jueves, junio 10, 2010

ZP en el Vaticano

Hoy tiene lugar una de esas reuniones que se podían calificar de imposibles, extrañas y raras, y que como es lógico despierta mucho interés y, hasta cierto punto, morbo. Por primera vez en los seis años que lleva como presidente del gobierno, ZP se va al Vaticano a reunirse con el Papa Benedicto XVI. Es cierto que lo hace en calidad de presidente de turno de la Unión Europea (que se acabe ya esta presidencia fracasada, deben pedir todos, empezando por el propio ZP) pero la imagen de los dos dándose la mano puede ser especial. Pagaría por oír que se dirán a solas.

Curiosamente el momento de la cita no me parece nada malo, ya que va a reunir a dos líderes que, por distintas cuestiones, se encuentran en horas bajas, y quizás puedan darse consuelo mutuo, o al menos decir eso de “no te quejes, si yo te contara lo mío…”. La crisis económica ha puesto de relieve la desnudez de ZP y su incapacidad no ya para atajarla, sino siquiera comprenderla. Ahora Zapatero representa el papel de Pablo, caído del caballo keynesiano y converso feroz en lo que hace a los recortes y ajustes presupuestarios, pero esa imagen no es cierta. Más bien ZP se asemeja a Pedro, que negaba continuamente lo evidente, se negaba a admitir la realidad y que al final, acorralado, no puede aguantar las lágrimas al ver que su tarea, por lo que ha luchado, ha fracasado, se ha hundido. Frente a él se encuentra una Papa, encarnado por el teólogo Joseph Ratzinger (uh, otro alemán como Merkel, tiembla ZP!!!) que llegó al trono de San Pedro con la idea de hacer una gestión tranquila, reflexiva y pensativa, como parece que es Ratzinger, y que se ha encontrado con que a cada paso que da salen cadáveres en el armario, ya en forma de corruptelas o escándalos de abusos. Tentado inicialmente por dar la callada y no hacer nada a la espera de que la crisis pase, casi lo mismo que hizo ZP con la economía durante el derrumbe, al final Ratzinger se ha visto obligado a tomar medidas, pero da la sensación de que o está desbordado por los problemas y no sabe muy bien como hacerlos frente o que está encerrado en ese precioso lugar del Vaticano y que las estructuras que debiera dirigir son las que realmente le controlan a él. Creo que ambos personajes se han visto completamente desbordados, superados tanto por el cargo como por las circunstancias que les han tocado lidiar, peliagudas todas ellas. Me los supongo rodeados de camarillas de fieles que no dejan de repetirles al oído que no es para tanto, que ya saldrán adelante, pero el público, sean votantes o fieles, cada vez les miran con más desapego. Es cierto que Ratzinger tiene la “ventaja” de que no se tiene que presentar a ninguna elección más, y que estará en el cargo hasta que Dios lo quiera, pero no es menos cierto que la responsabilidad moral de su puesto es infinitamente mayor, y que el hecho de estar mucho tiempo al mando de la iglesia acentuará la sensación de soledad y desgobierno que ahora se percibe, al menso yo así la veo. Por ello, cuando ambos se miren a los ojos y se hablen, pese a que preconizan posturas ideológicas de lo más enfrentadas, en el fondo se verán como espejos que les reflejen la imagen de tragedia que les rodea. Ambos son como penitentes que caminan en medio de las sombras hacia no se sabe donde, buscando una luz que no encuentran.

Lo que sería todo un puntazo en esta visita es que a ZP le acompañasen sus hijas. ¿Se imaginan la foto del Papa Ratzinger, todo de blanco, rodeado por las hijas tenebrosas? Desde luego si fueran iban a disfrutar de lo lindo, con tanto crucifijo por todas partes (aunque en posición habitual, no la que ellas preferirían) ángeles con espadas flamígeras, tibias y restos óseos, y representaciones del más allá de lo más realistas. Casi un paraíso para ambas. Seguro que se lo han comentado a su padre, quien quizás, agarrándose a las medidas de austeridad, haya optado por no llevárselas…..

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