miércoles, agosto 01, 2007

Noches tropicales

Tercera noche en Madrid por encima de los 24 grados, y con muchas dificultades para poder dormir. La verdad es que sólo aquí he podido disfrutar de la experiencia de pasar la noche en bañador tumbado encima de la cama, sin sábanas ni nada, y darse la vuelta despacito, moviendo la cabeza poco a poco y no notar que tela alguna roza tu cuerpo. Al principio es una sensación extraña, se siente uno más sólo que lo habitual, sin la compañía del textil, pero luego le acabas cogiendo el gustillo, siempre que te muevas despacio, claro....

Porque como te muevas aceleradamente sudas, y entonces la sensación deja de ser agradable. Despertarse y notar algo húmeda al almohada es una percepción que no me gusta nada. Y eso que soy de los que, en reposo, no suda demasiado, y aguanto mucho el calor. Me acuerdo estos días tórridos y sofocantes de mis padres, él un calorías, que duerme desnudo en invierno, y ella una frigrorías, que siempre nota un aire fresco que le provoca dolores. Aquí ambos acabarían hartos. También me acuerdo de una amigo mío de Elorrio que ahora reside aquí con su mujer y que ya cuando Abril despunta se empieza a dar duchas frías, porque aunque haya una brisa fresca de la sierra ”seguro que detrás viene le calor” y así previene el chico los espasmos y las ronchas que, indefectiblemente, le surgirán allá por Junio, cuando el sol reina en lo alto de su templo celestial. Este año hemos tenido un inicio de verano muy suave. De hecho hasta que me fui de vacaciones, el 20 de Julio, el mes del César estaba siendo fresquito para lo que es habitual en Madrid. La mayoría de la gente aplaudía que así fuera, porque permitía dormir sin problemas ni agobios, pero no faltaba el que se quejaba de que no hacía calor, que el fresquito de la mañana era excesivo y que esto no era normal, aunque en ese caso le era difícil achacarlo al manido calentamiento global, producto del omnipresente cambio climático. Aunque tarde, el verano ya ha llegado con fuerza, y ahora los que aquí se han quedado quizás callemos porque el hecho de hablar alto, o moverte deprisa, genera más calor, y te hace sudar, y menos mal que la gente (y algunas empresas, no todas) se relaja en estas fechas y la tasa de corbatas cae, porque es una tortura para el cuello y la camisa llevar una lazo atado a los 40 grados.

La pregunta eterna es, ¿qué hacer en una noche de sofocante calor, en la que no se puede dormir? Los que vivan en pareja pueden optar por el sexo, de manera intensiva e innovadora, que el verano es muy propicio para las calenturas, pero también hace sudar. No se puede encender al luz y leer, porque al instante una horda de mosquitos penetra en la habitación y te fríe a cañonazos. Quizás lo más socorrido se aponer la radio y escuchar algo, para ver si aunque sea por el sopor de los programas nocturno uno cae rendido. Yo me quedo vegetando, tumbado en la cama y mirando al oscuro techo, sin importarme el reloj. Oyes voces y ruidos fuera, y no aprecias que haya corriente que refresque. Bueno, es el verano....

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