miércoles, octubre 15, 2014

¿Vamos hacia la tercera caída económica?


La explosiva sucesión de noticias geopolíticas que ha caracterizado a este verano de 2014 ha logrado un hecho inaudito, y es que por primera vez desde hace años la economía abandone los titulares de apertura de prensa, radio y televisión. El Estado Islámico, Ucrania o el Ébola han copado portadas y dejado las cifras a un segundo lado. Esto ha otorgado a muchos la sensación de que el problema de las economías occidentales está resuelto, cuando no es así, ni mucho menos. En todo caso la inquietud ha disminuido pero, como si fuera una reacción envidiosa de las cifras al sentirse ninguneadas, se han vuelto a revolver y, tímidamente todavía, comienzan a reclamar un espacio en portada, aupadas en lo que puede ser la tercera recesión europea.

El verano ha sido, probablemente, el punto de inflexión. La publicación por la UE de las tasas de crecimiento del segundo trimestre de 2014 mostró una Europa convaleciente, en la que España era de los países que más crecía, con un 0,6% (no era el que más como alardeó el gobierno) y los pesos pesados no carburaban, con Alemania en tasas positivas muy discretas y Francia nuevamente estancada en un deprimente 0%. Las bolsas despidieron Agosto planas, pero tras unos primeros días de mes desastrosos, que encadenaron fuertes bajadas, que necesitaron tres semanas para ser compensadas, en lo que fue el primer movimiento brusco de bajada que se veía desde hacía meses. La rentabilidad de los títulos de deuda pública europeos sigue en mínimos históricos, en lo que cada vez parece más una vulgar burbuja en esos mercados de deuda, siendo ahora mismo una compra ruinosa, que en muchos casos exige pagar dinero al adquirirlos, dado que presentan rendimientos negativos a varios plazos, llegando a verse incluso un porcentaje negativo en el rendimiento de las letras españolas a tres meses, lo que para mi no tiene sentido alguno, digan lo que digan los expertos. Las tasas de inflación en la UE siguen estando bajo mínimos, con países como España que no están en deflación declarada pero muestran IPCs que así pueden llamarse, y otros como Grecia que no la oficializan para no asustar, pero que la padecen desde hace bastante tiempo. Podría decirse, viendo los datos, que la UE siegue estancada en un frío mar de niebla, del que no es capaz de salir. Sólo las comparecencias de Mario Draghi al frente del BCE han conseguido alegrar a inversores y analistas, pero como he repetido aquí muchas veces, el BCE es importantísimo, pero sólo no puede hacer nada. Sus políticas expansivas deben venir acompañadas de muchas otras que remen en la misma dirección, especialmente las fiscales y las estructurales, y de estas, sobre todo las últimas, nadie quiere saber nada. Por ello los efectos de los discursos de Draghi cada vez duran menos. Suponen festines bursátiles de un par de jornadas que vuelven a darse la vuelta en pocos días, y se olvidan. En un contexto internacional complejo, con China ofreciendo datos cada vez más mixtos que hacen dudar de si su teórica burbuja se encamina hacia el final o no y la FED norteamericana atrapada en la necesidad de recortar estímulos monetarios sin que eso afecte al crecimiento de EEUU, las materias primas han sido los primeros canarios de la mina que han anunciado una bajada del crecimiento, desplomándose, en parte por la revalorización del dólar, sí, pero mucho más que por un mero reflejo cambiario. Metales de uso industrial y el petróleo (que se merece un artículo él solito, a ver si puedo esta semana) llevan semanas cayendo como si anticiparan una contracción económica global, o al menos un frenazo en esa tan renombrada recuperación que, no sólo aquí, se vende en todo el mundo en base a unos datos reales que son buenos, pero parecen ser mucho más frágiles de lo esperado.

En el caso europeo, todo va a depender de lo que suceda con Francia y Alemania. Las previsiones que realizó ayer el gobierno Merkel sobre el crecimiento para 2014 y 2015 son mucho más cortas de lo estimado inicialmente. Alemania se frena, principalmente por la caída de sus exportaciones (eso indica que los mercados a los que vende compran menos, se están parando) y el conflicto ucraniano. Y Francia, atrapada en su marasmo político y existencial, no logra sacar adelante un plan de reformas que enderece su economía, mostrando unos niveles de déficit público que incumplen los compromisos ya pactados con Bruselas. Si esos dos países se paran, lo hará la UE en su conjunto y, claro, nosotros también. Así que el otoño comienza revuelto. Confiemos en que sea pasajero, pero preparémonos por si acaso para una tercera bajada.

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