viernes, junio 11, 2010

V

Hace un par de semanas, la noche del jueves, cambiando entre canales, encontré que en Telemadrid estaban dando una serie en la que unos extraterrestres llegaban a la tierra en enormes naves y se posicionaban sobre nuestras ciudades. Venían con un mensaje de paz y concordia interestelar, aunque había sectores de la población humana que empezaban a sospechar que no todo era tan idílico como lo pintaban los alienígenas. Se hacían llamar así mismos “Los Visitantes”, y obviamente, la serie era la nueva versión de V, uno de los mitos de los ochenta y, si me apuran, de la televisión y de la infancia de mi generación.

V, la serie original, fue un bombazo total. Creo que el pase de su primera temporada, en una época en la que las series no tenías “temporadas”, sólo capítulos y años, me pilló en torno a los trece años, en 1983, si no recuerdo mal (que pudiera ser). Como esto que viene ahora es de mi frágil memoria puede tener muchos fallos. Durante semanas había anuncios en prensa y en las revistas de televisión sobre la nueva serie, con el logotipo de la V grafiteada en rojo sobre negro. Simple y efectivo. No se decía de que iba la serie, y se montó una campaña de rumores que anticipaba lo que luego sería el marketing viral que tanto experimentamos hoy en día. No se que día tuvo lugar el estreno, pero sí que esa tarde estaba jugando con un amigo, IGX, al que hace tiempo no veo, en la campa que está cerca del caserío de sus padres, para los que sean de Elorrio sito en el camino que va de Los Frailes a Cénita, desde la que se disfruta una vista privilegiada del pueblo, y nos fuimos antes de lo normal a casa porque echaban V. Yo al menos esa tarde estaba nervioso, impaciente por ver qué era esa serie, así que para los creativos y publicitarios era un éxito con piernas e ilusión, lo más maravilloso que puede esperar encontrase un publicista en su vida. Vi el capítulo y me impactó, con una banda sonora atrayente y con aquellas inmensas naves circulares, tan copiadas luego en otras películas pero visionadas por primera vez con ese grado de realismo, y empezaron a circular por nuestra mente personajes como Diana, la morena, de la que entonces sólo nos fijábamos que era muy mala, no que estaba muy buena, Lydia, la compañera de Diana, la rubia, que era menos mala y menos atractiva, y algunos otros personajes que empezaban a despuntar, como Donovan, el que sería el héroe de la función y el ladrón de los corazones adolescentes, como responsable de la Resistencia antes los Visitantes. De hecho poco a poco uno descubría que esa V no hacía referencia a los Visitantes, sino a la Victoria sobre ellos. El aspecto y la estética de los alienígenas iba desplazándose poco a poco a los cánones del nazismo, con una bandera roja y una imagen similar a una esvástica construida con puntos, tropas de asalto y comandos de exterminio, y unos dirigentes paranoicos y muy belicosos. El golpe de efecto magistral fue el descubrir que los visitantes no eran humanos, sino reptiles disfrazados, y que se comían a la gente. Vistas ahora, las imágenes de Diana tragándose un ratón o quitándose trozos de su trae “humano” producen risa, acostumbrados como estamos a los efectos digitales, pero en su momento descubrir esa verdad, que los visitantes no eran humanos, fue un enorme impacto, casi como si fuera algo real. Todos nos quedamos alucinados, al menos yo sí, y mucho.

Así poco a poco la serie avanzaba y, como sucede siempre, el número de personajes fue creciendo, las tramas complicándose, con nacimientos de cruzados entre humanos y lagartos incluidos, y poco a poco el éxito se apaciguó y llegó un momento en el que se acabó del todo. Luego otras series muy distintas crearon expectativas similares y el fenómeno se repitió a lo largo de los años, pero creo que fue V la primera que logró que nosotros, los críos de entonces, alucinásemos. ¿La versión nueva? Más cara, moderna, con mejores efectos y con una “Ana” bella y andrógina que hace de Diana, pero todo es más frío. Me quedo con el recuerdo, quién sabe si cierto o no, del pasado.

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