jueves, octubre 14, 2021

Un puente normal

Poca cosa significativa me ha pasado estos días de ocio para ser narrada. Lo más relevante ha sido la visita a una tía mía, FAO, que se recupera en casa de una fractura producto de una caída, y con ello volver a constatar qué frágiles nos volvemos con la edad y, parafraseando a Muñoz Molina, cómo todo lo que era sólido deviene en rotura y daño. Días tranquilos, soleados, de frío intenso por las mañanas y cielos serenos, con la sensación de que los turistas que se veían por la calle no compensaban a la cantidad de gente que se ha marchado a pasar el primer puente festivo fuera de sus casas, aprovechando el buen tiempo generalizado y el levantamiento de las restricciones sanitarias.

Y es que lo más relevante de estos días ha sido la normalidad en la que se han desarrollado, normalidad de la buena, de la conocida, de la de antes del coronavirus, no una normalidad nueva, que además de oxímoron es imposible. En el apartado que los informativos dedicaban al puente la crónica era la del llenazo en las zonas de ocio y los atascos en las operaciones salida y retorno, y a uno le daba la sensación de volver a finales de 2019, antes del que el maldito virus llegase a nuestras vidas y las trastocase, porque todo era como antes. Paseos marítimos atestados, terrazas en las que no cabía nadie, excursiones por doquier, baja entrada en los arenales de las playas, dadas las fechas a las que nos encontramos y, en general, una sensación de libertad recuperada que se intuía en el rostro de casi todos los que, fugazmente, eran captados por las cámaras de televisión. En la mayoría de las regiones han decaído ya todas las restricciones de aforo y horario, de tal manera que el funcionamiento de todos los sectores vuelve a ser como antes. Sólo la mascarilla, obligatoria en interiores, nos recuerda que estamos aún en presencia de un virus mortífero, pero apenas hay otros signos que nos indiquen lo que hemos pasado hace apenas meses. A pesar del disparo en los precios de la energía y de otros productos, que a buen seguro todos los conductores han notado al repostar su vehículo, el aire de despreocupación y disfrute de estos días ha sido generalizado y seguramente se ha notado en la cuenta de resultados de los diversos negocios, que habrán visto hacer su particular miniagosto en este puente de octubre. En las zonas de turismo intenso sigue faltando la afluencia masiva del turista extranjero, dado que los vuelos aún no son lo que son y ciertos destinos de procedencia, como los asiáticos o norteamericanos, aún no emiten prácticamente nada de viajeros. La presencia de europeos va poco a poco en aumento y es probable que ciertos destinos, como las islas, alcancen en este otoño invierno registros de llegadas muy similares a los que solían darse antes de la pesadilla, contribuyendo a que sus economías, completamente dependientes de este sector, se recuperen, tras haber sido las más afectadas por la debacle de 2020. Este puente, habrá supuesto, sin duda, el cambio de rumbo de los negocios ligados al ocio y la hostelería, que por fin han visto como todos los límites que se les habían impuesto se levantan, y nada frena sus posibilidades de facturación más allá del deseo de la demanda, como antes pasaba. Tras esta vuelta a la normalidad se abre el debate de qué hacer con las terrazas extendidas que han proliferado por muchas ciudades, como medida de alivio ante el obligado cierre de los interiores. Las protestas vecinales crecen en los entornos que se han convertido en zonas de ocio descontroladas y los usuarios de las plazas de aparcamiento eliminadas con ese motivo se desesperan cada vez más al no poder usarlas. Este debate es, otra vez, la muestra de que lo excepcional va quedando atrás.

La pregunta que uno se puede hacer ante este panorama es el por qué vivimos como si el virus no existiera, dado que aún se registran contagios y se generan problemas sanitarios. La respuesta es una y sólo una, y se llama vacunación. La eficacia enorme de las vacunas desarrolladas ante el Covid y los muy altos niveles de inmunización alcanzados en nuestro país, estamos cerca del 80% de la población con la pauta completa inyectada, han hecho que el virus pierda la batalla, sea derrotado, y los positivos, pocos, tengan una enorme probabilidad de no hospitalizar y, ni les digo, de fallecer. Cuando se junten en las terrazas y brinden, no se olviden de hacerlo por las cuatro salvadoras de nuestra vida y sociedad: Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Janssen. A ellas se lo debemos todo.

jueves, octubre 07, 2021

El monstruo de la inflación

Es la inflación uno de los fenómenos económicos que más rápido e intensamente es percibido por la población. Las subidas y caídas del PIB suelen darse a cámara lenta y, salvo aquellos que son afectados directamente por ellas (cierres de empresas versus nuevos empleos) se acaban notando por filtración, poco a poco. Si los precios suben de un día para otro todo el mundo lo percibe, aunque también es verdad que dado que la proporción al consumo disminuye a medida que la renta aumenta el daño que provoca es mayor a las rentas bajas y medias. Es por eso que se dice que la inflación es un impuesto a los pobres, y su carácter regresivo le hace muy dañina a quienes no tienen mucho de dónde tirar. Ellos, junto con los ahorradores, son los grandes perdedores cuando los precios suben.

Me gusta ese símil que dice que la inflación es como el engrase que se aplica a la maquinaria para que funcione suave y de manera continuada. Es necesario que haya un poco, pero no mucho, y su ausencia es destructiva. La deflación, la caída de precios, es un proceso raro pero que puede darse en épocas depresivas, se retroalimenta y lleva al colapso. Nadie quiere comprar algo cuando sospecha que va a estar más barato dentro de poco tiempo y, de manera agregada, no se acaba comprando nada. Durante la crisis de 2008 – 2012 estuvimos cerca de llegar a esa situación de espiral de precios a la baja, y de hecho varios sectores, no sólo el inmobiliario, vivieron un proceso deflacionario que redujo de manera drástica su valor. Por ese, entre otros motivos, las autoridades monetarias empezaron a darse cuenta de que era necesario instaurar planes de estímulo mediante la compra de títulos en el mercado de deuda, insuflando así dinero en la economía para reactivarla, buscando sostener los precios. La inflación es un asunto muy determinado por la política monetaria, pero no sólo, y un buen ejemplo de esto lo estamos viviendo ahora. Los precios suben, y con ganas, en gran parte de occidente, y son varias las causas que los empujan. A bote pronto, pongamos tres. Una es la reactivación de la demanda que estuvo dormida en 2020 a cuenta de los confinamientos pandémicos y que, en determinados países, ha salido desbocada. Un disparo de demanda supone, en condiciones normales, subida de precios. Relacionado con esto, la segunda causa es la disrupción en las cadenas de suministro globales que han generado enormes problemas de abastecimiento de todo tipo de bienes, lo que ha aumentado su precio. Restricciones de oferta suponen, por lo general, subidas de precios. Y el tercer factor que azuza los precios son las enormes inyecciones monetarias que todos los bancos centrales del mundo han hecho para tratar de sortear la crisis provocada por el coronavirus. Dinero sin límite soltado a chorros que ha permitido a no pocos sobrevivir en medio del encierro y clausura de negocios y empresa, pero que ahora se convierte en un montón de dinero caliente en busca de destino. A igualdad de todo lo demás, cuanto más dinero hay mayores son los precios para así conservar el valor real de los objetos (excelente manera de ver la inflación como lo que también es, una devaluación del valor del dinero). Como verán, todos estos factores suman a la hora de impulsar los precios y añaden presión a la caldera inflacionaria. Los análisis que dominaban hace algunos meses veían claramente el primer y tercer efecto, y coincidían en su mayoría en que provocarían tensiones inflacionistas, pero que serían pasajeras. No se vio por parte de casi nadie el segundo factor, el del colapso en las cadenas globales de suministro, su enorme efecto sobre los precios y, sobre todo, el que sea un tema “físico” si me permiten la expresión, que lo hace mucho más difícil de arreglar en poco tiempo. Eso está haciendo pensar a muchos que la inflación que vivimos no va a ser tan transitoria como se esperaba (y deseaba).

Lo que casi nadie vio es el problema derivado de la escasez de suministros energéticos, las figuras de subida de precios desatadas que viven el gas, carbón o el mismo petróleo en un contexto, añadido a todo lo demás, de transición energética, que de por sí es complicado, costoso y lento. Esos factores de energía muy cara generan cosas inauditas, como el megavatio hora de electricidad de hoy en España a una media de 288 euros, y suponen inflación de costes metida en vena como su de un chute de sobredosis se tratase, que se expande por toda la cadena productiva y destroza previsiones, presupuestos y escenarios. ¿Ha venido la inflación para quedarse? ¿Cómo dominarla? ¿Qué efectos acabará teniendo en nuestras economías? Esas y otras muchas preguntas se agolpan a medida que el IPC se dispara y el bolsillo cada vez cunde menos.

Me cojo unos días de ocio y subo a Elorrio. Si todo va bien, nos leeremos nuevamente el próximo jueves 14

miércoles, octubre 06, 2021

Lo de Redondo

Évole es muy bueno a la hora de crear expectativas. Su equipo creativo desarrolla “promos” anticipos del programa que sirven como anuncio y que realmente logran su efecto de captar la atención. Es ya marca de la escenografía escasa, silenciosa, en espacios abundantes. Juega el presentador y su equipo al periodismo, aunque uno sepa perfectamente de que pie cojea cada una de las opiniones que Jordi y los suyos emiten en cada fragmento de sus programas. A la manera del programa de su compañera Ana Pastor, venden una presunta objetividad que, ni de lejos, existe, pero lo que hacen, que no es periodismo, es televisión, programas de gran audiencia en televisión. De eso cobran, para eso les pagan. Todo lo demás es cobertura.

