martes, octubre 05, 2021

La caída de Facebook

Ayer, desde pasadas las cinco de la tarde hora españolas hasta casi la media noche, se produjo una interrupción completa de los servicios del emporio de Facebook, que no sólo incluye esa enorme red social, sino otras dos empresas tan universales como Whatsapp e Instagram. Al parecer se produjo un problema técnico bastante serio en las instalaciones centrales de la empresa, sitas en California, que afectaba a servicios críticos como el DNS que permite resolver los nombres de las direcciones web y otros factores críticos, que hacen que internet funcione. Los sistemas internos de la empresa, desde los equipos de los empleados a las cerraduras de las puertas, completamente digitalizados y autogestionados, dejaron de funcionar de igual manera y, por espacio de bastantes horas, ese ente ultratecnológioco se convirtió, literalmente, en nada.

Hay varias ópticas para abordar una situación así, y la obvia es la de la seguridad de los servicios en los que basamos nuestra vida diaria y el riesgo que tienen de colapsar, y mandarnos a todos a una edad media oscura, si se derrumban o son saboteados (está por ver si lo de ayer fue un grave error interno o un ataque informático). De mientras no nos pongamos en serio a analizar esta, cada vez mayor, falla en nuestra forma de vida más riesgo tenemos de caer por el precipicio, pero quería hoy centrarme en un aspecto al que, poco a poco, se le empieza a dar la importancia debida y que también tiene implicaciones profundas. Ayer, durante las horas en las que no funcionaron esas redes, twitter era un hervidero de risas y memes al respecto, pero también el reflejo de la frustración de muchos por no poder usar los servicios para los que, me atrevo a decir, viven. ¿Cuántos ayer en el mundo sufrieron algo parecido a un síndrome de abstinencia al comprobar que su móvil no les respondía? Pensemos en Instagram, ese inmenso mundo consagrado al hedonismo, al exhibicionismo de la presuntamente extrema belleza y falsa imagen personal en la que millones de sus usuarios dedican horas sin límite para crear una imagen de sí mismos que sea globalmente atractiva. A todas esas personas, y empresas, que invierten tanto tiempo y dinero en la creación de sus perfiles, la caída de la red les supone una auténtica catástrofe en lo económico, sí, pero sobre todo en lo emocional. El valor de un “me gusta” es, para ellos, como un beso real, como un abrazo, como un polvazo si me permiten el crudo símil, y por ese “me gusta” que engrosa su cuenta son capaces de hacer lo que sea. Si la red deja de funcionar su objeto de deseo, su fuente de placer, el lugar en el que encuentran sentido a gran parte de su existencia se desvanece, y de ahí a la crisis profunda de la persona apenas hay un paso. Son varios ya los estudios que demuestran que esto que les digo no es una tontería que me haya inventado, sino la descripción de un serio problema. Centrados en Instagram, su toxicidad entre ciertos grupos de personas y tramos de edad empieza a ser incuestionable, y no son pocos los que a estas redes les denominan el nuevo tabaco, para hacernos una idea de lo que fue la extensión de la epidemia de tabaquismo durante gran parte del siglo pasado, observándose durante mucho tiempo el fumar como algo beneficioso y saludable, cosa que hoy en día nos parece incomprensible, pero que generó enormes industrias y, también, un estilo y formas de vida que hoy vemos retratado en películas e imágenes de la época que nos chirrían. Como siempre pasa en estos casos, son las personas más susceptibles y necesitadas de respaldo las que caen más fácilmente en este problema, y la adolescencia es la época perfecta para acabar enganchado a todo tipo de problemas, en demasiadas ocasiones de manera involuntaria, no tanto buscados como encontrados. Como cuando las tabaqueras explotaban su negocio y lo difundían, incluso con la colaboración de los médicos, las empresas de redes sociales tienen estrategias de captación dirigidas a aquellas personas que son más proclives a engancharse, y todo ello con la puntería exacta que otorga su magistral dominio de los datos que acumulan de sus usuarios. Saben a quién y cómo dirigirse para hacerlo un enganchado de su red y, por tanto, cliente de servicios y de publicidad asociada. El negocio es tan redondo como, sí, oscuro.

Sí hay que decir que, a diferencia del tabaco, que sólo tiene propiedades negativas, las redes sociales pueden ser útiles, beneficiosas y agradables si se usan bien, pero es lo mismo que pasa con casi todo, desde los coches al azúcar, que el secreto está en la dosis, no en el bien. Hacer desconexiones de las redes, valorarlas como lo que son y no encumbrarlas, aprender, en definitiva, a usarlas y domesticarlas es una tarea que nuestra sociedad tiene que hacer, y para la que no hay manuales de instrucciones. Parte del buen uso de las redes pasa, creo, por la limitación en las prácticas de búsqueda de adicción que los algoritmos que las definen emplean con sus usuarios. Ayer, por varias horas, los influencer de Instagram volvieron a ser lo que eran antes de crearse la red, nada, personas como usted y yo. ¿Qué tal lo pasaron desconectados?

lunes, octubre 04, 2021

Maixabel

Patria, de Fernando Aramburu, supuso una revolución en la manera de tratar el terrorismo y acercarse a la cruel realidad vivida en la sociedad vasca, fruto de la existencia de la mafia etarra. Desarrolla una historia en la que un atentado ficticio, tan real como los cientos y cientos que tuvieron lugar, permite observar a distintas partes de la sociedad, personajes de todo tipo y condición, que viven bajo la presión del odio y, en no pocos casos, gracias a él. Ya en el libro de relatos Los peces de la amargura (aquí dramatizados por el equipo de Carlos Alsina) Aramburu había explorado esa visión de la realidad vasca, pero es en su novela, de mucha más dimensión en todos los sentidos, donde el trabajo de disección llega al extremo. Su lectura es obligatoria no para saber lo que pasó, sino más importante aún, cómo se vivió.

La película Maixábel supone un acercamiento visual a esta forma de afrontar la realidad, con la ventaja e inconvenientes que tienen el medio cinematográfico. La directora, Icíar Bollaín, no recurre a la ficción, sino que relata un atentado real, el asesinato del exgobernador civil de Guipúzcoa Juan María Jaúregui, y el papel que su viuda, Maixábel Lasa, tuvo en la iniciativa de encuentros con presos etarras arrepentidos para propiciar el proceso individualizado de reinserción. El hecho de centrarse en un caso real permite que la película se muestre, en ciertos momentos, como una recreación casi documental de los hechos sucedidos, aportándole verosimilitud, pero frente a Patria, y por motivos obvios, muestra una realidad más corta, con menos personajes, en los que no se pueden explorar todas las aristas del drama y de la extendida vileza etarra. Ello no es óbice para que, a lo largo de la cinta, numerosos instantes, en los que poco se dice y mucho se muestra, enseñen hasta qué punto el odio terrorista estaba (y sigue) instalado en una gran parte de la sociedad vasca, y que la víctima no deja nunca de sufrir porque la presión de la mafia le persigue mucho más allá del exterminio de su ser querido. En la película es el papel de la hija, y de su entorno, el que muestra el comportamiento mayoritario de la sociedad en esos años, el de un silencio cobarde en el mejor y más justificable de los casos, cuando no una alegría poco disimulada ante los atentados cometidos por la banda. Los dos protagonistas de la cinta, Maixábel e Ibon, uno de los terroristas del comando asesino de Jaúregui, encarnados perfectamente por Blanca Portillo y Luis Tosar, muestran a las claras lo único que el terrorismo de ETA ha creado durante todas las décadas en las que ha existido. Dolor, sufrimiento, desgarro, unas enormes dosis de odio y mierda esparcidas por doquier a lo largo y ancho de la sociedad, unas mentiras enormes que han destruido familias, asesinado personas, creado viudas y huérfanos e instrumentalizado a muchos en aras de una pesadilla falaz. El personaje de Ibon muestra un camino de arrepentimiento personal, de asunción del daño causado, pero queda muy claro que es un proceso que esa persona en concreto ha hecho porque algo en su interior se lo ha mandado, porque ha sido capaz de pensar y salir de esa pesadilla. Nada en su entorno social ni en la banda etarra y sus grupos de apoyo le ha animado a dar paso alguno, porque nada de ese entorno admite la más mínima culpa de lo sucedido, simplemente oculta hechos y se mantiene instalada en una enorme mentira que le permite a la secta a los que de ella aún viven mantenerse, social y económicamente, sobre las ruinas que han generado. Como mostraba patria en la figura de la madre del etarra, soltar lazos con ese mundo supone enfrentarse a él, y al grupo social que lo sostiene, que muchas veces son los amigos de toda la vida, los vecinos, los compañeros de clase, aquellos con los que uno ha vivido infancias y adolescencias, que marcan para siempre. El paso que da el terrorista lo hace sólo, y es el que realmente requiere valor por su parte. Asesinar es de cobardes.

La película no juega con la equidistancia, porque no es posible, porque sería una infamia, pero sí con la ecuanimidad, lo más difícil, lo que Aramburu ya logró en su libro. Hoy ETA no existe, pero una parte de la sociedad vasca sigue corrupta por su pasado y mantiene actos de homenaje y demostraciones sociales de apoyo a muchos de los asesinos que, sin mostrar arrepentimiento alguno, sembraron terror. El desprecio a las víctimas del terrorismo sigue instalado en ese sector de la sociedad, y en no pocos dirigentes del nacionalismo vasco, que siguen teniendo la fe en su “raza” y “país” por encima de la vida de aquellos que consideran prescindibles. La banda asesina ya no está, pero el mal que sembró tardará décadas, muchas, en extinguirse.

viernes, octubre 01, 2021

El coronavirus, bajo control

Estos días ya casi por goteo, pero la incidencia de coronavirus en España sigue bajando, estando ahora en un entorno de 60 casos acumulados por cada cien mil habitantes en catorce días, cifras que se aproximan a barreras de incidencia tan escasas como manejables. Los datos de otras variables asociadas a la enfermedad también caminan con buen paso hacia la reducción, y son muestra inequívoca no sólo de que lo peor de la enfermedad ya ha quedado atrás, sino que la propia pandemia en sí empieza a estar derrotada en nuestro país. Recordemos que derrotar, en este caso, no quiere decir que el virus ya no exista, eso no es posible, sino que sus efectos sean mínimos, manejables, asumibles.

