jueves, enero 15, 2015

2015, ningún día sin elecciones


Me asombra la capacidad de Artur Mas para ejecutar piruetas en público que llaman la atención sobremanera y consiguen convertirle en el centro de todas las atenciones. Su necesidad de ser el foco al que todo el mundo mira es patológica, digna de estudio profesional, y como lo es la astucia que hasta ahora ha demostrado para, pese a dirigir un gobierno inoperante y asediado por la corrupción, mantenerse en el poder. Ayer, en otro de sus mítines camuflados como rueda de prensa, procedió otra vez a adelantar las elecciones, a ocho meses vista, por lo que el 27 de septiembre se votará en Cataluña.

Si no les gustan los procesos electorales y todo lo que llevan asociados, les aconsejo que busquen un monasterio de clausura que ofrezca el alquiler de estancias y pasen allí un retiro hasta, al menos, las próximas navidades, porque 2015 va a ser un año de constante campaña electoral, continua propaganda, mítines sin parar y elecciones, resultados, análisis y opiniones sin fin. El año arranca con las elecciones griegas del 25 de Enero, dentro de do domingos, en las que nos jugamos bastante, y en las que ya se empieza a intuir, por si tenían dudas, de hasta qué punto nuestro futuro no sólo depende de lo que nosotros decidamos. En Mayo, a finales, tendrán lugar las municipales en toda España y las autonómicas en todas las Comunidades Autónomas a excepción de las mal llamadas históricas (País Vasco, Cataluña, Galicia y Andalucía) y por esas fechas también acudirán a votar los británicos en unas elecciones generales que pueden ser determinantes para la futura presencia o marcha del Reino Unido de la UE. Tras el verano, con los nuevos ayuntamientos ya constituidos, tendrán lugar las elecciones catalanas convocadas ayer, casi cuatro meses exactos tras las municipales, y en Noviembre, aunque hay posibilidades legales para atrasarlas algo, tendrán lugar las generales, en las que Rajoy se juega sus barbas y Pedro Sánchez, seguramente, su figura. Y no crean que eso es todo. La cada vez más inestable situación del pacto de gobierno en Andalucía entre el PSOE e IU hace que Susana Díaz tenga enormes tentaciones de adelantar las suyas (quizás para hacerlas coincidir con las municipales?) En todo caso háganse a la idea de que, lejos de disminuir, este calendario todavía puede apretarse un poco más. Además del número, todas estas elecciones van a ser muy especiales, porque en ellas veremos por fin el resultado que obtendrán nuevas formaciones políticas que ahora ocupan el escenario mediático y demoscópico, pero que no están presentes en ningún centro de poder, sea del nivel que sea. De cara a las municipales las candidaturas de “Ganemos” versiones descentralizadas y franquiciadas de Podemos, pueden dar la sorpresa en muchas ciudades, incluso en capitales de provincia, y condicionar la estrategia electoral del resto de partidos para los siguientes comicios. Si los resultados de Ganemos son tan buenos como predicen las encuestas que PP y PSOE no toman en serio, el miedo les entrará en el cuerpo de verdad. Las catalanas de septiembre también servirán para medir en primera instancia la fuerza de Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, que tras anunciar que quiere presentarse en toda España, ha irrumpido en los sondeos, relegando a UPyD a la esquina del 5%. Un buen resultado de Rivera en el 27S catalán puede ser el preludio de una gran cosecha de votos en todo el país, y un nuevo varapalo para el binomio ganador que ve cada vez más precaria su posición.

¿Y cuál va a ser la consecuencia más notable de tantas y tantas elecciones? Ruido, mucho ruido. No sólo de mítines y megáfonos, sino sobre todo de discursos y comunicación. Ruido en forma de mensajes, de tertulias, de eslóganes que unos y otros se van a tirar a la cabeza para tratar de conseguir el voto, y que van a lograr que el votante mediano, el que quiera encontrar algo de luz en las propuestas o en la realidad económica y social, acabe hastiado. Prepárense para un año continuo de campaña electoral desde todos los frentes, los viejos y los nuevos, cómprense unos buenos tapones para los oídos y ármense de paciencia. Esto va a ser largo y duro.

miércoles, enero 14, 2015

El yihadismo y el problema de la religión


A lo largo de estos días, cada vez que ha surgido el tema de los atentados parisinos, los debates acaban convergiendo en el asunto de la religión, en la influencia del islam, y en el integrismo de las creencias que lleva a cometer actos salvajes como los que hemos visto. Lo primero que hay que dejar claro, como bien lo hizo ayer el primer ministro francés Manuel Valls, es que estamos en guerra, sí, pero contra el yihadismo, contra el fanatismo, no contra una religión. Así como gritábamos hace años “vascos sí, ETA no”, ahora debemos gritar “musulmanes sí, yihadistas no”.

Personalmente siempre he tenido una visión ingenua de la religión que la realidad, machacona, se empeña en llevar la contraria. Educado en un ambiente católico, en un País Vasco en los setenta y ochenta en los que la religión lo era todo, he tenido épocas de creencia más intensa y épocas de menor compromiso. Creo que con los años esa fe se ha ido diluyendo y, aunque persiste, es débil. He llegado a la obvia conclusión de que la religión es un ámbito privado de las personas, que se puede expresar en público, pero que no puede condicionar el devenir de toda una sociedad, porque en ella hay pluralidad de creencias o increencias. Es fácil, pero no. También desde pequeño tenía un problema, que sigo manteniendo, con el concepto de integrista. Dado que los evangelios hablan de amor, de entrega a los demás, de poner la otra mejilla, y presentan en general a un Jesús que no es violento, pensaba en mi infancia que los integristas religiosos debían ser los más pacíficos, mansos y amorosos del mundo. Cuando conocía la existencia de las comunas hippies de los sesenta me recordaron mucho a esa imagen que tenía del integrista, como fuente de amor compartido y de paz (en los evangelios no se fuma, pero eso eran detalles de contexto, atrezo). Sin embargo en los medios de comunicación la imagen del integrista era, y es, la de un señor muy enfadado, rabioso, que ordena a sus acólitos cometer barbaridades y que enarbola la violencia como auténtica palabra de Dios. A lo largo de la historia el integrismo, de todas las confesiones religiosas, ha derivado en violencia sectaria y en episodios de crueldad que son completamente antirreligiosos. A mi modo de ver se da la paradoja de que, quienes se confiesan como integrista son, en realidad, los mayores pecadores posibles, porque atentan contra todos los principios de la fe que dicen defender, pero que violan, vejan y afrentan en cada uno de sus actos. En el caso de la religión católica, que nos pilla más de cerca, durante siglos hemos logrado domesticarla hasta convertirla en una creencia personal y ajena a la violencia, pero en ocasiones vemos comportamientos, como los casos de abusos sexuales a menores, o la violencia que emplean ciertos grupos antiabortistas en EEUU, que son completamente irracionales y ajenos al evangelio. Se puede estar en contra del aborto, pero justificar en base a ello el asesinato de un médico no solo es estúpido y delictivo, sino también una tergiversación de la fe que la mancilla por completo. No soy experto en el Corán, y pese a que es cierto que la religión musulmana posee preceptos que mezclan más que otras la gestión de la vida pública y la privada, no me queda duda alguna respecto a que la práctica normal y “domesticada” de esa religión es pacífica, tranquila y respetuosa con los demás. El integrismo que nos afecta, y que sigue un pequeño pero no despreciable porcentaje de los musulmanes, es un grave problema que, sobre todo y en primer lugar, interesa atajar a los propios musulmanes que defienden y quieren su religión, no esa versión rigorista y fanática que pretende secuestrarla.

En las sociedades occidentales actuales, muy descreídas, el papel de la religión ha sido ocupado por otro tipo de creencias como, por ejemplo, el amor a los colores de un equipo de fútbol, que levanta pasiones y, bien lo sabemos, violencia irracional. La fuerza de la religión, que apela a lo más íntimo de las personas y nos enfrenta al dilema sin fin de la vida y la muerte, es enorme, y su mal uso puede generar monstruos como los que vemos estos días en acción, pero esos monstruos han sido creados por personas que han cogido unos textos y los han violado, los han corrompido. La religión no es el problema, es el uso y el abuso que de ella hacemos. Y eso es lo que debemos controlar, perseguir y castigar.

martes, enero 13, 2015

Debemos atacar la financiación del terrorismo


Debido a los atentados de París, a la psicosis generada y a la necesidad que tienen los gobiernos de ofrecer respuestas, sean estas cuales sean, se está volviendo a discutir la necesidad de crear nuevas leyes que permitan mayor control de los pasajeros en vuelo y que, llegado el caso, restringirían el acuerdo de Schengen, ese que hace posible que, entre otras cosas, usted y yo nos movamos entre países que lo han firmado, principalmente UE, sin trabas. Puede que algunas de estas medidas sean necesarias y útiles, pero creo que no abordan los aspectos fundamentales del yihadismo, que ya está aquí.