Este domingo el gancho de Évole era Iván Redondo, que lo ha sido todo durante un año como jefe de gabinete de Sánchez y, sobre todo, como urdidor desde hace bastante antes de la figura del presidente como un resistente, como un luchador, como alguien que se enfrenta a los demás hasta lograr su objetivo. De la fábrica Redondo surge la sucesión de escándalos diarios y polémicas baratas que el lunes atronaban y el viernes se extinguían, y eran suplidas por otras el lunes siguiente en un proceso de desgaste de la paciencia que era insoportable para quien estuviera atento. Redondo, en su tiempo de gobierno, demostró ser un brillante táctico y un nefasto estratega. La supervivencia semanal era el objetivo, no otro. Cuando se anunció la entrevista al personaje me pareció algo tan interesante, por lo que ha sido y sabe, como extraño, por lo pronto que se producía desde que, de manera sorprendente, dejó el gobierno, sin que pasase un mínimo tiempo que permitiera asentar su figura. ¿Contará algo el “spin doctor” local? ¿Será jugosa la entrevista? ¿habrá sorpresas? El personaje era de lo más sugerente, y ahí me planté para verla. Y, a los pocos minutos de comenzar la emisión, empecé a tener una sensación extraña. Me encontraba ante mi a un supuesto gurú, a alguien con conocimientos, a alguien que, en la oposición y durante su etapa en el gobierno, se ha relacionado con todos los estamentos del poder, de los partidos políticos, de organizaciones sociales y de todo tipo, personas con cargo y carentes de él. Suponía que iba a encontrar a una persona con discurso, ideas, contenidos, cultura, capacitación, y lo que se me estaba mostrando era a un personaje que, sobre todo, estaba enamorado de sí mismo, del aura que había logrado crear, que de vez en cuando soltaba alguna frase ingeniosa con bastante poca gracia pero que daba una imagen de improvisación, de hueco, que se iba agrandando a medida que la conversación discurría. Lugares comunes, frases huecas sin contenido, me daba la impresión de estar viendo a un charlatán de feria que trata de venderte sus productos, pero sin la gracia de esos embaucadores. Como dijo una tuitera a la que sigo, la impresión que me daba era la estar viendo a uno de esos emprendedores que intentan conseguir financiación para sus empresas y que recurren a todo el aparejo de powerpoints y demás temas de imagen, pero que huelen a humo a los pocos segundos de oírles hablar. Escuchar a redondo era como pasar las páginas de un mal libro de autoayuda, valga la redundancia, lleno de mensajes sacados de la primera búsqueda de Google sobre un tema emocional y aderezado con el intento de hacerse el interesante que no cuadraba. A medida que el programa avanzaba cada vez entendía menos como Iván se había prestado a un ejercicio tan profundo de autodestrucción de su imagen. Como consultor que es, carente por completo de ideología, y necesitado de contratos para ganar dinero, que de eso vive, lo del domingo supuso un destrozo enorme en su imagen de marca personal. No le contrataría nunca.

Dijo Redondo una vez que era un enamorado de la serie de “El Ala Oeste de la Casa Blanca” que, en efecto, es genial, y enseña muchísimo la sobre política y dedicación pública. Pero viendo la entrevista y el resultado de su paso por el gobierno, donde ha mandado más que casi todos, me da la sensación de que Iván no ha aprendido nada de esa serie. Más allá de las críticas que ha tenido la figura del presidente creado por Sorkin, demasiado bueno para ser cierto, la serie configura un conjunto de profesionales volcados con su jefe, el presidente, pero que en todo momento tienen presente que su sueldo lo pagan todos los norteamericanos y que a ellos se deben por encima de todo. Redondo es un trilero que ve la política como un juego de poder no al servicio de la ciudadanía, sino al de su cliente y cuenta corriente. Sólo eso, nada más que eso.

martes, octubre 05, 2021

La caída de Facebook

Ayer, desde pasadas las cinco de la tarde hora españolas hasta casi la media noche, se produjo una interrupción completa de los servicios del emporio de Facebook, que no sólo incluye esa enorme red social, sino otras dos empresas tan universales como Whatsapp e Instagram. Al parecer se produjo un problema técnico bastante serio en las instalaciones centrales de la empresa, sitas en California, que afectaba a servicios críticos como el DNS que permite resolver los nombres de las direcciones web y otros factores críticos, que hacen que internet funcione. Los sistemas internos de la empresa, desde los equipos de los empleados a las cerraduras de las puertas, completamente digitalizados y autogestionados, dejaron de funcionar de igual manera y, por espacio de bastantes horas, ese ente ultratecnológioco se convirtió, literalmente, en nada.

Hay varias ópticas para abordar una situación así, y la obvia es la de la seguridad de los servicios en los que basamos nuestra vida diaria y el riesgo que tienen de colapsar, y mandarnos a todos a una edad media oscura, si se derrumban o son saboteados (está por ver si lo de ayer fue un grave error interno o un ataque informático). De mientras no nos pongamos en serio a analizar esta, cada vez mayor, falla en nuestra forma de vida más riesgo tenemos de caer por el precipicio, pero quería hoy centrarme en un aspecto al que, poco a poco, se le empieza a dar la importancia debida y que también tiene implicaciones profundas. Ayer, durante las horas en las que no funcionaron esas redes, twitter era un hervidero de risas y memes al respecto, pero también el reflejo de la frustración de muchos por no poder usar los servicios para los que, me atrevo a decir, viven. ¿Cuántos ayer en el mundo sufrieron algo parecido a un síndrome de abstinencia al comprobar que su móvil no les respondía? Pensemos en Instagram, ese inmenso mundo consagrado al hedonismo, al exhibicionismo de la presuntamente extrema belleza y falsa imagen personal en la que millones de sus usuarios dedican horas sin límite para crear una imagen de sí mismos que sea globalmente atractiva. A todas esas personas, y empresas, que invierten tanto tiempo y dinero en la creación de sus perfiles, la caída de la red les supone una auténtica catástrofe en lo económico, sí, pero sobre todo en lo emocional. El valor de un “me gusta” es, para ellos, como un beso real, como un abrazo, como un polvazo si me permiten el crudo símil, y por ese “me gusta” que engrosa su cuenta son capaces de hacer lo que sea. Si la red deja de funcionar su objeto de deseo, su fuente de placer, el lugar en el que encuentran sentido a gran parte de su existencia se desvanece, y de ahí a la crisis profunda de la persona apenas hay un paso. Son varios ya los estudios que demuestran que esto que les digo no es una tontería que me haya inventado, sino la descripción de un serio problema. Centrados en Instagram, su toxicidad entre ciertos grupos de personas y tramos de edad empieza a ser incuestionable, y no son pocos los que a estas redes les denominan el nuevo tabaco, para hacernos una idea de lo que fue la extensión de la epidemia de tabaquismo durante gran parte del siglo pasado, observándose durante mucho tiempo el fumar como algo beneficioso y saludable, cosa que hoy en día nos parece incomprensible, pero que generó enormes industrias y, también, un estilo y formas de vida que hoy vemos retratado en películas e imágenes de la época que nos chirrían. Como siempre pasa en estos casos, son las personas más susceptibles y necesitadas de respaldo las que caen más fácilmente en este problema, y la adolescencia es la época perfecta para acabar enganchado a todo tipo de problemas, en demasiadas ocasiones de manera involuntaria, no tanto buscados como encontrados. Como cuando las tabaqueras explotaban su negocio y lo difundían, incluso con la colaboración de los médicos, las empresas de redes sociales tienen estrategias de captación dirigidas a aquellas personas que son más proclives a engancharse, y todo ello con la puntería exacta que otorga su magistral dominio de los datos que acumulan de sus usuarios. Saben a quién y cómo dirigirse para hacerlo un enganchado de su red y, por tanto, cliente de servicios y de publicidad asociada. El negocio es tan redondo como, sí, oscuro.

Sí hay que decir que, a diferencia del tabaco, que sólo tiene propiedades negativas, las redes sociales pueden ser útiles, beneficiosas y agradables si se usan bien, pero es lo mismo que pasa con casi todo, desde los coches al azúcar, que el secreto está en la dosis, no en el bien. Hacer desconexiones de las redes, valorarlas como lo que son y no encumbrarlas, aprender, en definitiva, a usarlas y domesticarlas es una tarea que nuestra sociedad tiene que hacer, y para la que no hay manuales de instrucciones. Parte del buen uso de las redes pasa, creo, por la limitación en las prácticas de búsqueda de adicción que los algoritmos que las definen emplean con sus usuarios. Ayer, por varias horas, los influencer de Instagram volvieron a ser lo que eran antes de crearse la red, nada, personas como usted y yo. ¿Qué tal lo pasaron desconectados?

lunes, octubre 04, 2021

Maixabel

Patria, de Fernando Aramburu, supuso una revolución en la manera de tratar el terrorismo y acercarse a la cruel realidad vivida en la sociedad vasca, fruto de la existencia de la mafia etarra. Desarrolla una historia en la que un atentado ficticio, tan real como los cientos y cientos que tuvieron lugar, permite observar a distintas partes de la sociedad, personajes de todo tipo y condición, que viven bajo la presión del odio y, en no pocos casos, gracias a él. Ya en el libro de relatos Los peces de la amargura (aquí dramatizados por el equipo de Carlos Alsina) Aramburu había explorado esa visión de la realidad vasca, pero es en su novela, de mucha más dimensión en todos los sentidos, donde el trabajo de disección llega al extremo. Su lectura es obligatoria no para saber lo que pasó, sino más importante aún, cómo se vivió.

La película Maixábel supone un acercamiento visual a esta forma de afrontar la realidad, con la ventaja e inconvenientes que tienen el medio cinematográfico. La directora, Icíar Bollaín, no recurre a la ficción, sino que relata un atentado real, el asesinato del exgobernador civil de Guipúzcoa Juan María Jaúregui, y el papel que su viuda, Maixábel Lasa, tuvo en la iniciativa de encuentros con presos etarras arrepentidos para propiciar el proceso individualizado de reinserción. El hecho de centrarse en un caso real permite que la película se muestre, en ciertos momentos, como una recreación casi documental de los hechos sucedidos, aportándole verosimilitud, pero frente a Patria, y por motivos obvios, muestra una realidad más corta, con menos personajes, en los que no se pueden explorar todas las aristas del drama y de la extendida vileza etarra. Ello no es óbice para que, a lo largo de la cinta, numerosos instantes, en los que poco se dice y mucho se muestra, enseñen hasta qué punto el odio terrorista estaba (y sigue) instalado en una gran parte de la sociedad vasca, y que la víctima no deja nunca de sufrir porque la presión de la mafia le persigue mucho más allá del exterminio de su ser querido. En la película es el papel de la hija, y de su entorno, el que muestra el comportamiento mayoritario de la sociedad en esos años, el de un silencio cobarde en el mejor y más justificable de los casos, cuando no una alegría poco disimulada ante los atentados cometidos por la banda. Los dos protagonistas de la cinta, Maixábel e Ibon, uno de los terroristas del comando asesino de Jaúregui, encarnados perfectamente por Blanca Portillo y Luis Tosar, muestran a las claras lo único que el terrorismo de ETA ha creado durante todas las décadas en las que ha existido. Dolor, sufrimiento, desgarro, unas enormes dosis de odio y mierda esparcidas por doquier a lo largo y ancho de la sociedad, unas mentiras enormes que han destruido familias, asesinado personas, creado viudas y huérfanos e instrumentalizado a muchos en aras de una pesadilla falaz. El personaje de Ibon muestra un camino de arrepentimiento personal, de asunción del daño causado, pero queda muy claro que es un proceso que esa persona en concreto ha hecho porque algo en su interior se lo ha mandado, porque ha sido capaz de pensar y salir de esa pesadilla. Nada en su entorno social ni en la banda etarra y sus grupos de apoyo le ha animado a dar paso alguno, porque nada de ese entorno admite la más mínima culpa de lo sucedido, simplemente oculta hechos y se mantiene instalada en una enorme mentira que le permite a la secta a los que de ella aún viven mantenerse, social y económicamente, sobre las ruinas que han generado. Como mostraba patria en la figura de la madre del etarra, soltar lazos con ese mundo supone enfrentarse a él, y al grupo social que lo sostiene, que muchas veces son los amigos de toda la vida, los vecinos, los compañeros de clase, aquellos con los que uno ha vivido infancias y adolescencias, que marcan para siempre. El paso que da el terrorista lo hace sólo, y es el que realmente requiere valor por su parte. Asesinar es de cobardes.