El coronavirus ha mostrado ser un virus no estacional, a diferencia del de la gripe, por lo que hemos tenido olas de positividad en épocas cálidas y frías, inviernos y veranos. El invierno, siempre más propicio a los contagios por las temperaturas y los comportamientos sociales apiñados bajo techo que implican ha mostrado ondas de contagios más elevadas, sí, pero hemos tenido picos altos en pleno agosto, lo que viene a señalar que cada virus tiene características propias y se comporta como la lotería genética que lo conforma lo determina. No vamos a erradicar el coronavirus, ha venido para quedarse con nosotros para siempre, pero hemos encontrado la manera de convivir con él y minimizar sus efectos hasta convertirlo en otra cosa muy distinta a lo que era en un principio. ¿Qué es lo que ha cambiado el juego de nuestro mundo, y cuerpo, frente a la enfermedad? Lo obvio, las vacunas. La llegada de las vacunas, su inoculación y la creciente inmunidad social que han ido generando han sido las principales, me atrevería a decir que únicas, causantes de que ya esta última ola de positividad que hemos vivido, muy intensas, no haya generado fallecidos comparables a las anteriores, ni colapsos hospitalarios como se vieron, por ejemplo, en los meses de enero y febrero de este año, tras la Navidad. Las vacunas actuales no son esterilizantes, es decir, no eliminan la posibilidad de que tú puedas contagiar a otros cuando te las inoculas, pero sí son capaces de reducir la carga vírica del infectado, por lo que cada uno de ellos puede contagiar a bastantes menos que antes. Y, desde luego, son capaces de evitar la fase grave de la enfermedad y la muerte en porcentajes que, en el entorno del 90 95% resultan maravillosos, muy por encima de la efectividad de otras vacunas conocidas. Con el tiempo surgirán nuevas vacunas que tengan capacidad de esterilización, que sean más perfectas que las que tenemos, sí, pero estas ya son más que suficientes para hacer que la enfermedad muerda el polvo. En España, uno de los países del mundo con mayor tasa de población ya vacunada con la pauta completa, estamos en el 77,2% de los ciudadanos inmunizados, valor que se sitúa por encima del requerido 70% de inmunidad de grupo para la variante original del virus y por debajo de lo que se necesita para la tan famosa Delta, pero en todo caso esa cifra, muy cercana al 80%, es más que suficiente para que la capacidad dañina de la enfermedad quede reducida a un problema sanitario más de los muchos que ya teníamos, perdiendo por completo la excepcionalidad que ha tenido durante este año y medio largo que llevamos sumidos en sus destructivos efectos. En España, y las naciones donde la vacunación está siendo un éxito, el coronavirus empieza a quedar atrás como tema de salud urgente. Eso no quiere decir que problemas de gran dimensión, como todo lo relacionado con el covid persistente, se mantengan mucho tiempo y sólo con los años seamos capaces de calibrar su impacto. Pero la crisis pandémica se acaba.

Por ello, las restricciones decaen. Las órdenes de vuelta al trabajo presencial se suceden y las limitaciones de aforo se van levantando por todas partes a medida que el virus deja de ser un problema. Probablemente, después del puente del 12 de octubre, la única medida práctica que quede en nuestro país sea la de llevar mascarillas en lugares cerrados, pero creo que a esa orden le quedan pocos meses. Es factible que, tras las navidades, se levante y se convierta en algo recomendado, especialmente en el transporte público, pero pierda su carácter obligatorio, y entonces esta enfermedad se empiece a convertir, por fin, en el recuerdo de una época oscura, cruel y triste a más no poder. Y todo gracias a cuatro vacunas. Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Janssen.

jueves, septiembre 30, 2021

Crisis energética global

Mientras el volcán de la Palma muestra una energía imparable, todo lo relacionado con esa materia, la de la energía, también parece haber entrado en erupción en los mercados globales. Seguir el precio de la electricidad en nuestro país es asomarse a una sucesión de máximos que, vaya vaya, no se dan en el Ibex. Condicionado por el coste del gas natural o los derechos de emisión de CO2, el recibo eléctrico europeo se está poniendo por las nubes y resulta asombroso comprobar como casi todas las naciones de nuestro entorno tienen tarifas similares. Descontando el hecho, no menor, de que nuestros vecinos del norte son más ricos que nosotros, lo que hace más bajos sus precios relativos, la luz está carísima en todo el continente.

Pero más allá de eso, la tensión en los mercados energéticos no deja de crecer. Al precio del gas, imparable en su subida, se ha unido el del petróleo y el carbón, empezando a generar entre todos una sensación de shock energético que, por ahora, nada tiene que ver con lo que se vivió en los setenta y ochenta, pero que es malo en todo caso. ¿Por qué pasa esto? Hay muchas razones, las más obvias relacionadas con la reapertura de las economías tras el control de la pandemia de Covid, el disparo de la demanda y la incapacidad de hacer frente a ella. El desbarajuste que hay en el comercio global es enorme, y la demanda de productos energéticos, muchos de ellos transportados no sólo por oleoductos, no es capaz de ser satisfecha por una oferta rígida. Se supone que estos problemas logísticos se irán solucionando con el tiempo a medida que todo vuelva a la normalidad, pero en lo que llevamos de 2021 no han hecho sino agravarse y extenderse, a veces mostrando fallas que estaban ocultas, como la que ayer les comentaba de la escasez de camioneros en Reino Unido. A todo esto hay que sumar un grupo de problemas derivados del proceso, incipiente pero alentado por todos los gobiernos, de transición energética que estamos viviendo. Cada vez hay más normativas que prevén un futuro sin el consumo de combustibles fósiles, sin que las tecnologías alternativas estén plenamente desarrolladas. Esto, visto desde la óptica de una empresa gasista o petrolera es un gran problema. Invertir en la perforación para encontrar nuevos yacimientos y explotarlos es caro, requiere tiempo y costosas inversiones y planificaciones. Y si, como dice la corma de la Comisión, para 2035 no se van a vender vehículos con motor térmico en la UE, no va a dar tiempo a amortizar todas esas inversiones en poco más de una década de explotación de los yacimientos. Esto, unido al parón del coronavirus, ha congelado proyectos energéticos relacionados con el gas y petróleo en todo el mundo desde hace un par de años, y ahora la demanda se dispara y pilla a la industria con una oferta que es incapaz de aumentar a corto plazo. Como los agentes que compran en el mercado, empresas y gobiernos, ven que la situación es tensa, tratan de cubrir sus reservas estratégicas cuanto antes y que sea otro el que se vea con problemas a la hora de abastecerse si la cosa pinta mal. Y así, como sucedió en la pandemia con el papel higiénico, las compras superan con mucho a la oferta y el precio se desata. China ha impuesto ya cortes de electricidad en algunas provincias interiores y pueden ir a más, afectando a grandes zonas industriales. ¿por qué? Porque el gobierno quiere reducir sus propias emisiones de CO2 y el carbón es la principal fuente de suministro en las centrales chinas. El gobierno de Beijing está tratando de hacerse con provisiones para el invierno, lo que dispara los precios del mineral, y luego usarlo de manera controlada, buscando entre otras cosas reducir sus emisiones para el momento de la celebración de los próximos Juegos Olímpicos de invierno, que serán allí en apenas unos meses. Así, el desbarajuste en los mercados es total.

Y claro, esto acaba afectando a todo, porque la energía es un insumo necesario para cualquier otra industria o actividad humana, que la necesita disponible y en grandes cantidades. A las puertas del otoño invierno en el hemisferio norte, época de gran consumo de recursos y muy dependientes de las temperaturas para saber hasta qué punto es posible aguantar más o menos, el nerviosismo que existe ahora mismo en todo el mundo es lo suficientemente intenso para provocar que el rebote económico tras el control del Covid se frustre en un marasmo de nervios, demandas insatisfechas y precios y costes descontrolados. Las semanas y meses que vienen serán determinantes para saber si la situación que vivimos, extraña, es un tropiezo que no va a llegar a más o un problema serio que puede complicarnos mucho la existencia. De momento la encarece.

miércoles, septiembre 29, 2021

El Brexit se va a pagar muy caro

Ayer les comentaba que varias eran las sombras que acuciaban a la economía nacional, fruto de problemas propios y del complicado contexto internacional que vivimos, y justo a lo largo del día los mercados financieros, que llevan semanas en rumbo lateral en Europa y alcistas en EEUU, empezaron a tomar conciencia de esas incertidumbres, aderezadas de temores sobre el caso Evergrande y el futuro de la economía china, y se dieron un porrazo en todo el mundo, con caídas algo superiores al 2%. El Ibex estuvo tan mal como el resto, no destacó especialmente. Está por ver si es el inicio de caídas mayores o un tropezón seguido de tumbos pero sin grandes desplomes.

Todos estos problemas económicos que les comentaba ayer también se dan en el Reino Unido, con la diferencia de que allí el brexit supone un enorme problema añadido que lo complica todo, y siempre para mal. La decisión de salir de la UE por parte de los británicos es el típico caso de decisión irracional que sólo ocasiona perjuicios, para el club que es abandonado, que pierde un socio, relevancia y contribución, y para el que se va, que se queda sólo y debilitado en un entorno hostil. El populismo británico, más bien inglés, que lideró aquella campaña, la amañó, y logró llevarse el gato al agua empieza ahora a ver algunas de las consecuencias reales de los falsos eslóganes que vendieron a la población. Es cierto que la pandemia, que ha golpeado a las islas con mayor fuerza que al continente, ha supuesto poner el tema del Brexit en un segundo plano y que sus efectos no se notasen demasiado, pero a medida que el virus queda bajo control (benditas vacunas) el desastre de la salida de la UE empieza a mostrar múltiples caras, todas desagradables. Desde hace meses se suceden las escenas de desabastecimiento de algunos productos en los estantes de los supermercados británicos, especialmente frutas y verduras. Para un país que importa la mayor parte de su comida parece un absurdo ponerse a instalar aduanas, controles, papeleos y burocracias en el proceso de traslado de la comida desde sus lugares de producción, muchos de ellos en España, hacia las despensas de los hogares británicos, pero esa es una de las grandes traducciones del hecho de abandonar un mercado común, el europeo. En estos días vemos cómo el abastecimiento de combustible en las gasolineras se está complicando en aquel país. Muchos surtidores están cerrados, otros racionan la cuantía que pueden dispensar y las colas crecen, y en ellas el hartazgo de muchos conductores, que han llegado a mostrar escenas violentas, con peleas a pie de manguera. Algo absurdo, difícil de imaginar, pero que ahora mismo se está dando en ese país. ¿Por qué? ¿No hay gasolina? Haberla hay, más que suficiente, pero la gasolina no tiene patas y no es capaz de ir andando sola desde las refinerías a las estaciones de servicio, se lleva en tanques arrastrados por camiones conducidos, y lo que no hay son conductores. El Brexit ha supuesto que muchos de los conductores, antiguos comunitarios, hayan perdido derechos respecto a otros no comunitarios, o que no hayan podido regularizar su situación y hayan acabado por salir del país. Como sucede también aquí, la gran mayoría de los camioneros no son nacionales, sino venidos de otros países, y el endurecimiento de las leyes de inmigración con motivo de la salida de la UE y el considerar como inmigrantes a todos los no británicos ha hecho que en la conducción, y en otras muchas profesiones industriales, de la construcción y similar, la mano de obra escasee y se empiece a rifar. Sin conductores los camiones de abastecimiento de gasolina, o los reponedores de comestibles en el supermercado, o tantos y tantos casos como usted pueda imaginar que impliquen grandes cajas con ruedas moviéndose por las carreteras se convierten en destinos no alcanzados, y el consumidor que los desea, o la empresa que demanda esos productos para sus procesos, no puede acceder a ellos. Y todo se para, y se disparan las colas, y surge la violencia, y se da cuenta uno del enorme error que ha supuesto eso que era tan “beneficioso” para los británicos, según les contaban algunos falsos populistas, valga la redundancia.

