martes, octubre 07, 2014

El miedo al Ébola se combate con información


La noticia saltó ayer por la tarde de manera progresiva. Primero una alerta roja en las cabeceras de las webs de noticias, que no suele ser síntoma de nada bueno. Luego la información del resultado de un primer análisis y la espera de un segundo, que tardó poco más de una hora en conocerse. Poco antes de las siete de la tarde ya se tenía confirmación de que en el hospital de Alcorcón, al sur de Madrid, tenía gripe y tosía la primera paciente de Ébola contagiada en un país occidental desde que se propagó el brote que ataca con saña en África occidental. España vuelve a ser la primera del mundo en algo, nada bueno, y nos convertimos en el foco global de la información.

No por eso precisamente, sino sobre para generar tranquilidad en la población ante un problema, serio, pero que no es tan grave como se cree, es necesario realizar una buena, excelente, política de comunicación. Ante la oscuridad, pongamos luz. La rueda de prensa que ofreció el Ministerio de Sanidad a eso de las 20:30, en la que comparecieron la ministra Ana Mato y algunos cargos del ministerio y de la consejería de sanidad madrileña fue un intento bienintencionado pero que fracasó en sus objetivos. Los comparecientes, nerviosos, desde todos los puntos de vista poco acostumbrados a la presión mediática (curios siendo cargos públicos) y conocedores de la gestión económica de la sanidad pero no expertos en epidemiología, sumaron la lógica escasez de datos de que se disponía en el momento con un cierto aturullamiento que contribuyó a que la comunicación no se produjera, y se convirtiera más bien en desinformación. Más allá del cachondeo con el que en Internet se tomó el asunto, que me parece frívolo hasta el extremo, el Ministerio, la consejería de Madrid y el resto de autoridades sanitarias de España debieran haber estado preparadas para que, en el juego macabro de probabilidades que es el Ébola, se pudiese recurrir a un equipo de expertos para comparecer, dado que hemos tenido numerosos casos de falsos positivos y alertas en distintos puntos de la geografía nacional, y quizás alguno de ellos hubiera podido llegar a ser un caso real. No sucedió, pero ahora ha pasado. Hay dos ejemplos muy buenos, sin irse fuera de España, sobre cómo gestionar estos asuntos. El primero, una crisis “corta” en el tiempo, fue el de la operación de la cadera infectada del Rey Juan Carlos I. Hubo una rueda de prensa que fue la primera de varias, en las que el personal de la casa del Rey introducía el tema pero éste era explicado y desarrollado por el doctor Cabanelas, (creo que se llamaba) el responsable de la operación. Así la información era técnica en todo momento y, más allá de las cualidades comunicativas del médico, que eran muchas, la sensación que se transmitía era de profesionalidad y rigor, hasta para explicar que en estos asuntos hay cosas que no se saben y que no tienen explicación, dado que, aunque no nos guste, la medicina no es una ciencia exacta. El otro caso, una crisis “larga”, como la que tenemos por delante, fue el de las vacas locas de principios de los dos mil. Tras múltiples meteduras de pata de la ministra Villalobos (los huesos y el caldo, que todavía se le recuerdan) se optó por dar todo el protagonismo a Juan José Badiola, experto en el asunto, que se convirtió en la voz de referencia sobre el tema, que respondía a todas las preguntas, que sabía lo que sabía y reconocía lo que no, y se hizo con el control de la situación en pocas semanas. Para el caso del Ébola es necesario encontrar en España un “Badiola” de referencia, o un grupo, que sea el que, con la periodicidad que la actualidad demande, comparezca, responda preguntas y explique todo lo que se sepa.

Las líneas de actuación desde este momento son claras. Primero tratar a la paciente, que es lo más urgente, y en paralelo, controlar a todas las personas con las que haya podido tener contacto físico una vez que ha desarrollado la enfermedad (que es cuando pudo contagiarlas, no antes) y descubrir qué ha fallado en el protocolo de aislamiento del segundo enfermo fallecido, Manuel García Viejo, muy probable foco de contaminación en este caso. Y divulgación, mucha divulgación, y expertos, muchos expertos. Y políticos y tertulianos, a ser posible, poco habladores, que en estos asuntos es mejor estar callado y parecer que no se sabe nada a hablar y dejar claro a todo el mundo que así es.

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