La película no juega con la equidistancia, porque no es posible, porque sería una infamia, pero sí con la ecuanimidad, lo más difícil, lo que Aramburu ya logró en su libro. Hoy ETA no existe, pero una parte de la sociedad vasca sigue corrupta por su pasado y mantiene actos de homenaje y demostraciones sociales de apoyo a muchos de los asesinos que, sin mostrar arrepentimiento alguno, sembraron terror. El desprecio a las víctimas del terrorismo sigue instalado en ese sector de la sociedad, y en no pocos dirigentes del nacionalismo vasco, que siguen teniendo la fe en su “raza” y “país” por encima de la vida de aquellos que consideran prescindibles. La banda asesina ya no está, pero el mal que sembró tardará décadas, muchas, en extinguirse.

viernes, octubre 01, 2021

El coronavirus, bajo control

Estos días ya casi por goteo, pero la incidencia de coronavirus en España sigue bajando, estando ahora en un entorno de 60 casos acumulados por cada cien mil habitantes en catorce días, cifras que se aproximan a barreras de incidencia tan escasas como manejables. Los datos de otras variables asociadas a la enfermedad también caminan con buen paso hacia la reducción, y son muestra inequívoca no sólo de que lo peor de la enfermedad ya ha quedado atrás, sino que la propia pandemia en sí empieza a estar derrotada en nuestro país. Recordemos que derrotar, en este caso, no quiere decir que el virus ya no exista, eso no es posible, sino que sus efectos sean mínimos, manejables, asumibles.

El coronavirus ha mostrado ser un virus no estacional, a diferencia del de la gripe, por lo que hemos tenido olas de positividad en épocas cálidas y frías, inviernos y veranos. El invierno, siempre más propicio a los contagios por las temperaturas y los comportamientos sociales apiñados bajo techo que implican ha mostrado ondas de contagios más elevadas, sí, pero hemos tenido picos altos en pleno agosto, lo que viene a señalar que cada virus tiene características propias y se comporta como la lotería genética que lo conforma lo determina. No vamos a erradicar el coronavirus, ha venido para quedarse con nosotros para siempre, pero hemos encontrado la manera de convivir con él y minimizar sus efectos hasta convertirlo en otra cosa muy distinta a lo que era en un principio. ¿Qué es lo que ha cambiado el juego de nuestro mundo, y cuerpo, frente a la enfermedad? Lo obvio, las vacunas. La llegada de las vacunas, su inoculación y la creciente inmunidad social que han ido generando han sido las principales, me atrevería a decir que únicas, causantes de que ya esta última ola de positividad que hemos vivido, muy intensas, no haya generado fallecidos comparables a las anteriores, ni colapsos hospitalarios como se vieron, por ejemplo, en los meses de enero y febrero de este año, tras la Navidad. Las vacunas actuales no son esterilizantes, es decir, no eliminan la posibilidad de que tú puedas contagiar a otros cuando te las inoculas, pero sí son capaces de reducir la carga vírica del infectado, por lo que cada uno de ellos puede contagiar a bastantes menos que antes. Y, desde luego, son capaces de evitar la fase grave de la enfermedad y la muerte en porcentajes que, en el entorno del 90 95% resultan maravillosos, muy por encima de la efectividad de otras vacunas conocidas. Con el tiempo surgirán nuevas vacunas que tengan capacidad de esterilización, que sean más perfectas que las que tenemos, sí, pero estas ya son más que suficientes para hacer que la enfermedad muerda el polvo. En España, uno de los países del mundo con mayor tasa de población ya vacunada con la pauta completa, estamos en el 77,2% de los ciudadanos inmunizados, valor que se sitúa por encima del requerido 70% de inmunidad de grupo para la variante original del virus y por debajo de lo que se necesita para la tan famosa Delta, pero en todo caso esa cifra, muy cercana al 80%, es más que suficiente para que la capacidad dañina de la enfermedad quede reducida a un problema sanitario más de los muchos que ya teníamos, perdiendo por completo la excepcionalidad que ha tenido durante este año y medio largo que llevamos sumidos en sus destructivos efectos. En España, y las naciones donde la vacunación está siendo un éxito, el coronavirus empieza a quedar atrás como tema de salud urgente. Eso no quiere decir que problemas de gran dimensión, como todo lo relacionado con el covid persistente, se mantengan mucho tiempo y sólo con los años seamos capaces de calibrar su impacto. Pero la crisis pandémica se acaba.

Por ello, las restricciones decaen. Las órdenes de vuelta al trabajo presencial se suceden y las limitaciones de aforo se van levantando por todas partes a medida que el virus deja de ser un problema. Probablemente, después del puente del 12 de octubre, la única medida práctica que quede en nuestro país sea la de llevar mascarillas en lugares cerrados, pero creo que a esa orden le quedan pocos meses. Es factible que, tras las navidades, se levante y se convierta en algo recomendado, especialmente en el transporte público, pero pierda su carácter obligatorio, y entonces esta enfermedad se empiece a convertir, por fin, en el recuerdo de una época oscura, cruel y triste a más no poder. Y todo gracias a cuatro vacunas. Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Janssen.

jueves, septiembre 30, 2021

Crisis energética global

Mientras el volcán de la Palma muestra una energía imparable, todo lo relacionado con esa materia, la de la energía, también parece haber entrado en erupción en los mercados globales. Seguir el precio de la electricidad en nuestro país es asomarse a una sucesión de máximos que, vaya vaya, no se dan en el Ibex. Condicionado por el coste del gas natural o los derechos de emisión de CO2, el recibo eléctrico europeo se está poniendo por las nubes y resulta asombroso comprobar como casi todas las naciones de nuestro entorno tienen tarifas similares. Descontando el hecho, no menor, de que nuestros vecinos del norte son más ricos que nosotros, lo que hace más bajos sus precios relativos, la luz está carísima en todo el continente.

Pero más allá de eso, la tensión en los mercados energéticos no deja de crecer. Al precio del gas, imparable en su subida, se ha unido el del petróleo y el carbón, empezando a generar entre todos una sensación de shock energético que, por ahora, nada tiene que ver con lo que se vivió en los setenta y ochenta, pero que es malo en todo caso. ¿Por qué pasa esto? Hay muchas razones, las más obvias relacionadas con la reapertura de las economías tras el control de la pandemia de Covid, el disparo de la demanda y la incapacidad de hacer frente a ella. El desbarajuste que hay en el comercio global es enorme, y la demanda de productos energéticos, muchos de ellos transportados no sólo por oleoductos, no es capaz de ser satisfecha por una oferta rígida. Se supone que estos problemas logísticos se irán solucionando con el tiempo a medida que todo vuelva a la normalidad, pero en lo que llevamos de 2021 no han hecho sino agravarse y extenderse, a veces mostrando fallas que estaban ocultas, como la que ayer les comentaba de la escasez de camioneros en Reino Unido. A todo esto hay que sumar un grupo de problemas derivados del proceso, incipiente pero alentado por todos los gobiernos, de transición energética que estamos viviendo. Cada vez hay más normativas que prevén un futuro sin el consumo de combustibles fósiles, sin que las tecnologías alternativas estén plenamente desarrolladas. Esto, visto desde la óptica de una empresa gasista o petrolera es un gran problema. Invertir en la perforación para encontrar nuevos yacimientos y explotarlos es caro, requiere tiempo y costosas inversiones y planificaciones. Y si, como dice la corma de la Comisión, para 2035 no se van a vender vehículos con motor térmico en la UE, no va a dar tiempo a amortizar todas esas inversiones en poco más de una década de explotación de los yacimientos. Esto, unido al parón del coronavirus, ha congelado proyectos energéticos relacionados con el gas y petróleo en todo el mundo desde hace un par de años, y ahora la demanda se dispara y pilla a la industria con una oferta que es incapaz de aumentar a corto plazo. Como los agentes que compran en el mercado, empresas y gobiernos, ven que la situación es tensa, tratan de cubrir sus reservas estratégicas cuanto antes y que sea otro el que se vea con problemas a la hora de abastecerse si la cosa pinta mal. Y así, como sucedió en la pandemia con el papel higiénico, las compras superan con mucho a la oferta y el precio se desata. China ha impuesto ya cortes de electricidad en algunas provincias interiores y pueden ir a más, afectando a grandes zonas industriales. ¿por qué? Porque el gobierno quiere reducir sus propias emisiones de CO2 y el carbón es la principal fuente de suministro en las centrales chinas. El gobierno de Beijing está tratando de hacerse con provisiones para el invierno, lo que dispara los precios del mineral, y luego usarlo de manera controlada, buscando entre otras cosas reducir sus emisiones para el momento de la celebración de los próximos Juegos Olímpicos de invierno, que serán allí en apenas unos meses. Así, el desbarajuste en los mercados es total.

Y claro, esto acaba afectando a todo, porque la energía es un insumo necesario para cualquier otra industria o actividad humana, que la necesita disponible y en grandes cantidades. A las puertas del otoño invierno en el hemisferio norte, época de gran consumo de recursos y muy dependientes de las temperaturas para saber hasta qué punto es posible aguantar más o menos, el nerviosismo que existe ahora mismo en todo el mundo es lo suficientemente intenso para provocar que el rebote económico tras el control del Covid se frustre en un marasmo de nervios, demandas insatisfechas y precios y costes descontrolados. Las semanas y meses que vienen serán determinantes para saber si la situación que vivimos, extraña, es un tropiezo que no va a llegar a más o un problema serio que puede complicarnos mucho la existencia. De momento la encarece.

miércoles, septiembre 29, 2021

El Brexit se va a pagar muy caro

Ayer les comentaba que varias eran las sombras que acuciaban a la economía nacional, fruto de problemas propios y del complicado contexto internacional que vivimos, y justo a lo largo del día los mercados financieros, que llevan semanas en rumbo lateral en Europa y alcistas en EEUU, empezaron a tomar conciencia de esas incertidumbres, aderezadas de temores sobre el caso Evergrande y el futuro de la economía china, y se dieron un porrazo en todo el mundo, con caídas algo superiores al 2%. El Ibex estuvo tan mal como el resto, no destacó especialmente. Está por ver si es el inicio de caídas mayores o un tropezón seguido de tumbos pero sin grandes desplomes.