Uno, básico, es el de la financiación. Sean de mayor o menor envergadura, las operaciones terroristas hay que pagarlas, las estructuras de apoyo, formación y captación requieren dinero, y desde luego hace falta mucho dinero para enviar gente a la guerra de Siria y mantenerles activos allí durante meses o años. Esos flujos de dinero, junto con el fanatismo, son la sangre que alimenta esa hidra maldita, y deben ser cortados. ¿De dónde viene ese dinero? Pues no está claro, lo cual ya indica qué poco hemos avanzado en este campo, y a medida que las cantidades implicadas aumentan también lo hacen la sospecha y los miedos a meterse en un conflicto internacional. Por una parte hay ingresos para el terrorismo que podemos denominar informales, provenientes de donativos de adeptos, trapicheos, aportaciones voluntarias de sueldos, empresas tapadera, desvíos del zakat, limosna para los pobres, que es uno de los preceptos de obligado cumplimiento del islam, etc. Mediante fuentes de este tipo es posible mantener personal activo y células en los países occidentales, y una mínima estructura, pero no permiten grandes alegrías. Quizás sí comprar algún tipo de armamento, pero no organizar planes de alta complejidad como el 11S. Y desde luego no proporcionar el entrenamiento ni la oferta de viajes “de prácticas” que existen hoy en día. Para eso debemos irnos a fuentes financieras mucho más importantes. El Estado Islámico las posee en forma de petróleo, que sigue vendiendo en el mercado negro a un precio aún menor al que se registra en los desplomados mercados, ya por debajo de 50$, y recursos varios, fruto de la rapiña de los territorios que conquista. Parece también probado que algunos magnates islámicos aportan no poca de su fortuna a la causa yihadista, quizás queriendo emular al propio Bin Laden que, recordemos, uso su enorme riqueza, creada por su familia, constructores, para fundar Al Queda y dotarle de medios y personal. Pero aún más importante es la sospecha que ronda en la cabeza de muchos, y no es otra que el papel que juegan determinados países, especialmente las monarquías petroleras del Golfo Pérsico, en todo este asunto. Arabia Saudí es la principal fuente de financiación de las escuelas coránicas de todo el mundo, escuelas en las que, si son controladas por los Saud, se imparte el wahabismo, una versión integrista del islam que es fácilmente derivable hacia el terror fundamentalista. Recordemos que, como principal potencia sunita del mundo, los vínculos entre el yihadismo sunita y el pensamiento que rige en la casa de Saud son obvios, y ante ellos tanto el chiismo como el occidentalismo se presentan como enemigos absolutos.

Y la introducción de estos países en el flujo financiero del terror nos pone de frente con uno, otro más, de los problemas de este asunto, que es la hipocresía global. Puede que el mismo dinero que alimentamos día a día en el surtidor de gasolina, y que organiza eventos deportivos globales como mundiales de fútbol o atletismo, y que estampa su nombre en camisetas de equipos de fútbol u otros deportes, sea el que lleva los kalashnikov a las manos de terroristas como los hermanos Kourachi o paga los vuelos, estancias y guerras en las que se embarcan los fanatizados de occidente. ¿Cómo frenamos esto? Pero antes, ¿Cuándo empezaremos a investigarlo en serio? Con eso me conformaba, para que vean que escéptico soy.

lunes, enero 12, 2015

¿Sirve de algo manifestarse contra el terror?


Ayer millones de personas se echaron a las calles de París, y otras ciudades francesas, para lanzar un grito unánime contra el terrorismo, para deplorar la barbarie que el yihadismo criminal ha cometido en los pasados días en la redacción de Charlie Hebdo y en un supermercado judío, y para decir alto y claro que no vencerán, que la sociedad luchará por sus libertades frente al miedo y el fanatismo. Era emocionante ver por la tele a esas multitudes y, en cierto sentido, mi corazón, y el de muchos otros en todo el mundo, marchaba con ellos, se encontraba en la plaza de la república de París.

¿Sirve de algo manifestarse frente a una salvajada así, frente al fanatismo? Sinceramente, y ahora que no nos oye nadie, les confieso que no, pero es algo necesario que hay que hacer. Crímenes como el de la semana pasada conmocionan a la sociedad de una manera tan honda que exigen una acción, algo que permita gritar, exorcizar los miedos y mostrar el dolor en público. En Madrid vivimos algo similar después de la carnicería del 11M, en una manifestación gigantesca, bajo una lluvia continua, en la que Madrid lloraba su dolor, a sabiendas de que los autores de la acción seguían por ahí y amenazaban con nuevos atentados. Esa manifestación, como la de ayer en París, fue la válvula de escape de una sociedad que, viviendo en común, también sufre en común. Por ello es útil y necesaria, pero dudo de que sirva para convencer a los fanáticos para que desistan de sus crueles propósitos, dado que no atienden ni a razones ni a emociones. La constatación, cruel, de que esto es así la viví en persona, junto con otros muchos, durante el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, en el verano de 1997. ETA lo secuestró y amenazó con ejecutarlo en un plazo tan breve que era obvio que no se iba a poder hacer nada para salvarlo. En una época sin internet, redes sociales ni la parafernalia actual, ETA innovó en el arte del terror y realizó la primera ejecución “en directo” de las sociedades occidentales, de la que no hay muestra gráfica porque en ese momento no existían los citados medios. Muchos acudimos el sábado 13 de Julio a una manifestación enorme en Bilbao, bajo un sol espléndido y con un calor meteorológico y ambiental insuperable. Esa jornada, dos días después del secuestro del concejal, se acababa el plazo para que el gobierno cumpliera las exigencias etarras. Cuando la masa de gente desfilaba por la Gran Vía, que se quedó pequeña como nunca, Blanco estaba vivo, pero muchos sabíamos cómo iba a acabar ese día. Gritábamos, caminábamos en silencio, aplaudíamos, no hacíamos nada, todo ello en función de la ola que llegaba de la cabecera o la cola de la manifestación, pero sobre todo nos apoyábamos entre todos para conjugar el dolor que, sospechábamos, vendría en unas horas. La imagen del Arenal bilbaíno repleto de gente, como pocas veces habrá estado, reclamando la libertad del Miguel Ángel no se me olvidará nunca, ni tampoco la sensación de que, pese al sol que brillaba en el cielo, la nube del terror no se disipaba, y que se acercaba el momento del llanto. En el camino a casa los silencios dominaban a los que regresábamos, silencios de cansancio y abatimiento, porque no era yo el único que sospechaba que ese enorme esfuerzo no iba a servir para salvarle la vida al secuestrado. Horas después ETA, al igual que Al Queda o el EI, ejecutaba su sentencia de muerte sin conmiseración, piedad ni remordimiento alguno.

Visto así, era inútil manifestarse, no iba a provocar un cambio de actitud de los terroristas. Y así fue. Evidentemente al terror se le gana con policía, investigación y eficacia, pero la sociedad, su movilización, es necesaria, quizás no tanto para doblegar al fanático, sino para que la misma sociedad se refuerce a sí misma, encuentre un apoyo en su seno para poder aguantar estos golpes, y los que vengan, y no se desgarre fruto del dolor y la ira. Ayer París fue el orgullo de Europa, y los islamistas que vieron a esa masa, seguramente, la despreciaron con saña. Que al menos esa sensación de rabia que quizás salió de sus enfermas mentes sea nuestra victoria.

viernes, enero 09, 2015

Días de psicosis terrorista


Ayer por la tarde, al salir del trabajo, me encontré con el caos. Un paquete sospechoso había desatado todas las alarmas en la macroestación de Nuevos Ministerios, y la habían desalojado por completo. Tres líneas de metro y varias más de cercanías que por allí pasan se encontraban cortadas hasta saber qué es lo que había sucedido. Mi trabajo, cuya línea de metro pasa por ahí y está a dos paradas de distancia, se encontraba en la zona de desalojo. Gran parte de la Castellana sentido bajada a Madrid estaba cortada, las paradas de autobuses, atestadas, y muchas personas consultaban sus móviles tratando de saber cómo salir de ahí.

La matanza terrorista de Charlie Hebdo en París, el nuevo y confuso ataque a un policía, que resultó muerto, sucedido ayer por la mañana también en la capital francesa, el saber que los autores del ataque siguen sin ser detenidos, y sobre todo, la sensación de que el islamismo, como elemento de peligro, ha arribado a Europa definitivamente, han convertido a estos días en continuos momentos de tensión y nervios. Las sospechas se disparan, objetos abandonados en cualquier parte se convierten instantáneamente en potenciales paquetes bomba, y las alertas saltan por doquier. Es normal. Y de la misma manera que este nerviosismo se ha extendido, se irá disipando poco a poco a medida que, ojalá, no se produzcan nuevos atentados en un futuro cercano. Pero, aunque se produjesen, las sociedades acaban acostumbrándose a vivir con un cierto nivel de miedo y siguen adelante, en un ejercicio de supervivencia que, en el fondo, además de natural, es la mejor manera para derrotar a esos fanáticos que, en última instancia, desean destruir nuestras sociedades. Madrid, ciudad castigada por el terrorismo etarra durante varias décadas, se acostumbró a vivir con esa amenaza, con el riesgo de saber que quizás algún día un coche bomba de los terroristas pudiera acabar matando o hiriendo a alguien cercano, o a uno mismo, pero la ciudad siguió adelante. Lo mismo se puede decir de Londres en la época del IRA, que golpeaba con relativa frecuencia la capital británica. El terrorismo islamista tiene matices importantes que lo hacen más peligroso, especialmente por la dimensión de sus atentados y la sensación de que no se entienden sus causas ni lo que buscan, y el riesgo de generar una fractura en nuestras sociedades, pudiendo culpabilizar a todos los miembros de una creencia, fe o modo de vida de las actitudes de unos fanatizados. Pero pese a sus distintas tácticas operativas, de organización y de creencia, todos los terrorismos son similares, y se basan en la creencia en la debilidad de nuestra forma de vida, en nuestro miedo absoluto al descontrol, en la asunción de que, como niños, hemos creado una sociedad ultraprotectora que nos cuida y vigila en todo momento, y que cualquier destrozo que se produzca en ella tendrá consecuencias inmensas. Parte de ese razonamiento es cierto, y por eso el terror busca golpes indiscriminados en poblaciones grandes, en las que sabe que acabará matando sí o sí, sin que importen quienes sean sus víctimas, ni cuantas. Y eso es la más efectiva siembra del terror posible, la que nos mete en el cuerpo, la que hace decir a la gente que mañana no cojas el metro o el tren, por si hay un atentado. Ese el objetivo que buscan los terroristas, amedrentarnos y destruir la forma en la que vivimos.

