miércoles, marzo 08, 2006

Órganos

Ayer por la noche tuve la oportunidad de escuchar una entrevista en el programa “La noche cromática” de Radio Clásica, RNE, a Montserrat Torrent, gran organista. El motivo principal de la charla era la polémica suscitada por el cabildo de la Catedral de Valladolid al decidir la instalación de un órgano digital en el presbiterio para, durante el culto, sustituir al órgano histórico que se encuentra en el coro, un ejemplar de la casa Amezua de los años veinte del siglo pasado, según comentaron ayer. La señora Torrent estaba muy disgustada, dado que ha tocado muchas veces ese gran instrumento, y consideraba una muestra de incultura y desprecio al patrimonio el poner un mero artilugio electrónico que, como buen sintetizador, imita los registros del instrumento original, pero no capta toda su pureza, y no me queda más remedio que aplaudirla y darle toda la razón.

Ahora que la gente va a las iglesias más por turismo que por devoción, suelen girar la cabeza extrañadas ante una fachada llena de tubos metálicos o de madera que, o bien en un lateral o en el fondo de la nave, suele surgir como una quilla entre la bruma, y mucha gente se pregunta qué es eso. Los hay que reconocen al órgano, instrumento musical por excelencia de la liturgia, pero muchos no saben ni como funciona, ni si aparte de su valor decorativo sólo sirve para hacer ruido, y suponen que como es tan grande y ostentoso (en muchas ocasiones) no le pasa nunca nada y hay puede permanecer incólume años y años. Nada más lejos de la realidad. Un órgano es una muy delicada pieza de ingeniería y arte que se desajusta y sufre de una manera continua, es casi un ser vivo, que se expresa a veces con voz dulce, otras de forma ruidosa y atronadora, pero que bajo su apariencia esconde un mecanismo muy delicado, con miles de piezas que se deben revisar y ajustar continuamente, y que fallan sin un mantenimiento continuo y cariñoso, apagándolo y sumiendo al mueble en un silencio aún más atronador que el de sus trompetas.

El patrimonio organístico español es enorme y, como en muchos otros casos, yace olvidado en medio de la desidia y el desconocimiento. Que el Cabildo de una Catedral como la de Valladolid tome decisiones como las descritas me parece simple y sencillamente inconcebible. Desde aquí apoyo plenamente a la asociación vallisoletana y su escrito de protesta, y animo a todos a disfrutar de la música en esos bellos y ancestrales órganos, cuyo sonido nunca podrá ser sustitutito por un ordenador por muy calibrado que esté. Si Buxtehude, Antonio de Cabezón, César Frank o San Johann Sebastián Bach levantasen la cabeza.......

1 comentario:

javier dijo...

De Elorrio era el sacerdote/estudioso, y organista de la Catedral de Tuy, Jaime Kerexeta, que seguro también se sentó frente al órgano de Valladolid.

Escribo aprovechando que soy otro elorriano en Madrid y que me llamó la atención ver a otro natural de nuestra Noble Villa por estas tierras.
Saludos.