Todos estos problemas económicos que les comentaba ayer también se dan en el Reino Unido, con la diferencia de que allí el brexit supone un enorme problema añadido que lo complica todo, y siempre para mal. La decisión de salir de la UE por parte de los británicos es el típico caso de decisión irracional que sólo ocasiona perjuicios, para el club que es abandonado, que pierde un socio, relevancia y contribución, y para el que se va, que se queda sólo y debilitado en un entorno hostil. El populismo británico, más bien inglés, que lideró aquella campaña, la amañó, y logró llevarse el gato al agua empieza ahora a ver algunas de las consecuencias reales de los falsos eslóganes que vendieron a la población. Es cierto que la pandemia, que ha golpeado a las islas con mayor fuerza que al continente, ha supuesto poner el tema del Brexit en un segundo plano y que sus efectos no se notasen demasiado, pero a medida que el virus queda bajo control (benditas vacunas) el desastre de la salida de la UE empieza a mostrar múltiples caras, todas desagradables. Desde hace meses se suceden las escenas de desabastecimiento de algunos productos en los estantes de los supermercados británicos, especialmente frutas y verduras. Para un país que importa la mayor parte de su comida parece un absurdo ponerse a instalar aduanas, controles, papeleos y burocracias en el proceso de traslado de la comida desde sus lugares de producción, muchos de ellos en España, hacia las despensas de los hogares británicos, pero esa es una de las grandes traducciones del hecho de abandonar un mercado común, el europeo. En estos días vemos cómo el abastecimiento de combustible en las gasolineras se está complicando en aquel país. Muchos surtidores están cerrados, otros racionan la cuantía que pueden dispensar y las colas crecen, y en ellas el hartazgo de muchos conductores, que han llegado a mostrar escenas violentas, con peleas a pie de manguera. Algo absurdo, difícil de imaginar, pero que ahora mismo se está dando en ese país. ¿Por qué? ¿No hay gasolina? Haberla hay, más que suficiente, pero la gasolina no tiene patas y no es capaz de ir andando sola desde las refinerías a las estaciones de servicio, se lleva en tanques arrastrados por camiones conducidos, y lo que no hay son conductores. El Brexit ha supuesto que muchos de los conductores, antiguos comunitarios, hayan perdido derechos respecto a otros no comunitarios, o que no hayan podido regularizar su situación y hayan acabado por salir del país. Como sucede también aquí, la gran mayoría de los camioneros no son nacionales, sino venidos de otros países, y el endurecimiento de las leyes de inmigración con motivo de la salida de la UE y el considerar como inmigrantes a todos los no británicos ha hecho que en la conducción, y en otras muchas profesiones industriales, de la construcción y similar, la mano de obra escasee y se empiece a rifar. Sin conductores los camiones de abastecimiento de gasolina, o los reponedores de comestibles en el supermercado, o tantos y tantos casos como usted pueda imaginar que impliquen grandes cajas con ruedas moviéndose por las carreteras se convierten en destinos no alcanzados, y el consumidor que los desea, o la empresa que demanda esos productos para sus procesos, no puede acceder a ellos. Y todo se para, y se disparan las colas, y surge la violencia, y se da cuenta uno del enorme error que ha supuesto eso que era tan “beneficioso” para los británicos, según les contaban algunos falsos populistas, valga la redundancia.

En medio de un nerviosismo creciente, con llamadas a la calma de un gobierno que no parece controlar la situación, algunas voces reclaman la intervención del ejército, y se están aprobando permisos de residencia para extranjeros de unos meses para aliviar la situación, que no servirán de nada porque nadie va a ir allí a trabajar con una fecha de despido dada tan certera, sin posibilidad alguna de compatibilizarlo con una vida profesional y personal carente de futuro. Lo que vemos es un perfecto ejemplo de ese dicho que reza que toda cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones, y ha sido el de los conductores el que ha roto el sistema de suministro británico. El gobierno de Johnson tiene una enorme papeleta encima de la mesa, que irá extendiéndose a otros sectores a medida que el Brexit siga generando destrozos, y sabe que la solución a todos ellos es echar atrás la disparatada decisión que el propio Primer Ministro defendió y usó para su beneficio. Eso me hace suponer que no quiera rectificar. El dolor crecerá.

martes, septiembre 28, 2021

El INE ve frenos a la economía

Una de las cosas que casi todos dábamos como seguro era el intenso rebote económico que se iba a producir tras la relajación de las restricciones asociadas a la pandemia. Tras el descalabro absoluto, existencial, del año pasado, las cifras actuales se iban a comparar contra un suelo hundido y el efecto de la demanda embalsada, que no pudo gastarse entonces, iba a tirar con fuerza de la economía, no compensando de manera automática el destrozo del PIB, porque eso no es posible, pero sí metiendo mucha gasolina extra en el motor y revolucionando la economía al máximo. Lo cierto es que algo de eso hay, sí, pero también otras cosas, y no buenas, no esperadas.

La semana pasada el INE dio a todos un baño de realidad estadística al publicar el dato oficial de crecimiento del segundo trimestre de este 2021. El valor, un incremento del 1,1%, es positivo, pero sabe a poquísimo, sobre todo desde que el propio INE diera un dato adelantado, que es una especie de estimación, que situaba ese valor esperado en el 2,8%. La diferencia no son décimas, precisamente, sino una reducción que supone que el valor finalmente alcanzado no llega ni a la mitad del que se esperaba. Decepción, rumores, malas caras, sorpresa… la publicación del INE supuso la semana pasada todo un terremoto entre los analistas y expertos en la materia, que daban por hecho un crecimiento mucho más vigoroso como señal de lo que antes les comentaba y reflejo de una perspectiva de futuro mucho más halagüeña. El gobierno, que ha utilizado esa estimación del 2,8% en sus estudios para la elaboración de los presupuestos, decidió no darse por enterado del recorte del dato y lanzó balones fuera, diciendo que vivimos tiempos volátiles y que, cifra arriba o cifra abajo, la recuperación es intensa y se ha más que consolidado. Voluntarismo no le faltó a una Nadia Calviño que, a buen seguro, sabía hasta qué punto lo que decía chocaba con la realidad del organismo estadístico. ¿Qué ha pasado? Aún es pronto para saberlo, pero todo apunta a que el efecto de algunas restricciones, que seguían en vigor en ese segundo trimestre, han hecho mella y que, sobre todo, se empieza a notar la influencia de frenos económicos que se están disparando por doquier, amenazando el panorama. La subida de los precios energéticos, traducida en grandes facturas de la luz o de la gasolina, no es sino una de las vías por las que la inflación de costes se está colando en la economía y detrayendo riqueza de las familias y empresas, consumiendo parte del ahorro acumulado que se originó durante la pandemia. Las roturas de las cadenas de suministro globales, que está ocasionando estrecheces e incapacidad de abastecer suministros, provoca al cierre temporal de plantas de automoción y dislocaciones en distintas industrias que no pueden dar abasto a sus demandas. El coste de los fletes se ha disparado, y los contenedores que viajan por todo el mundo transportando mercancías de todo tipo lo hacen menos, por problemas logísticos de las propias navieras y de la industria de los contenedores, y a un precio bastante más alto, por lo que nuevamente esa inflación de costes aparece en productos de consumo o de uso intermedio, lo que daña las cadenas de valor y el poder adquisitivo del consumidor. Estas fricciones, algunas de ellas esperables, se están enquistando mucho más de lo previsto, convirtiendo problemas que se esperaba que durasen semanas o pocos meses en incertidumbres que no se ven agotadas en el futuro. Quizás la más grave sea la de los microchips, pero las tensiones en los precios de la energía tampoco tienen pinta de aflojar a corto plazo. En definitiva, más allá de los problemas propios de la economía española, el contexto económico global está empeorando y eso mete frenos a la expansión que todos esperábamos. Pareciera que, como a un motor, le hemos pisado demasiado el acelerador y están surgiendo muchas vibraciones y piezas que dan problemas, y que no soportan tanta velocidad.

¿Este tropezón que ha reflejado el INE es permanente? No se sabe. Todos suponemos, ay, otra vez, que los datos del tercer trimestre, que acaba pasado mañana, serán mejores porque ha sido un verano no normal, cierto, pero mucho más verano que el del año pasado, con un movimiento turístico nacional muy destacable y una primera presencia de turismo internacional que ha podido dinamizar la economía. Por ello, sí estamos ante un exceso de optimismo en el avance y una cura de realidad con el dato cierto, pero queda bastante por saber cuál es la tendencia a corto plazo. Por lo pronto, se impone la prudencia, y dejar en la nevera gran parte del optimismo económico con el que se afrontaba este 2021. Como mínimo estamos en un terreno volátil y complicado.

lunes, septiembre 27, 2021

Alemania huye de los extremismos

Jornada electoral tranquila en Alemania, sin incidentes. Alguna anécdota como la de ese colegio de Berlín que no se podía abrir ni con llave o, la más sonada, el error del candidato conservador Lasech a la hora de doblar la papeleta al introducirla en la urna, de tal manera que se veía lo que tenía señalado como su voto. Hubo muchas coñas en la web germana al respecto y, aunque el voto finalmente fue válido porque acabó en el interior, las autoridades electorales señalaron que el presidente de la mesa no debió dejar que entrara en la urna de esa manera, lo que hubiera sido el colofón a la mala campaña de los conservadores y a lo que anticipaban las encuestas.

Finalmente los resultados han sido muy parecidos a lo que se apuntaba, de tal manera que la victoria, por muy poco, se la han llevado los socialdemócratas del SPD, con Olaf Scholz como candidato, aventajando en poco más de un punto a los conservadores de la CDU / CSU . Es la primera victoria socialdemócrata tras cuatro derrotas consecutivas propiciadas por Merkel. La tercera fuerza son los verdes, que obtienen un gran resultado, pero que les sabrá a poco dadas las expectativas con las que contaban hace no muchos meses. Errores de campaña y de su candidata les bajaron de una nube en la que se codeaban al borde de la victoria, y la subida que han experimentado desde el anterior resultado, cuestión de expectativas, les sabrá a poco. Cuartos han quedado los liberales, en la tierra de nadie en la que suelen vivir estos partidos en toda Europa, con unos resultados similares a los anteriores comicios, y las últimas posiciones se las reparten Alternativa por Alemania, la extrema derecha, y Die Linken, la extrema izquierda. Lo que más me ha gustado de estos resultados es, exactamente, esto último, la bajada de estas formaciones populistas extremistas, su pérdida de representatividad y de poder. Los alemanes han acudido a las urnas a sabiendas de los problemas que tienen y que existen distintas vías para tratar de arreglarlos, pero que ninguna pasa por los extremos, por esos discursos de odio y ruido que ambas formaciones, teóricamente muy enfrentadas pero que, en la práctica, se parecen mucho, ofrecen al electorado. Con todo hay un matiz preocupante, y es que la formación de extrema derecha se consolida en lo que fueron los estados de Alemania del Este, camino quizás de convertirse en una formación regionalista. Los malos resultados de la CDU / CSU en esos estados federados hacen que la distancia entre ambas formaciones sea mínima e, incluso, puede que en alguna región los extremistas hayan superado a los conservadores clásicos. En todo caso el día de hoy es de alegría tanto para los que apostamos sin fisuras por la democracia representativa como por las formaciones clásicas, por la política seria y aburrida, la que huye de estridencias y extremos. Alemania ha dado, en este sentido, una lección. La gran pregunta que queda por responder es cómo se formará gobierno y quién lo dirigirá. El sistema electoral alemán, complicado, determina finalmente que tras cada elección el tamaño del Bundestag (para entendernos, y aunque no sea exactamente así, su Congreso de los Diputados) sea distinto en función de los votos cosechados por cada formación, por lo que hasta que no finalice el recuento no se puede saber cuántos parlamentarios habrá y cómo calcular la composición de mayorías, pero con lo que ya se sabe, sólo hay tres posibles coaliciones que alcancen mayoría en la cámara. De menor a mayor probabilidad, una reedición de la gran coalición entre conservadores y socialdemócratas, que ambas formaciones rechazan como solución general; la llamada coalición Jamaica, unión de conservadores (negro) liberales (amarillo) y verdes, y la coalición semáforo, liderada por socialdemócratas (rojo) liberales (amarillo) y verdes. Tras la victoria del SPD esta parece la opción más posible.