Por eso, y por duro que suene, creo que una de las maneras más efectivas que existen de luchar contra el terror es ignorarlo. Como ciudadanos nada (o casi) podemos hacer para evitar atentados, estamos en manos de los cuerpos y fuerzas de seguridad, y sobre todo de la inteligencia y el espionaje. Pero a cada uno de nosotros nos toca seguir con nuestras rutinas, ejercerlas, mantener nuestra vida, lanzando así una señal a los totalitaristas de que no nos podrán vencer. De que tenemos miedo, sí, pero que no nos rendimos, de que no nos pueden someter a sus designios. Puede sonar tonto, pero coger estos días un transporte público es un gesto de desafío al terror, de lucha personal contra el miedo, de batalla librada y ganada.

jueves, enero 08, 2015

Je suis Charlie Hebdo


El vídeo, que todas las televisiones y webs muestran sin cesar y sin emborronar parte alguna, a excepción de TVE, muestra a dos hombres vestidos de negro, tapados por completo, que se mueven por las aceras de París como si estuvieran en las arenas de Siria, y que utilizan sus armas con una precisión y frialdad asombrosa, propia de militares profesionales entrenados para matar sin límite ni conmiseración alguna. La imagen del hombre, postrado en el suelo, y ejecutado sin piedad alguna lo dice todo, y hace que sea muy difícil añadir algo más.

Lo que sucedió ayer en París no fue exactamente un atentado terrorista, no, aunque haya generado las mismas consecuencias. Ayer en París se produjo una cacería, un asalto en el que un par de hombres entrenados para matar, servir al fanatismo y dar su vida hasta que su reino triunfe, se levantaron por la mañana de su casa y, tras haber estudiado detenidamente a quiénes eliminar, se fueron en coche a ejecutarlos. En compañía de un tercero, apenas mayor de edad, los asesinos se movieron por las calles de París hasta llegar a la sede del semanario satírico Charlie Hebdo, amenazado desde hace años por publicar caricaturas de, entre todos los demás personajes imaginables, Mahoma. Aparcaron junto a la sede de la publicación, salieron del coche pertrechados con armamento militar, y en unos pocos minutos entraron en la redacción, asesinaron a los que allí se encontraban, buscando especialmente al director de la revista y a señalados dibujantes de la misma, y la policía que escoltaba la sede del local apenas supuso un estrobo en sus planes, siendo eliminados con la misma frialdad y sangrienta eficacia. Por cada disparo que salía de sus armas, los asesinos trataban de acallar la libertad de expresión de ese medio y de todos los demás, y de todos nosotros. Cada uno de los muertos que caía en la redacción era un mártir por nuestra libertad, y los asesinos mandaban en cada ráfaga un mensaje muy claro. Si no os sometéis, os mataremos. Y los dibujantes de Charlie Hebdo, como los londinenses durante el Blitz nazi, o como muchos otros resistentes, no se doblegaron ante las amenazas y el temor, ante el fanatismo. Semana a semana siguieron dibujando, poniendo de vuelta y media a Mahoma, al Papa, a Le Pen, a Sarkozy, a Obama o a quien fuera, con el arma del humor, aquella que todo lo puede y que es la más odiada por los fanáticos, que no saben reírse de ellos mismos ni de los demás. Por ello, hoy sólo puedo poner en este blog, que no es sino una pequeña, ínfima ventana de mi propia libertad de expresión, un par de viñetas de esta publicación, rendir homenaje a los caídos por la libertad, por nuestra libertad, y decir a grito pelado.

Je suis Charlie Hebdo!!!

¡¡Viva la libertad de expresión!!

miércoles, enero 07, 2015

Vuelve la crisis griega


Año nuevo, problemas viejos que parecen eternizarse. A finales de 2014 vivimos, otra vez, el despertar de la crisis griega, con retransmisiones en directo en nuestras pantallas de las sesiones del pequeño parlamento de Atenas en el que, en un griego claro y absolutamente incomprensible, al menos para mi, se sucedían discursos y votaciones para elegir a un presidente de la república, carente de poder pero sí de cargo. El no acuerdo en esa elección ha precipitado la convocatoria de las elecciones para este 25 de enero y con ellas ha vuelto la histeria a los mercados sobre el compromiso de pago de la inmensa deuda griega.

Creo que en estos días asistimos a un peligroso e interesante juego de apuestas, de envidos, de faroles y amenazas. Por un lado, con Syriza al fondo, los electores griegos deben escoger nuevo gobierno, y las encuestas señalan que ante el descrédito de las formaciones tradicionales será esa coalición de izquierdas la vencedora de los comicios, probablemente sin mayoría suficiente para gobernar en solitario, pero ganadora a fin de cuentas. De una posición maximalista de impago Syriza va poco a poco amoldando su discurso, bien por convicción o por interés, hacia una renegociación de la deuda y la aplicación de quitas, siempre manteniéndose dentro del euro. En frente, la oposición a esta coalición no la realizan los partidos griegos, curiosamente, sino parte de la opinión pública e institutos económicos europeos, especialmente alemanes, que desde que se produjo la convocatoria electoral han vuelto a sacar a pasear el fantasma de la salida griega del euro en el caso de que el gobierno de Atenas caiga en manos de la izquierda y se incumplan los compromisos ya firmados con la troika y resto de acreedores. Día sí y otro también se filtran rumores, interesados, sobre escenarios de salida de Grecia de la moneda única, probabilidades, posibilidades, alternativas y demás supuestos, y la Comisión Europea debe aparecer cada mañana diciendo que todo eso es falso y que ningún país saldrá de la moneda común. Tantos rumores sientan mal a los mercados, y desde que ha comenzado el año el Ibex, junto con el resto de bolsas, no deja de caer y perder niveles que parecían consolidados, el último el de los 9.900 puntos. ¿Qué es lo que está pasando aquí? Difícil precisarlo, pero me da que todo es una representación teatral, algo muy griego por otra parte. Todos los actores dan por hecho que la victoria de Syriza es casi seguro, y empiezan a preparar el terreno para una negociación a cara de perro entre ese nuevo gobierno y los intereses de los acreedores. Esta campaña del miedo en la que vivimos busca debilitar el voto de izquierda heleno, cierto, pero sobre todo hacerle ver a Tsypras, el probable nuevo primer ministro de Atenas, que su victoria no le dará el poder para hacer con los acreedores lo que desee. Lo cierto es que ambas partes tienen mucho que ganar si llegan a un acuerdo que permita aliviar la carga de la deuda, porque todos dan por hecho de que Grecia jamás pagará lo comprometido, pero el grado de incumplimiento depende mucho de la fortaleza que adquiera Syriza en las urnas y de la “alegría” con que su triunfo sea recibido en otras capitales, especialmente Berlín. De ahí que la secuencia de informes y estudios sobre escenarios de salida del euro vaya a seguir hasta que llegue el día de las elecciones y después, los votos dirán.

En la práctica Grecia no puede salir del euro, porque todos saben que ese escenario sería un desastre absoluto para el país y sus ciudadanos, condenados a un corralito ruinoso que los convertiría en parias, y para el conjunto de la UE supondría una conmoción muy difícil de asumir, pese a que haya voces que digan que ahora es factible enfrentarse a ese reto. Además Grecia es el primer país de la UE en el que los populismos postcrisis ven la posibilidad de tocar poder real. UKIP en Reino Unido en Mayo serán los siguientes, y Le Pen en Francia y Podemos aquí miran con detalle lo que suceda en Atenas que, nuevamente, se convierte en alumno adelantado en este nuevo episodio de la interminable crisis europea.

lunes, enero 05, 2015

Poseídos por el Señor de los Anillos en el Auditorio Nacional


Llenazo en el Auditorio Nacional, todo vendido, noche de esas que prometen ser épicas. Ante nosotros, un escenario lleno con una orquesta atiborrada de instrumentos de percusión en el fondo, junto a las tradicionales secciones de viento y cuerda, aparentemente reforzadas. Un coro enorme mixto en los asientos de la derecha y uno, más modesto, de voces blancas, en los de la izquierda. Un despliegue de medios a tono con la imagen que, proyectada, cubre parte del escenario y el órgano. En ella se puede leer “The Lord of the Rings”.

Y tras los aplausos de rigor, con una emoción enorme, empieza la proyección de la película, en la que la orquesta y coro nacionales de España van a ejecutar, en directo, la integral de su banda sonora. Empieza con la introducción de Galadriel, contando la historia de cómo se forjó el anillo único, con toques suaves de la orquesta, introduciendo ya alguno de los temas que van a dar su contenido y personalidad a toda la partitura. Y con la primera batalla el estruendo de los timbales y el coro dejan a todos anonadados. La fuerza de la música arrolla a las ya de por si impactantes imágenes que se ven, y su progresión no cesa. Suave, como en las escenas que se desarrollan en la comarca, durante la fiesta del centésimo décimo primer cumpleaños de Bilbo, o raudas como los jinetes negros que asedian la comarca en busca del portador del anillo, la música coge toda la fuerza posible en cada momento, envuelve el Auditorio y deja asombrados a todos los que allí estamos. Con el mismo ímpetu con el que Arwen espolea su caballo para huir de los Nazgûl camino a Rivendel, las trompas y contrabajos corren imponiéndose en el fondo del foso, y llegamos al concilio de Elrond con la sensación de que esa orquesta que toca en el fondo es la paz y fuerza que anida en la morada del viejo gran elfo. Tras un intermedio en el que los comentarios que pude captar, no sólo de mis acompañantes, eran de asombro y admiración, comenzó la segunda parte, marcada por los solos orquestales que acompañan a la comunidad en su caminar hasta llegar a las montaña, donde se ven detenidas, y con un creciente tronar de timbales que anuncian la llegada de Moria. Es ese uno de los pasajes más intensos y oscuros de toda la película, y que más exigen a todo el equipo de percusión, pero nuevamente la orquesta se impone, y aunque Gandalf caiga con el Balrog en el puente de Kazhad-Dûm, los acordes de la música lo elevan, y acompañan a los supervivientes hasta el bosque de Rivendel, donde coros y soprano tienen uno de los papeles más difíciles de toda la partitura, que cubren con enorme solvencia. Tras abandonar el bosque de Galadriel, la comunidad se encamina hacia su punto de ruptura, asediados por los orcos que provienen de Isengard y por la discordia que el anillo siembra entre sus componentes. La partitura se torna cada vez más sombría, y la orquesta, exigida al máximo, llega al clímax de la muerte de Bóromir, una de las escenas más bellas y emotivas de toda la trilogía, con acordes de adagio sostenido, de emoción viva, de entrega de su último aliento a su Rey, mientras que violines y demás cuerdas lloran al son que marca la imagen, y hacen llorar a todos los que allí nos encontramos. Frodo, sabedor de que su carga es intransferible y letal, huye en busca de su destino en el monte de Sauron, sólo con la compañía de Sam, y con una imagen de fondo de la tierra de Mordor, la partitura se acaba para dar paso a los títulos de crédito, donde se interpreta un conjunto de temas pertenecientes a todo el metraje.

