lunes, junio 03, 2019

Nefasto mayo bursátil


Con su bajada de más del 1% del viernes el Ibex cerró un muy mal mes de mayo, con unas pérdidas que superan el 5% y se comen casi la mitad de la ganancia de lo que llevamos de año. La subida de los índices desde enero hasta abril fue bastante contundente, y logró tapar el agujero que se abrió en la Navidad de 2018, en el conjunto de diciembre, que fue desastroso y acabó por llevar a pérdidas a la mayor parte de las carteras justo en las fechas en las que se debe rendir resultado a los clientes. Tras el subidón del primer trimestre era lógico esperar algún recorte para consolidar beneficios, pero lo visto parece ser algo más que un mero ajuste, o el reflejo de los que consideran que los márgenes alcanzados ya son suficientes y se van de vacaciones.

¿Qué esconden estas subidas? Leí algún artículo el viernes o sábado en el que se decía que, en la primera parte del año, las bolsas habían descontado que la guerra comercial acabaría en acuerdo y que sus efectos serían menores, pasajeros en todo caso, y de ahí la subida. Las últimas noticias, con el enconamiento creciente entre EEUU y China, el cruce de amenazas arancelarias y el comportamiento descontrolado de Trump (lo del viernes con México es un tiro directo a nuestro pie) parecen reflejar que esa visión edulcorada del conflicto comercial era errónea, que los mercados habían valorado como episódico algo que empieza a ser trascendente y como leves unas lesiones que pueden convertirse en profundas, y de ahí el sesgo correctivo que ha cogido este mes. En cada momento han surgido noticias que han cambiado, para peor, el panorama internacional, y eso quizás haya sido la causa que, de fondo, ha alterado la percepción del mercado. En todo caso esas noticias han generado incertidumbre, y eso es de lo que más huye el dinero, porque al menos las malas noticias son mensurables, se puede ver cómo actuar frente a ellas, pero ante la niebla de la incertidumbre la ceguera es total, y la duda nos asalta. Diríase por tanto que los mercados han entrado en modo precaución, con caídas en renta variable, disparo del precio de los bonos y derrumbe de su rentabilidad (el español a diez años vuelve a mínimos históricos por debajo del 0,8%) subida de activos refugio como el oro y caídas en el precio del petróleo, que llevaba unos meses subiendo con fuerza. Parece el típico escenario de “miedo ante lo que pueda venir” y la necesidad de protegerse, sin que esté muy claro qué es lo que puede pasar. Los indicadores económicos globales son mixtos y no indican nada claro. La economía de EEUU sigue creciendo, batiendo su record de periodo de expansión, lo que aumenta la probabilidad de que ese impulso tenga su final cada vez más cerca. En la eurozona Alemania se ha librado de la recesión por los pelos, pero presenta tasas de crecimiento anémicas. Italia está empantanada en tasas negativas y la desidia y malicia de su populista gobierno le hace daño día a día (el tipo de su bono a diez años triplica el nuestro, superando el 2%) Francia no parece arrancar como es debido, y la economía de Reino Unido carbura más de lo previsto, pero con la amenaza creciente de un Brexit caótico que peude ser devastador para ella y para las europeas que tan relacionadas estamos con lo que sucede en Londres, su city y su mercado. Los datos de la economía china, que siempre incluyen dudas sobre su fiabilidad, reflejan el efecto de los estímulos introducidos por el gobierno para evitar una bajada, pero muestran también los daños que provoca la imposición de aranceles a los dos lados del Atlántico y, de fondo, un marasmo en los datos financieros de deuda de las empresas y particulares, con unas gráficas que señalan desde hace tiempo a una posible burbuja que no acaba de materializarse.

¿Qué hacer? ¿Qué puede pasar? Ni idea. De momento vivimos en unos tiempos carentes de sentido en los que el mercado sobrerreacciona en ambos sentidos a cada tuit que pone Trump, lo que indica el nivel de chamanismo en el que nos encontramos. Si a finales de junio, en la cumbre del G20 en Osaka e escenifica un acuerdo, o al menos una buena disposición entre Trump y Xi Jinping, habremos ganado tiempo y los mercados pueden remontar, pero si las espadas siguen en lo alto y conflictos como el del Huawei se materializan con toda su intensidad parece obvio que nos enfrentamos a una era de turbulencias, de división y de reducción del grado de globalización que vivimos, y eso pasará factura a todos los mercados. Queda esperar y ver.

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