En Alemania, como en España, el canciller lo elige el parlamento, y es nombrado aquel que consigue más votos en la cámara, pertenezca o no a la formación más votada. Tanto el ganador, Scholz como el perdedor Laschet quieren entablar negociaciones con las otras dos formaciones necesarias para lograr un acuerdo de investidura (les suena, ¿verdad?) pero, a priori, lo tiene más fácil el candidato del SPD, aunque será un reto aunar en un mismo gobierno a liberales y verdes, que en algunas cosas coinciden, pero en otras se repelen como agua y aceite. Vienen semanas de discusiones y parálisis en la política germana, y, claro, en la europea. Nos conviene que este proceso no se eternice y, sea cual sea el resultado, se alcance rápido y de estabilidad.

viernes, septiembre 24, 2021

El adiós a Ángela Merkel

Ayer por la noche pasaron muchas cosas. Cayó una intensa tormenta en Madrid, en Cerdeña fue detenido uno de los mayores traidores y cobardes de la historia reciente de España y en Alemania tuvo lugar el último debate electoral de cara a las elecciones legislativas de este domingo. Las encuestas siguen apuntando que el actual partido gobernante, al CDU conservadora, perderá frente a los socialdemócratas, ambas formaciones con candidatos grises, y que los verdes serán la tercera fuerza, desbancando a la ultraderechista Alternativa por Alemania, que cae muchos puntos. En dos o tres días veremos a ver el grado de acierto de los pronósticos.

Lo relevante de estas elecciones no es quién gane y se presenta, sino quién estará ausente. Por primera vez desde hace dieciséis años, cuatro comicios verdaderos, Ángela Merkel no figurará como candidata de su partido, la conservadora CDU, y su gesto, ya universal, de las manos unidas a su manera no aparecerá en cartel alguno ni en las vallas. Merkel lo deja tras una etapa de gobierno en la que ha tenido que afrontar retos enormes, para los que ha demostrado una valía fuera de toda duda, y que ha marcado una huella profunda no sólo en Alemania, sino en toda Europa. Sus gobiernos, varios de ellos en coalición con los socialdemócratas, han sido una garantía de estabilidad en un continente azotado por tormentas electorales que han derribado primeros ministros como si fueran casas prensadas por la lava de La Palma. Seria, discreta, con un toque de introspección que no nunca le ha abandonado, Merkel ha sido rígida en ocasiones, audaz en otras, flexible y dura a lo largo de todos estos años. Tres han sido las grandes crisis que le ha tocado lidiar, y de las que ha sabido salir indemne; la económica tras el derrumbe de 2008, muy leve en Alemania, y su contagio a la deuda soberana y el propio futuro del euro, la de los refugiados tras la avalancha de sirios que huyeron de su país en medio de la cruel guerra civil que lo azotaba y la del coronavirus, global, que Alemania ha sobrellevado con mucha menos crueldad en forma de fallecidos que la mayor parte de los países de su entorno. En todas ellas Merkel se ha mostrado como una dirigente seria, ajena a las modas. En tiempos de velocidad y de populismo rampante, de liderazgos huecos en los que sólo caben los asesores de imagen y los creídos “spin doctor” que viven pendientes del último tuit y sondeo, Merkel ha sido una roca que ha aportado firmeza a la veleta global. No decidía nunca la primera, no se dejaba llevar por impulsos. Preguntaba, recababa informes y datos, y luego decidía. Una vez había decidido, era firme en defender su elección, y no se dejaba amilanar. En la crisis del euro fue dura con los países del sur, lo que le granjeó muchas críticas, desde luego menos de las que justamente merecieron muchos de los responsables de la ruina que en naciones como Grecia o la nuestra causaron años de enorme dolor y sufrimiento, críticas que no fueron emitidas, y que aún hoy, años después, no se oyen ni siquiera como lamento propio solicitando perdón por los errores cometidos. En la crisis de siria se mostró comprensiva con los refugiados y, en medio de las tensiones provocadas por el auge de la extrema derecha, decidió abrir sus fronteras y acogió a miles y miles de ellos, lo que le llenó de críticas entre muchos de sus propios y de elogios comedidos de los ajenos, que ya se sabe que el sesgo político impide elogiar como es debido a los contrarios cuando hacen lo que es debido. Y en el coronavirus se mostró firme, con rigor científico, nunca menospreció la dimensión de la crisis, nunca negó a su sociedad las palabras duras que describían lo que se les venía encima y las muertes que acarrearía, y ha sido estricta con los procesos de confinamiento y desescalada. En todos los avatares sufridos, desde su perspectiva vital y conocimiento del país en el que vive, ha actuado movida por el interés político, obviamente, pero con un sentido de la responsabilidad y de estado tan aplastante como ejemplar.

Basta ver la nómina de mandatarios que han pasado mientras ella gobernaba. Hollande, Sarkozy, May, Cameron, Conte, Renzi, Zapatero, Rajoy, Trump…. Todos ellos absolutos incapaces a su lado, muestrario de egos, prisas, desconcierto y falta de capacidad. Muchos de ellos implicados en escándalos de corrupción, y ella, que sigue yendo por las tardes al supermercado a hacer su compra, ajena a las tentaciones que el dinero y el poder siembran en quienes cerca de ellos andan, y tarde o temprano, la mayoría, caen. Merkel lo deja y, sin duda, será añorada por muchos, al menos por los que pensamos que la política es algo serio, es un servicio púbico a toda la ciudadanía de un país y requiere entrega, honradez y sacrificio. Con sus aciertos y errores, Merkel ha dado una lección práctica de gobernanza en un mundo que la necesita con apremio.

jueves, septiembre 23, 2021

Decepcionados con Biden

Ayer se hizo pública la conversación telefónica mantenida a lo largo de la tarde, hora europea, entre Macron y Biden, que suavizó las disputas surgidas en la llamada “crisis de los submarinos” y concluyó con la decisión francesa de que su embajador retornara a Washington, de donde había sido llamado, por primera vez en la historia, como protesta ante el acuerdo Aukus y la ruptura de los contratos que Australia tenía con la industria militar naval francesa. Se puede decir que, diplomáticamente, esta disputa ya ha sido subsanada, pero el problema de fondo sigue ahí, y la sensación de que el Atlántico se ensancha no deja de crecer.

En la misma tarde en la que se producía esa llamada, Biden se reunía con Johnson en la Casa Blanca, dejando a las claras cuáles son los socios de primera y los de segunda para EEUU. Biden fue acogido con la mayor de las esperanzas en las cancillerías europeas, y en medio mundo, tras los años de Trump, en los que el fondo y las formas de la presidencia norteamericana degeneraron mucho. La llegada del demócrata era una vuelta a la normalidad en lo institucional y personal. Diez meses después de la victoria electoral del anciano Joe la realidad es bastante más complicada y no se puede disimular con los sesgos ideológicos que uno porta y que hace ver a muchos, con el simplismo atroz que ahora nos domina, que todo lo republicano es maligno y todo lo demócrata excelso. Dejando a un lado lo personal, donde, en efecto, no hay color, y Biden brilla frente a la necedad del comportamiento de Trump, muchas de las políticas de fondo se mantienen iguales en la pasada y en la presente administración norteamericana, y en lo que hace al papel de los europeos continentales a sus ojos, nuestra irrelevancia es la misma. Las formas son distintas, si, pero decisiones como el proceso de salida de Afganistán o el Aukus han sido tomadas con una unilateralidad pasmosa que, de haber sido ejercidas por Trump, habrían supuesto que los gritos de la prensa y otros medios internacionales (y nacionales) se escuchasen incluso más que los estallidos del maldito volcán de La Palma. Muchos, anestesiados por sus sesgos, e muerden la lengua para no escribir las duras condenas que se hubieran narrado si Trump hubiera estado en el poder en una situación como el desastre afgano. Hubiéramos visto lo mismo, la misma humillación, el mismo fracaso, pero los articulistas, que sí han coincidido en usar esos términos, hubieran cargado con fiereza contra el magnate. Y, por cierto, con toda la razón. Si fuese la firma de Trump la estampada en un acuerdo exclusivamente anglosajón la causante de la ruptura del acuerdo comercial francés hubiéramos visto, con elevada probabilidad, manifestaciones en los bulevares de París con muñecos de pelo anaranjado insultando a la presidencia norteamericana y cargando contra todo lo que parecieran barras y estrellas. En política migratoria vemos que la administración Biden deporta con igual discreción que la Trump a migrantes que huyen de desastres como el de Haití, que se hacinan bajo puentes en la frontera de México con el imperio, y que en algunos casos son cazados a caballo casi con lazo, como acostumbraban en las películas del oeste a hacerlo los vaqueros con el ganado, o algunos sudistas con los negros en los tiempos de la esclavitud. ¿Qué se escribiría sobre esas escenas de gobernar Trump? ¿cuántos informativos nacionales e internacionales abrirían con esas imágenes y sus corresponsales tratando de acercarse a los jinetes que practican ese siniestro rodeo? Apenas hay reacción, muy pocas palabras, unos breves en las noticias intercalados con otras ínfimas presencias internacionales, poquísima relevancia, y un auténtico ejercicio de morderse la lengua por parte de muchísimos. Más allá de esta denunciable hipocresía por parte de tantos, lo relevante es que las tendencias de fondo de la política de EEUU son profundas, y que un cambio de administración no basta para revertirlas, y menos aún para transformarlas en el buenismo europeo de algunos opinadores que paren creer que dictan agendas internacionales.