Y la pantalla se funde a negro, la orquesta cesa, el coro calla, y el público estalla en un aplauso enfervorizado, desatado, en el que todos nos ponemos de pies, tras cerca de tres horas de magnífica música interpretada de una manera formidable. Y nadie se va de su sitio a pesar de la hora que es, y los aplausos no cesan, y el director tiene que volver a salir a saludar y la soprano y los coros no dejan de recibir aplausos y vítores sin parar. Ayer, en el Auditorio, se vivió una noche memorable, mágica, asombrosa. Y como dice Elrond respecto a la batalla de Isildur, yo puedo decir que estuve allí, y que viví esa magia.

Mañana, día de reyes, no habrá entrada. Hasta el Miércoles 7

lunes, diciembre 22, 2014

Balance de 2014


Hoy, el día de la lotería, en la que nunca juego, como en cualquier otro juego de azar, es momento para recapitular este año, porque si todo va como preveo este será el último artículo de 2014. Para los que nos gusta la actualidad este año ha sido, me atrevería a decir, demasiado intenso. Empezó con recuerdos de centenario, de la Gran Guerra europea, y acaba con una guerra instalada en el este de Europa, siempre en el este, que deja miles de muertos en los territorios del oeste de Ucrania y el resurgir de Rusia como un problema para Europa occidental, que nunca ha estado cómoda con tan inmenso y poderoso vecino.

Cuatro han sido a mi entender las noticias que han marcado este año. A la citada Ucrania se le debe sumar el ébola, esa epidemia contagiosa surgida en África occidental, que existe desde hace décadas, que en febrero rebrotó con fuerza en algunos países cercanos al golfo de Guinea y que, pese a la virulencia y las cientos de muertes que llevaba causados, nos importaba a los occidentales lo mismo que brotes pasados, hasta que la enfermedad llegó a nosotros en forma de cooperantes religiosos repatriados, y se montó escándalo. Y se produjo un contagio, y se montó el gran escándalo, dejando ver las vergüenzas de nuestra sociedad, la incompetencia de los gobiernos de todo nivel, la dedicación de los profesionales y la cobardía de un mundo, el nuestro, acostumbrado a vivir entre algodones, que no soporta perturbación alguna y muestra una cara egoísta que da mucho que pensar cuando algo de este “perfecta sociedad” que hemos creado se resquebraja. El ébola nos definió mucho, y en gran medida para mal. Las otras dos noticas son el surgimiento del Estado Islámico y el derrumbe del petróleo. Los islamistas del EI se han hecho desgraciadamente populares a lo largo de este año, tanto por su habilidad para la propaganda como por su infinito grado de saña y crueldad. Expertos en grabar y retransmitir decapitaciones, su capacidad para el asesinato y la guerra van mucho más allá, y actualmente, controlando parte del territorio de la antigua Siria e Irak, y con abundantes recursos económicos, suponen una amenaza global, no sólo para aquella zona. Su capacidad de captación de radicales en todo el mundo, y el atractivo, incomprensible pero cierto, que genera en ciertas capas de la población, suponen un peligro para nuestras y otras sociedades, que ven como ciudadanos de las mismas son captados, transformados en asesinos, lanzados al combate y, si sobreviven, retornados a sus países de origen convertidos en una bomba amenazante. Su forma de actuar combina la más moderna de las estrategias con el más arcaico de los pensamientos, y suponen una nueva dimensión de la amenaza yihadista que amenaza con ser noticia durante mucho tiempo. El otro asunto, el cuarto, es el derrumbe de los precios del petróleo, tanto por el exceso de oferta (el fracking tiene mucho que decir ahí) como por la bajada de la demanda como por el uso del crudo como arma frente a enemigos (Arabia Saudí suní frente a Irán chií, créanme). El barril ha perdido más del 40% de su valor en tres meses y deja al borde del abismo a países productores que dependen por completo del mismo para su supervivencia, como Rusia, irán, Venezuela, Nigeria y otros. El desmadre monetario del rublo de estas semanas es sólo el primero de los grandes efectos de esta onda de choque que va a condicionar muchas de las noticias que sucedan en el próximo 2015, en donde habrá perdedores y ganadores. Su bolsillo estará entre estos últimos, al bajar el precio de los carburantes, y eso será gasolina para una economía, la española, necesitada de estímulos, que ha tocado fondo, y crece algo, pero sigue viviendo en el páramo devastado por la crisis.

Qué horror, pensarán algunos. Pero no, vivimos en el mejor de los mundos que hasta ahora han existido, con sus imperfecciones, sí, y maravillas, también, de las que ahora nos enteramos al instante, lo que desvirtúa nuestra opinión y la sesga hacia la negritud. Y si no les gusta este mundo, hay otros. En 2014 Rosetta Phillae en el asteroide 67P y Curiosity en Marte nos han mostrado que más allá de la Tierra hay compuestos biológicos y agua que pueden ser indicios o soportes de vida. Casi cada día se descubren nuevos planetas extrasolares, y quién sabe si un día hallaremos un vecino que pueda acogernos. Quizás el año que viene sea el momento adecuado para descubrirlo.

Si todo va bien, el próximo artículo lo escribiré el Lunes 5 de Enero de 2015. Pasen unas maravillosas fiestas, cuídense, sean muy felices y ojalá el espíritu de la Navidad nos dure más allá de estas fechas.

viernes, diciembre 19, 2014

Libros recomendados de 2014


Como todos los años, selección de los que más me han gustado en este 2014 entre todos los que he leído


Mejor libro de ficción. El sentido de un final, de Julian Barnes, editorial Anagrama, 192 páginas
* El adversario, de Emmanuel Carrère, editorial Anagrama, 176 páginas
* Te regalaré el mundo, de Marta Fernández, editorial Espasa, 400 páginas
* El jilguero, de Donna Tartt, editorial Lumen, 1.152 páginas
* Peste & Cólera, de Patrick Deville, editorial Anagrama, 240 páginas
* Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Buttler, editorial Libros del asteroide, 344 páginas
* El intocable, de John Banville, editorial Anagrama, 432 páginas.
* El día de mañana, de Ignacio Martínez Pisón, editorial Seix Barral, 384 páginas
* Los años de peregrinación del chico sin color, de Haruki Murakami, editorial Tusquets, 320 páginas
* Años lentos, de Fernando Aramburu, editorial Tusquets, 224 páginas
* Tesla y la conspiración de la luz, de Miguel Ángel Delgado, editorial Destino, 432 páginas 

Mejor libro de no ficción. 1914, de Margaret Mcmillan, editorial Turner, 864 páginas
* El Luthier de Delft, de Ramón Andrés, editorial Acantilado, 336 páginas
* Fuego y cenizas, de Michael Ignatieff, editorial Taurus, 256 páginas
* La urna rota, del colectivo Politikon, editorial Debate, 288 páginas
* La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine, editorial Acantilado, 176 páginas.
* Crónica del Tercer Reich, de Richard Overy, editorial Tusquets, 408 páginas
* El exilio imposible, de George Prochnick, editorial Ariel, 416 páginas.
* La señal y el ruido, de Nate Silver, editorial Península, 656 páginas
* Flash boys, de Michael Lewis, editorial Deusto, 304 páginas
* Cómo acabar de una vez por todas con los mercados, de Juan Ignacio Crespo, editorial Deusto, 304 páginas
* Open, de Andrea Agassi, editorial Duomo, 480 páginas.
* Comer sin miedo, de Juan Miguel Mulet, editorial Destino, 264 páginas
* La venganza de la geografía, de Robert Kaplan, editorial RBA, 480 páginas

Y como siempre, el consejo de que busquen, lean, disfruten con ello y compartan la afición a las letras allá donde se encuentren. El Lunes que viene, el último artículo del año.

jueves, diciembre 18, 2014

El deshielo llega a las cálidas aguas del Caribe


Hasta el final nunca des por sentado el resultado. A menos de dos semanas para el final del año, ayer se produjo una noticia que, en el contexto del pasado siglo y el periodo de vida de los seres humanos, sí tiene el acontecimiento de histórica. El anuncio, coordinado, por parte del civil presidente de los EEUU y el uniformado mandatario de Cuba del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países supone el inicio del fin del aislamiento con el que EEUU ha castigado al régimen de La Habana y un paso hacia una distensión en lo que fue uno de los frentes más calientes de la llamada guerra fría. 25 años tras la caída el muro de Berlín, ayer se agrietó, para caerse tarde o temprano, el telón que separa a Cuba de EEUU.