En medio de un nerviosismo creciente, con llamadas a la calma de un gobierno que no parece controlar la situación, algunas voces reclaman la intervención del ejército, y se están aprobando permisos de residencia para extranjeros de unos meses para aliviar la situación, que no servirán de nada porque nadie va a ir allí a trabajar con una fecha de despido dada tan certera, sin posibilidad alguna de compatibilizarlo con una vida profesional y personal carente de futuro. Lo que vemos es un perfecto ejemplo de ese dicho que reza que toda cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones, y ha sido el de los conductores el que ha roto el sistema de suministro británico. El gobierno de Johnson tiene una enorme papeleta encima de la mesa, que irá extendiéndose a otros sectores a medida que el Brexit siga generando destrozos, y sabe que la solución a todos ellos es echar atrás la disparatada decisión que el propio Primer Ministro defendió y usó para su beneficio. Eso me hace suponer que no quiera rectificar. El dolor crecerá.

martes, septiembre 28, 2021

El INE ve frenos a la economía

Una de las cosas que casi todos dábamos como seguro era el intenso rebote económico que se iba a producir tras la relajación de las restricciones asociadas a la pandemia. Tras el descalabro absoluto, existencial, del año pasado, las cifras actuales se iban a comparar contra un suelo hundido y el efecto de la demanda embalsada, que no pudo gastarse entonces, iba a tirar con fuerza de la economía, no compensando de manera automática el destrozo del PIB, porque eso no es posible, pero sí metiendo mucha gasolina extra en el motor y revolucionando la economía al máximo. Lo cierto es que algo de eso hay, sí, pero también otras cosas, y no buenas, no esperadas.

La semana pasada el INE dio a todos un baño de realidad estadística al publicar el dato oficial de crecimiento del segundo trimestre de este 2021. El valor, un incremento del 1,1%, es positivo, pero sabe a poquísimo, sobre todo desde que el propio INE diera un dato adelantado, que es una especie de estimación, que situaba ese valor esperado en el 2,8%. La diferencia no son décimas, precisamente, sino una reducción que supone que el valor finalmente alcanzado no llega ni a la mitad del que se esperaba. Decepción, rumores, malas caras, sorpresa… la publicación del INE supuso la semana pasada todo un terremoto entre los analistas y expertos en la materia, que daban por hecho un crecimiento mucho más vigoroso como señal de lo que antes les comentaba y reflejo de una perspectiva de futuro mucho más halagüeña. El gobierno, que ha utilizado esa estimación del 2,8% en sus estudios para la elaboración de los presupuestos, decidió no darse por enterado del recorte del dato y lanzó balones fuera, diciendo que vivimos tiempos volátiles y que, cifra arriba o cifra abajo, la recuperación es intensa y se ha más que consolidado. Voluntarismo no le faltó a una Nadia Calviño que, a buen seguro, sabía hasta qué punto lo que decía chocaba con la realidad del organismo estadístico. ¿Qué ha pasado? Aún es pronto para saberlo, pero todo apunta a que el efecto de algunas restricciones, que seguían en vigor en ese segundo trimestre, han hecho mella y que, sobre todo, se empieza a notar la influencia de frenos económicos que se están disparando por doquier, amenazando el panorama. La subida de los precios energéticos, traducida en grandes facturas de la luz o de la gasolina, no es sino una de las vías por las que la inflación de costes se está colando en la economía y detrayendo riqueza de las familias y empresas, consumiendo parte del ahorro acumulado que se originó durante la pandemia. Las roturas de las cadenas de suministro globales, que está ocasionando estrecheces e incapacidad de abastecer suministros, provoca al cierre temporal de plantas de automoción y dislocaciones en distintas industrias que no pueden dar abasto a sus demandas. El coste de los fletes se ha disparado, y los contenedores que viajan por todo el mundo transportando mercancías de todo tipo lo hacen menos, por problemas logísticos de las propias navieras y de la industria de los contenedores, y a un precio bastante más alto, por lo que nuevamente esa inflación de costes aparece en productos de consumo o de uso intermedio, lo que daña las cadenas de valor y el poder adquisitivo del consumidor. Estas fricciones, algunas de ellas esperables, se están enquistando mucho más de lo previsto, convirtiendo problemas que se esperaba que durasen semanas o pocos meses en incertidumbres que no se ven agotadas en el futuro. Quizás la más grave sea la de los microchips, pero las tensiones en los precios de la energía tampoco tienen pinta de aflojar a corto plazo. En definitiva, más allá de los problemas propios de la economía española, el contexto económico global está empeorando y eso mete frenos a la expansión que todos esperábamos. Pareciera que, como a un motor, le hemos pisado demasiado el acelerador y están surgiendo muchas vibraciones y piezas que dan problemas, y que no soportan tanta velocidad.

¿Este tropezón que ha reflejado el INE es permanente? No se sabe. Todos suponemos, ay, otra vez, que los datos del tercer trimestre, que acaba pasado mañana, serán mejores porque ha sido un verano no normal, cierto, pero mucho más verano que el del año pasado, con un movimiento turístico nacional muy destacable y una primera presencia de turismo internacional que ha podido dinamizar la economía. Por ello, sí estamos ante un exceso de optimismo en el avance y una cura de realidad con el dato cierto, pero queda bastante por saber cuál es la tendencia a corto plazo. Por lo pronto, se impone la prudencia, y dejar en la nevera gran parte del optimismo económico con el que se afrontaba este 2021. Como mínimo estamos en un terreno volátil y complicado.

lunes, septiembre 27, 2021

Alemania huye de los extremismos

Jornada electoral tranquila en Alemania, sin incidentes. Alguna anécdota como la de ese colegio de Berlín que no se podía abrir ni con llave o, la más sonada, el error del candidato conservador Lasech a la hora de doblar la papeleta al introducirla en la urna, de tal manera que se veía lo que tenía señalado como su voto. Hubo muchas coñas en la web germana al respecto y, aunque el voto finalmente fue válido porque acabó en el interior, las autoridades electorales señalaron que el presidente de la mesa no debió dejar que entrara en la urna de esa manera, lo que hubiera sido el colofón a la mala campaña de los conservadores y a lo que anticipaban las encuestas.

Finalmente los resultados han sido muy parecidos a lo que se apuntaba, de tal manera que la victoria, por muy poco, se la han llevado los socialdemócratas del SPD, con Olaf Scholz como candidato, aventajando en poco más de un punto a los conservadores de la CDU / CSU . Es la primera victoria socialdemócrata tras cuatro derrotas consecutivas propiciadas por Merkel. La tercera fuerza son los verdes, que obtienen un gran resultado, pero que les sabrá a poco dadas las expectativas con las que contaban hace no muchos meses. Errores de campaña y de su candidata les bajaron de una nube en la que se codeaban al borde de la victoria, y la subida que han experimentado desde el anterior resultado, cuestión de expectativas, les sabrá a poco. Cuartos han quedado los liberales, en la tierra de nadie en la que suelen vivir estos partidos en toda Europa, con unos resultados similares a los anteriores comicios, y las últimas posiciones se las reparten Alternativa por Alemania, la extrema derecha, y Die Linken, la extrema izquierda. Lo que más me ha gustado de estos resultados es, exactamente, esto último, la bajada de estas formaciones populistas extremistas, su pérdida de representatividad y de poder. Los alemanes han acudido a las urnas a sabiendas de los problemas que tienen y que existen distintas vías para tratar de arreglarlos, pero que ninguna pasa por los extremos, por esos discursos de odio y ruido que ambas formaciones, teóricamente muy enfrentadas pero que, en la práctica, se parecen mucho, ofrecen al electorado. Con todo hay un matiz preocupante, y es que la formación de extrema derecha se consolida en lo que fueron los estados de Alemania del Este, camino quizás de convertirse en una formación regionalista. Los malos resultados de la CDU / CSU en esos estados federados hacen que la distancia entre ambas formaciones sea mínima e, incluso, puede que en alguna región los extremistas hayan superado a los conservadores clásicos. En todo caso el día de hoy es de alegría tanto para los que apostamos sin fisuras por la democracia representativa como por las formaciones clásicas, por la política seria y aburrida, la que huye de estridencias y extremos. Alemania ha dado, en este sentido, una lección. La gran pregunta que queda por responder es cómo se formará gobierno y quién lo dirigirá. El sistema electoral alemán, complicado, determina finalmente que tras cada elección el tamaño del Bundestag (para entendernos, y aunque no sea exactamente así, su Congreso de los Diputados) sea distinto en función de los votos cosechados por cada formación, por lo que hasta que no finalice el recuento no se puede saber cuántos parlamentarios habrá y cómo calcular la composición de mayorías, pero con lo que ya se sabe, sólo hay tres posibles coaliciones que alcancen mayoría en la cámara. De menor a mayor probabilidad, una reedición de la gran coalición entre conservadores y socialdemócratas, que ambas formaciones rechazan como solución general; la llamada coalición Jamaica, unión de conservadores (negro) liberales (amarillo) y verdes, y la coalición semáforo, liderada por socialdemócratas (rojo) liberales (amarillo) y verdes. Tras la victoria del SPD esta parece la opción más posible.

En Alemania, como en España, el canciller lo elige el parlamento, y es nombrado aquel que consigue más votos en la cámara, pertenezca o no a la formación más votada. Tanto el ganador, Scholz como el perdedor Laschet quieren entablar negociaciones con las otras dos formaciones necesarias para lograr un acuerdo de investidura (les suena, ¿verdad?) pero, a priori, lo tiene más fácil el candidato del SPD, aunque será un reto aunar en un mismo gobierno a liberales y verdes, que en algunas cosas coinciden, pero en otras se repelen como agua y aceite. Vienen semanas de discusiones y parálisis en la política germana, y, claro, en la europea. Nos conviene que este proceso no se eternice y, sea cual sea el resultado, se alcance rápido y de estabilidad.

viernes, septiembre 24, 2021

El adiós a Ángela Merkel

Ayer por la noche pasaron muchas cosas. Cayó una intensa tormenta en Madrid, en Cerdeña fue detenido uno de los mayores traidores y cobardes de la historia reciente de España y en Alemania tuvo lugar el último debate electoral de cara a las elecciones legislativas de este domingo. Las encuestas siguen apuntando que el actual partido gobernante, al CDU conservadora, perderá frente a los socialdemócratas, ambas formaciones con candidatos grises, y que los verdes serán la tercera fuerza, desbancando a la ultraderechista Alternativa por Alemania, que cae muchos puntos. En dos o tres días veremos a ver el grado de acierto de los pronósticos.

