miércoles, junio 19, 2013

La AEAT y el DNI 14Z


En mi trabajo me paso casi todo el día rodeado de números, creándolos y usándolos para fines de lo más variado. Muchos de ellos se generan o definen informáticamente, mediante sumas, algoritmos, secuencias y operaciones variadas, pero muchos otros, evidentemente, hay que teclearlos a mano, cosa que les aviso es tediosa y muy dada a cometer errores. Sí, errores, obviamente todos nos equivocamos, y también, y a veces no poco. Pasan días sin falló alguno y, de repente, PUM, unas cifras que no cuadran, un comprobante que salta y a la porra lo que llevo hecho desde hace un rato, y a descubrir dónde está el fallo.

Mi experiencia me ha hecho ir fabricando comprobantes a lo largo de los cálculos que realizo para verificar que las cifras, en el camino, están siguiendo los pasos que deben. Son como testigos de alerta que, al menos, te indican que esas operaciones están bien hechas. El error, de existir, no estará allí, y eso acota las posibilidades de fallar y, en caso de hacerlo, limita los sitios en los que rastrear el entuerto, haciendo que sea más fácil y rápido encontrar la fuente de problemas. Por ello, entiendo en parte que el revuelo que se ha formado en relación al error de Hacienda respecto a la asignación de fincas a la Infanta Cristina pueda tener, hasta cierto punto, una base de error informático o contable. Las aplicaciones de gestión que utilizamos en el trabajo empiezan a tener unas dimensione que desbordan a muchos programadores. La extensión de sus códigos y los múltiples condicionantes y algoritmos que en ellos se encierran pueden enmascarar fallos “bugs” que salten sólo en ocasiones muy concretas y ante situaciones raras. ¿Ha sido el curioso DNI de la infanta, 14Z, el causante de este problema? Pudiera ser, aunque lo dudo. El que los miembros de la familia real tengan DNIs de dos dígitos, en vez de los ocho que tenemos todos, con letra de control en todo caso, quizás sea un factor que no estaba contemplado en el programa de Hacienda que recoge sus datos de las bases de los registradores, quizás siempre preguntaba por campos DNI de ocho dígitos más letras y, al hacer una consulta y encontrarse con un DNI de dos cifras se volvió tonto y generó un volcado erróneo. Extraño, sí, pero pudiera ser, ya les digo que el día a día del uso de números y aplicaciones puede generar resultados muy raros, pero en todo caso esto, si ha sido un problema técnico, es muy fácil de solucionar. Hoy por la mañana comparece la jefa de la AEAT, la Agencia que gestiona el IRPF y resto de impuestos junto con responsables del colegio de registradores y notarios, y un grupo de informáticos de todas estas entidades, y explican cómo funciona el trasvase de datos, qué aparece en la fuente original, cómo se vuelcan los datos a la AEAT, cómo los trata y almacena Hacienda, y cómo genera consultas y listados como el que nos está ocupando, para así determinar en qué punto se ha producido el error informático. Como el fallo ha sido muy serio, en esa rueda de prensa se ofrecen algunas cabezas, dimisiones y disculpas, en primer lugar a la Infanta, que es la primera perjudicada por este asunto, y después al resto de ciudadanos y contribuyentes, tanto por el malestar que está generando todo este asunto como por la sensación de inseguridad que produce que el lugar en el que reside nuestra información fiscal (la de los que declaramos, al menos) pueda ser origen de errores tan graves que, en caso de producirse sobre una persona anónima, pueden acarrearle grave problemas judiciales y de otro tipo. Si la cuestión es técnica, técnica debe ser su explicación y respuesta, y técnicas sobre todo deben ser las cabezas que se ofrezcan en bandeja para apaciguar los ánimos de una sociedad, nuevamente, perpleja ante una caso que no entiende en lo más mínimo.

Pero, ¿y si la cuestión no es técnica? La probabilidad de que un fallo de volcado, procedente de distintas fuentes notariales, o de programación genere trece asignaciones a un mismo titular tan distinguido es prácticamente nula. Si esto es así a lo mejor el problema no es técnico sino de pura mala fe, incompetencia o algo peor, y el oscurantismo practicado por Montoro a la hora de eludir explicaciones alimenta toda clase de prejuicios, dudas y maledicencias. Nuevamente, la solución en este caso es sencilla. Antes de las doce del mediodía de hoy Montoro acepta la dimisión de la responsable de la AEAT por el daño causado a la imagen de la administración tributaria, pide perdón púbicamente al Rey, su hija, resto de familia y sociedad española, y anuncia una investigación profunda y transparente para saber qué ha pasado y quiénes han estado detrás. Eso sería actuar de manera transparente al usuario. ¿Lo harán?

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