Las próximas reuniones que tengan lugar entre Bricen y el resto de países europeos, bien en el marco de encuentros de la OTAN o de cualquier otro tipo, ya no estarán marcadas por una sensación de reencuentro con el amigo americano tras el paréntesis Trump, sino por el recelo de una realidad incómoda, la de saber que el concepto de socio se ha devaluado para Biden y los suyos, y que Europa ha dejado de ser una zona de interés para pasar, en todo caso, a ser u lugar en el que conseguir contratos y ventajas de cara a una rivalidad frente a China. Si servimos como peones en la lucha global Washington Beijing de algo valdremos, sino, nada de nada. Así están las cosas, nos gusten o no.

miércoles, septiembre 22, 2021

Aukus

Si no les suena de nada el término que he escogido hoy para titular el artículo les aconsejo que paren un instante la lectura y vuelvan a él, para repetirlo algunas veces, y que así se les quede en la memoria, porque me da que vamos a verlo mucho de aquí en adelante. Es nuevo. Sí. Es un acrónimo que surge de la unión de las dos primeras letras de Australia, AU, las iniciales de UK, Reino Unido en inglés y las de iniciales de US, EEUU en inglés. El término completo es AUUKUS, pero ya se escribe en medios por los articulistas de la manera en que lo he empleado, convirtiéndolo en una palabra en la que la primera U no es redundante. Esta alianza entre tres países es la puntilla a un verano de desastre occidental.

Las tres naciones que han firmado el acuerdo son anglosajonas, y no hay nada casual en ello. Suele denominarse Five Eyes, cinco ojos, a la asociación no firmada pero sí real que existe entre los cinco grandes países anglosajones del mundo, EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, unidos por el idioma y cierto orgullo de superioridad nunca disimilado. Aukus es otra cosa más profunda, supone una alianza estratégica, principalmente militar, centrada en el área del Pacífico y sureste asiático, de tal manera que las tres naciones se comprometen a la ayuda y colaboración mutua para desarrollar actividades y capacidades de disuasión en ese escenario, con la vista puesta en la contención de China. En ese acuerdo Reino Unido aporta los contactos y el conocimiento de la zona, de la que fue potencia colonial en parte y sigue teniendo una presencia diplomática fundamental (piénsese en Singapur, por ejemplo) pero poco más, dado que su armada y resto del ejército están muy de capa caída. EEUU es la potencia hegemónica y aporta todo, desde capacidad hasta estrategia y liderazgo, y Australia aporta su territorio, sito en la zona de influencia, con acceso marítimo, a través de Indonesia, a todo el sudeste asiático. Se convierte así en la base de operaciones de la alianza, el territorio desde el que se desplegará la capacidad ofensiva y se ejercerá la disuasión visible, quizás menor que la no presencial que se mantiene, poderosísima, en el territorio norteamericano, pero relevante en todo caso. El acuerdo fue anunciado por sorpresa la semana pasada sin que las fuentes oficiales del resto de aliados de estos países lleguen a afirmar que estaban informadas de negociaciones semejantes. Ni la UE ni la OTAN han pintado nada en la creación de Aukus, y es especialmente la organización trasatlántica la que sale muy mal parada de un acuerdo semejante. El desprecio que ha supuesto para esa entidad la actitud de EEUU, el garante último de su existencia, y la clara espalda que Washington da al escenario europeo en sus decisiones han quedado reflejados claramente en la puesta de largo de un acuerdo a tres partes en el que se junta tanto la visión pacífica, por el mar, como la supremacía anglosajona, que deja atrás al resto de socios europeos. El monumental cabreo que ha cogido Francia tras la rescisión de un contrato de compra de submarinos que tenía suscrito Australia, que ahora tendrá acceso a sumergibles de avanzadísima tecnología nuclear norteamericana es sólo la punta del iceberg del desconcierto, frío y sensación de abandono que ha cundido por las cancillerías de toda la Europa occidental, unidas en la impresión de que la fiabilidad del socio americano cae enteros sea quien sea el que ocupe la Casa blanca, con las formas mafiosas de Trump o las amables de Biden. Desde que Obama empezó a darse cuenta de que el gigante chino ya lo era Europa pesa cada vez menos en la agenda de la capital norteamericana, y Aukus es la plasmación de lo que realmente le preocupa ahora a los estrategas de Washington y lo poco que le importamos el resto. Este acuerdo supone, en la práctica, la primera división formal de occidente en dos alianzas ante el escenario global, anglosajonia por un lado y el resto, sin saber muy bien por dónde ir. En el mundo bipolar en el que ya nos encontramos, EEUU ha escogido socios para plantarse ante China, y no, nosotros no estamos entre los seleccionados.

Hoy se termina el verano de 2021, y en lo geoestratégico lo hace en un mundo bastante más distinto, peligroso y descontrolado de como lo estaba cuando comenzó. Nadie podía imaginar a finales de junio que veríamos el desastre de Afganistán en apenas unas semanas y que la imagen de occidente quedaría seriamente dañada por la desastrosa gestión de la retirada de ese país, de la huida más bien. La posición norteamericana es hoy bastante más débil de lo que era hace unos meses (para ser justos, ahora se ve lo que antes era pero no se notaba) y los países de la UE nos hemos dado de bruces contra un escenario muy peligroso en el que empezamos a ser periferia, y en el que carecemos de capacidades, estrategia y medios en lo ofensivo. El panorama se ha torcido mucho, y está claro quiénes hemos salido perdiendo y, por tanto, necesitamos espabilar.

martes, septiembre 21, 2021

Imparables lenguas de lava

Estamos más acostumbrados a las inundaciones, procesos rápidos, bruscos, en los que una ola de agua, barro y lodo se abate sobre propiedades y causa destrozos en un tiempo breve. Lo sucedido este verano en Alemania y en zonas de Castellón, Toledo o Tarragona, o el riesgo de que algo similar pase hoy o mañana en Baleares es lo que se nos viene a la cabeza cuando nos imaginamos algo que arrasa nuestras casas. Es doloroso, cruel, pero al día siguiente el agua ya no está. Quedan sus consecuencias, pero las calles se acaban limpiando, y con esfuerzo, dinero y paciencia muchas cosas se acaban reconstruyendo. Las inundaciones dejan cicatrices en el paisaje, pero lo rompen del todo.

Lo de la lava de un volcán es otra cosa muy distinta, un fenómeno completamente diferente en todas sus dimensiones, y para el que no estamos realmente preparados, no ya en los aspectos técnicos, sino sobre todo en los conceptuales. Vemos las imágenes de La Palma y lo que se ha formado bajando la montaña no es exactamente un río de lava, sino una especie de aglomerado, similar a lo que pasaría si cientos de hormigoneras empezasen a verter su contenido en una calle. Una masa pétrea, no muy viscosa, pero flexible, que avanza despacio, y que como un glaciar, no puede ser detenido de ninguna manera. Llega a las propiedades y las aplasta, carboniza, prensa, quema y destruye con una fiereza metódica y aplastante. La sensación de impotencia que produce es enorme, y se acrecienta por la especie de cámara lenta a la que se desarrolla el proceso. En la inundación muchas veces hay que salir corriendo porque el agua llega de golpe y o tiras de tus piernas y lo dejas todo atrás o estás muerto. Aquí no, los desalojados pueden, como lo hacen los medios de comunicación, acercarse a las propiedades y ver como, a unos cientos de metros, una pared de lava se aproxima. Una masa de varios metros de altura que va sepultándolo todo. Contemplan a su exterminador caminando despacito, a golpe de pedrusco que se desprende del magma y permite que una nueva porción de colada le sustituya, acercarse a sus propiedades. Escuchan el crujido de cada una de las estructuras de lo que fueron sus casas, enseres, arbolados, fincas, en medio del fragor de fondo de la incansable erupción. Esa masa deforme de lava y rocas crea terreno, aplasta lo que existía para sepultarlo bajo varios metros que, cuando se enfríen, se convertirán en sólido suelo pétreo, duro como roca que es, haciendo que lo que existió desaparezca por completo, borrado de la faz de la tierra, que precisamente ve su rostro alterado. La extensión de las lenguas de lava es caprichosa, en función del terreno por el que avanzan, no son excesivamente anchas, pero allí por donde pasan crean un tajo imposible de disimular, en el que su presión y fuego gangrenan el terreno que antaño fue cultivo, pastos, residencial o de servicios, para convertirlo en negrura absoluta, en una especie de asfaltado natural que no tiene alternativa. Cuando la erupción termine, quién sabe cuándo será eso, la imagen de la isla habrá cambiado, imposible decir hoy en qué cuantía y dimensión, pero las zonas arrasadas se encontrarán sepultadas bajo toneladas de roca dura, y muchas de ellas serán completamente irrecuperables. La afección no sólo es superficial, dado que estructuras subterráneas como acuíferos y manantiales también se habrán visto afectadas, por las filtraciones de gases que emanan de la mole que se mueve sobre ellas, por no hablar de bodegas y construcciones subterráneas, al parecer abundantes en la zona, que ahora se encuentran sepultadas a mucha mayor distancia de lo que antaño estaban. El efecto sobre lo que existía es similar a un bombardeo perpetrado por un ejército enemigo, que realizase numerosas pasadas para destruir con saña todo lo que sobre el suelo levantase cabeza. Y aun así la comparativa se queda corta.

A medida que la erupción avanza y nuevas grietas se abren sobre el terreno crece el número de evacuados, que saben que sus vidas ya no serán como las de antaño pero que no tienen manera de conocer cuándo podrán no ya regresar a sus inexistentes hogares, sino simplemente escuchar el silencio que antaño mandaba en la isla en la que vivían y, en muchos casos, nacieron. La evolución del fenómeno tiene mucho de caótico y resulta imprevisible, y lo único que pueden hacer los expertos es medir, ver, tomar datos, usar su experiencia para tratar de atisbar lo que puede ser más probable que suceda, pero nunca mojarse, porque saben que el espectáculo durará lo que la caprichosa naturaleza quiera. Y para los desalojados, ¿qué consuelo les queda? ¿Cómo afrontar una nueva vida desde la nada? Esas grietas que se abren tampoco se sabe cuándo se podrán cerrar.

lunes, septiembre 20, 2021

Erupción en La Palma

Sí, pocas cosas imaginables faltaban para que la actualidad de este año superase a todo lo imaginado. El listón en enero se puso muy alto, con unos extremistas con cuernos asaltando el Capitolio en Washington y una nevada sepultando Madrid, pero a la realidad le gusta superarse. Al poco de empezar el año tuvimos un enjambre sísmico en la zona de Granada Santa Fe, seguro que alguno de ustedes se acuerda, que genero mucho miedo entre la población y alarma por lo que pudiera llegar a pasar. Los movimientos causaron noches de pánico y de estancia al raso, y no pocas grietas en viviendas y otros edificios, pero como vinieron, los temblores se fueron. Ya en su momento los expertos advirtieron que estos procesos no son predecibles.