Lo relevante de estas elecciones no es quién gane y se presenta, sino quién estará ausente. Por primera vez desde hace dieciséis años, cuatro comicios verdaderos, Ángela Merkel no figurará como candidata de su partido, la conservadora CDU, y su gesto, ya universal, de las manos unidas a su manera no aparecerá en cartel alguno ni en las vallas. Merkel lo deja tras una etapa de gobierno en la que ha tenido que afrontar retos enormes, para los que ha demostrado una valía fuera de toda duda, y que ha marcado una huella profunda no sólo en Alemania, sino en toda Europa. Sus gobiernos, varios de ellos en coalición con los socialdemócratas, han sido una garantía de estabilidad en un continente azotado por tormentas electorales que han derribado primeros ministros como si fueran casas prensadas por la lava de La Palma. Seria, discreta, con un toque de introspección que no nunca le ha abandonado, Merkel ha sido rígida en ocasiones, audaz en otras, flexible y dura a lo largo de todos estos años. Tres han sido las grandes crisis que le ha tocado lidiar, y de las que ha sabido salir indemne; la económica tras el derrumbe de 2008, muy leve en Alemania, y su contagio a la deuda soberana y el propio futuro del euro, la de los refugiados tras la avalancha de sirios que huyeron de su país en medio de la cruel guerra civil que lo azotaba y la del coronavirus, global, que Alemania ha sobrellevado con mucha menos crueldad en forma de fallecidos que la mayor parte de los países de su entorno. En todas ellas Merkel se ha mostrado como una dirigente seria, ajena a las modas. En tiempos de velocidad y de populismo rampante, de liderazgos huecos en los que sólo caben los asesores de imagen y los creídos “spin doctor” que viven pendientes del último tuit y sondeo, Merkel ha sido una roca que ha aportado firmeza a la veleta global. No decidía nunca la primera, no se dejaba llevar por impulsos. Preguntaba, recababa informes y datos, y luego decidía. Una vez había decidido, era firme en defender su elección, y no se dejaba amilanar. En la crisis del euro fue dura con los países del sur, lo que le granjeó muchas críticas, desde luego menos de las que justamente merecieron muchos de los responsables de la ruina que en naciones como Grecia o la nuestra causaron años de enorme dolor y sufrimiento, críticas que no fueron emitidas, y que aún hoy, años después, no se oyen ni siquiera como lamento propio solicitando perdón por los errores cometidos. En la crisis de siria se mostró comprensiva con los refugiados y, en medio de las tensiones provocadas por el auge de la extrema derecha, decidió abrir sus fronteras y acogió a miles y miles de ellos, lo que le llenó de críticas entre muchos de sus propios y de elogios comedidos de los ajenos, que ya se sabe que el sesgo político impide elogiar como es debido a los contrarios cuando hacen lo que es debido. Y en el coronavirus se mostró firme, con rigor científico, nunca menospreció la dimensión de la crisis, nunca negó a su sociedad las palabras duras que describían lo que se les venía encima y las muertes que acarrearía, y ha sido estricta con los procesos de confinamiento y desescalada. En todos los avatares sufridos, desde su perspectiva vital y conocimiento del país en el que vive, ha actuado movida por el interés político, obviamente, pero con un sentido de la responsabilidad y de estado tan aplastante como ejemplar.

Basta ver la nómina de mandatarios que han pasado mientras ella gobernaba. Hollande, Sarkozy, May, Cameron, Conte, Renzi, Zapatero, Rajoy, Trump…. Todos ellos absolutos incapaces a su lado, muestrario de egos, prisas, desconcierto y falta de capacidad. Muchos de ellos implicados en escándalos de corrupción, y ella, que sigue yendo por las tardes al supermercado a hacer su compra, ajena a las tentaciones que el dinero y el poder siembran en quienes cerca de ellos andan, y tarde o temprano, la mayoría, caen. Merkel lo deja y, sin duda, será añorada por muchos, al menos por los que pensamos que la política es algo serio, es un servicio púbico a toda la ciudadanía de un país y requiere entrega, honradez y sacrificio. Con sus aciertos y errores, Merkel ha dado una lección práctica de gobernanza en un mundo que la necesita con apremio.

jueves, septiembre 23, 2021

Decepcionados con Biden

Ayer se hizo pública la conversación telefónica mantenida a lo largo de la tarde, hora europea, entre Macron y Biden, que suavizó las disputas surgidas en la llamada “crisis de los submarinos” y concluyó con la decisión francesa de que su embajador retornara a Washington, de donde había sido llamado, por primera vez en la historia, como protesta ante el acuerdo Aukus y la ruptura de los contratos que Australia tenía con la industria militar naval francesa. Se puede decir que, diplomáticamente, esta disputa ya ha sido subsanada, pero el problema de fondo sigue ahí, y la sensación de que el Atlántico se ensancha no deja de crecer.

En la misma tarde en la que se producía esa llamada, Biden se reunía con Johnson en la Casa Blanca, dejando a las claras cuáles son los socios de primera y los de segunda para EEUU. Biden fue acogido con la mayor de las esperanzas en las cancillerías europeas, y en medio mundo, tras los años de Trump, en los que el fondo y las formas de la presidencia norteamericana degeneraron mucho. La llegada del demócrata era una vuelta a la normalidad en lo institucional y personal. Diez meses después de la victoria electoral del anciano Joe la realidad es bastante más complicada y no se puede disimular con los sesgos ideológicos que uno porta y que hace ver a muchos, con el simplismo atroz que ahora nos domina, que todo lo republicano es maligno y todo lo demócrata excelso. Dejando a un lado lo personal, donde, en efecto, no hay color, y Biden brilla frente a la necedad del comportamiento de Trump, muchas de las políticas de fondo se mantienen iguales en la pasada y en la presente administración norteamericana, y en lo que hace al papel de los europeos continentales a sus ojos, nuestra irrelevancia es la misma. Las formas son distintas, si, pero decisiones como el proceso de salida de Afganistán o el Aukus han sido tomadas con una unilateralidad pasmosa que, de haber sido ejercidas por Trump, habrían supuesto que los gritos de la prensa y otros medios internacionales (y nacionales) se escuchasen incluso más que los estallidos del maldito volcán de La Palma. Muchos, anestesiados por sus sesgos, e muerden la lengua para no escribir las duras condenas que se hubieran narrado si Trump hubiera estado en el poder en una situación como el desastre afgano. Hubiéramos visto lo mismo, la misma humillación, el mismo fracaso, pero los articulistas, que sí han coincidido en usar esos términos, hubieran cargado con fiereza contra el magnate. Y, por cierto, con toda la razón. Si fuese la firma de Trump la estampada en un acuerdo exclusivamente anglosajón la causante de la ruptura del acuerdo comercial francés hubiéramos visto, con elevada probabilidad, manifestaciones en los bulevares de París con muñecos de pelo anaranjado insultando a la presidencia norteamericana y cargando contra todo lo que parecieran barras y estrellas. En política migratoria vemos que la administración Biden deporta con igual discreción que la Trump a migrantes que huyen de desastres como el de Haití, que se hacinan bajo puentes en la frontera de México con el imperio, y que en algunos casos son cazados a caballo casi con lazo, como acostumbraban en las películas del oeste a hacerlo los vaqueros con el ganado, o algunos sudistas con los negros en los tiempos de la esclavitud. ¿Qué se escribiría sobre esas escenas de gobernar Trump? ¿cuántos informativos nacionales e internacionales abrirían con esas imágenes y sus corresponsales tratando de acercarse a los jinetes que practican ese siniestro rodeo? Apenas hay reacción, muy pocas palabras, unos breves en las noticias intercalados con otras ínfimas presencias internacionales, poquísima relevancia, y un auténtico ejercicio de morderse la lengua por parte de muchísimos. Más allá de esta denunciable hipocresía por parte de tantos, lo relevante es que las tendencias de fondo de la política de EEUU son profundas, y que un cambio de administración no basta para revertirlas, y menos aún para transformarlas en el buenismo europeo de algunos opinadores que paren creer que dictan agendas internacionales.

Las próximas reuniones que tengan lugar entre Bricen y el resto de países europeos, bien en el marco de encuentros de la OTAN o de cualquier otro tipo, ya no estarán marcadas por una sensación de reencuentro con el amigo americano tras el paréntesis Trump, sino por el recelo de una realidad incómoda, la de saber que el concepto de socio se ha devaluado para Biden y los suyos, y que Europa ha dejado de ser una zona de interés para pasar, en todo caso, a ser u lugar en el que conseguir contratos y ventajas de cara a una rivalidad frente a China. Si servimos como peones en la lucha global Washington Beijing de algo valdremos, sino, nada de nada. Así están las cosas, nos gusten o no.

miércoles, septiembre 22, 2021

Aukus

Si no les suena de nada el término que he escogido hoy para titular el artículo les aconsejo que paren un instante la lectura y vuelvan a él, para repetirlo algunas veces, y que así se les quede en la memoria, porque me da que vamos a verlo mucho de aquí en adelante. Es nuevo. Sí. Es un acrónimo que surge de la unión de las dos primeras letras de Australia, AU, las iniciales de UK, Reino Unido en inglés y las de iniciales de US, EEUU en inglés. El término completo es AUUKUS, pero ya se escribe en medios por los articulistas de la manera en que lo he empleado, convirtiéndolo en una palabra en la que la primera U no es redundante. Esta alianza entre tres países es la puntilla a un verano de desastre occidental.

Las tres naciones que han firmado el acuerdo son anglosajonas, y no hay nada casual en ello. Suele denominarse Five Eyes, cinco ojos, a la asociación no firmada pero sí real que existe entre los cinco grandes países anglosajones del mundo, EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, unidos por el idioma y cierto orgullo de superioridad nunca disimilado. Aukus es otra cosa más profunda, supone una alianza estratégica, principalmente militar, centrada en el área del Pacífico y sureste asiático, de tal manera que las tres naciones se comprometen a la ayuda y colaboración mutua para desarrollar actividades y capacidades de disuasión en ese escenario, con la vista puesta en la contención de China. En ese acuerdo Reino Unido aporta los contactos y el conocimiento de la zona, de la que fue potencia colonial en parte y sigue teniendo una presencia diplomática fundamental (piénsese en Singapur, por ejemplo) pero poco más, dado que su armada y resto del ejército están muy de capa caída. EEUU es la potencia hegemónica y aporta todo, desde capacidad hasta estrategia y liderazgo, y Australia aporta su territorio, sito en la zona de influencia, con acceso marítimo, a través de Indonesia, a todo el sudeste asiático. Se convierte así en la base de operaciones de la alianza, el territorio desde el que se desplegará la capacidad ofensiva y se ejercerá la disuasión visible, quizás menor que la no presencial que se mantiene, poderosísima, en el territorio norteamericano, pero relevante en todo caso. El acuerdo fue anunciado por sorpresa la semana pasada sin que las fuentes oficiales del resto de aliados de estos países lleguen a afirmar que estaban informadas de negociaciones semejantes. Ni la UE ni la OTAN han pintado nada en la creación de Aukus, y es especialmente la organización trasatlántica la que sale muy mal parada de un acuerdo semejante. El desprecio que ha supuesto para esa entidad la actitud de EEUU, el garante último de su existencia, y la clara espalda que Washington da al escenario europeo en sus decisiones han quedado reflejados claramente en la puesta de largo de un acuerdo a tres partes en el que se junta tanto la visión pacífica, por el mar, como la supremacía anglosajona, que deja atrás al resto de socios europeos. El monumental cabreo que ha cogido Francia tras la rescisión de un contrato de compra de submarinos que tenía suscrito Australia, que ahora tendrá acceso a sumergibles de avanzadísima tecnología nuclear norteamericana es sólo la punta del iceberg del desconcierto, frío y sensación de abandono que ha cundido por las cancillerías de toda la Europa occidental, unidas en la impresión de que la fiabilidad del socio americano cae enteros sea quien sea el que ocupe la Casa blanca, con las formas mafiosas de Trump o las amables de Biden. Desde que Obama empezó a darse cuenta de que el gigante chino ya lo era Europa pesa cada vez menos en la agenda de la capital norteamericana, y Aukus es la plasmación de lo que realmente le preocupa ahora a los estrategas de Washington y lo poco que le importamos el resto. Este acuerdo supone, en la práctica, la primera división formal de occidente en dos alianzas ante el escenario global, anglosajonia por un lado y el resto, sin saber muy bien por dónde ir. En el mundo bipolar en el que ya nos encontramos, EEUU ha escogido socios para plantarse ante China, y no, nosotros no estamos entre los seleccionados.