Creo que, aunque es un asunto complicado y lleno de matices, es una buena noticia. Supone la asunción por parte de EEUU, al menos una buena parte de su dirigencia, de una visión pragmática respecto a la isla, que curiosamente tratándose de EEUU, el país donde las cosas que funcionan triunfan, ha tardado muchas décadas en llevarse a cabo. El objetivo último del bloqueo y la ruptura de relaciones era el de provocar la caída del régimen. Décadas después, con Fidel vivo, quizás eternamente, la dictadura castrista se ha convertido, a semejanza de Corea del Norte, el otro reducto de paranoia comunista del mundo, en una suerte de mandato hereditario, en este caso entre hermanos. Durante todos estos años el nivel de vida de los cubanos se ha ido empobreciendo a medida que La Habana trataba de suplir la asistencia de la época soviética, que la controlaba y proporcionaba combustible y divisas. Otros países, entre ellos España, han seguido comerciando con Cuba y estableciendo negocios (Meliá tiene unos cuantos hoteles en la isla, por ejemplo) pero el agravio norteamericano ha sido hábilmente utilizado por la dictadura como excusa para el reagrupamiento patriótico frente al enemigo exterior (un clásico de toda dictadura) y justificación del deterioro económico que vive el país, anclado en muchos casos en los años sesenta, no sólo por la estética de sus calles y coches. Si el objetivo de EEUU era provocar por esta vía el derrumbe de la dictadura hace tiempo que se ha visto que la estrategia ha fracasado, por lo que Obama ha optado por un camino alternativo. Aprovechando que la disidencia cubana que reside en EEUU empieza a pensar cada vez más en la nación de acogida y no en la del exilio, y que el apoyo del régimen venezolano, hasta ahora el gran baluarte de los Castro, se va a ir al garete a medida que el barato petróleo estrangule al gobierno de Caracas, EEUU opta por abrir la mano, dejar de ser una excusa útil para los Castro y propiciar los intercambios comerciales con la isla, a sabiendas de que es cuando caen las barreras y empieza a circular el aire cuando las dictaduras empiezan a perder poder e influencia. Cada caso es distinto, sí, pero en España vimos como en los sesenta, junto al turismo y divisas, llegaban al país nuevas ideas y realidades de un mundo al que los españoles no tenían acceso, pero que existía, y que se daba a conocer. Y esa influencia debilitó mucho a una dictadura que, aunque siguiera instalada en su búnker ideológico, hacía mucho tiempo que había perdido la razón, sentido y contacto con la realidad. No se qué pasará en este caso, porque las dictaduras comunistas han demostrado ser más resistentes que las militares de derechas, pero es lógico comprobar que, si algo no funciona, se debe cambiar para obtener un nuevo resultado.

Lo más importante de todo esto es que seguramente será la población de la isla la que salga más beneficiada de esta decisión. Sometida a un régimen donde los derechos humanos, civiles y políticos no existen, y en un estado de pobreza difícil de imaginar, los cubanos tienen ante sí una oportunidad para prosperar y beneficiarse con los intercambios que surjan del próspero vecino del otro lado del mar. Confiemos en que así sea, y que junto a los dólares llegue la libertad a las calles de La Habana, que la necesitan desde hace ya demasiados años. Por ello, el paso de ayer es importante, y debe ser visto como positivo, y como el primero de muchos otros que tendrán que llegar.

Si todo va como espero, aunque está difícil, mañana les colgaré aquí mi selección de lecturas de este año 2014, tanto de novela como de ensayo.

miércoles, diciembre 17, 2014

132 niños asesinados en Peshawar


Hay días en los que escribir, opinar o hablar sobre algo no sirve para nada. Y hoy es uno de ellos. A medida que se iban conociendo ayer las dimensiones de la matanza perpetrada en un colegio de Peshawar, Pakistán, el asombro crecía a una velocidad mucho menor que la ira y la pena, sabiendo en todo momento que en ese recuento de cadáveres, siempre al alza, casi todos eran niños. Números que eran siempre mayores que la edad de las víctimas que recontaban. Escolares en un día de colegio, con sus profesores, aprendiendo materias varias, y que en un momento dado se encontraron con la visita de la muerte en su aula, encarnada en un comando talibán.

Se que la vida acaba amortiguando las sensaciones de dolor, y eso es lo que nos permite vivir y seguir adelante, pero hay días en los que no parece haber consuelo. Y se que debemos quedarnos con la parte positiva de las desgracias para tratar de encontrar en ellas el consuelo y apoyo para seguir adelante, pero hay veces en las que nada de eso ayuda. En el asalto a la cafetería de Sidney de hace un par de días por parte de un integrista, que se saldó con tres muertos, entre ellos el secuestrador, tras muchas horas de encierro, las otras dos víctimas mostraron comportamientos heroicos. Uno, empleado del establecimiento, falleció tratando de desarmar al secuestrador cuando se inició el asalto de la policía. Otra, cliente del local, lo hizo cuando protegió con su cuerpo a una amiga embarazada de disparos del secuestrador. Ambas murieron tratando de salvar a otros. Es posible que en el colegio de Peshawar también podamos encontrar historias de salvación, de profesores y niños que ayudaron a otros cuando el caos llegó a las aulas y pusieron sus vidas en peligro, o las perdieron, para que alguien pudiera escapar, y sean algunos de esos ejemplos los que permitan que la vida pueda continuar en ese lugar. Pero la sola idea de imaginar a un comando talibán que entra en una escuela decidido a matar niños, con el objetivo explícito de acabar con sus vidas, sin tácticas de negociación ni nada, sólo por el afán de buscar dolor y venganza, me supera. Día tras día vemos actos bárbaros en lugares remotos, cada vez menos en nuestra cercanía, pero también, y siempre surge la pregunta del porqué, porqué alguien es capaz de hacer algo así. Y la pregunta cada vez tiene menos sentido para mi, porque el compendio de maldades y salvajadas que los hombres hacemos, terminando con la de ayer y empezando hace miles y miles de años es tan variado y abyecto que no existe una razón lógica que lo ampare. Excusas hay miles, de tipo ideológico, religioso, moral, social, justificaciones de todo tipo, inventadas o no, maniqueas hasta el extremo, absurdas o irracionales, pero que no hacen otra cosa que tapar el instinto de destrucción que anida en cada uno de nosotros, que refrenamos día a día para tratar de conservar nuestro entorno, pero que bien estimulado se desata y no posee freno alguno. El islamismo es, en estos tiempos, la perfecta máquina de alienación mental capaz de desatar ese instinto, de poner en marcha la maquinaria del odio, que tan bien funciona en nuestra mente una vez que se desboca, y que sirve a su amo ideológico sin temor ni descanso. Como antes fue el comunismo, el fascismo y un montón de etiquetas que, tras ellas, esconden pensamientos totalitarios y fanáticos, es ahora el mensaje de Mahoma, la bandera del islam la que se utiliza para captar adeptos, para adentrarlos en la sombra y convertirlos en lo que ayer fueron los asesinos de Peshawar. Maquinas de matar al servicio de una idea, de un sueño, que sólo produce pesadillas.

Alguien dirá que lo de ayer es un ejemplo de inhumanidad, pero lo peor es que es justo al revés. Sólo los humanos somos capaces de cometer actos atroces como ese, sólo las personas matamos por placer, por gusto, por venganza, por odio, por sadismo, por distracción, por diversión, y sólo las personas enseñamos y alentamos a otras personas a hacerlo. Ayer Peshawar fue otro ejemplo, uno entre miles, de ese reverso tenebroso de lo que llamamos humanidad, que es capaz de dar la vida por otros, sí, y también quitarla sin remordimiento alguno. Y ante eso no me queda consuelo, y todo lo que escriba, incluido este pobre artículo, resulta ser vacío e inútil.

martes, diciembre 16, 2014

El petróleo tumba la bolsa y destroza a Rusia


Ayer fue otro día de pérdidas generalizadas en los mercados, que fueron de regular a algo bien, y se tronaron en desastre a medida que se acercaba la hora de cierre. El IBEX se cayó más de un 2%, la prima de riesgo subió hasta cerca de los 120 puntos y el resto de mercados financieros y de materias primas del mundo soportaron otra sacudida, similar a las vividas la semana pasada. En seis días la bolsa española pierde ya un 8% y, a poco del final, hace que el saldo anual de 2014 entre en terreno negativo. Un año que, con altibajos, se esperaba positivo, se está tornando tenebroso, de forma imprevista, a medida que se acerca su final.

Como siempre resulta sencillo realizar un análisis forense de por qué ha pasado todo esto, siendo casi imposible haberlo podido prever. Creo que hay que mirar mucho al precio del petróleo como el culpable y a Rusia como el detonante de la, quizás, próxima crisis financiera. Ya les comenté hace unos días que el derrumbe del petróleo iba a tener enormes consecuencias, especialmente, pero no solo, para los países exportadores, que viven a cuenta del mismo, y ponía aquí a cuatro de ellos (irán, Nigeria, Venezuela y Rusia) como los más necesitados de un barril caro y los que, por consiguiente, más sufrirían con la bajada. Yo esperaba que el dominó de fichas caídas empezase en Venezuela, pero curiosamente ha sido Rusia el primero de los países que ha sentido el impacto de la tormenta. El banco central ruso ya informó el jueves de que sus previsiones para el año que viene, de mantenerse los precios en la horquilla de los 60 – 70 dólares, implicaban una caída del PIB del 4,5%, una depresión griega de mucho cuidado. Desde hace días la bolsa rusa cae, los capitales huyen y el rublo pierde valor frente al dólar de manera acelerada, dibujando el cambio una figura de cohete que rivaliza con los orgullosos Soyuz. Para tratar de controlar el pánico, que ayer se volvió a vivir, esta noche, de madrugada, como queriendo indicar la urgencia de la medida, el banco central ruso ha elevado sus tipos de interés del 10,5% al 17% (recordemos que en la eurozona vivimos en el 0,05%) con la intención de parar la sangría monetaria. Esta situación empieza a ser clavada a la debacle rusa que se vivió en 1998, que hundió su moneda y economía, y propició el llamado “efecto vodka” que hizo tambalear a las economías de medio mundo, y provocó consecuencias globales. Entre ellas, y no fue la menor, la quiebra del hedge fund LTCM, que estuvo a punto de desencadenar una crisis financiera global como la vivida en 2008, y que requirió una intervención coordinada de bancos y al FED en Estados Unidos, en una demo de lo que se viviría diez años después. Hoy en día Rusia, más poderosa que entonces, se puede convertir en un problema mucho mayor, porque el impacto de su crisis se produce en un escenario económico tambaleante, aún por recuperar de la grave crisis financiera de ese citado 2008, y con niveles de deuda públicos en muchos países más elevados que nunca. Así mismo, en este 2014 hemos visto como Rusia puede comportarse como un actor díscolo, por ser generosos, en los asuntos internacionales. Su apropiación de Crimea e intervención en Ucrania lo ha puesto en primera línea en lo que hace a los problemas de Europa, despertando nuevos fantasmas que se creían enterrados. La popularidad de Putin, por los cielos, puede resentirse a medida que la economía local se hunda en la crisis, pero es muy difícil saber qué respuesta puede obtenerse de un país tan inmenso, misterioso y complejo como Rusia.

