un proyecto sólido, gestionado por historiadores, que poseen sesgos, como todos, pero son profesionales, y un presupuesto no pequeño, destinado en primer lugar a arreglar las filtraciones y grietas que ahora llenan la basílica y su entorno, abandonados en la práctica desde hace décadas. Y recuerden, proyectos de estos no dan votos. ¿Se hará así?