martes, junio 11, 2013

Aunque no lo quieras, Obama te sigue en Twitter


Seguro que todos ustedes se acuerdan del asunto Wikileaks, las filtraciones de documentos secretos de las embajadas de EEUU que una web suministró a unos periódicos hace un par de años y que provocó un escándalo monumental. Tras aquel memorable ruido, magnificado como era lógico por los medios que contaban con la exclusiva, las consecuencias han sido escasas, excepto para los protagonistas personales del asunto, el filtrador Manning, cuyo juicio empieza ahora, y el mediático Assange, que sigue residiendo en la embajada ecuatoriana en Londres para evitar ser extraditado a EEUU, donde todavía se acuerdan de él, y mucho.

Pues bien, pareciera que nos encontramos ante un caso similar tras las revelaciones de Edward Snowden, un informático de 29 años, empleado de la CIA hasta hace bien poco, que ha decidido desvelar cómo funcionan y hasta qué punto son extensivos y profundos los sistemas de espionaje del gobierno de Washington en el ámbito de internet y las telecomunicaciones. Mucho más listo que sus predecesores, Snowden concedió una entrevista a medios de comunicación una vez que se encontraba en Hong Kong, fuera del alcance de las leyes federales norteamericanas, y al mismo tiempo revelaba enormes cantidades de información sobre métodos de espionaje, alcance de las escuchas, y detalles precisos sobre cómo las redes sociales y los servidores de internet son rastreados y escuchados en busca de información sospechosa, o que así se lo parezca a las agencias federales encargadas de rastrear. Así, Snowden ha puesto negro sobre blanco la realidad en la que nos movemos en el mundo moderno, controlado por la información, y dominado por quienes tienen acceso a la misma. Y uno puede sentir indignación, pena, rabia y frustración ante revelaciones de este tipo, reacciones comprensibles todas ellas, pero no se puede expresar sorpresa alguna, porque todos somos conscientes de que nuestra vida en la red está siendo controlada, monitorizada y escrutada en sus más mínimos detalles. Y los primeros que así lo hacen son las empresas de internet ¿No se ha preguntado nunca por qué Google parece adivinar lo que le voy a pedir para buscar, o Youtube me muestra vídeos de temáticas que me interesan? No es magia, es información, inmensas bases de datos que generan perfiles de los usuarios, históricos de búsqueda y permiten establecer patrones para así poder posicionar mensajes, publicidad o contenidos lo más personalizados posibles, de cara a aumentar las ventas hasta el máximo punto posible, en el que el objeto que se oferta es distinto para cada persona, siendo siempre el preferido por ella. El sueño de todo director de ventas empieza a ser posible, agotar el excedente dl consumidor de manera personalizada. Bien, si toda esta información existe, y está almacenada, ¿quién es tan ingenuo para pensar que, tarde o temprano, no caerá en manos del gobierno? Eso evidentemente ha sucedido siempre, y a medida que los medios, canales y contenidos se han multiplicado las posibilidades de acceder a la información, y las tentaciones, crecen exponencialmente. Ante una situación así son cuatro, al menos, las cuestiones que debemos tener claras. Una es si ese acceso por parte del gobierno a los datos privados tiene cobertura legal. Dos, es saber cómo se discrimina entre personas sospechosas y, por tanto, susceptibles de ser espiadas, y personas no sospechosas. Tres, hasta qué punto se profundiza en la información controlada, es decir, se hace por ejemplo u registro de llamadas efectuadas por el individuo o también se accede al contenido de las mismas, y cuatro, qué se hace con la información obtenida: Se guarda, se almacena durante un tiempo, se destruye al poco, se comercia con ella, etc. A todas estas cuestiones EEUU sólo ofrece respuestas clara a la primera, y es que tras la instauración de la Patriot Act contra el terrorismo, muchas de estas prácticas oscuras son completamente legales.

El resto de asuntos, y todos los que ustedes puedan llegarse a plantear, permanecen en un limbo confuso y que inspira mucha desconfianza. Me da la impresión de que las revelaciones de Snowden son mucho más potentes, comprometedoras y serias que las que realizó wikileaks, y que sólo el doble rasero con el que es tratado Obama le puede evitar el ser condenado internacionalmente por unas prácticas que, de desvelarse con otro presidente en la Casa Blanca, desatarían manifestaciones de protesta en medio mundo. En todo caso Obama se ha encontrado de frente con un problema muy serio, difícil de manejar y que puede enturbiar su segundo mandato de una manera quizás imposible de superar. Al menos, viéndolo por el lado divertido, es cachondo pensar que Obama nos sigue en Twitter o es nuestro amigo en Facebook, aunque no aparezca en el listado de contactos.

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