miércoles, agosto 09, 2017

Fuego y furia en Corea del Norte

Sigue la escalada verbal en torno a Corea del Norte, protagonizada, desde el bando lunático, por los dirigentes norcoeranos y su burdo aparato de propaganda, que incluye a esa presentadora de televisión, no se si siempre es la misma, con pinta de estar tan enfadada como cualquier sufridor de las colas del Aeropuerto del Prat. Por el otro bando, el del racional occidente, tenemos a Donald Trump, lo que transforma todo, y da a esta tragedia un tono aún más cómico que no le pega nada. En un tuit de ayer Trump amenazó a Corea del Norte en un fuego y furia nunca vistos si seguía adelante en sus bravatas. Todo muy tranquilizador.

En el perverso juego que se está desarrollando entre Corea del Norte y, cada vez más, el resto del mundo, la tensión no deja de crecer y las posibilidades de que se desate una guerra crecen. Sea cual sea el tipo de conflicto, no podemos descartar el uso de armamento nuclear, y en todo caso nunca olvidemos que una guerra iniciada puede tener un transcurso no previsto. El programa nuclear y balístico de Corea del Norte es lo que permite al régimen seguir en el poder, mantener las riendas del país y ser tomado como amenaza, y por tanto como algo importante, por el resto del mundo. Así mismo, ese armamento tan letal no puede ser usado nunca, porque saben los dictadores de Pyongyang que un disparo nuclear sería su última acción, la excusa obligatoria para que el resto de potencias liquidasen el régimen. Por tanto, el programa nuclear se desarrolla en la secreta esperanza de que no sea necesario ser usado jamás. Esto es la teoría, y en una situación tensa se puede llegar a mantener, como sucedió durante la guerra fría, pero el riesgo de “accidentes” siempre existe, y hay momentos puntuales en los que la tensión crece mucho y el riesgo de enfrentamiento con ella. De los sesenta a los ochenta fueron varios los episodios, algunos famosos, otros oscuros, en los que EEUU y la URSS estuvieron a punto de lanzarse sus bombas nucleares, lo que hubiera supuesto el fin de nuestro mundo. No sucedió, tanto por la frialdad de los que tenían las últimas decisiones como por protocolos que funcionaron y, también, porque hubo suerte. En el caso de Corea del Norte los riesgos que corre el régimen del país asiático son más elevados que los del resto del mundo, lo cual desequilibra la balanza y le obliga a adoptar una posición más forzada. ¿Es posible llegar a un punto de equilibrio estratégico que impida la guerra nuclear? Seúl, a 50 kilómetros de la frontera norcoreana, y en general toda Corea del Sur y Japón serían los más interesados en que jamás se desatase guerra alguna. Leía hace un par de semanas en una web, no recuerdo cual, una posible solución de armisticio, que era un ejercicio de “real politik” de primera división pero que puede ser efectiva. Aviso que el resultado no es bueno, porque en el punto al que hemos llegado sólo podemos escoger malas alternativas o peores. El articulista defendía la idea de que el régimen de Pyongyang no va a renunciar al arma nuclear por ser esta, como antes comentaba, su seguro de existencia. Por ello, para que desmantele ese armamento, debe tener un seguro de existencia equivalente. La solución pasaba por el reconocimiento del régimen por parte de las potencias mundiales (EEUU, China y Rusia) y la garantía de defensa de estos tres países de la integridad de Corea del Norte y su gobierno. Es decir, que los potenciales enemigos de Corea del Norte juren que nunca la van a atacar a cambio de deshacerse del armamento nuclear. Esto supondría, de facto, que la atroz dictadura norcoreana, que no deja de causar sufrimiento y muerte en su país, sería legitimada como gobierno a ojos del mundo y podría seguir masacrando a su población sin que nada ni nadie se lo impidiera. Sacrificaríamos a los norcoreanos para lograr la estabilidad en la zona. Como verán, no es una buena solución, pero ¿acaso las hay?


Como señala el editorial de The Economist, un enfrentamiento nuclear no es descartable. Sería horrendo, sí, pero posible. Y puede llegarse a él por una secuencia de errores y bravatas, vía televisión o twitter, que hagan que la situación se escape de control. Evitar esa guerra sería el objetivo primordial, y no se si eso está grabado a fuego en la cabeza de quienes tienen que gestionar esa situación. Lo único cierto es que cada peldaño que se sube en la escalera de la tensión facilita que sucedan “cosas” que la conviertan en irresoluble y lleguemos a un punto de no retorno. A partir de ahí los análisis diseñados cuentan las bajas por cientos de miles, los destrozos por inimaginables y la alteración del orden global, absoluta. Hay que desactivar esta crisis como sea.

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