lunes, agosto 13, 2018

La lira turca hunde el mercado


No fue el viernes un día tranquilo en los mercados, sino uno de esos que recordaba a los agostos fatídicos que algunos pensaban ya olvidados. La lira turca siguió cayendo, como lo hizo en sesiones precedentes, y por fin, las acciones y el resto de mercados respondieron como era de esperar, con caídas, tras unos días en los que ese movimiento apenas había tenido consecuencias en las plazas financieras. Todas fueron afectadas, y nuestro Ibex más, por la exposición de bancos como el BBVA al mercado turco. Su cotización cayó algo más del 5% y tiñó de rojo casi todos los valores en una sesión de viernes que fue de mal en peor.

¿Qué pasa ahora en Turquía? Que una serie de problemas viejos y nuevos se han plantado encima de la mesa y han convertido a la economía, y a ese país, en un quebradero de cabeza. La deuda e inflación turca ya eran problemas conocidos, pero se sustentaban en crecimientos de PIB vigorosos, que han flaqueado en estos últimos años. El drenaje de divisas fruto de la desbandada de turistas, por los atentados y el golpe de hace un par de veranos, supusieron un dolor muy serio para las finanzas turcas, y la inestabilidad política de estos últimos tiempos no le ha sentado bien al país. Con Erdogan convertido en sultán autoritario la seguridad jurídica de la nación se ha derrumbado y la imagen de que el nepotismo presidencial lo ocupa todo ha generado muchos recelos entre los inversores. El reciente nombramiento del propio yerno de Erdogan como ministro de economía ha sido una clara señal a los mercados de que la nación está en manos de su familia y que la seriedad se ha esfumado. A todo esto debemos añadir cuestiones geopolíticas. Las tensiones entre Turquía y occidente no han hecho nada más que crecer a medida que ha avanzado la guerra siria y que, de facto, se ha organizado una alianza entre Ankara y Moscú para combatir a kurdos (financiados por EEUU) y sunitas. Las acusaciones cruzadas entre Ankara y Washington han subido mucho de tono en los últimos tiempos y existen clérigos cruzados, retenidos en ambos países, que son exhibidos como piezas de canje en una negociación en la que Trump y Erdogan actúan como dos machos encabritados, indiferentes ante los destrozos que puede originar su pelea en las economías de ambos países, especialmente en al turca, que es la más débil. La explosión de la lira del viernes, que continúa ahora mismo, ha sido la más aparatosa de las consecuencias de estos enfrentamientos, y la que ha logrado poner sobre el tapete las debilidades de la economía turca y sus riesgos. En aquel país los tipos de interés viven en el 17%, y aun así se descapitaliza. Compárelos con la nula rentabilidad de nuestro sistema de depósitos y la atonía en la que vive la zona euro y se dará cuenta de que vivir en un paraíso es algo que sólo se percibe cuando se sale y pisa el infierno. Los llamamientos del viernes de un patético Erdogan para que la gente de su país convirtiera euros, dólares u oro en liras turcas eran la viva imagen de la impotencia. Un dictador derrotado por su propia moneda, no me digan que, aunque es sangrante, no tiene su gracia.

En el plano local, la banca europea, y especialmente el BBVA, es la directamente afectada por todo esto. El banco de Francisco González obtiene cerca de un 15% de su beneficio del mercado turco, y este derrumbe de la lira puede hacer que esas ganancias se evaporen en una gran parte. La apuesta turca, a través del banco Garanti, es una inversión estratégica para la entidad, y de largo recorrido, que lleva tiempo dando frutos. En medio de este marasmo es difícil saber qué va a hacer el banco para controlar daños, más allá de elevar previsiones, lanzar avisos de bajadas de beneficios (profit warnings) y esperar a que la tormenta amaine. Y de mientras, el dólar se encarece, el euro cae a 1,13 y los aranceles de Trump crecen a medida que el resto de monedas se debilitan, y se hacen más competitivas, contra la norteamericana. Menudo lío.

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