El fatídico 11 de septiembre, hace apenas una semana, se puso en marcha un nuevo enjambre sísmico en la zona de cerro viejo, en la parte sur de la isla canaria de La Palma. Esta isla, la segunda más joven del archipiélago, posee paisajes propios de las películas de aventuras, con enormes barrancos y cortados cubiertos de vegetación, y es el resultado de dos procesos eruptivos, uno, el principal, que crea toda la zona norte, es la caldera de Taburiente, un enorme cono volcánico desplomado en su flanco suroeste, y otro, en la zona sur, fruto del volcán de cumbre vieja, de menor tamaño, pero mucha mayor actividad. Los sismos que empezaron el sábado 11 adquirieron regularidad e intensidad a lo largo de la semana, y mostraban una clara tendencia a ir disminuyendo de profundidad. Para los expertos la cosa estaba clara, una enorme masa de magma presionaba desde la profundidad de la tierra, intentando salir, y eso generaba una tensión en la superficie. El proceso de deformación de la zona sur de la isla iba a más a lo largo de los días, y la posibilidad de que se produjera una erupción a corto plazo aumentaba. Dado que estos procesos se pueden intuir pero no prever, se decidió por parte de las autoridades la activación del plan ante erupciones que existe en el archipiélago, el llamado Pevolca, y comenzaron las reuniones de los técnicos y responsables políticos con los habitantes de la zona previsiblemente afectada, parte sur y orilla oeste de la isla. El sábado, con movimientos cada vez más superficiales, se decidió que era conveniente evacuar de algunos municipios a las personas dependientes, con movilidad reducida y, en general, las más vulnerables, por si acaso. Fue una decisión muy acertada, porque estos fenómenos avisan, sí, pero son traicioneros, y las cosas pueden ser inminentes y no darse o ser tranquilas y, de repente, desatarse sin control. Ayer por la mañana se produjo un movimiento de intensidad superior a tres con una profundidad de apenas un kilómetro, lo que se parece mucho en vulcanología a una cuenta atrás antes de la puesta de largo de la erupción. Y así fue esta vez. Pasadas las tres de la tarde hora canaria, las cuatro peninsular, en una anodina tarde de domingo nacional, una columna de humo y cenizas se elevó al cielo desde Cumbre Vieja y anunció, con gran estrépito, que el volcán se activaba tras cincuenta años desde su última erupción. El nerviosismo cundió entre la población de los núcleos cercanos, localidades pequeñas, eminentemente agrarias, y con bastante población dispersa, y los planes de evacuación que habían sido puestos en marcha el día anterior se aceleraron, de tal manera que para la tarde noche de ayer era unas cinco mil las personas que habían sido desalojadas de sus casas y conducidas a polideportivos y centros similares de localidades mayores, alejadas de la actividad eruptiva, como Tazacorte o Los llanos de Adeje. Afortunadamente no se ha producido incidencia alguna en el proceso de desalojo y, a esta hora, podemos decir que el balance de la erupción es nulo en lo que hace a muertos y heridos, lo que es todo un logro. Los planes de aviso y desalojo han funcionado correctamente y la profesionalidad de todos los implicados en ellos ha sido muy reseñable, y digna de todo elogio.

No se puede decir lo mismo, obviamente, del balance material de la erupción. Desde ayer la presión magmática ha rajado la montaña en, parece en este momento, ocho puntos en los que se produce la expulsión de lava de manera violenta pero, afortunadamente, no explosiva. Ríos de colada bajan lentos y densos por la ladera de la montaña camino al mar, a un paso de anciano caminante, pero imparables, arrasando viviendas, propiedades, campos de cultivo e infraestructuras, sin que se pueda hacer nada para evitarlo, salvo seguirlo al minuto para saber si esta o aquella vivienda, o ambas, serán destruidas. El espectáculo del volcán es hipnótico, pero para los habitantes de la zona supone la ruina total, la destrucción de su entorno y propiedades. Y es imposible saber cuánto tiempo la actividad volcánica seguirá y hasta dónde llegarán sus efectos. Toca esperar y, asombrados, ver.

viernes, septiembre 17, 2021

Evergrande, ¿el Lehman Brothers chino?

Se agolpan los temas en este agitado septiembre y toca escoger, así que vamos con algo importante y una casualidad nominal. Si recuerdan se montó un lío enorme hace meses con aquel megacarguero que bloqueó el Canal de Suez al atravesarse mientras lo cruzaba. El caso se solucionó tras mucho esfuerzo, y mostró entre otras cosas lo tirante y frágil que es la cadena logística que abastece el mundo, que ahora mismo vive sumida en una crisis por el exceso de demanda, al que no es capaz de hacer frente, con el consiguiente disparo de los precios de muchas materias primas y bienes de consumo. Aquel barco se llama Evergiven.

Pues bien, otro barco financiero, tirando de metáfora arriesgada, un enorme portaconedor de deudas, créditos y devengos llamado Evergrande está a punto de embarrancar en China, en lo que puede ser una de las mayores quiebras comerciales de la historia, y en un proceso que recuerda demasiado a los vividos en la crisis de 2008 2009 en nuestras tierras, todos ellos relacionados con el mundo inmobiliario. Evergrande es una promotora inmobiliaria de enormes dimensiones, una empresa china que trabaja en aquel país y que desarrolla complejos de viviendas centrados en el segmento de clase media alta. Desde hace ya meses corren noticias sobre problemas de liquidez de la compañía, derivados de las deudas contraídas y de la reducción de ingresos, problemas que si se extienden en el tiempo acaban generando una crisis de solvencia. El que la deuda acumulada de la compañía alcance la psicodélica cifra de los 250.000 millones de euros, algo más del 20% de nuestro PIB; es un indicativo del monstruo al que nos enfrentamos, y de su posible efecto de arrastre en caso de que caiga. Su historia no difiere demasiado de tantas otras conocidas en el pasado; empresa inmobiliaria que crece como la espuma al calor de los precios y demanda, que diversifica el negocio queriendo abarcar sectores que no conoce y que se apoya en una deuda creciente respaldada por nuevos proyectos inmobiliarios. Este círculo se convierte en vicioso desde el momento en el que el flujo de ingresos proveniente de las nuevas licencias y operaciones urbanísticas no es capaz de superar a los gastos de las inversiones llevadas a cabo, y la compañía debe empezar a recortar en algunos de sus segmentos de actividad para volver al equilibrio. Ese es el momento en el que la cordura aún puede evitar el peligro, pero la codicia suele triunfar, y la sensación de que los ingresos crecerán y que ya saldremos del apretón suele vencer en los consejos de administración de estas empresas, que están llenos de orgullo por lo mucho conseguido en poco tiempo. No se adoptan medidas restrictivas y las empresas se lanzan a una carrera desaforada para crecer aún más, buscando nuevas fuentes de ingreso, pero que sólo se traducen en incrementos de deuda y costes asociados, que engordan sin cesar hasta ser inasumibles. Les suena, ¿verdad? En España vivimos durante la burbuja muchos procesos de este tipo, que acabaron como suelen acabar habitualmente, en forma de estrepitosas y dañinas quiebras. La quiebra de una empresa es un drama para sus participantes, pero no llega más allá. La quiebra de enormes tinglados empresariales que arrastran a un sector puede ser un desastre lo suficientemente grande como para que la economía de una nación se suma en una crisis generalizada, y sectores que no tienen nada que ver con el quebrado sean arrastrados por el desplome de la demanda agregada nacional, sin contar con los efectos en el sistema financiero, que está imbricado con todos los agentes de una economía. Aquí vivimos las consecuencias de un desplome de ese tipo, en EEUU también, en Japón lo conocieron a finales de los ochenta. No es un caso raro, ni mucho menos.

La gran pregunta es si Evergrande va a quebrar, si es lo suficientemente grande como para que el estado chino la rescate y evite esa quiebra, el “too big to fail” que no se aplicó a Lehman Brothers, y si lo que allí pasa es un hecho aislado en una empresa enorme o el síntoma de un problema de fondo en el mercado inmobiliario que puede llevar a China a meterse en problemas que, como hemos visto, se han dado en otras muchas naciones y que, hasta ahora, aquel país y régimen ha logrado evitar. ¿Puede Evergrande ser el inicio de un derrumbe inmobiliario en China? Muchos han pronosticado que ese escenario se daría en aquel país, desde hace tantos años que se habrían arruinado por completo de haber apostado por la caída. Veremos a ver qué es lo que pasa y si esta inmobiliaria y su “Ever” de inicio también son capaces de causar una crisis global.

jueves, septiembre 16, 2021

SpaceX y el turismo espacial de verdad

Hace unos meses vimos una minicarrera espacial privada entre magnates para alcanzar el espacio por sus propios medios y abrir la puerta al turismo espacial, que sería gestionado por sus empresas. Virgin Galactic, de Richard Branson, lo hizo mediante una nave lanzada desde un avión, que se acercaba a los 80 kilómetros de altura. Blue Origin, de Jezz Bezos, lo hizo con una nave lanzada por un cohete que se separaba a gran altura de su lanzador y, por inercia, llegaba hasta los 100 kilómetros de altura. Todos ellos al borde de lo que se considera el espacio. Ambas misiones fueron exitosas, aunque se investigan algunos desvíos en la trayectoria de regreso de la nave de Branson, y tuvieron mucha atención mediática.

Más de uno se preguntó que estaría pensando Elon Musk de todo esto, el dueño de SpaceX, empresa que ha revolucionado el mundo de los lanzamientos espaciales y que está al borde de ser la auténtica rival de los programas espaciales tripulados nacionales. Musk también anunció que se apuntaba a la carrera del turismo espacial, pero a su estilo, dejando a todos los demás como si fueran pequeños aprendices del gran maestro Elon. Su misión privada consistiría en el lanzamiento de uno de sus cohetes reutilizables Falcon con la cápsula Dragon Crew, ya probada en misiones de relevo de tripulación de la Estación Espacial, con un pasaje compuesto por cuatro civiles ajenos al espacio, sin ningún tipo de piloto o astronauta experimentado entre los viajeros, y lo que ofrecería su viaje no es un pequeño salto al borde del espacio exterior con unos minutos de ingravidez, no, sino una señora misión espacial de tres días, tres, orbitando La Tierra a unos quinientos kilómetros de altura, una órbita algo más alta de la que ocupa la Estación Espacial, de tal manera que esos ciudadanos privados serían, qué cosas, los humanos que más lejos llegarían a estar de La Tierra desde el fin de las misiones espaciales de los Apollo, dado que la órbita baja de la Estación Espacial es la que ha sido usada por todas las naves tripuladas desde entonces y el conjunto de estaciones espaciales que, desde el Skylab a la Mir, la actual estación internacional o la china que está en desarrollo han sido construidas. La oferta, cuando se presentó, suscitó dudas por su ambición, e incluso incredulidad, supongo que, con algo de envidia, por parte de exastronautas, que veían como el desquiciado Musk amenazaba con poner su nivel de viajes espaciales a la altura de excursiones, ofreciendo a unos experimentados algo que no estaba al alcance de las agencias espaciales nacionales. Musk no cambió su oferta y se presentaron muchos candidatos para completar la tripulación, en la que el dinero y el simbolismo han sido las principales vías para poder acceder a la misma. El estreno y uso operativo de la cápsula Dragon por parte de los astronautas norteamericanos en sus misiones de ida y retorno a la Estación Espacial mostró a todo el mundo que la tecnología de SpaceX era capaz de llevar tripulación, ponerla en órbita, mantenerla allí un tiempo y hacerle regresar sana y salva a La Tierra, cumpliendo el cometido del contrato que firmó con la NASA y, de paso, abriendo la puerta a que su oferta de turismo espacial “de verdad” fuera algo más que unos bonitos PowerPoints y dinero de ofertas. El éxito de la cápsula Dragon ha permitido a EEUU volver a tener autonomía a la hora de poner astronautas en órbita, algo que perdió tras la retirada de los transbordadores, y ha hecho que SpaceX se haya convertido en el más fiable de los contratistas que tiene ahora la agencia espacial norteamericana, sobre todo frente al desastre que está suponiendo Boeing, uno de los más veteranos suministradores de naves y equipos, que también tenía que diseñar una cápsula tripulada y que, a día de hoy, tras varios intentos, no ha logrado que su prototipo, que hizo un viaje de prueba no tripulado, supere un sinfín de contratiempos y problemas.