Hoy se termina el verano de 2021, y en lo geoestratégico lo hace en un mundo bastante más distinto, peligroso y descontrolado de como lo estaba cuando comenzó. Nadie podía imaginar a finales de junio que veríamos el desastre de Afganistán en apenas unas semanas y que la imagen de occidente quedaría seriamente dañada por la desastrosa gestión de la retirada de ese país, de la huida más bien. La posición norteamericana es hoy bastante más débil de lo que era hace unos meses (para ser justos, ahora se ve lo que antes era pero no se notaba) y los países de la UE nos hemos dado de bruces contra un escenario muy peligroso en el que empezamos a ser periferia, y en el que carecemos de capacidades, estrategia y medios en lo ofensivo. El panorama se ha torcido mucho, y está claro quiénes hemos salido perdiendo y, por tanto, necesitamos espabilar.

martes, septiembre 21, 2021

Imparables lenguas de lava

Estamos más acostumbrados a las inundaciones, procesos rápidos, bruscos, en los que una ola de agua, barro y lodo se abate sobre propiedades y causa destrozos en un tiempo breve. Lo sucedido este verano en Alemania y en zonas de Castellón, Toledo o Tarragona, o el riesgo de que algo similar pase hoy o mañana en Baleares es lo que se nos viene a la cabeza cuando nos imaginamos algo que arrasa nuestras casas. Es doloroso, cruel, pero al día siguiente el agua ya no está. Quedan sus consecuencias, pero las calles se acaban limpiando, y con esfuerzo, dinero y paciencia muchas cosas se acaban reconstruyendo. Las inundaciones dejan cicatrices en el paisaje, pero lo rompen del todo.

Lo de la lava de un volcán es otra cosa muy distinta, un fenómeno completamente diferente en todas sus dimensiones, y para el que no estamos realmente preparados, no ya en los aspectos técnicos, sino sobre todo en los conceptuales. Vemos las imágenes de La Palma y lo que se ha formado bajando la montaña no es exactamente un río de lava, sino una especie de aglomerado, similar a lo que pasaría si cientos de hormigoneras empezasen a verter su contenido en una calle. Una masa pétrea, no muy viscosa, pero flexible, que avanza despacio, y que como un glaciar, no puede ser detenido de ninguna manera. Llega a las propiedades y las aplasta, carboniza, prensa, quema y destruye con una fiereza metódica y aplastante. La sensación de impotencia que produce es enorme, y se acrecienta por la especie de cámara lenta a la que se desarrolla el proceso. En la inundación muchas veces hay que salir corriendo porque el agua llega de golpe y o tiras de tus piernas y lo dejas todo atrás o estás muerto. Aquí no, los desalojados pueden, como lo hacen los medios de comunicación, acercarse a las propiedades y ver como, a unos cientos de metros, una pared de lava se aproxima. Una masa de varios metros de altura que va sepultándolo todo. Contemplan a su exterminador caminando despacito, a golpe de pedrusco que se desprende del magma y permite que una nueva porción de colada le sustituya, acercarse a sus propiedades. Escuchan el crujido de cada una de las estructuras de lo que fueron sus casas, enseres, arbolados, fincas, en medio del fragor de fondo de la incansable erupción. Esa masa deforme de lava y rocas crea terreno, aplasta lo que existía para sepultarlo bajo varios metros que, cuando se enfríen, se convertirán en sólido suelo pétreo, duro como roca que es, haciendo que lo que existió desaparezca por completo, borrado de la faz de la tierra, que precisamente ve su rostro alterado. La extensión de las lenguas de lava es caprichosa, en función del terreno por el que avanzan, no son excesivamente anchas, pero allí por donde pasan crean un tajo imposible de disimular, en el que su presión y fuego gangrenan el terreno que antaño fue cultivo, pastos, residencial o de servicios, para convertirlo en negrura absoluta, en una especie de asfaltado natural que no tiene alternativa. Cuando la erupción termine, quién sabe cuándo será eso, la imagen de la isla habrá cambiado, imposible decir hoy en qué cuantía y dimensión, pero las zonas arrasadas se encontrarán sepultadas bajo toneladas de roca dura, y muchas de ellas serán completamente irrecuperables. La afección no sólo es superficial, dado que estructuras subterráneas como acuíferos y manantiales también se habrán visto afectadas, por las filtraciones de gases que emanan de la mole que se mueve sobre ellas, por no hablar de bodegas y construcciones subterráneas, al parecer abundantes en la zona, que ahora se encuentran sepultadas a mucha mayor distancia de lo que antaño estaban. El efecto sobre lo que existía es similar a un bombardeo perpetrado por un ejército enemigo, que realizase numerosas pasadas para destruir con saña todo lo que sobre el suelo levantase cabeza. Y aun así la comparativa se queda corta.

A medida que la erupción avanza y nuevas grietas se abren sobre el terreno crece el número de evacuados, que saben que sus vidas ya no serán como las de antaño pero que no tienen manera de conocer cuándo podrán no ya regresar a sus inexistentes hogares, sino simplemente escuchar el silencio que antaño mandaba en la isla en la que vivían y, en muchos casos, nacieron. La evolución del fenómeno tiene mucho de caótico y resulta imprevisible, y lo único que pueden hacer los expertos es medir, ver, tomar datos, usar su experiencia para tratar de atisbar lo que puede ser más probable que suceda, pero nunca mojarse, porque saben que el espectáculo durará lo que la caprichosa naturaleza quiera. Y para los desalojados, ¿qué consuelo les queda? ¿Cómo afrontar una nueva vida desde la nada? Esas grietas que se abren tampoco se sabe cuándo se podrán cerrar.

lunes, septiembre 20, 2021

Erupción en La Palma

Sí, pocas cosas imaginables faltaban para que la actualidad de este año superase a todo lo imaginado. El listón en enero se puso muy alto, con unos extremistas con cuernos asaltando el Capitolio en Washington y una nevada sepultando Madrid, pero a la realidad le gusta superarse. Al poco de empezar el año tuvimos un enjambre sísmico en la zona de Granada Santa Fe, seguro que alguno de ustedes se acuerda, que genero mucho miedo entre la población y alarma por lo que pudiera llegar a pasar. Los movimientos causaron noches de pánico y de estancia al raso, y no pocas grietas en viviendas y otros edificios, pero como vinieron, los temblores se fueron. Ya en su momento los expertos advirtieron que estos procesos no son predecibles.

El fatídico 11 de septiembre, hace apenas una semana, se puso en marcha un nuevo enjambre sísmico en la zona de cerro viejo, en la parte sur de la isla canaria de La Palma. Esta isla, la segunda más joven del archipiélago, posee paisajes propios de las películas de aventuras, con enormes barrancos y cortados cubiertos de vegetación, y es el resultado de dos procesos eruptivos, uno, el principal, que crea toda la zona norte, es la caldera de Taburiente, un enorme cono volcánico desplomado en su flanco suroeste, y otro, en la zona sur, fruto del volcán de cumbre vieja, de menor tamaño, pero mucha mayor actividad. Los sismos que empezaron el sábado 11 adquirieron regularidad e intensidad a lo largo de la semana, y mostraban una clara tendencia a ir disminuyendo de profundidad. Para los expertos la cosa estaba clara, una enorme masa de magma presionaba desde la profundidad de la tierra, intentando salir, y eso generaba una tensión en la superficie. El proceso de deformación de la zona sur de la isla iba a más a lo largo de los días, y la posibilidad de que se produjera una erupción a corto plazo aumentaba. Dado que estos procesos se pueden intuir pero no prever, se decidió por parte de las autoridades la activación del plan ante erupciones que existe en el archipiélago, el llamado Pevolca, y comenzaron las reuniones de los técnicos y responsables políticos con los habitantes de la zona previsiblemente afectada, parte sur y orilla oeste de la isla. El sábado, con movimientos cada vez más superficiales, se decidió que era conveniente evacuar de algunos municipios a las personas dependientes, con movilidad reducida y, en general, las más vulnerables, por si acaso. Fue una decisión muy acertada, porque estos fenómenos avisan, sí, pero son traicioneros, y las cosas pueden ser inminentes y no darse o ser tranquilas y, de repente, desatarse sin control. Ayer por la mañana se produjo un movimiento de intensidad superior a tres con una profundidad de apenas un kilómetro, lo que se parece mucho en vulcanología a una cuenta atrás antes de la puesta de largo de la erupción. Y así fue esta vez. Pasadas las tres de la tarde hora canaria, las cuatro peninsular, en una anodina tarde de domingo nacional, una columna de humo y cenizas se elevó al cielo desde Cumbre Vieja y anunció, con gran estrépito, que el volcán se activaba tras cincuenta años desde su última erupción. El nerviosismo cundió entre la población de los núcleos cercanos, localidades pequeñas, eminentemente agrarias, y con bastante población dispersa, y los planes de evacuación que habían sido puestos en marcha el día anterior se aceleraron, de tal manera que para la tarde noche de ayer era unas cinco mil las personas que habían sido desalojadas de sus casas y conducidas a polideportivos y centros similares de localidades mayores, alejadas de la actividad eruptiva, como Tazacorte o Los llanos de Adeje. Afortunadamente no se ha producido incidencia alguna en el proceso de desalojo y, a esta hora, podemos decir que el balance de la erupción es nulo en lo que hace a muertos y heridos, lo que es todo un logro. Los planes de aviso y desalojo han funcionado correctamente y la profesionalidad de todos los implicados en ellos ha sido muy reseñable, y digna de todo elogio.