Puede que la crisis genere la caída del propio Putin y el inicio de una revuelta democrática, como la vivida en la propia Ucrania hace unos meses, pero al igual que en Kiev, en Moscú, junto a manifestantes democráticos conviven oligarcas ansiosos de controlar el poder, sentimentalistas que añoran el imperio ruso y radicales que pueden ver en la inestabilidad su oportunidad para llegar a hacerse con el control del país. Vimos cómo empezó la revuelta del Maidan y las facciones, enfrentamientos y muertes que desde entonces han teñido de sangre a Kiev y a Ucrania en su conjunto. El petróleo, su precio, es la espoleta que puede hacer reventar la bomba rusa, y eso cotiza en el mercado en forma de miedo.

lunes, diciembre 15, 2014

No, Rajoy, no, la crisis aún no es historia


Nos guste o no, ya hemos entrado en plena campaña electoral, dadas las numerosas y trascendentales citas del año que viene. Por ello, les aconsejo que, declaración que oigan de un dirigente político, la tamicen con cuidado para quitar de ella todo lo que sea mensaje, propaganda, eslogan o argucia electoral. Si con un poco de suerte se quedan con algo pueden darse con un canto en los dientes, que les alimentará mucho más. Jugar a sabiendas a esto durante tanto tiempo es realmente cansino, pero es lo que toca. Es como si las semanas de promoción de perfumes navideños durasen casi un año, pero sin Charlize Theron, claro.

El que, de momento, ya ha soltado la más gorda, es el propio Rajoy, que se juega su puesto dentro de once meses, y empieza a temer que pueda perderlo. El otro hizo unas declaraciones en las que afirmó que la crisis, en muchos aspectos, es cosa del pasado. Él sabe que eso no es cierto, que la crisis sigue y que durará aún mucho, pero si quiere remontar en votos de aquí a noviembre, pasando por el degolladero municipal de mayo, debe insistir en el mensaje de que la economía funciona y que la crisis ha quedado atrás. Siendo objetivos, ¿en qué situación nos encontramos? Pues como siempre, depende de cómo se mire. Desde la óptica de un gobierno que llegó al poder a finales de 2011 en medio de la catástrofe, el que las cuentas resistan es todo un logro que vender, y que en un contexto europeo de estancamiento España presente tasas de crecimiento superiores al 1% es algo que permite a nuestros dirigentes sacar pecho. La inflación está en negativo y sigue mostrando un pulso económico casi plano. Por el lado del desempleo, pese a que se crea empleo, aunque no de gran calidad, todavía hay millones de españoles en paro con un horizonte muy negro, y sin perspectivas claras de futuro. Los niveles de deuda no dejan de crecer y, aunque es cierto que la prima de riesgo es baja, estamos ya en el 100% del PIB de endeudamiento público. El consumo, uno de los tractores de la economía, parece que empieza a despertarse en estas navidades y las ventas de pisos suben desde hace varios meses, pero aún queda por ver si estos efectos son coyunturales, un rebote o una especie de espejismo estadístico, dado que venimos de niveles muy bajos tras una caída muy grande, y desde esos lugares es relativamente fácil conseguir tasas positivas elevadas. Podemos coger muchas otras variables económicas y nos darán, como ven, signos mixtos, por lo que es difícil saber dónde nos encontramos. Pero con ese análisis no se ganan elecciones. Por así decirlo, a Rajoy le “toca” obviar los riesgos y problemas y vender la recuperación por encima de todo, y a la oposición le “toca” eludir las cifras buenas y convencer a la población de que todo va mal. Personalmente estoy enfadado con el gobierno porque, pese a que es cierto que ha tomado medidas adecuadas, no ha tenido el valor de hacer las reformas que el país demanda y la crisis requería. No se ha tocado la estructura administrativa, ni la productiva, ni las bases económicas del país. Se ha tirado de recetario clásico de recorte donde era más fácil y subida de impuestos, en vez de apostar por una apertura liberalizadora que permitiera que nuevos negocios surgieran para relevar a los caídos. No se han removido estructuras arcaicas, burocracias inútiles ni duplicidades (casi pentalidades) que obstaculizan el crecimiento y el emprendimiento, y la innovación ha sido tratada como un coste, más que como la tremenda oportunidad que es.

Y todo ello en el plano nacional. Rajoy sabe que la economía española depende mucho de lo que suceda fuera, y que la prima de riesgo la ha bajado él un poco pero, sobre todo, ha sido obra de Draghi desde el BCE. Si Europa se estanca, malo, o el precio del petróleo sigue bajando, bueno, es algo que no depende del gobierno y que afectará a su resultado electoral y a nuestras cuentas. Por ello, en definitiva, no se crean los mensajes de los políticos en este año que ya se aproxima, lean mucho, infórmense, calibren las cosas, eviten que su coyuntura, buena o mala, les condicione el juicio, y frente a campañas y demagogos profesionales, con o sin coleta, usen su propio juicio y decidan lo que crean mejor.

viernes, diciembre 12, 2014

Google News cierra en España


Podrá gustarnos o no, parecernos una cosa u otra, apasionarnos o detestarnos, pero la tecnología, cuyo incremento en capacidad y potencia no deja de crecer, lleva muchos siglos cambiando el mundo y cada vez lo va a hacer más y a más velocidad. Poner puertas a un campo que no deja de extenderse es una actitud que no tiene mucho sentido y está condenada al fracaso. Debemos aprender a convivir con la tecnología y usar el tiempo y nuestro raciocinio para intentar regular sus efectos de la manera más sensata, posible y capaz de aunar la mayor cantidad de intereses, ya que será imposible satisfacerlos todos. Debemos ser inteligentes.

Y un ejemplo de cómo no hacer las cosas es el anunciado cierre de Google News en España, consecuencia de la nueva ley de propiedad intelectual. Google News es lo que se llama un agregador, una web, vinculada al portal de Google, que lista las noticias que se buscan a través de su web, ofreciendo los enlaces de los medios que las citan. Así mismo, ofrece un portal de actualidad con las principales noticias y enlaces a ellas, que acaban llevando a los distintos medios (prensa, radio, televisión, etc) que son los que las tratan. Muchas personas y entidades utilizan estas páginas como resúmenes de prensa, para hacerse una idea de la actualidad general, y luego seleccionan la noticia que más les interese, o el medio que deseen, pinchan y van a él. Por ello el agregador canaliza tráfico de la web a las páginas de los medios y, en gran parte, contribuye a su difusión y crecimiento, sobre todo si, tratándose de Google, muchísima gente puede llegar a usarlo. La principal queja de los medios respecto a estos agregadores es que muchos usuarios se pueden sentir meramente satisfechos con el vistazo que dan al portal de noticias y no ir más allá, de tal manera que el agregador les hace una especie de competencia a todos los demás, y llevan tiempo pidiendo una compensación. En el proyecto de ley de propiedad intelectual, que entra en vigor en 2015, se estable que los agregadores pagarán un canon a los medios para paliar ese perjuicio que estos denuncian. Y la respuesta de Google ante ese impuesto a su servicio ha sido fulminante. El próximo martes 16 de Diciembre se cierra Google News España, y no sólo el portal, sino el servicio de direccionamiento de noticias que existe en el buscador matriz, que dejará de enlazar a los medios españoles, por lo que si a partir de la semana que viene uno busca una noticia a través de Google el buscador le ofrecerá referencias de los medios extranjeros, pero en ningún caso de los nacionales, por lo que se convertirán en webs opacas de cara a los miles, millones de usuarios de búsqueda de todo el mundo. Por querer cobrar una tasa para paliar sus problemas financieros Google responde con un uso manifiesto de su poder de mercado y, para no pagar, retira el servicio. Es obvio que esto es un mal acuerdo que es antiparetiano en todos los sentidos, porque todos pierden. Pierde Google porque deja su servicio, pierden los medios porque dejan de existir para gran parte de la web, y pierden los usuarios al no disponer de una herramienta de información y de los enlaces debidos. Un desastre. Y me da la sensación de que el orden en el que he escrito los agentes que salen perdiendo es el mismo que van a seguir en lo que hace a malos resultados financieros. Las cuentas de Google España se reducirán, despedirán gente y el gigante verá a este país como algo más residual de lo que lo era antes, pero para los medios en español, ya sumidos en un marasmo financiero y de negocio, el perjuicio puede ser mucho mayor. De hecho, empiezan a estar asustados por las consecuencias.

Como comenta Enrique Dans en su blog, estamos haciendo el más absoluto de los ridículos. Los medios no pueden pretender que Google les pague por prestar un servicio que no hay manera de cobrar de forma directa, mediante un impuesto similar a las gabelas medievales, y sería necesario que esa tasa se retirase, y todas las partes se volvieran a sentar en torno a una mesa para decidir cómo gestionar este problema de una manera mucho más inteligente y favorable para todos. Sino, serán los medios los grandes perdedores, nuevamente, en un mundo en el que la tecnología no es la que rige, pero impone unas restricciones y normas que obligan a convivir con ella y a espabilarse. Nadie ha dicho que esto sea fácil, es más, cada vez será más complicado, y las soluciones antiguas, directamente, no funcionan.

jueves, diciembre 11, 2014

La transparencia en España y la CIA en EEUU


Ayer se puso en marcha el portal de la transparencia, una página web en la que se va a colgar mucha información, de momento sólo de la Administración Central, sobre cargos, sueldos, funciones, contratos, organigramas y, en definitiva, datos del funcionamiento de dicha administración. Su valor sobre todo va a ser el de servir como portal único, como repositorio general de una información, quizás accesible o no, pero en todo caso dispersa y caotizada hasta ahora en cada organismo. Esta web es un primer paso en el proceso de la transparencia y, aunque tiene fallos y lagunas, nos hace ser como bebes, que empezamos a gatear en ese mundo abierto.

