martes, mayo 28, 2013

El PP embarranca en el déficit autonómico


Hay reuniones cuyo resultado es, por definición, asimétrico. Si se logra un acuerdo valen poco, pero si se sale de ellas enfadado y sin acercar posturas el fracaso es enorme. Quizás se deba a que se presupone que los que se reúnen, bien por afinidad o intereses previos, son proclives a alcanzar acuerdos, o es lo natural. De ahí que el logro de algo natural se vea como poco meritorio y el no alcanzarlo como un hecho grave y preocupante. Corresponda esta percepción con la realidad o no, lo cierto es que es la imagen que funciona y sirve para valorar este tipo de encuentros. Ayer los dirigentes del PP tuvieron una de esas reuniones destinadas a alcanzar acuerdos “naturales” y que acabó en medio del fracaso más absoluto.

Al inicio del párrafo he usado el término asimétrico con toda la intención del mundo, y es que lo que ayer se debatía en Génova, la sede del PP, era la postura común de las CCAA gobernadas por los populares respecto a la posible relajación de los objetivos de déficit para 2013 en función de la prórroga que nos va a dar Bruselas y cómo repartir ese relax financiero. Aunque el problema de Cataluña, su declaración soberanista, y su exigencia de que le sea concedido un techo de déficit del 2%, muy por encima de lo acordado actualmente, está en el fondo de toda esta polémica, no es menos cierto que existe una disensión muy profunda entre las CCAA gobernadas en exclusiva por el PP. Por un lado se encuentran las, llamémosles manirrotas por no decir quebradas, CCAA que no pueden lograr el objetivo de ninguna manera, que son la Comunidad Valenciana, Baleares y Murcia. Por otro están aquellas que han hecho un gran sacrificio y temen verse perjudicadas si a las que no lo han hecho se les permite más holgura, que son casi todas las demás. Y entre esas está Extremadura, gobernada por el PP con el apoyo de IU, que se muestra como la más beligerante contra la idea del objetivo de déficit a la carta. Sospecho que en el encuentro de ayer, como relatan algunas crónicas, se dijeron palabras gruesas, y unos a otros se tiraron los trastos a la cabeza, acusándose de ser mejor o peor tratadas por el vigente régimen de financiación, echándose en cara viejos agravios personales y de baronías orgullosas de sí mismas y envidiosas del resto, etc. En definitiva, un espectáculo de lo más edificante. Rajoy, impasible e incapaz de decidir en nada, parece haber optado por dar una patada adelante al asunto y posponer el acuerdo un mes, hasta el próximo Consejo de Política Fiscal y Financiera, órgano oficial colegiado en el que se reúnen todas las CCAA, para ver si el tiempo y los calores del verano que no llegan aplacan resistencias. Sin embargo mi impresión es que la marejada que ayer se vivió en la sede de los populares es de fondo, y responde a causas económicas y políticas. Por el lado económico es evidente que la asfixia financiera de las CCAA se ha vuelto crónica, ya que con el estallido de la burbuja se fueron pingües ingresos que ya jamás volverán, y la situación de quiebra no admitida en la que se encuentran varias regiones no tiene solución sencilla. De momento se ha optado por una refinanciación de la deuda impagable de las CCAA por parte de un cada vez más endeudado gobierno central, y por recortar servicios básicos a la población, pero tarde o temprano, y cuanto más tarde peor, habrá que replantearse el diseño y funcionamiento de un estado autonómico que es inviable. Creo que no basta ya con suprimir cargos políticos y estructuras, no. Hay CCAA que no son viables, que sólo engendran gasto de gestión, y que deben ser disueltas, que se crearon por imitación en una época de recursos crecientes y que ahora se ven ahogadas en un mar de deuda en el que no son capaces de mantenerse a flote. La revisión, muy necesaria, del sistema de financiación, no paliará este problema de fondo.

El otro asunto es el político. Ningún barón, término horrendo, quiere perder poder frente al resto, y todos ellos saben que se enfrentan a sus elecciones regionales antes que el propio Rajoy, y que con una población soliviantada por la crisis ellos serán los primeros en recibir en su frente la pedrada que va contra Mariano, así que el “sálvese quien pueda” empieza a cundir entre las filas de unos dirigentes obsesionados por su carrera personal y no por arreglar los problemas de sus CCAA y, mucho menos, los del país. En definitiva, lío gordo para el PP, que ayer vio cómo el problema de la fragmentación territorial que está destruyendo al PSOE echó profundas raíces en su seno.

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