No se puede decir lo mismo, obviamente, del balance material de la erupción. Desde ayer la presión magmática ha rajado la montaña en, parece en este momento, ocho puntos en los que se produce la expulsión de lava de manera violenta pero, afortunadamente, no explosiva. Ríos de colada bajan lentos y densos por la ladera de la montaña camino al mar, a un paso de anciano caminante, pero imparables, arrasando viviendas, propiedades, campos de cultivo e infraestructuras, sin que se pueda hacer nada para evitarlo, salvo seguirlo al minuto para saber si esta o aquella vivienda, o ambas, serán destruidas. El espectáculo del volcán es hipnótico, pero para los habitantes de la zona supone la ruina total, la destrucción de su entorno y propiedades. Y es imposible saber cuánto tiempo la actividad volcánica seguirá y hasta dónde llegarán sus efectos. Toca esperar y, asombrados, ver.

viernes, septiembre 17, 2021

Evergrande, ¿el Lehman Brothers chino?

Se agolpan los temas en este agitado septiembre y toca escoger, así que vamos con algo importante y una casualidad nominal. Si recuerdan se montó un lío enorme hace meses con aquel megacarguero que bloqueó el Canal de Suez al atravesarse mientras lo cruzaba. El caso se solucionó tras mucho esfuerzo, y mostró entre otras cosas lo tirante y frágil que es la cadena logística que abastece el mundo, que ahora mismo vive sumida en una crisis por el exceso de demanda, al que no es capaz de hacer frente, con el consiguiente disparo de los precios de muchas materias primas y bienes de consumo. Aquel barco se llama Evergiven.

Pues bien, otro barco financiero, tirando de metáfora arriesgada, un enorme portaconedor de deudas, créditos y devengos llamado Evergrande está a punto de embarrancar en China, en lo que puede ser una de las mayores quiebras comerciales de la historia, y en un proceso que recuerda demasiado a los vividos en la crisis de 2008 2009 en nuestras tierras, todos ellos relacionados con el mundo inmobiliario. Evergrande es una promotora inmobiliaria de enormes dimensiones, una empresa china que trabaja en aquel país y que desarrolla complejos de viviendas centrados en el segmento de clase media alta. Desde hace ya meses corren noticias sobre problemas de liquidez de la compañía, derivados de las deudas contraídas y de la reducción de ingresos, problemas que si se extienden en el tiempo acaban generando una crisis de solvencia. El que la deuda acumulada de la compañía alcance la psicodélica cifra de los 250.000 millones de euros, algo más del 20% de nuestro PIB; es un indicativo del monstruo al que nos enfrentamos, y de su posible efecto de arrastre en caso de que caiga. Su historia no difiere demasiado de tantas otras conocidas en el pasado; empresa inmobiliaria que crece como la espuma al calor de los precios y demanda, que diversifica el negocio queriendo abarcar sectores que no conoce y que se apoya en una deuda creciente respaldada por nuevos proyectos inmobiliarios. Este círculo se convierte en vicioso desde el momento en el que el flujo de ingresos proveniente de las nuevas licencias y operaciones urbanísticas no es capaz de superar a los gastos de las inversiones llevadas a cabo, y la compañía debe empezar a recortar en algunos de sus segmentos de actividad para volver al equilibrio. Ese es el momento en el que la cordura aún puede evitar el peligro, pero la codicia suele triunfar, y la sensación de que los ingresos crecerán y que ya saldremos del apretón suele vencer en los consejos de administración de estas empresas, que están llenos de orgullo por lo mucho conseguido en poco tiempo. No se adoptan medidas restrictivas y las empresas se lanzan a una carrera desaforada para crecer aún más, buscando nuevas fuentes de ingreso, pero que sólo se traducen en incrementos de deuda y costes asociados, que engordan sin cesar hasta ser inasumibles. Les suena, ¿verdad? En España vivimos durante la burbuja muchos procesos de este tipo, que acabaron como suelen acabar habitualmente, en forma de estrepitosas y dañinas quiebras. La quiebra de una empresa es un drama para sus participantes, pero no llega más allá. La quiebra de enormes tinglados empresariales que arrastran a un sector puede ser un desastre lo suficientemente grande como para que la economía de una nación se suma en una crisis generalizada, y sectores que no tienen nada que ver con el quebrado sean arrastrados por el desplome de la demanda agregada nacional, sin contar con los efectos en el sistema financiero, que está imbricado con todos los agentes de una economía. Aquí vivimos las consecuencias de un desplome de ese tipo, en EEUU también, en Japón lo conocieron a finales de los ochenta. No es un caso raro, ni mucho menos.

La gran pregunta es si Evergrande va a quebrar, si es lo suficientemente grande como para que el estado chino la rescate y evite esa quiebra, el “too big to fail” que no se aplicó a Lehman Brothers, y si lo que allí pasa es un hecho aislado en una empresa enorme o el síntoma de un problema de fondo en el mercado inmobiliario que puede llevar a China a meterse en problemas que, como hemos visto, se han dado en otras muchas naciones y que, hasta ahora, aquel país y régimen ha logrado evitar. ¿Puede Evergrande ser el inicio de un derrumbe inmobiliario en China? Muchos han pronosticado que ese escenario se daría en aquel país, desde hace tantos años que se habrían arruinado por completo de haber apostado por la caída. Veremos a ver qué es lo que pasa y si esta inmobiliaria y su “Ever” de inicio también son capaces de causar una crisis global.

jueves, septiembre 16, 2021

SpaceX y el turismo espacial de verdad

Hace unos meses vimos una minicarrera espacial privada entre magnates para alcanzar el espacio por sus propios medios y abrir la puerta al turismo espacial, que sería gestionado por sus empresas. Virgin Galactic, de Richard Branson, lo hizo mediante una nave lanzada desde un avión, que se acercaba a los 80 kilómetros de altura. Blue Origin, de Jezz Bezos, lo hizo con una nave lanzada por un cohete que se separaba a gran altura de su lanzador y, por inercia, llegaba hasta los 100 kilómetros de altura. Todos ellos al borde de lo que se considera el espacio. Ambas misiones fueron exitosas, aunque se investigan algunos desvíos en la trayectoria de regreso de la nave de Branson, y tuvieron mucha atención mediática.

Más de uno se preguntó que estaría pensando Elon Musk de todo esto, el dueño de SpaceX, empresa que ha revolucionado el mundo de los lanzamientos espaciales y que está al borde de ser la auténtica rival de los programas espaciales tripulados nacionales. Musk también anunció que se apuntaba a la carrera del turismo espacial, pero a su estilo, dejando a todos los demás como si fueran pequeños aprendices del gran maestro Elon. Su misión privada consistiría en el lanzamiento de uno de sus cohetes reutilizables Falcon con la cápsula Dragon Crew, ya probada en misiones de relevo de tripulación de la Estación Espacial, con un pasaje compuesto por cuatro civiles ajenos al espacio, sin ningún tipo de piloto o astronauta experimentado entre los viajeros, y lo que ofrecería su viaje no es un pequeño salto al borde del espacio exterior con unos minutos de ingravidez, no, sino una señora misión espacial de tres días, tres, orbitando La Tierra a unos quinientos kilómetros de altura, una órbita algo más alta de la que ocupa la Estación Espacial, de tal manera que esos ciudadanos privados serían, qué cosas, los humanos que más lejos llegarían a estar de La Tierra desde el fin de las misiones espaciales de los Apollo, dado que la órbita baja de la Estación Espacial es la que ha sido usada por todas las naves tripuladas desde entonces y el conjunto de estaciones espaciales que, desde el Skylab a la Mir, la actual estación internacional o la china que está en desarrollo han sido construidas. La oferta, cuando se presentó, suscitó dudas por su ambición, e incluso incredulidad, supongo que, con algo de envidia, por parte de exastronautas, que veían como el desquiciado Musk amenazaba con poner su nivel de viajes espaciales a la altura de excursiones, ofreciendo a unos experimentados algo que no estaba al alcance de las agencias espaciales nacionales. Musk no cambió su oferta y se presentaron muchos candidatos para completar la tripulación, en la que el dinero y el simbolismo han sido las principales vías para poder acceder a la misma. El estreno y uso operativo de la cápsula Dragon por parte de los astronautas norteamericanos en sus misiones de ida y retorno a la Estación Espacial mostró a todo el mundo que la tecnología de SpaceX era capaz de llevar tripulación, ponerla en órbita, mantenerla allí un tiempo y hacerle regresar sana y salva a La Tierra, cumpliendo el cometido del contrato que firmó con la NASA y, de paso, abriendo la puerta a que su oferta de turismo espacial “de verdad” fuera algo más que unos bonitos PowerPoints y dinero de ofertas. El éxito de la cápsula Dragon ha permitido a EEUU volver a tener autonomía a la hora de poner astronautas en órbita, algo que perdió tras la retirada de los transbordadores, y ha hecho que SpaceX se haya convertido en el más fiable de los contratistas que tiene ahora la agencia espacial norteamericana, sobre todo frente al desastre que está suponiendo Boeing, uno de los más veteranos suministradores de naves y equipos, que también tenía que diseñar una cápsula tripulada y que, a día de hoy, tras varios intentos, no ha logrado que su prototipo, que hizo un viaje de prueba no tripulado, supere un sinfín de contratiempos y problemas.

Esta noche SpaceX ha procedido al lanzamiento de la misión turística, denominada Inspitarion4, en un proceso que se ha desarrollado a plena satisfacción, sin el más mínimo incidente. Los cuatro tripulantes ya están en el espacio de verdad y ahora tienen unos días para vernos como casi nadie lo ha hecho nunca. Como Musk es un genio no sólo de la ingeniería, sino también del marketing, ha suscrito un contrato con Netflix para que la plataforma ruede una serie con el proceso de entrenamiento de la tripulación y el momento del lanzamiento y el conjunto de la misión. Como verán ustedes, esto del espacio se puede convertir en todo un negocio. Ad astra per pecunio, que quizás dirían los clásicos

miércoles, septiembre 15, 2021

Joseba Arregi, un referente ético

Ayer, a los 75 años, víctima de una enfermedad que desconocía que padeciera, falleció Joseba Arregi, exconsejero de cultura del Gobierno Vasco, bajo cuyo mandato se produjeron las negociaciones y acuerdo que permitió que la fundación Guggenheim recalase en Bilbao, en una operación que fue vista por muchos como una bilbainada sin fundamento. Yo estaba entre los equivocados. Sólo por eso la figura de Arregi merecería ser recordada, pero la verdad es que su trayectoria y compromiso ético son tan inmensos que, a su lado, la mole del museo que se alza junto a la ría no es sino una modesta casa y el titanio que la envuelve, frágil yeso ante la solidez del pensamiento y el valor que Arregi ha demostrado a lo largo de su vida.