Comparándonos con otros países que andan y corren en esta materia somos, como señalaba, un bebe que apenas ha dado sus primeros gateos en el pasillo de casa. De manera dramática, esta semana hemos visto hasta qué punto la transparencia está asentada en otras naciones y las enormes consecuencias que tiene su uso. En Estados Unidos, que en esta materia tiene la fortaleza de un experimentado corredor de fondo, se ha publicado un informe relatando las torturas que, durante bastantes años, se llevaron a cabo sobre detenidos en el marco de la guerra contra el terror emprendida por el gobierno de Bush tras el ataque y destrucción de las Torres Gemelas. La CIA fue la encargada de utilizar estos métodos con aquellos presos que, capturados en sus países de origen o en operaciones desarrolladas en terceras naciones, se consideraban como claves a la hora de evitar nuevos atentados. El objetivo último era sacar información sobre planes terroristas para abortarlos, usando para ello todos los instrumentos necesarios, y en este caso el término “todos” incluye todos. El informe describe muchas de esas técnicas de tortura, algunas clásicas, otras muy retorcidas, y las consecuencias que tuvieron, tanto en las personas sobre las que fueron utilizadas (alguna de ellas falleció) como en la información que se obtuvo mediante estas prácticas. Viene a decir el estudio que, de manera pragmática, si consideramos que el fin justificaba los medios, la escasa o nula información obtenida da como resultado que debemos valorar estas prácticas como inútiles, más allá de la repulsa ética que pueda generar el conocimiento de su uso. Es decir, que no sirvieron para nada, ni aportaron información relevante. Lo fundamental en este asunto, más allá de la hipocresía global ante el conocimiento de unos hechos que todos suponíamos que se daban, es que los datos y el detalle de esas prácticas ha surgido por parte del gobierno del país que los desarrolló, y no varias décadas o siglos después, remontándose a las torturas medievales y pidiendo perdón por las guerras de religión, no, sino a hechos que sucedieron hace una década, muy pocos años, y en los que una anterior administración, la republicana, está muy implicada, y la presente, demócrata, también. ¿Se imaginan algo así en España? No, imposible, si no somos capaces de saber si quiera cuántos viajes hacen los senadores pagados por el Senado o por su bolsillo, sería impensable que, por ejemplo, un informe oficial español detallara cómo se organizaron los GAL, un asunto que tiene sus similitudes (y diferencias) con el revelado en EEUU, quienes participaron en ello, cómo se decidió, financió y llevó a cabo, etc. ¿A que no son capaces de ni si quiera imaginárselo? O sin llegar a asuntos tan violentos y escabrosos. ¿Sería posible en España, en un plazo de cinco años, un informe oficial que detallara todo lo que pasó con la constitución, salida a bolsa, quiebra y rescate de Bankia? ¿A que les gustaría leerlo y saberlo? Y a quién no, pero dudo mucho, muchísimo, de que algo así se haga. Ojalá me equivoque, pero nuestra transparencia aún está en pañales, que en demasiadas ocasiones huelen a “caquitas” que nadie desea limpiar.

Se podrá criticar a EEUU por muchas cosas, merecida o inmerecidamente, pero es justo reconocer que, entre los países que practican la tortura, que son muchísimos, es el único que lo reconoce y depura. China, Rusia, las monarquías del Golfo Pérsico… el mundo está lleno de naciones en las que los derechos existen impresos pero no se cumplen en ningún caso. Todos debiéramos recordar en estos días el caso de la periodista rusa Anna Politkovskaya, asesinada por investigar las torturas que practicaba el ejército ruso durante la guerra de Chechenia. La transparencia a nosotros nos cuesta tiempo y dinero, pero en muchos lugares del mundo cuesta vidas. No lo olvidemos

miércoles, diciembre 10, 2014

Bonito castañazo bursátil, vía Grecia


El puente de la Inmaculada acabó con las imágenes de calles repletas y tiendas satisfechas. Créanme que lo primero es cierto, porque en parte lo sufrí. Una cierta sensación de recuperación parece haberse apoderado del consumidor y la economía nacional, aunque debemos ser muy cautos. Jornadas como las de ayer nos obligan a ello. Como si de una etapa del tour se tratase, el corredor hispano demarró en la cuesta económica durante los días festivos pero, como diría Perico Delgado, ayer sufrió la visita del tío del mazo, y la pájara se tradujo en un Ibex 35 teñido de rojo al -3,18% en consonancia con unas bolsas europeas llenas de pérdidas.

Qué sencillo resulta explicar a posteriori lo que ha sucedido, y qué difícil, más bien imposible, intuirlo a priori. Cuando ayer el mercado abrió con bajada del 1,2% se veía que el día venía mal, pero sin saber muy bien porqué. Malos datos exportadores en China llevaron a su bolsa a una caída del 5%, y a medida que la mañana avanzaba y las bajadas se acentuaban las respuestas al por qué empezaron a virar desde Pekín hasta Atenas. Grecia, otra vez Grecia, siempre Grecia, nunca se acaba la crisis de Grecia. Los rumores cada vez más intensos de adelanto electoral en Atenas y la probable victoria según las encuestas de Syriza, la coalición de izquierdas, el Podemos local, que entre otros puntos contempla la reestructuración unilateral de la deuda, un impago parcial de la misma dicho de una manera más clara, volvió nerviosos a los inversores. La prima griega subió setenta puntos en un día, la bolsa de Atenas se vistió a juego de las ruinas que presiden la Acrópolis y se derrumbó más del 12%. Como si de una macabra serie de películas de terror de interminable final, Grecia vuelve a convertirse en un problema para el conjunto de la UE, y nuevamente señala, como el canario en la mina, lo que puede ser una de las fuentes de inestabilidad más importantes de 2015, el plano político. Si durante 2013 y este 2014 la política de acción y palabras del BCE ha logrado controlar las primas de riesgo y dar un margen a los gobiernos para sostener sus políticas, existe el riesgo de que el baile que hasta ahora mantienen dirigentes y BCE pase de ser un “agarrao” a un suelto. La fractura social provocada por los años de crisis, el empobrecimiento de las clases medias, el aumento de la desigualdad, la falta de un discurso político y social desde la dirigencia, los innumerables casos de corrupción que han aflorado en todos los países… muchas son las causas que generan día a día un descrédito cada vez mayor de la ciudadanía con respecto a sus políticos, y el surgimiento como respuesta de formaciones populistas vacías de contenido, pero llenas de griterío, mensajes y aparentes y milagrosas soluciones. Desde espectros políticos muy distintos, al menos en apariencia, Podemos en España, Syriza en Grecia, UKIP en Reino Unido o el Frente Nacional en Francia, responden al mismo patrón tanto en su surgimiento como desarrollo, alentado por los vientos interminables de la crisis. Y es sólo cuestión de tiempo que en cuanto haya elecciones en estos países esas formaciones alcancen resultados que determinen la gobernanza de sus naciones, de manera total o, al menos, muy significativa. Y su mensaje es de ruptura frente a lo conocido, de experimentación, de sublevación frente al BCE, Bruselas, FMI y todas aquellas instituciones que son vistas como causantes de la crisis y responsables del desastre que hemos vivido. Estas instituciones tienen su parte de culpa, es innegable, pero no toda, ni mucho menos. Sin embargo su incapacidad para explicarse y entender a la sufrida sociedad europea les ha convertido en obvios culpables a los que atacar.

Y Grecia, uno de los países más destruidos por años de austeridad, recortes, políticas más gestionadas, corruptelas en todos los niveles y desesperanza, puede volver a ser el primero que, como en 2009, muestre la emergencia de este nuevo riesgo político que haga tambalear nuevamente las primas, las bolsas y las deudas, inmensas tras años de imparable crecimiento. Por eso, y por China, y por el petróleo y por vaya usted a saber cuántas cosas más, bajó ayer la bolsa. Pero no me pregunten qué es lo que va a hacer hoy, cómo se va a comprobar. Si eso mañana les explico lo que haya podido suceder hoy, que para algo soy economista, y eso no deja de tener un tono forense mucho más ajustado que el carácter de visionario.

martes, diciembre 09, 2014

Cuando el metro falla, es que falla de verdad


Normalmente el metro no suele fallar. Es cierto que desde hace un tiempo las frecuencias se han reducido mucho más de lo debido, en una política de ahorro contraproducente que genera menos ingresos de los costes que reduce, y que por lo que he comprobado este puente no se va a rectificar en la temporada navideña, en la que es imposible acceder al centro en vehículo privado. De hecho casi es imposible acceder de ninguna manera. Además, para los que no tenemos coche, el transporte público, en este caso el metro, es nuestro vehículo, salvación y vía única de transporte.

Pues esta mañana esa vía única ha decidido jugar conmigo. He salido de casa a la hora habitual y al coger mi línea ya he visto que el siguiente convoy venía con más tiempo de lo que suele ser habitual a mi temprana hora. Ha llegado, llenito, y hemos tardado unos cuatro minutos en partir de la estación. En la siguiente, con otros minutos parados, el conductor ha avisado de que un tren sito un par de estaciones más adelante se encontraba detenido, por lo que la circulación era ocasional y tenía retrasos, como ya estábamos comprobando todos los viajeros. Al arrancar el tren camino a la segunda estación he decidido alterar el itinerario de todos los días y coger una línea alternativa, que también acaba desembocando en la que me conduce directamente a la puerta del trabajo, y que intercambia con la mía en la segunda parada desde que salgo de casa. A trancas y barrancas hemos llegado a esa segunda estación, y puede que no haya sido yo el único en tener esa idea, porque una riada de personas nos hemos bajado allí, rumbo a unas pobres escaleras que, de ser dibujos animados, tratarían de salir corriendo. Peldaños y pasillos recorridos, he llegado al andén de la segunda línea, y al minuto ha aparecido un tren. Las primeras paradas han transcurrido con normalidad, pero a mitad de trayecto nos hemos detenido un par de minutos en un túnel, sin saber muy bien porqué, y al llegar a la siguiente estación, a tres del segundo intercambio, hemos estado un buen tiempo parados en el andén. Vuelta a arrancar, nueva estación, y otros cuatro minutos parados, hasta que el conductor ha avisado que por un problema de señalizaciones la circulación no se prestaba con normalidad. He mirado al cielo, en este caso disfrazado de fluorescente y celosía atornillada, pensando en cómo es posible que dos líneas a la vez puedan registrar problemas diferentes, intentando calcular probabilidades, pero desistiendo, tanto por lo complejo del problema como por la asunción de que con tanto tiempo perdido tendría hasta margen para haber encontrado una solución. A trancas y barrancas, pero sin los muñecos de la tele, hemos alcanzado el segundo intercambio, la prevista solución alternativa a mi problema inicial, a la que he llegado con más de un cuarto de hora de retardo sobre lo que estimaba inicialmente, y me he vuelto a introducir en una riada de personas, que iban hacia todas las partes inimaginables, atestando pasillos, escaleras, cintas, desvíos y cualquier otro espacio disponible. Finalmente he alcanzado el andén de la línea que conduce directamente a mi trabajo y, al par de minutos, ha llegado un tren que en dos paradas, sin sobresaltos, parones ni incidencia de ningún tipo, me ha depositado en mi destino, donde he podido comprobar al salir a la calle que me he perdido un precioso amanecer, además de una buena minutada.