Esta noche SpaceX ha procedido al lanzamiento de la misión turística, denominada Inspitarion4, en un proceso que se ha desarrollado a plena satisfacción, sin el más mínimo incidente. Los cuatro tripulantes ya están en el espacio de verdad y ahora tienen unos días para vernos como casi nadie lo ha hecho nunca. Como Musk es un genio no sólo de la ingeniería, sino también del marketing, ha suscrito un contrato con Netflix para que la plataforma ruede una serie con el proceso de entrenamiento de la tripulación y el momento del lanzamiento y el conjunto de la misión. Como verán ustedes, esto del espacio se puede convertir en todo un negocio. Ad astra per pecunio, que quizás dirían los clásicos

miércoles, septiembre 15, 2021

Joseba Arregi, un referente ético

Ayer, a los 75 años, víctima de una enfermedad que desconocía que padeciera, falleció Joseba Arregi, exconsejero de cultura del Gobierno Vasco, bajo cuyo mandato se produjeron las negociaciones y acuerdo que permitió que la fundación Guggenheim recalase en Bilbao, en una operación que fue vista por muchos como una bilbainada sin fundamento. Yo estaba entre los equivocados. Sólo por eso la figura de Arregi merecería ser recordada, pero la verdad es que su trayectoria y compromiso ético son tan inmensos que, a su lado, la mole del museo que se alza junto a la ría no es sino una modesta casa y el titanio que la envuelve, frágil yeso ante la solidez del pensamiento y el valor que Arregi ha demostrado a lo largo de su vida.

De familia nacionalista vasca de toda la vida, estudió teología en Alemania, siendo el clásico producto de la estirpe sabiniana que mezcla religión y patria de una manera indisoluble, y con ese discurso jesuítico que tan válido es para la compasión como para enmascarar una cómplice cobardía. Asciende en los cargos del PNV y, como les señalaba, llega a consejero de Cultura, una cartera con importancia en el Gobierno Vasco, dada la obsesión por el adoctrinamiento que practica el ejecutivo nacionalista. Arregi vive una realidad que choca con la ideología que ha mamado y considerado como propia desde el inicio de su existencia. ETA mata y sus acólitos amenazan amparados en el discurso nacionalista que todo lo impregna, y el PNV juega a dos barajas de manera constante, mostrando una cara compungida ante la violencia y otra tanto de comprensión como de recogida de beneficios, en forma de esas nueces que tan bien describió el sectario Arzallus. Arregi no puede con ello, ve el dilema y, frente a otras posturas cobardes, que escogen la buena vida que da el poder a cambio de la sumisión, se revuelve. A su estilo, sin bronca alguna, con el estilo jesuítico al que me refería, sin altisonancias, pero con una firmeza que nace de su propio compromiso ético. Es consciente de que el nacionalismo está en la base de la violencia etarra, que ETA no es sino la expresión maximalista, violenta y salvaje de una doctrina que se basa en la concepción de la sociedad como unos, los puros, frente a los otros, los impuros. Arregi es consciente de que el mero silencio del sustrato social nacionalista moderado ante los crímenes de ETA y su entorno es una de las mayores fortalezas con las que cuenta la banda asesina para mantener su actividad, y decide combatir de la única manera que sabe y que es capaz, con la palabra. Empieza a escribir artículos en los que denuncia la deriva absoluta en la que ha caído el nacionalismo de un PNV ensimismado por el poder y anestesiado de toda ética, inmune al dolor que causa el terrorismo. Pone a las víctimas como su referente y en todo momento les respeta, defiende, arropa y consuela, en unos años, no hace tantos, en los que ser asesinado por ETA suponía el dolor infinito de la muerte del ser querido y el rechazo social por parte de vecinos e instituciones, que mostraban afecto a los asesinos y manchaban la imagen de las víctimas y sus familiares. En un contexto en el que ETA practica la llamada “socialización del terror” (matar a todo el que pueda) y el poder nacionalista, encabezado por Ibarretxe, muestra una sintonía total con los objetivos últimos de la banda, Arregi se erige como un faro, como una de las escasísimas voces del mundo nacionalista que denuncia lo que sucede. Su imagen en ese mundo es degradada, sus contactos le evitan, su actitud es vista con desprecio por los que antes le consideraron de los suyos, y sabedor de que su postura le saldría cara, Arregi no cesa en su empeño, y mantiene el pulso ético. Junto a voces como Savater, Azurmendi, Ibarrola, Rekalde, Montero, y otras, no muchas, Arregi se erige en una de las plumas que, desde las páginas de El Correo, denuncia la involución social que vive la sociedad vasca, la enfermedad de desprecio, olvido y complicidad que la devora, y que permite a la serpiente etarra seguir matando y sembrando el miedo. Nunca callará aunque el miedo le cerque, nunca dejará de denunciar la deriva de una ideología que fue la suya, y en la que sólo encuentra ya hostilidad, rencor y furia.

ETA acaba desapareciendo por la valiente y tenaz actuación de la policía y demás fuerzas de seguridad, y la oposición social de una parte de la sociedad vasca, que es capaz de sacudirse el miedo y salir a la calle a denunciar el terror sectario, pero la derrota de ETA no es la de sus miembros e ideología, que hoy mismo, 2021, es vista con admiración por no pocos, que aún festejan la salida de las cárceles de asesinos, a la manera en la que los neonazis celebrarían que uno de los suyos volviera para colgar su esvástica en balcón de su casa. Hasta el último día Arregi ha estado escribiendo en contra de esa podredumbre moral que, con tanta intensidad, ha arraigado en la sociedad vasca. Hasta el último día Arregi ha estado con las víctimas, ayudándoles en todo lo posible. Hasta su último día, Arregi ha sido una luz en medio de la larga noche del terrorismo nacionalista vasco. DEP

martes, septiembre 14, 2021

Incendios pavorosos

Cubierta y amenazante se presenta la mañana en Madrid, donde la previsión de tormentas y lluvias es casi una certeza para el día de hoy. Donde sí está lloviendo es en Málaga, lo que sin duda es una gran noticia, porque así sí se podrá extinguir el incendio de Sierra Bermeja, que lleva ya varios días intratable y ha calcinado una superficie de en torno a 8.000 hectáreas, que es mucho terreno. Un miembro de una brigada forestal ha fallecido en las labores de extinción de este fuego, en lo que es la primera víctima de este año en España por este concepto, y miles de personas de distintas localidades han sido evacuados y movidas por la comarca a medida que el fuego amenazaba uno u otro municipio, huyendo de su destrucción.

Ahora que el verano se acaba, podemos decir que en España hemos tenido mucha suerte con los incendios forestales, aun habiendo sufrido varios. Los dos más graves han sido este de Málaga y el de Navalacruz en Ávila, el más extenso en lo que hace a destrucción de superficie forestal, pero visto lo que ha sucedido en otros países del Mediterráneo nos podemos dar por tristemente satisfechos. Italia, especialmente en Sicilia y, sobre todo, Grecia y Turquía, han vivido enormes fuegos que han arrasado superficies gigantescas, llegando en algunos casos como el de la isla griega de Eubea a devastar un tercio del total de su extensión, en lo que supone un destrozo ambiental absoluto y, también, un tremendo impacto económico para los residentes de ese lugar. El término de catástrofe está muy bien utilizado para definir lo que se ha vivido en esas naciones a lo largo de este verano. Sin embargo, si eso es así, ¿cómo definimos lo que pasa en California desde hace meses? Allí una serie de incendios se propagan sin control desde entonces y han conseguido hasta ser llamados con un nombre propio, muestra del miedo que imponen y del propio comportamiento que generan y les hace dignos de ser reconocidos como entidades. “Caldor o “Dixie” son monstruos que han devorado decenas de miles de hectáreas de bosques, pastos, lugares poblados y todo lo que se ha puesto en su camino. Si las brigadas forestales europeas poco han podido hacer frente a los fuegos que nos han atacado aquí resulta humillante comprobare las imágenes de los miles de personas que, con todos los medios posibles, luchan contra las llamas en California, donde la impotencia es el único resultado obtenido. Los miembros del equipo de extinción de incendios de la Junta de Andalucía han dicho que el incendio de Málaga es de lo que llaman sexta generación, fuegos que, por cuestiones varias, alcanzan una virulencia y potencia tal que son capaces de crear un clima propio en su zona de desarrollo y reforzarse en él. La formación de pirocúmulos, una especie de nubes de tormenta compuestas por vapor de agua y el resultado de la combustión del incendio es uno de los signos de que el fuego se ha convertido en un ente con dinámica meteorológica propia, y esas nubes, que crecen sobre la base de las llamas, suelen ser la fuente de nuevos incendios al colapsar su dinámica ascendente cuando no son capaces de autosostenerse, como le pasa a una tormenta normal. En el caso de las tormentas el desplome se acompaña de vientos racheados, agua y, en su caso, granizo. Aquí se mantienen los vientos racheados pero el agua se sustituye por partículas quemadas y restos, que dispersados en un área más amplia propagan las llamas de manera violenta, caótica y salvaje. Un incendio de estas características no es apagable por los medios de los que se disponen hoy en día, es muy inmune a los cortafuegos y, si el tiempo no cambia y no llueve, sólo se acaba cuando termina el material inflamable que lo alimenta. Los trabajos de los equipos de tierra y medios aéreos apenas son capaces sino de acotar algunas zonas de estos fuegos y tratar de contenerlos, pero poco más pueden hacer.

El Mediterráneo y los incendios son algo que va unido, no es casual que muchas de las fiestas de la zona estén relacionadas con la quema de objetos, hogueras o similares, pero a medida que los veranos son más calurosos, los regímenes de precipitación se vuelven más irregulares y, sobre todo, el terreno se llena de viviendas y personas en él, el peligro de los fuegos crece, y sus daños con él. Lo repito una y mil veces, no hay mayor catástrofe natural que un incendio forestal, nada hace más daño al paisaje, fauna, recursos y estética de un lugar que un fuego, pero aún no parece que la sociedad lo vea así. La persecución a los pirómanos no es intensa y no consta que suela haber detenciones y grandes penas de cárcel por causar semejantes daños. Nos tenemos que poner muy en serio con el tema de los fuegos, nos va el paisaje, la economía y las vidas en ello.