De familia nacionalista vasca de toda la vida, estudió teología en Alemania, siendo el clásico producto de la estirpe sabiniana que mezcla religión y patria de una manera indisoluble, y con ese discurso jesuítico que tan válido es para la compasión como para enmascarar una cómplice cobardía. Asciende en los cargos del PNV y, como les señalaba, llega a consejero de Cultura, una cartera con importancia en el Gobierno Vasco, dada la obsesión por el adoctrinamiento que practica el ejecutivo nacionalista. Arregi vive una realidad que choca con la ideología que ha mamado y considerado como propia desde el inicio de su existencia. ETA mata y sus acólitos amenazan amparados en el discurso nacionalista que todo lo impregna, y el PNV juega a dos barajas de manera constante, mostrando una cara compungida ante la violencia y otra tanto de comprensión como de recogida de beneficios, en forma de esas nueces que tan bien describió el sectario Arzallus. Arregi no puede con ello, ve el dilema y, frente a otras posturas cobardes, que escogen la buena vida que da el poder a cambio de la sumisión, se revuelve. A su estilo, sin bronca alguna, con el estilo jesuítico al que me refería, sin altisonancias, pero con una firmeza que nace de su propio compromiso ético. Es consciente de que el nacionalismo está en la base de la violencia etarra, que ETA no es sino la expresión maximalista, violenta y salvaje de una doctrina que se basa en la concepción de la sociedad como unos, los puros, frente a los otros, los impuros. Arregi es consciente de que el mero silencio del sustrato social nacionalista moderado ante los crímenes de ETA y su entorno es una de las mayores fortalezas con las que cuenta la banda asesina para mantener su actividad, y decide combatir de la única manera que sabe y que es capaz, con la palabra. Empieza a escribir artículos en los que denuncia la deriva absoluta en la que ha caído el nacionalismo de un PNV ensimismado por el poder y anestesiado de toda ética, inmune al dolor que causa el terrorismo. Pone a las víctimas como su referente y en todo momento les respeta, defiende, arropa y consuela, en unos años, no hace tantos, en los que ser asesinado por ETA suponía el dolor infinito de la muerte del ser querido y el rechazo social por parte de vecinos e instituciones, que mostraban afecto a los asesinos y manchaban la imagen de las víctimas y sus familiares. En un contexto en el que ETA practica la llamada “socialización del terror” (matar a todo el que pueda) y el poder nacionalista, encabezado por Ibarretxe, muestra una sintonía total con los objetivos últimos de la banda, Arregi se erige como un faro, como una de las escasísimas voces del mundo nacionalista que denuncia lo que sucede. Su imagen en ese mundo es degradada, sus contactos le evitan, su actitud es vista con desprecio por los que antes le consideraron de los suyos, y sabedor de que su postura le saldría cara, Arregi no cesa en su empeño, y mantiene el pulso ético. Junto a voces como Savater, Azurmendi, Ibarrola, Rekalde, Montero, y otras, no muchas, Arregi se erige en una de las plumas que, desde las páginas de El Correo, denuncia la involución social que vive la sociedad vasca, la enfermedad de desprecio, olvido y complicidad que la devora, y que permite a la serpiente etarra seguir matando y sembrando el miedo. Nunca callará aunque el miedo le cerque, nunca dejará de denunciar la deriva de una ideología que fue la suya, y en la que sólo encuentra ya hostilidad, rencor y furia.

ETA acaba desapareciendo por la valiente y tenaz actuación de la policía y demás fuerzas de seguridad, y la oposición social de una parte de la sociedad vasca, que es capaz de sacudirse el miedo y salir a la calle a denunciar el terror sectario, pero la derrota de ETA no es la de sus miembros e ideología, que hoy mismo, 2021, es vista con admiración por no pocos, que aún festejan la salida de las cárceles de asesinos, a la manera en la que los neonazis celebrarían que uno de los suyos volviera para colgar su esvástica en balcón de su casa. Hasta el último día Arregi ha estado escribiendo en contra de esa podredumbre moral que, con tanta intensidad, ha arraigado en la sociedad vasca. Hasta el último día Arregi ha estado con las víctimas, ayudándoles en todo lo posible. Hasta su último día, Arregi ha sido una luz en medio de la larga noche del terrorismo nacionalista vasco. DEP

martes, septiembre 14, 2021

Incendios pavorosos

Cubierta y amenazante se presenta la mañana en Madrid, donde la previsión de tormentas y lluvias es casi una certeza para el día de hoy. Donde sí está lloviendo es en Málaga, lo que sin duda es una gran noticia, porque así sí se podrá extinguir el incendio de Sierra Bermeja, que lleva ya varios días intratable y ha calcinado una superficie de en torno a 8.000 hectáreas, que es mucho terreno. Un miembro de una brigada forestal ha fallecido en las labores de extinción de este fuego, en lo que es la primera víctima de este año en España por este concepto, y miles de personas de distintas localidades han sido evacuados y movidas por la comarca a medida que el fuego amenazaba uno u otro municipio, huyendo de su destrucción.

Ahora que el verano se acaba, podemos decir que en España hemos tenido mucha suerte con los incendios forestales, aun habiendo sufrido varios. Los dos más graves han sido este de Málaga y el de Navalacruz en Ávila, el más extenso en lo que hace a destrucción de superficie forestal, pero visto lo que ha sucedido en otros países del Mediterráneo nos podemos dar por tristemente satisfechos. Italia, especialmente en Sicilia y, sobre todo, Grecia y Turquía, han vivido enormes fuegos que han arrasado superficies gigantescas, llegando en algunos casos como el de la isla griega de Eubea a devastar un tercio del total de su extensión, en lo que supone un destrozo ambiental absoluto y, también, un tremendo impacto económico para los residentes de ese lugar. El término de catástrofe está muy bien utilizado para definir lo que se ha vivido en esas naciones a lo largo de este verano. Sin embargo, si eso es así, ¿cómo definimos lo que pasa en California desde hace meses? Allí una serie de incendios se propagan sin control desde entonces y han conseguido hasta ser llamados con un nombre propio, muestra del miedo que imponen y del propio comportamiento que generan y les hace dignos de ser reconocidos como entidades. “Caldor o “Dixie” son monstruos que han devorado decenas de miles de hectáreas de bosques, pastos, lugares poblados y todo lo que se ha puesto en su camino. Si las brigadas forestales europeas poco han podido hacer frente a los fuegos que nos han atacado aquí resulta humillante comprobare las imágenes de los miles de personas que, con todos los medios posibles, luchan contra las llamas en California, donde la impotencia es el único resultado obtenido. Los miembros del equipo de extinción de incendios de la Junta de Andalucía han dicho que el incendio de Málaga es de lo que llaman sexta generación, fuegos que, por cuestiones varias, alcanzan una virulencia y potencia tal que son capaces de crear un clima propio en su zona de desarrollo y reforzarse en él. La formación de pirocúmulos, una especie de nubes de tormenta compuestas por vapor de agua y el resultado de la combustión del incendio es uno de los signos de que el fuego se ha convertido en un ente con dinámica meteorológica propia, y esas nubes, que crecen sobre la base de las llamas, suelen ser la fuente de nuevos incendios al colapsar su dinámica ascendente cuando no son capaces de autosostenerse, como le pasa a una tormenta normal. En el caso de las tormentas el desplome se acompaña de vientos racheados, agua y, en su caso, granizo. Aquí se mantienen los vientos racheados pero el agua se sustituye por partículas quemadas y restos, que dispersados en un área más amplia propagan las llamas de manera violenta, caótica y salvaje. Un incendio de estas características no es apagable por los medios de los que se disponen hoy en día, es muy inmune a los cortafuegos y, si el tiempo no cambia y no llueve, sólo se acaba cuando termina el material inflamable que lo alimenta. Los trabajos de los equipos de tierra y medios aéreos apenas son capaces sino de acotar algunas zonas de estos fuegos y tratar de contenerlos, pero poco más pueden hacer.

El Mediterráneo y los incendios son algo que va unido, no es casual que muchas de las fiestas de la zona estén relacionadas con la quema de objetos, hogueras o similares, pero a medida que los veranos son más calurosos, los regímenes de precipitación se vuelven más irregulares y, sobre todo, el terreno se llena de viviendas y personas en él, el peligro de los fuegos crece, y sus daños con él. Lo repito una y mil veces, no hay mayor catástrofe natural que un incendio forestal, nada hace más daño al paisaje, fauna, recursos y estética de un lugar que un fuego, pero aún no parece que la sociedad lo vea así. La persecución a los pirómanos no es intensa y no consta que suela haber detenciones y grandes penas de cárcel por causar semejantes daños. Nos tenemos que poner muy en serio con el tema de los fuegos, nos va el paisaje, la economía y las vidas en ello.

lunes, septiembre 13, 2021

Estados Desunidos

Sobria, formal, seria, la ceremonia de conmemoración del vigésimo aniversario de los atentados del 11S repitió los rituales que ya se han consolidado a lo largo de todos estos años, revestidos esta vez de una mayor solemnidad, presencia de figuras presidenciales casi absoluta y, desde luego, la sensación de amargura de lo sucedido apenas tres semanas antes en Afganistán, donde acabó de una manera lamentable la misión que comenzó hace veinte años con motivo de los sádicos atentados de Bin Laden. En las ceremonias de este año se cruzaban ambos sucesos de manera inevitable, y es imposible que no fuera así, porque el uno se deriva del otro. Quizás fuera en el acto del Pentágono en el que dominase la sensación de fracaso y en el de Nueva York el de duelo, no lo se.

Una constante que ha estado presente en todos los discursos oficiales de estos días, muy escuetos, ha sido la llamada de unidad a la nación para afrontar el recuerdo de lo pasado y los retos futuros, y ya se sabe que si algo se implora es que de ello se carece, si se pide es porque falta. Tras dos décadas, la gran novedad que presenta EEUU en su seno, frente al país que comenzaba el tercer milenio, antes y después del ataque, es la de la desunión en su seno. Pocas naciones tienen tan interiorizado entre sus ciudadanos el de la pertenencia a la misma, el orgullo del patriotismo y la consideración de lo que allí llaman el destino manifiesto, una especie de capacidad para sobreponerse a la adversidad y hacer de la voluntad del país una guía para el resto del mundo. Extender los valores en los que se asienta EEUU es una meta que anida en aquella ciudadanía, y su actuación conjunta es su mayor fortaleza. Sí, siempre han existido allí visiones contrapuestas de cómo organizar su sociedad, luchas ideológicas y partidistas, es imposible que eso no se de una sociedad libre y sana (lo contrario es la unanimidad de las dictaduras) pero esas divisiones no afectaban al núcleo profundo de la esencia del país y al respecto y defensa de sus instituciones. Eso ya no es así. Desde hace varios años, puede que incluso antes del 11S, un movimiento ha ido surgiendo en aquella nación que discrepa profundamente del carácter del país y lo considera extraviado, perdido, alejado de sus esencias. Los años de la guerra contra el terrorismo y, especialmente, la crisis de 2008, abrieron una brecha entre capas sociales, orígenes y creencias, y en 2016 la llegada de Trump al poder, con su histrionismo, formas e ideas fue el reflejo de esa división, que sigue ahondándose. Ahora mismo EEUU se mantiene como el gran país del mundo, la gran potencia en todos los aspectos, pero tiene dos flancos que amenazan su estatus futuro y su posición preminente. Uno, externo, es China, enorme rival que puede llegar a igualarlo en lo económico. China representa un reto formidable, y nadie sabe cómo será la evolución de esa rivalidad, pero no es novedoso en el sentido de que ya antes EEUU ha tenido otros rivales potenciales en su hegemonía global (la Alemania nazi o la URSS, principalmente). El segundo flanco, que es el novedoso, es el de esa división interna que antes señalaba, ese enfrentamiento que ha surgido en el seno del país, y que amenaza con dividir a la sociedad en dos bandos irreconciliables, haciendo que el país se debilite más. Quizás a los españoles esto no nos suena a nuevo, dado que nuestro país es el perfecto ejemplo de una sociedad partida que avanza a trompicones y poniéndose zancadillas sin cesar, lo que en parte es causa de que nuestros problemas no dejen de solucionarse. Por usar un símil desagradable (ya lo aviso) es como si caminásemos con una pierna herida, necrosada (escoja usted si la izquierda o derecha en función del extremismo ideológico que quiera practicar) y eso, claro, te impide correr como lo hacen otros. Lo único positivo de nuestra situación es que nos hemos acostumbrado a este mal, algo anómalo, y convivimos con él.

