viernes, junio 28, 2019

Hace mucho calor


Estamos viviendo un junio de extremos meteorológicos. Hace apenas un par de semanas, en un episodio anómalo de bajas temperaturas, varias ciudades del valle del Ebro batieron récords de temperaturas mínimas para este mes, quedándose al borde de la helada en algunos casos. Catorce días después esas mismas localidades hacen frente a una ola de calor, que en Madrid se siente en toda su crudeza, que les está haciendo registrar nuevas plusmarcas de máximas y mínimas, acompañado todo ello de un viento reseco cargado de polvo sahariano que, en la capital, llena de arenilla coches, alféizares y todo tipo de superficies. Verano crudo.

¿Son estos episodios fruto del cambio climático? La respuesta breve es que no, porque el verano en España siempre ha sido duro, con olas de este tipo que se han sucedido con mayor o menor frecuencia a lo largo de los años y décadas. El verano nacional es, como lo definía García de Pedraza, calor, siesta y moscas, y apenas ha cambiado con las décadas. A partir de hoy, inicio de la primera operación salida, empieza a sentirse el vacío de los que abandonan el trabajo rumbo al descanso y todo empieza a entrar en una especie de letargo en el que el calor impone su ley. La respuesta algo más larga a la pregunta que relaciona el calor con el cambio climático tiene que ver con una discusión que mantengo con mi madre frecuentemente en relación a estos episodios. Ella no ve muy claro todo eso del cambio climático, porque dice, y como hemos visto tiene razón, que antes también había olas de calor y no se decía nada sobre el clima y la contaminación. Argumento irrebatible, al que añado que es cierto, siempre ha habido estos fenómenos, y de intensidad similar al que vivimos, pero la diferencia que indican los modelos de cambio climático no se basa en que se den estos episodios o no, sino en su recurrencia, en la frecuencia en la que aparecen y, asociado a la misma, la intensidad en la que se presenten. No es lo mismo un verano en el que se de una ola de calor que otro en el que se den varias, y no es lo mismo que, dado que sólo exista una, su intensidad sea la que sea que si, de producirse varias, podamos tener la posibilidad de que una de ellas sea de carácter extremo. La recurrencia de estos fenómenos es lo que puede variar sobremanera según indican los modelos climáticos, y bien sabido es que no es lo mismo caerse una vez por accidente de pascuas a ramos que tender a caerse varias veces a lo largo de un mes. Los efectos combinados de episodios recurrentes de calor se amplifican y pueden ser mucho más devastadores de lo que nos imaginamos, y en naciones como la nuestra, sometida a un constante estrés hídrico, donde la lluvia es algo que escasea tanto como la cordura política, el que los episodios de calor y sequía se vuelvan más frecuentes se convierte en un serio problema. Un ejemplo de recurrencia extrema es Francia. Si ven información meteorológica, el centro y sur de aquel país, también afectado por esta ola, está batiendo récords de temperaturas máximas día tras días, pulverizando todos los anteriores. Aquí las olas de calor no son desconocidas, pero allí casi sí, están viviendo un episodio prácticamente único, teniendo que remontarse al espectacular verano de 2003 para encontrar algo semejante. En Francia no existe cultura del calor como en España, no es algo que se produzca con frecuencia y para lo que los ciudadanos y su entorno estén preparados. La vegetación local “no sabe” lo que es algo así, y su sufrimiento será enorme ante episodios como este. Si nosotros veremos agudizada nuestra tendencia y sus problemas, para ellos esto es algo nuevo para lo que deben prepararse, y por tanto pueden sufrir efectos muy intentos durante los años que, padeciendo olas de calor, tarden en aclimatarse a estos fenómenos.

Si uno rebusca datos y ve récords de temperaturas máximas, resulta evidente comprobar que las fechas en las que se producen son muy modernas, muy actuales, frente a los récords de mínimas, que pertenecen más a décadas pasadas. Son un dato singular, pero apuntan a una tendencia general de calentamiento. Por lo tanto, no, la ola de calor no es fruto del cambio climático, pero este cambio hará que estas olas sean cada vez más frecuentes e intensas. El clima condiciona el tiempo, que es mucho más variable y errático, pero que a largo plazo no puede escapar de la tendencia. De momento, beban mucha agua y guarézcanse a la sombra. Parece que para el lunes la cosa afloja. Lo que no se ve en el horizonte es la bendita y necesaria lluvia.

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