Cuando uno está parado en un vagón, ahí abajo, sin ver ni saber nada, nada puede hacer. Es una de las situaciones más impotentes que conozco. En un atasco de tráfico se puede mirar por la ventana, intuir en un cambio de rasante o curva si la cosa sigue más allá o no, pero en el túnel nada sabes, nada ves. Sólo el tiempo, que pasa, y las caras de los que te acompañan, que se van avinagrando poco a poco a medida que el transporte que tenía que llevarles a su destino se convierte en un problema de mayor o menor entidad. Metro de Madrid hoy no nos ha regalado nada navideño, más bien un poco de carbón para “calentarnos” a primera hora.

viernes, diciembre 05, 2014

Bankia, las finanzas de una torre inclinada


Trabajo cada día en uno de los pisos superiores de una alta torre del Paseo de la Castellana. Mi mesa de trabajo da hacia el sur, por lo que tengo todo el espectáculo de Madrid a mis pies. Pero si me levanto y ando un par de segundos, y voy al ala norte del edificio, puedo contemplar la sierra y el cierre de Madrid ciudad y comunidad. Y veo las Torres Kio de Plaza de Castilla casi a la altura de sus últimos pisos. En uno de ellos, en la torre izquierda si se mira desde mi posición, hacia el norte, se dibujaba antiguamente un oso verde y ahora luce un rótulo, de un verde más apagado, cuyas letras escriben la palabra BANKIA.

Antes del verano de 2011, con la crisis en todo su esplendor, y con gran parte del país y su clase política y dirigente negándolo aún con saña, BAnkia salió a bolsa, en medio de una campaña publicitaria enorme y la sensación de que si esa colocación salía mal nos íbamos todos al garete, lo que venía a ser la prueba palpable de que andábamos sobre arenas movedizas y cada vez nuestra barbilla estaba más cerca de ser rozada por el fango. Yo no compré acciones, porque esa caja, banco o lo que fuese, me parecía un inmenso Frankenstein elaborado a base de desastres financieros, entre los que destacaban la propia CajaMadrid, cuyas cuentas conocidas eran infames, y Bancaja, una de la que lo poco que se sabía era para salir corriendo y no parar hasta llegar al fin del mundo. Surgida como tabla de salvación de las finanzas de dos de las grandes comunidades del PP, Bankia representaba, por dimensión, lo peor de lo que estábamos generando en el proceso de derrumbe del país. Ya había dejado la presidencia del grupo el inefable Miguel Blesa, del que todo se podía oír en Madrid, y que con el tiempo se ha hecho famoso en toda España, y su puesto lo ocupaba, tras un pulso cerrado en el PP, Rodrigo Rato, mandamás donde los hubiera en el partido, pero con escasos conocimientos de banca. La colocación fue exitosa y el día del inicio de cotización Rato, el PP y el gobierno del PSOE reunieron en la sede de la Bolsa de la Plaza de la Lealtad a lo más granado (no se si también al propio Granados, seguro que sí) de la sociedad financiera, política y social de Madrid y España. Abrazos, sonrisas, y el campanazo, virtual, de inicio de la cotización de las acciones. Yo no dejaba de decir por aquellos días que toda esa operación era imposible, que era un enorme error, que Bankia estaba quebrada por completo y que lo único que estábamos haciendo por aquel entonces era jugar, como esos personajes de los dibujos animados, a patalear en el aire para tratar de no caernos en el vacío que se había abierto bajo nosotros. Y no hacía falta ser un experto en contabilidad y banca, no lo soy, para saber que los activos que tenía la entidad no valían casi nada, porque sus miles y miles de millones de crédito hipotecario y promotor eran incobrables o, siendo generosos, valían mucho menos de lo que figuraban en libros. Sin embargo, como la acción empezó a cotizar bien, por así decirlo, el público y analistas en general dejaron de alarmar sobre el particular. Pocas veces clamaban en el desierto de lo real, y la bola financiera de Bankia seguía avanzando, atrapando en su camino a más y más ahorradores e inversores, que se fiaron de unas autoridades, reguladores, supervisores y auditores que cobraban mucho, se supone que sabían más, y que veían todo con buenos ojos Hasta que, como debe ser, el dibujo animado se cae, pataleando a veces, se estrella y se destroza.

En esas fechas vino de visita a Madrid mi amiga ABG, que ahora reside entre nosotros, y quedé con ella en Plaza Castilla, bajo la torre de Bankia. Nos saludamos al encontrarnos y, entre risas, le dije que esa torre inclinada de ahí, señalando al cielo que cubría el saliente voladizo del edificio, puede caerse cualquier día y arrastrar a todo el país al desastre. Y eso es lo que sucedió más o menos un año después. Ahora conocemos que el día de la colocación en bolsa de la entidad asistimos a una representación teatral basada en falsedades y cuentas manipuladas, pero lo publicado ayer sólo aporta constancia documental, pruebas, a algo que todos intuíamos y, no lo duden, los que celebraban el acto de la Plaza de la Lealtad, sabían.

jueves, diciembre 04, 2014

En la presentación del nuevo libro de Antonio Muñoz Molina


Habla Muñoz Molina con voz apagada, suave, queda, como deseando no molestar al interlocutor, con firmeza y claridad de pensamiento, pero con escasa presencia, necesitado de un micrófono para que sea perfectamente audible, antiejemplo de la ruidosa España que le acoge. Su pose también es de timidez retraída, quizás producto de horas infinitas de lectura en soledad, de introspección entre los párrafos y pasajes de los libros que le han cautivado. Una rara avis en nuestro panorama que apenas duraría un par de minutos en las vocingleras tertulias de nuestros medios. Bendita rara avis.

Asistir a una presentación de un libro, o a un acto, en el que este Antonio Muñoz Molina es para mi un placer y, además, un honor. Su trayectoria literaria no necesita aval ni explicación alguna, sus libros no son sencillos de leer, pero atrapan en su profundidad y belleza, y miles son los lectores que a lo largo de los años le hemos ido encumbrando a un pedestal en el que, como escritor, ocupa una de las referencias, guías o estrellas que, como la Polar, sirven para marcar nuestro rumbo. Pero además Muñoz Molina se ha ido convirtiendo con los años en una figura intelectual de talla internacional, en una persona con un criterio moral absoluto y una profunda visión de la realidad social que le rodea. Inmerso en ella plenamente, podía haber escogido una vida de lujos, de altas esferas, de oropeles incluso, pero no, a medida que su talla literaria, y la fama asociada a la misma ha ido creciendo, Muñoz Molina se ha encerrado más socialmente pero se ha abierto del todo al mundo, a través de sus escritos. Artículos semanales, u otros de periodicidad irregular, le muestran como un profundo crítico de las maldades de este mundo, que son creadas por nosotros, pero no lo hace desde una tronera altiva, desde una posición de superioridad sobre el bien y el mal, no, sino sabiéndose parte de esa sociedad, reconociéndose culpable en la parte que le toca de lo que está mal, o de lo que mal se hizo en su momento, y proponiendo algunas soluciones pero, sobre todo, vías para tratar de perdonar la culpa que le producen sus errores propios. No conozco descripción más mordaz, cruel, dura y certera de la crisis que ha vivido y vive este país que la expuesta por él en su ensayo “Todo lo que era sólido” que debiera de ser lectura obligada en colegios y universidades, porque allí se describe perfectamente cómo es la sociedad española, en su grandeza y en su miseria, en su cultura y su soberbia ignorancia. En esas páginas dijo lo que algunos pensaban, muchos temían y nadie se atrevió a poner negro sobre blanco, y él lo hizo, y como es habitual, de manera insuperable. Por ello, con el paso del tiempo, para muchos Muñoz Molina se ha convertido, se nos ha convertido, en un referente moral, en una guía para saber cómo actuar. Ante muchos problemas y situaciones diarias, personales, políticas o sociales, a veces pienso en mi interior qué es lo que él opinaría para tratar de usarlo como guía, y anclaje, de mi respuesta. Una buena amiga mía decía que para ella fue Delibes el escritor que le servía como referente moral, y su elección me parece óptima. Delibes, trágicamente, ya no está con nosotros, y su ausencia y el vacío que nos dejó se nota cada vez más. Quizás Muños Molina pueda para muchos recoger ese testigo, servir como apoyo en el caminar, y no sólo ofrecer deleite en sus páginas de narrativa, sino también consuelo ante el corazón dudoso, que busca ansioso la ejemplaridad perdida, y que la encuentra en este señor que es lo más parecido que imaginarse uno pueda a la concepción de esa palabra que anida en nuestra memoria.

Tras el acto, presentado por Carlos Santos, se produjo una cola para firmar ejemplares de la novela, titulada “Como la sombra que se va” y al llegar ante él, y agradecerle su trabajo y ejemplo, le señalé que entre el público de la sala se encontraba el arquitecto Rafael Moneo, y le dije que, cómo el premio Pritzker, él era capaz de levantar tanto catedrales como pequeñas estancias a base de palabras, y lograba la magia de que en ambos recintos el lector se sintiera igual de a gusto y acogido. Aún no he leído su novela, quizás lo haga en Navidad, pero creo que en ella encontraré otro edificio, grande, pequeño, no lo se, en el que poder sentirme, como lector, en el cálido hogar.