En EEUU esta situación es nueva, el país no la ha vivido antes y debe aprender a convivir con ese problema, y eso le va a costar esfuerzos, tiempo, recursos y dolores. La polarización, agudizada en tiempos de redes de histeria social, no ayuda en lo más mínimo. El hecho de que Trump no estuviera en las ceremonias oficiales del 11S revela lo que él, y sus muchos seguidores o creyentes, opinan del mundo en el que viven. El hecho de que Bush haya realizado declaraciones en las que admite que su presidencia erró y que la necesidad de unidad y reconciliación es necesaria muestra que parte de la sociedad de aquel país desea reunirse. Si lo lograrán, cuándo y cómo, es algo que aún no hay manera de saber.

viernes, septiembre 10, 2021

11S, veinte años después

Mañana se cumplirá el vigésimo aniversario de los sádicos atentados terroristas de Nueva York y Washington, que destruyeron las Torres Gemelas del World Trade Center, causaron miles de muertos y una conmoción internacional cuyo eco aún retumba en nuestro tiempo. Será un día de homenaje a las víctimas de esa masacre, de recuerdo a los suyos y a los miles que trabajaron en su salvación, no pocos de ellos fallecidos por respirar el tóxico humo que se generó en el incendio y colapso de aquellos gigantes. En su lugar, ahora, hay dos huecos en los que cae agua que cubren el espacio de lo que fueron los edificios, pero sobre todo reflejan el vacío que aquella jornada generó en tantos y tantos en todo el mundo.

Este aniversario va a ser especial porque se produce apenas unos días después del fin de la retirada norteamericana de Afganistán, retirada que puede ser sustituida como sustantivo por derrota. EEUU declaró la guerra a esa nación por ser la que alojaba a Bin Laden, organizador del infame atentado, y tras veinte años de ocupación militar sobre el terreno, los talibanes celebrarán mañana la inauguración de su nuevo régimen de opresión, una especie de versión 2.0 del que existía en ese recóndito país el día en el que las torres fueron derribadas. Dice el bolero que veinte años no son nada, y esa es exactamente la sensación que cunde entre no pocos al ver como los esfuerzos que se concitaron tras la masacre apenas se ha traducido en nada. Los que apoyaron ese atentado siguen al mando de sus naciones, los que lo organizaron y promovieron ya están muertos, empezando por el propio Bin Laden, que yace en el fondo del Índico, en un lugar no determinado, pero la maraña de integrismo islamista que se encontraba detrás de semejantes acciones ha demostrado, a lo largo de estas décadas, no sólo su capacidad destructiva, sino una plasticidad a la hora de adoptar formas de combate y resistencia inversamente proporcional a la rigidez mental que anida en las mentes de sus reclutas y seguidores. Al Queda ha ido perdiendo fuerza como movimiento frente a DAESH, una encarnación del califato integrista en la que se junta lo peor de lo peor, en doctrina y violencia, que ha promovido atentados en medio mundo, empezando por las propias sociedades islámicas, y que llegó a proclamar un califato del terror en el marasmo de la guerra de Siria que elevó a cotas no imaginadas el sectarismo y crueldad de sus actos. Hoy la vanguardia islamista vuelve a estar en manos de los talibanes y, en la sombra, grupúsculos que pertenecen a ese DAESH, que se reorganizan y cuentan con células militarizadas en zonas principalmente de Afganistán, Pakistán, en lo que antes fue Siria y en gran parte del Sahel africano, principalmente. El control de la seguridad de estos grupos es una prioridad para los países en los que anidan, pero los gobernantes de estas naciones buscan, sobre todo, que el islamismo no les ataque a ellos, dándoles bastante igual si decide atacar a terceros países, sobre todo si son occidentales. La estrategia de las células durmientes occidentales, que tan exitosas fueron en masacres como las perpetradas en Londres, Madrid, París, Bruselas o Barcelona, vuelve a estar en el ojo de las policías y servicios de inteligencia de todo el mundo, sabedores que la derrota en Afganistán ha supuesto, sin duda, una gran dosis de moral renovada para todos los que planean actos malvados en nombre de ese islamismo asesino. El riesgo de atentados en occidente ha crecido mucho tras lo sucedido este verano en Kabul y su entorno, y aunque es muy difícil saber cómo y cuándo se podrían materializar, lo cierto es que nadie duda de que los intentos de ataque crecerán y la seguridad colectiva se verá comprometida. Sea cual sea la óptica desde la que uno analice el tema, la sensación de vuelta a una casilla próxima a la de salida resulta casi inevitable. No es exactamente así, pero el peso de esa sensación abruma, y sí, también deprime.

En EEUU el desastre afgano ha llenado al país de dudas y preguntas carentes de respuesta directa. Como principal responsable de las operaciones de combate, y siendo la nación que más soldados ha sacrificado por ello, el por qué que se preguntan las familias de los caídos en las montañas afganas resuena en toda la nación en medio de un silencio avergonzado. Para qué han servido dos décadas de sacrificio de tantos, para acabar siendo retirados del terreno de una manera tan humillante y contemplar la vuelta al poder de los adversarios de antaño. El aniversario del 11S de mañana será muy triste, lleno del habitual dolor de esta fecha, pero sumido en una sensación colectiva de fracaso ante la que los líderes de ese país, presentes y pasados, debieran hacer frente.

jueves, septiembre 09, 2021

El amor no es algo satánico

No es un delito enamorarse, si acaso un milagro, y ni les cuento si resulta correspondido, puede que sea el mayor de los milagros que uno es capaz de imaginar. Esto debiera ser algo tan obvio como para no provocar discusiones, pero la realidad muestra que todo es susceptible de ser interpretado de una manera retorcida. La iglesia basa su fe, o es su deber, en el amor al prójimo y a Dios sobre todas las cosas, de tal manera que propugna una especie de enamoramiento colectivo entre los hombres y de todos ellos con el Dios encarnado. Las lecturas del evangelio se pueden ver de muchas maneras, pero una es comprobar como los discípulos caen rendidos ante el maestro y, tras revelárseles como lo que realmente es, el Espíritu Santo les colma, como una versión arcaica de Cupido que les atravesase con la flecha del amor divino.

Por eso, que Xavier Novell, obispo de Solsona, se haya enamorado de una mujer y ha ya pedido la dispensa de su cargo eclesial no deja de ser algo humano y propio de su sentimiento. El reglamento de la iglesia, discutible, dice que uno no puede ser sacerdote y amar a una mujer, aunque el evangelio explícitamente señale que la incompatibilidad real está entre adorar a Dios o al dinero. Dada la norma de la religión católica, Vendrell no podía compatibilizar su amor a Dios, que es lo que en teoría le llevó al sacerdocio, con el cariño a una mujer, y ha escogido. El caso ha generado revuelo, porque no es habitual que un sacerdote lo deje por una mujer, al menos oficialmente, aunque tampoco es tan raro. Varios factores en esta historia han aumentado el morbo de los medios de comunicación y del púbico, que se ha encontrado de pronto con una historia atractiva y con muchos factores como para hacer chistes y tertulias. Vendrell era el obispo más joven de España y de los más jóvenes del mundo, supongo, dada la edad media de la jerarquía católica. De gran perfil mediático en la Cataluña a la que adoraba por encima de casi todas las cosas, se había distinguido por combinar un discurso teológico duro, una visión social y sexual retrógrada, un independentismo militante de constante lacito amarillo y una obsesión por la presencia del diablo en la vida, habiéndose especializado en exorcismos, eso que sirve para hacer películas de miedo y coña pero que, entre usted y yo, no es sino una pachanga bastante cutrosa. Veía Novell al diablo en bastantes sitios, especialmente entre los divorciados, los gays y, claro, los españoles, sobre todo entre estos últimos, practicasen las relaciones íntimas de una manera u otra. Elevado a los altares del independentismo sociológico como el prelado de la futura república independiente, el que ahora esa estrella haya dejado el alzacuellos por una mujer, que escribe novelas de corte erótico satánico, ha sido para muchos un golpe demasiado duro. Sólo lo hubiera superado dejando los votos religiosos por un escritor o, si me apuran, por un ciudadano de otra CCAA de España, fuera en este caso el objeto del amor hombre o mujer. Lo que empezó como una noticia menor, la renuncia del obispo de Solsona a su cargo por razones personales se ha convertido en un culebrón con suficientes toques picantes como para que no dejen de salir noticias sobre Novell y su novia, que se llama Silvia Caballol, que a sus 38 años es bastante más joven que el camino de ser exobispo, y que según algunas fuentes, le asesoró en el pasado en rituales exorcistas promovidos por Novell, cuando era obispo y nadie sospechaba de su estado mental al hacer semejantes cosas. Ahora, parte del obispado de la ciudad, que se ha quedado sin jefe, dice que es Novell el que ha sido aducido por el diablo y quieren practicar un exorcismo sobre su persona, lo que eleva aún más el grado de incredulidad de la historia y demuestra que si el amor vuelve locas a las personas no son pocas las que ya están muy taradas antes de que el más mínimo sentimiento a los demás anide en su alma.

La oficialía católica no dice nada sobre este caso, lo que contrasta con su locuacidad sobre otros temas. Es interesante que, los que crean en exorcismos, no vieran la posibilidad de practicarlos en el pasado, cuando jerarcas de purpurado cardenalicio llevaban a un dictador bajo palio, o cuando durante décadas monseñores del País Vasco y resto de España han apoyado y defendido la causa de una banda terrorista asesina o, ya en nuestros días, cuando no pocos prelados, como era el caso de Novell, se apuntaban con fervor a una causa independentista basada en el racismo y el odio al que se considera inferior. Todo eso sí es coquetear con lo más parecido que uno pueda imaginar al diablo, pero no, hay no hubo exorcistas escandalizados.